Amylkar D Acosta M

Por Amylkar D. Acosta M* “El arte es largo y la vida es breve” : Goethe.                                                                                                                      No resistí la tentación de pergeñar estas dos cuartillas para compartir con mis lectores unas reflexiones y disquisiciones a propósito de los años, la edad y el paso del tiempo, ahora que arribo a mis primeros 70. Bien dice el cantautor vallenato Jorge Oñate que “bonita es la vida cuando uno está niño y cuando uno está niño quiere crecer ligero”, para después, con el paso de los años, añorar aquellos años mozos cargados de sueños e ilusiones sin límites ni barreras.

Esta es la contradicción que embarga a los humanos y que se repite en la edad provecta, que, al decir de Rodolfo V. Talice, en su magistral obra El arte de vivir intensamente 100 años, “el hombre la detesta, aunque parádojalmente se obstine en alcanzarla, por que ve en ella la imagen de su cruel despojamiento”. Entonces es cuando nos percatamos de la idea copernicana de que no es el tiempo el que pasa, somos nosotros los que pasamos mientras el tiempo permanece impertérrito.

No obstante, viéndolo bien, no hay motivos para detestar la vejez y mucho menos para rehuirla, pues nacemos a la vida para llenarla y darle sentido y contenido. Con ella viene la paciencia, la madurez de juicio, el mayor conocimiento y la mayor capacidad de discernimiento, coadyuvante imprescindible a la hora de la toma de decisiones trascendentes y trascendentales. Este es el estadio de la vida que se ve compensado y recompensado con la inteligencia madura, aquella que está más cerca de la sabiduría. De allí el aprecio que tienen los pueblos indígenas por los ancianos de la tribu, por ser ellos portadores de los saberes ancestrales.

Coincido con nuestro laureado premio Nobel de la literatura Gabriel García Márquez en que uno nunca debe pensar “en la edad como en una gotera en el techo que le indica a uno la cantidad de vida que le va quedando”. Y más aún cuando remata diciendo que “la edad no es la que uno tiene, sino la que uno siente”. Al fin y al cabo, como afirma el gran pensador español José Ortega y Gasset, “la vida no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”.

Es muy triste llegar a la cima de los años, cuando estos se han desperdiciado inútilmente en naderías; pero es muy satisfactorio, cuando se ha tomado la vida como misión y no como carrera, pues en concepto de Ortega y Gasset  “vivir implica tener una misión, en la medida en que se evite luchar por un propósito valioso, la vida será vacía”. Cuanto más cuando ese propósito ha sido “aprender a seguir aprendiendo, a hacer del aprendizaje”, como lo hizo Thomas Huzley, “una forma de vida, tal vez la mejor forma de todas las vidas posibles”. Justo este año completo 45 años ininterrumpidos dedicados a la docencia y a la investigación universitaria, después de los cuales he llegado a la conclusión de que lo que a uno le queda mejor aprendido es aquello que enseña!

Bien se ha dicho que, por definición, el verdadero académico es “no sólo aquel que necesita de los libros, quien suspira por ellos, sino aquel a quien una sola idea, por elemental que sea, ordena y compromete la vida”. Y este es mi caso, las ideas con las que comulgo y he comulgado han ordenado y comprometido mi vida, pues siempre he militado en ellas, procurando siempre que guarde coherencia y rime lo que pienso con lo que hago, con lo que digo y lo que escribo, que siempre llevan la impronta de mis propias convicciones. Definitivamente nadie envejece por vivir un mayor número de años que sus coetáneos; las personas envejecen cuando abandonan sus ideales!

Eso sí, respetando y tolerando las ideas y las opiniones ejenas, por antagónicas que sean con las mías, pues estoy tan convencido como el Poeta cantor Joan Manuel Serrat que “lo que más enriquece el pensamiento de uno es la pluralidad de pensamiento de los demás”.

Finalmente, como buen guajiro, mi totem es el cardón, el mismo al que nuestro juglar Leandro Díaz le compuso una de sus más hermosas composiciones, la que a la letra dice : “yo soy el cardón guajiro, que no marchita el sol…el cardón en tierra mala ningún tiempo lo derriba. En cambio en tierra mojada nace de muy poca vida. Por eso es que en La guajira el cardón nunca se acaba. Es que la naturaleza a todos nos da poder. Al cardón le dio la fuerza p´a no dejarse vencer. Yo me comparo con él, tengo la misma firmeza”!

Bogotá, noviembre 1 de 2020

*Expresidente del Congreso y Exministro de Estado.

www.amylkaracosta.net

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Gabriel Ortiz

Por Gabriel Ortiz*.- Ya pasamos en Colombia por una contaminación electoral que aún estamos soportando, sufriendo y padeciendo. El mundo moderno, la inteligencia artificial, la carantoña, la zalamería y las redes sociales han dado licencia a diestra y siniestra para que cualquier novato con ganas de figurar meta las narices en debates electorales.

Los colombianos somos campeones mundiales. No nos perdemos una sola intromisión. Desde el Ecuador, hasta Cabo Verde o los lagos que han aparecido en la Luna aparecen, el oportunista, o la oportunista.

Sin conocimiento alguno sobre el lugar o la zona, pontifican y buscan payazos para conformar  grupillos políticos en donde su índice señale sobre un planisferio. Siempre, desde luego, buscando un beneficio económico.

En esta época electoral, especialmente la que se desarrolla en los Estados Unidos, hasta el propio Trump se dejó llevar, o engañar de los afanes de ciertos colombianos, que aspiran a una visa –los que aún no la tienen- o a pingües negocios entre las dos naciones. Hay mucha arma o equipo militar en oferta.

La zalamería cargada de halagos y productivas transacciones, convierte a muchos de nuestros paisanos nacionalizados o no, en organizadores e 9instaladores de productivas y lujosas “suits” en Miami y demás regiones, en las cuales a veces se habla español, y que tienen línea directa con Bogotá, Cali, Palmira, Buga, Medellín y desde luego la costa atlántica.

Por ello, no es difícil entender cómo muchos de ellos toman partido y se entrometen en las campañas de los actuales candidatos norteamericanos. Parlamentarios, embajadores, gobernadores, lagartos y charlatanes conforman ese ejército.

Tradicionalmente los Estados Unidos, han mantenido relaciones bipartidistas con Colombia. Quien suba, maneja las cosas sin modificación. La Alianza para el Progreso o el Plan Colombia se conservaron con los diferentes mandatarios estadounidenses.

El dirigente político Víctor G. Ricardo, en magnífica columna de esta semana, retrata muy bien la forma como se mantienen las relaciones entre Colombia y los vecinos del norte.

Bien vale la pena que los colombianos (as) áulicos de Trump, aprendieran a leerlo. Con seguridad se apuntarían mejor y podrían preparar sus bolsillos sin dejarse retratar.

Gane quien gane, nuestro Estado, nuestro gobierno, nuestra estructura económica y política, seguirán el rumbo con el que se han mantenido. Se sabe que ello depende del cumplimiento de los designios, intenciones y propósitos del ganador. Además allá si juega, y con todo el poder, el legislativo. Nadie lo desconoce y nadie puede obligarlo, o convertirlo, en “gato dócil” con sesiones virtuales que absuelven a los altos funcionarios.

Gane Trump o Biden, el presidente Duque, deberá durante los dos años que le restan, manejar las cosas como han transcurrido: bipartidistamente.

Las enseñanzas de Víctor G. deben aprenderse por parte de los oportunistas que se fueron a vivir o a “gorrear” estadía en Miami, Nueva York y otras ciudades. Lo demás, será un simple intento de “contaminación electoral” colombiana.

BLANCO: El adelanto de la prima.

NEGRO: Lo que se nos puede venir mañana. Todos quieren celebrar las brujas y el covid los espera.

Bogotá, D. C, 29 de octubre de 2020

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José G Hernández

José G. Hernández*.- Lo dijimos. No es correcto, ni nos conviene, que Colombia -cuyas relaciones internacionales se fundan, entre otros principios, en el de autodeterminación de los pueblos (Art. 9 C.P.)- esté interviniendo en la política interna de otros Estados. Lo ha hecho nuestro actual gobierno con Venezuela, tomando partido al lado de la oposición y descalificando los procesos electorales internos -que, sin perjuicio de buscar solución al masivo ingreso de venezolanos a nuestro territorio, en lo propiamente político no nos interesan-, y ahora tenemos un problemita con los Estados Unidos, cuyo Embajador acaba de reclamar:

"El éxito de relaciones entre EEUU y Colombia a lo largo de muchos años ha sido basado en apoyo bipartidario. Insto a todos los políticos colombianos evitar involucrarse en las elecciones estadounidenses", ha señalado el embajador norteamericano en Bogotá, Phillip Goldberg.

A lo dicho por el diplomático estadounidense se agrega que, según algunos medios de comunicación colombianos, no solo se trata de políticos -de uno y otro extremo de nuestra interminable y perjudicial polarización-, sino de funcionarios públicos. Si éstos lo han hecho sin consultar a sus superiores, estarían actuando indebidamente, y si hubo autorización, sería muy grave.

Algunos han opinado que los Estados Unidos no tienen autoridad moral para reclamar ese respeto de Colombia, pues en el pasado han intervenido en nuestra política interna. A lo cual se debe responder que, si ha sido así, ello no nos autoriza para hacer lo mismo, toda vez que lo indebido es indebido, sin que sea excusa tal sindicación. Ni Colombia, ni su Gobierno, ni sus funcionarios, ni sus políticos deben tomar partido en esas, ni en otras elecciones, de ningún país. No debe nuestro país romper su tradición de respeto hacia el Derecho Internacional y a la autodeterminación de los pueblos.

Debo reiterar lo escrito en esta misma columna días antes de la declaración del Embajador:

“Un postulado insustituible, cuya vigencia es necesaria para la pacífica convivencia en el seno de la comunidad internacional, como los expresan declaraciones Tratados y declaraciones de Derechos Humanos. 

Aunque la actual denominación del principio de Derecho Internacional no existía, el concepto plasmado en las declaraciones de independencia y en las primeras constituciones era el mismo: la plena libertad en el ejercicio de la soberanía, sin injerencia ni gestión de otros estados.

En cuanto a procesos electorales, aunque puede haber observación imparcial de los mismos con la anuencia del respectivo Estado, debe ser respetada la soberanía. En tal sentido, así como Colombia no puede aceptar la intervención de potencias extranjeras, tampoco debe tomar partido en procesos de otros estados”.

Todo esto debe ser tenido en cuenta por el Presidente de la República y la Canciller, para que impidan -y, en su caso, sancionen- que haya funcionarios involucrados en esas gestiones, tomando partido por uno u otro candidato. Y, desde luego, por las colectividades políticas, con el mismo propósito de imparcialidad. Otra cosa es que, sin haber intervenido, informemos o comentemos después -en ejercicio de las libertades o en la Academia- lo hechos políticos, como acaba de ocurrir, por ejemplo, respecto a la decisión del pueblo chileno sobre su Constitución.

Bastantes problemas tenemos en Colombia, que deben ser atendidos con urgencia y diligencia, para que a ellos agreguemos nuestra injerencia en problemas políticos foráneos.

Bogotá, D. E, 29 de octubre 2020

*Expresidente de la Corte Constitucional

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Robinsón Castillo

Por Robinson Castillo* Vivimos tiempos de polarización. La opinión pública asume posiciones de acuerdo con lo que la identifica con los extremos. La opción intermedia o moderada es marginada. El grito herido es lo que prevalece.

Son esporádicos los momentos de unión. Tal vez un triunfo de la Selección Colombia enciende el sentimiento patriótico, pero si pierde, también se divide la opinión. Nuestra sociedad, hay que admitirlo, está dividida.

Pensar diferente, se ha convertido casi en una ofensa personal. Los desacuerdos aumentan a una velocidad sin fin. Un sector no le gusta Duque, otro lo defiende sin parpadear, los petristas reclaman a diario, uribistas los confrontan. La antipatía crece en cantidades industriales. Parecemos fábrica de odios, y lo peor de todo,  sin caducidad.

A mayor desigualdad mayor polarización, a esa conclusión han llegado varios expertos. Entonces esto desemboca en el reclamo permanente de la gente y; en consecuencia, la búsqueda de culpables. Si se gestiona mal o bien la pandemia, el desempleo, la seguridad. Todo es motivo de crispación y por supuesto, hay razón para el descontento, pero eso no justifica tanta rabia de unos contra otros.

Todos pelean por tener la razón. Eso se nota mucho más en la inmediatez de las redes sociales, pues al tratarse de contenidos cortos, esto ayuda a incrementar la imposición de los extremos. Son mensajes radicales, venenosos y ofensivos, en su gran mayoría.

La polarización es de la élite y la sociedad. Evidenciamos a todo momento las confrontaciones verbales entre líderes de distintos partidos o pensamientos ideológicos, pero estos desacuerdos viscerales, se trasladan sin intermediarios hasta la ciudadanía. Nos insultamos y nos dividimos. Se viraliza el resentimiento.

Los reclamos furiosos no buscan consenso, todo lo contrario, siempre intentan desestabilizar, ridiculizar y desacreditar al adversario. Los argumentos, la razón y la opinión serena, jamás se contemplan como mecanismos de diálogo social. No hay paz política.

No hay contrastes. La diferenciación de ideas que es lo razonable en una democracia, no es una opción. La pretensión es aplastar a quien opina o piensa distinto. La tolerancia tampoco se contempla, ganas o pierdes con los agravios. Hay sobredosis de discusión.

Existe la libertad de enojo. Hay un marco de creencias sobre lo que la sociedad estima que está mal o bien. En ese escenario se da prioridad a las emociones para emprenderla contra el contrario. Lo racional se borra por completo. Se construye puro sentimiento ideológico. Ideología y emociones.

El Papa Francisco advirtió recientemente los peligros de estos extremos: “Es muy triste cuando las ideologías se apoderan de la interpretación de una nación, de un país y desfiguran la patria”, y recalcó  “Las ideologías sectarizan, las ideologías deconstruyen la patria, no construyen”.

El consultor Mario Riorda también aporta su análisis al respecto: “ Se tenga una visión optimista o pesimista de la ideología, inicialmente se puede afirmar que todo el lenguaje político tiene una función ideológica. Lo ideológico es inherente a la comunicación política, sin la cual no puede desarrollarse, sostenerse o ser desafiada”

Lo que viene es impredecible. Con unos ánimos tan sensibles, es complejo jugar a la futurología, pero si no se calman estas aguas sin control, lo que podría venir con consecuencias inimaginables, es un tsunami social. Panorama sombrío.

¿Quién gana con la polarización? Ojalá los que se dejan contagiar por este virus del odio se tomen un minuto de reflexión sobre este interrogante. El gran desafío como sociedad es encontrar algo que nos una como país. Por ahora, ese anhelo tiene que esperar.

La pregunta incómoda

¿La pandemia nos ha convertido en más o menos solidarios?

Bogotá, D. C, 29 de octubre de 2020

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Víctor G Ricardo

Por: Víctor G Ricardo*.- Estamos ante unas elecciones decisivas, pues: (i) la crisis sanitaria y económica no tiene precedentes; (ii) Estados Unidos es un país fuertemente polarizado e incluso muchos analistas dicen que está al borde del abismo; y (iii) los principios y valores fundamentales de la vida norteamericana (democracia, separación de poderes, entre otros) están en tela de juicio.

El reciente nombramiento de la jueza del Supremo es un ejemplo ya que la marcará el devenir de la justicia en las próximas décadas (son puestos vitalicios). Además, es llamativo que hemos llegado a esta situación sin que exista una amenaza externa (aunque se intenta echar la culpa de todos los males a China).

Estas elecciones se han convertido en un referéndum sobre la gestión de Trump. No es una contienda electoral normal entre dos candidatos.

La sorpresa de la elección de Trump en 2016 hizo que todo el mundo sea cauteloso a pesar de que las encuestas reflejen una amplia mayoría que apoya a Biden. Lo importante es llegar a los 270 votos electorales. Hoy, Biden tiene una ventaja significativa en Wisconsin, Michigan y Pennsylvania, los estados que le dieron la victoria a Trump en 2016. Será decisivo lo que ocurra en Texas, Ohio, Georgia y Florida. Por su parte, para Trump poder ganar, no puede perder ninguno de estos Estados por lo que el 3 de noviembre habrá que estar muy pendientes de lo que ocurre, sobre todo en la Florida, pues si Trump pierde allí, prácticamente ya no tendría nada que hacer.

El 3 de noviembre además habrá que ser muy cauteloso por la importancia que tiene en esta elección el voto por correo porque (i) se estima que el 70% del voto por correo es demócrata; (ii) en muchos Estados se tardará en contar dichos votos; y (iii) esta modalidad de voto es la más susceptible de ser anulada por defectos formales. Algunas estimaciones dicen que hasta 1 millón de votos por correo pueden ser anulados, lo que sin duda afectará el conteo final.

Los medios de comunicación tienen un papel esencial el día de las elecciones. Deben ser prudentes en la gestión de la información y en el anuncio de los resultados. Los datos iniciales pueden inducir a error.Lo normal es que esos datos iniciales den la victoria a Trump pero hay que saber esperar a tener datos suficientes.

Todo apunta a una victoria demócrata en el Senado, por lo que los republicanos perderían la cámara alta. Una Administración Biden con un Senado demócrata haría, sin duda, las cosas más fáciles a la hora de aprobar diferentes temas.

En cuanto a América Latina: la campaña ha estado centrada en cuestiones de política interior aunque también ha habido referencias a la política exterior. Se espera, en general, un cambio de tono en las relaciones con terceros países, un retorno al multilateralismo, fortalecimiento de la relación transatlántica. Si gana Biden, se espera un tono más respetuoso en las relaciones con la región. EEUU acogerá en 2021 la Cumbre de las Américas que será una buena oportunidad para demostrar ese cambio. Este, se notará en especial en las relaciones con México y América Central. No se esperan grandes cambios en cuanto a Venezuela o Cuba y mucho menos en Nicaragua. Sin embargo, si se estima que habrá más oportunidad para la negociación en el caso de Venezuela, quizás a través de la utilización de sanciones como herramienta para conseguir fines políticos (como liberación de presos políticos o el calendario electoral).

Por nuestra parte, Colombia es un aliado estratégico de EEUU, y la política de EEUU hacia Colombia cuenta con el apoyo de los 2 partidos. Ahora bien, seguramente cambiará el tono si gana Biden ya que Trump estuvo siempre muy centrado en temas de seguridad, narcotráfico y erradicación de cultivos. El apoyo económico a Colombia continuará siendo una pieza fundamental de la relación (programa America Crece por ejemplo). Por el lado comercial y en relación con la inversión, si gana Biden y los demócratas se hacen con el Senado será más fácil aprobar ayudas a Colombia. Se espera que el senador Menendez se convierta en presidente de la comisión de relaciones Exteriores del Senado; él conoce muy bien a Colombia. Por otro lado existe un buen entendimiento del Presidente Trump con el Presidente Duque, pero sin duda Duque sabrá hacerse amigo de Biden.

Biden tiene más afinidad con la región que Trump, la conoce mejor y refleja mayor interés. No olvidemos que Biden fue uno de los líderes en la construcción del plan Colombia en su calidad de Vicepresidente de los Estados Unidos. Así mismo, se espera que la candidata a la Vicepresidencia, Kamala Harris asuma el protagonismo en América Latina, como hiciera Biden durante su época como Vicepresidente.

Todo vendrá marcado por la recuperación económica en la etapa post covid y los paquetes de ayuda que se den a América Latina como región más fuertemente golpeada.

Ya veremos qué sucede el 3 de noviembre.

Bogotá, D. C, 29 de octubre de 2020

*Excomisionado de Paz.

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Clara López

Por Clara López Obregón*.- El país y el mundo tienen dos caminos para afrontar la crisis económica que la pandemia aceleró y profundizó. Seguir como veníamos o dar el viraje para afrontar los acuciantes problemas de la crisis climática, la desigualdad y el peligroso avance del autoritarismo democrático, una contradicción de términos, pero que está en pleno desarrollo. Un documento de política pública para la reactivación recientemente colgado para comentarios en la página web del Departamento Nacional de Planeación (DNP), luego descolgado ante la imprudencia de hacerlo la víspera de las movilizaciones sociales de esta semana, y nuevamente colgado, pero censurado, abre el debate de cómo y para quién son esas políticas.

El borrador inicial centraba la reactivación en la reducción de costos laborales, tributarios y regulatorios de las empresas cuando el problema central no es de oferta sino de demanda. La mampara, como de costumbre, son las pymes y famiempresas informales que no producen suficiente para asegurar un salario formal a sus gestores. Estas pertenecen a la economía de subsistencia que merecería tratamiento preferencial para salir del círculo vicioso de la baja productividad y pobreza.

Pero la gran empresa formal está en otro estadio y es aquí donde debe analizarse con detenimiento la llamada reducción de costos que no es otra cosa que el aumento de utilidades privadas a costas del trabajo y del Estado. Ello se logra por vía de la reducción de garantías laborales y cargas impositivas que están en plena capacidad de pagar como lo atestiguan los registros de utilidades antes, durante y después de la pandemia.

La llamada flexibilización laboral y la reducción de impuestos son las directas responsables de la creciente concentración de ingresos y riqueza que esa sí, frena la innovación, la competencia y la productividad. Tan grande es la riqueza acumulada en la cúspide que el presidente de la ANDI, en representación de los “cacaos”, ofreció al gobierno sufragar seis meses adicionales del bono solidario que a la postre no concretó.

Lo más problemático es que la agenda de precarización laboral que traía el documento del DNP es la misma que presentó el Consejo Nacional Gremial en la reunión en que ofrecieron al candidato Duque su respaldo para la segunda vuelta presidencial. Fue esta la primera vez que los gremios, supuestamente apolíticos, pues reúnen afiliados de todas las parcialidades y partidos, se pronunciaron por una sola opción. La sutileza consiste en que esta asociación gremial que reúne al grueso de los gremios del país tomó partido de manera institucional y viene reclamando y obteniendo del gobierno un tratamiento privilegiado para sus intereses, incluso más allá de lo planteado públicamente.

Es el caso del decreto 1174 de 2020, mal denominado “piso de protección social” que autoriza un remedo de contrato laboral a tiempo parcial por debajo del salario mínimo y sin prestaciones sociales. Estas quedan a cargo del Estado y del propio asalariado precarizado a quien con ingresos sub mínimos se le exigirá ahorrar para un retiro misérrimo. Un estudio de la fundación canadiense Cuso International alerta que se trata del llamado “contrato cero”. Es el mismo aplicado por la gigante minorista Walmart en EE. UU. para explotar a su fuerza laboral con horarios aleatorios, pago por horas y exigencia fáctica de estar disponible tiempo completo. Los empresarios formales se beneficiarán con una reducción del 35% de los costos laborales del trabajo no calificado, monto que pasará del bolsillo débil al fuerte.

El nuevo borrador del documento del DNP ya no trae las propuestas de precarización laboral. Se remite a las recomendaciones de la Misión de Empleo que todavía no ha entregado sus conclusiones, pero que desde ya el gobierno dice compartir. La administración Duque pretende camuflar las indicaciones de los gremios bajo el manto de la supuesta neutralidad técnica de los expertos. El diálogo social se vuelve nugatorio pues ya no es tripartita sino de dos contra uno, gobierno y empresarios coaligados contra el trabajo. No se pueden aceptar decisiones desatinadas del gobierno en interés de la concentración del capital que conduce a tal concentración del poder político que se configura una democracia autoritaria.

Bogotá, D. C, 28 de octubre de 2020

*Exalcaldesa de Bogotá y Exministra de Trabajo

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Guillermo García Realpe.

Por: Guillermo García Realpe* . - El pasado jueves 22 de octubre será una fecha que, para la democracia, para el país y para la política tendrá su significación. Será un testimonio de la actitud inescrupulosa de una mayoría en el Senado de la República que no les importó atropellar ni la ley, ni la Constitución y tampoco, los principios y la ética pública. 

Había una sesión de dos hechos de control político, uno convocado por el senador Roy Barreras, entorno a la gestión del Ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo, sobre temas de seguridad nacional, orden público y asuntos de esa cartera. Y había una segunda parte de la sesión que tenía que ver con la moción de censura convocada por el senador Jorge Enrique Robledo y un número plural de más de diez senadores, con el objeto de evaluar lo relacionado con la presencia de tropas extranjeras, tropas de los Estados Unidos en Colombia sin la respectiva autorización contemplada en el artículo 173 de la Constitución política, que establece que el Senado de la República y el Consejo de Estado son las instituciones competentes para autorizar al ejecutivo el permiso de ingreso y tránsito de tropas extranjeras en el país. 

Se cumplió el primer acápite de esta sesión, con una intervención brillante, magistral, que felicitamos y reconocimos del senador Roy Barreras, quien preparó con mucha información, con mucho fundamento y un profundo análisis sobre la ineficiencia del Ministerio de la Defensa, del mismo ministro y de la conducción de la fuerza pública en el país. Muchos hechos documentados, con testimonios, vídeos y otro tipo de pruebas muy graves, sobre, por ejemplo, la muerte del cooperante italiano ocurrida en San Vicente del Caguán, en el Caquetá, que tiene claras muestras de haber sido asesinado por haber documentado en fechas anteriores lo relacionado con el bombardeo en zonas del Caquetá y Meta donde murieron varios niños y que ocasionó el retiro del anterior Ministro de Defensa, Guillermo Botero. 

También hechos delicados como la ocurrencia de más de 173 masacres entre el año 2019 y lo que va del 2020 y en las cuales han muerto muchos niños, muchos jóvenes, muchos estudiantes a manos de grupos armados ilegales, a manos de organizaciones oscuras ante la pérdida del territorio que prácticamente ha condenado a las regiones a este estado de cosas sin que el Ministerio de la Defensa asuma la conducción responsable y eficiente de la fuerza pública. Razón tienen las encuestadoras cuando muestran que en la opinión nacional ya no tienen la favorabilidad, ni la Policía, ni el Ejército por estos resultados y no es responsabilidad de una tropa, es responsabilidad de la conducción del gobierno nacional, en cabeza del Ministro de Defensa, quien es el responsable político- administrativo, no podrá ser responsable penal, pero tiene que responderle al país por todo lo que viene ocurriendo. 

Y de la misma manera hay muchos otros hechos, además de las masacres, entre ellas, la de los ocho jóvenes estudiantes en el municipio de Samaniego, Nariño, Leiva también en Nariño, de los estudiantes que caen a manos de movimientos armados ilegales que han ensangrentado nuestros departamentos de Nariño, el Cauca y otras regiones de Colombia como los Montes de María, el Catatumbo, el bajo Cauca antioqueño, etc, sin que exista por parte del gobierno y de las instituciones de control, prácticamente respuestas. Simplemente se obtienen manifestaciones, anuncios, comunicados, pero no resultados. 

Hubo un ataque bastante agresivo contra Roy Barreras y contra quienes convocamos este debate que lo hicimos con argumentos, solo se recibió de la bancada de gobierno, insultos, descalificaciones, agresiones personales, especialmente al senador Roy Barreras, pero ni respuestas de la bancada de gobierno, ni tampoco del ministro de Defensa, que no dio respuesta concreta a los hechos. 

Hasta ahí las cosas iban bien, no para el gobierno, sino para la institucionalidad porque venía llevándose bien la sesión en su primera parte como ya la hemos descrito, pero cuando iba darse paso a la segunda parte del debate con la moción de censura por los hechos de la presencia de tropas extranjeras, senadores del Centro Democrático y de los partidos aliados al gobierno sacaron una proposición en la cual daban el paz y salvo de una buena gestión del ministro de la Defensa, pero también manifestando que por fallo de una tutela por parte del Consejo de Estado ya no se requería el control político de moción de censura sobre el tema de la presencia de tropas extranjeras, algo traído de los cabellos, sin ningún fundamento formal de ese criterio y menos en fundamento legal y constitucional. 

La moción, estaba aprobada formalmente por parte del Senado como lo establecen los mecanismos de control político y de garantías del derecho de la oposición, ya se había convocado el debate y con la firma del número de senadores establecidos en la ley y en la Constitución, con ellos tenía que llevarse a cabo la segunda parte de la sesión. 

¿Qué pasó? De manera irreglamentaria, inescrupulosa, atropellando, 58 senadores manifestaron que no debía adelantarse el debate de moción censura, algo absolutamente irreglamentario, que raya con un comportamiento, además de inescrupuloso, indecoroso, antiético en la función pública, conlleva responsabilidades disciplinarias y penales porque se ha configurado con ello, un posible prevaricato, abuso de autoridad y abuso de función pública por parte de los 58 senadores y que prácticamente la información por parte de otros colegas que, van a recibir la respectiva denuncia, demanda penal ante la Corte Suprema de Justicia para que respondan por este hecho absolutamente ilegal y violatorio de los principios de la democracia en nuestro país. 

No hay respeto, se trata de una manifestación de dictadura, promovida desde el gobierno y con el aval de 58 senadores que tendrán que responderle no solamente a la Corte Suprema de Justicia, sino al país. No puede haber en Colombia ese tipo de comportamientos, mucho se ha criticado en nuestro país el “castrochavismo”, la dictadura de Venezuela, el comportamiento de los parlamentarios en ese caso de los diputados, pero acá en Colombia están haciendo algo similar de lo que se hace en Venezuela, donde se atropella a la oposición y aquí está haciéndose algo igual o peor. 

Esto será un grave antecedente para la democracia colombiana y qué nos esperará si eso lo hace el gobierno con el acompañamiento de las mayorías en el Senado de la República. ¿Qué nos esperará a los colombianos? creemos que vendrán días más graves para el país en materia de política y de democracia, estemos preparados.

Bogotá, D. C, 27 de octubre de 2020

* Senador Liberal

@GGarciaRealpe

 

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Mauricio Cabrera Galvis

Por Mauricio Cabrera Galvis*. - El contundente triunfo electoral en Bolivia del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) demuestra una vez más la vigencia y popularidad de los programas de la izquierda democrática en América Latina, máxime cuando este triunfo se dio contra toda la maquinaria de un gobierno de extrema derecha que se tomó el poder por un golpe de estado y usó todos los medios, hasta los legales, para tratar de mantenerlo.

El triunfador fue Luis Arce, quien fuera el ministro de Hacienda durante casi todos los tres períodos de Evo Morales y se considera como el arquitecto del milagro económico boliviano. Con el 52,5% de los votos derrotó en primera vuelta a los dos candidatos de la derecha, mayoría absoluta que confirmó que el triunfo de Evo en las elecciones del año pasado no había sido resultado de un fraude como quiso hacer creer el desprestigiado señor Almagro, secretario de la OEA.

No hay duda de que el apoyo popular al partido socialista, que se mantiene mayoritario después de 15 años de la primera victoria de Evo, se debe a los excelentes resultados de su gobierno. Bolivia fue el país latinoamericano que logró mayores avances económicos y sociales en lo corrido del siglo.

Según los datos de la Cepal, la población en situación de pobreza se redujo del 66,6% al 35,1%, mientras que la disminución de la pobreza absoluta fue aún mayor: del 45,5% al 14,7%. Como consecuencia, Bolivia dejó de ser el país más desigual de la región y el índice de Gini bajó de 61.2 a 43.8.

Contradiciendo la tesis neoliberal de que es necesario crecer la torta primero para luego repartirla, estos impresionantes logros en la mejora de la calidad de vida de los más pobres no afectaron el crecimiento económico, ni espantaron a los inversionistas. Por el contrario, el PIB boliviano pasó de 9.000 a 40.000 millones de dólares y no solo no hubo fuga de capitales sino que la inversión extranjera volvió a ser positiva y la tasa de cambio se revaluó de 8 a 7 pesos bolivianos.

En el 2005 tuve la oportunidad de participar en una misión de las Naciones Unidas en Bolivia para asesorar en el diseño de las políticas económicas primero a los candidatos y, después de las elecciones, al gobierno recién elegido del MAS. Las perspectivas eran pesimistas, pues como el país había aplicado sin éxito todas recetas neoliberales del Consenso de Washington, el crecimiento estaba estancado y la pobreza seguía creciendo.

Elemento clave del cambio de rumbo fue la decisión de Evo de nacionalizar los hidrocarburos, medida que adoptó el 1 de mayo de 2006 para sorpresa de todos, incluso de la misión de la ONU que en ese momento estábamos en La Paz. Con la recuperación del gas, que estaba siendo exportado por las multinacionales a precios irrisorios, el gobierno tuvo los recursos para adelantar sus ambiciosas reformas sociales.

Cuando a Evo le preguntaron si pensaba implantar el socialismo en Bolivia respondió así: “Si socialismo significa una vida mejor, con igualdad y justicia, y que no tendremos problemas sociales y económicos, entonces es bienvenido”. Eso no es el fantasma del castrochavismo con el que quieren asustarnos para el 2022, ni es copiar el modelo venezolano que quebró ese país. Es el liberalismo social demócrata que necesitamos en Colombia para que todos vivan mejor.

Bogotá, D. C, 25 de octubre de 2020

*Filósofo y Economista. Consultor.

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Juan Camilo Restrepo

Por Juan Camilo Restrepo*. - Lo que sucedió la semana pasada con el borrador del documento Conpes, que planteaba una serie de propuestas para flexibilizar el mercado laboral, es a la vez patético y aleccionador.

Patético, pues es difícil recordar en la picaresca administrativa del país un episodio tan lamentable. Planeación Nacional prepara y divulga un documento muy completo sobre las medidas que deberían tomarse para reactivar el crecimiento y el empleo que, como sabemos, van a quedar destrozados con la pandemia. Y es Planeación misma la que lo divulga profusamente entre los medios.

El documento tenía un capítulo muy serio sobre las medidas que se deben adoptar con relación a uno de los temas más cruciales: la flexibilización del mercado laboral. Por diversas razones, los costos que acarrea la generación de un nuevo puesto de trabajo en Colombia son de los más altos de la región. Y cuando vayamos a rescatar de las cenizas el mercado laboral destrozado que nos dejará la pandemia, éste, sin lugar a duda, será uno de capítulos obligados que tendremos que enfrentar. En cierta manera las propuestas de Planeación que aparecían en este borrador del documento Conpes constituían la primera cuota de la tan esperada reforma laboral.

Pues bien: a las pocas horas de haber sido divulgado el documento aparecieron las primeras críticas. No hay propuesta sobre temas de fondo que no suscite aplausos y reproches en una sociedad conflictiva como la nuestra. Y ante estos primeros fogonazos, Planeación Nacional procedió temblorosa a retirar los trozos conflictivos del documento. Aduciendo que no lo había leído aún el Presidente ni el gabinete, que apenas era un borrador, que solo era para recoger opiniones del público, etc. Es decir, se asustó con la piel del tigre que ni siquiera habían matado aún.

El episodio también es aleccionador. Una entidad tan importante como Planeación no puede salir a decir que cuando hace una propuesta no es la voz del Gobierno la que habla. Ni puede tampoco, al primer gruñido, salir corriendo y no enfrentar el debate. Los temas se aclimatan es con la discusión pública: no con el silencio. En este caso, se trataba de un asunto que resulta fundamental para el futuro del mercado laboral del país: ¿Cómo es que vamos a bajar los costos astronómicos que tiene la generación de empleo en Colombia?

Lo más grave de este episodio de polichinela es que quizás se haya malogrado antes de empezar la posibilidad de iniciar el gran debate de la reforma laboral que espera el país. No va a ser fácil retomar el tema luego de esta salida temerosa de Planeación Nacional. A la cual, no es difícil adivinar, le debieron jalar las orejas desde la Casa de Nariño. El capítulo de la flexibilización laboral hacía parte de un documento más amplio del Conpes dedicado a recapitular todas las políticas que se pondrán en marcha para recuperar la economía. Pero parece que fue tal el regaño presidencial que el capítulo de flexibilización laboral corrieron a sacarlo del documento que estaba colgado en la página web de Planeación.

Pues tal es el estilo presidencial. Cualquier acción de política pública que genera puntos de vista encontrados, que no satisfaga a todo el mundo, prefiere esquivarla en vez de afrontarla. Olvidando que el oficio de gobernar es imposible ejercerlo bien si se pretende darle gusto a todo el mundo.

Este episodio del malogrado documento Conpes hace parte de la tradición de las iniciativas gubernamentales que, una vez hechas públicas, se desmontan desde la casa presidencial con un trino o con un regaño. Recordemos que esto mismo le pasó al ministro de Hacienda con algunas de sus iniciativas tributarias concernientes al IVA. Lo cual, además, trasluce grave descoordinación al interior del Gobierno.

Por último, este episodio demuestra también por qué no vamos a tener reformas estructurales en lo que queda de este Gobierno: si no se atreven a frentear temas delicados como los que implican reformas de suyo difíciles como la fiscal, la pensional, la de temas laborales (a la que se refería el reversazo de Planeación Nacional), es obvio que todos estos asuntos quedarán para el próximo gobierno. O sea, para dentro de tres o cuatro años.

Abdón Espinosa Valderrama solía decir a sus colaboradores: “no olviden que gobernar es apurar”. Sabio consejo que hemos ignorado por completo.

Bogotá, D. E, 25 de octubre de 2020

*Abogado y Economista. Exministro de Estado.

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Amylkar D Acosta M

Por Amylkar D. Acosta M *. - Según el economista Jefe del BID Eric Parrado, “Latinoamérica se ha vuelto el epicentro de la pandemia y al mismo tiempo registra el impacto más profundo en términos de actividad económica. Las proyecciones de pérdida de ingresos y empleo en 2020 superan a las de los países desarrollados, Asia emergente y África Subsahariana. En ambos frentes hemos tenido los mayores problemas”. 

Y, como lo afirmó recientemente el Presidente de la ANDI Bruce Mac Master que “los efectos que tuvo la cuarentena sobre Colombia fueron significativamente mayores que en otros países en términos económicos” y añadiría yo que en términos sociales también.

Como lo advierte el profesor de Estudios Avanzados de la Universidad de Chile Pablo Lacoste, este mayor impacto no es sólo en el desempeño de la economía, “esta será la región más afectada debido a su vulnerabilidad social. Después de la pandemia, se va a descubrir que los niveles de pobreza habrán trepado del 30% al 50% en muchos países. Esto se da por razones estructurales y sistémicas”. 

Así como las preexistencias en las personas las predispone y las hace más propensas a contraer el nuevo coronavirus de la COVID - 19 y si se contagian tienen una mayor probabilidad de un desenlace fatal, las economías con preexistencias de falencias en sus fundamentales también corren la misma suerte. Y, desde luego, al entrar la economía a la unidad de cuidados intensivos, los estragos sociales que arrastraba consigo, también preexistentes, se agudizan y se acentúan, que es cuanto ha venido dándose desde que se declaró oficialmente la pandemia y se empezaron a tomar las medidas para contenerla y mitigarla. 

En efecto, según informe reciente del Director del DANE Juan Daniel Oviedo, el año anterior el índice de la pobreza monetaria y el de la pobreza extrema que se había reducido a los niveles 34.7% y 8.2%, respectivamente, en 2018, se elevaron hasta el 35.7% y 9.6% en 2019. Ello significó un punto porcentual en el índice de la pobreza monetaria, 661.899 de personas que cayeron por debajo de la línea de pobreza monetaria, para completar los 17.4 millones, al tiempo que 728.955 personas pasaron de la pobreza monetaria a la pobreza extrema, totalizando los 4.6 millones. Cabe destacar que no sólo se retrocedió en el terreno ganado en el mejoramiento de los índices de pobreza, sino que también se volvió a deteriorar el coeficiente Gini que mide el grado de desigualdad de ingresos, al pasar del 0.508 en 2018 a 0.526 en 2019. Ello no es de extrañar, habida cuenta que en el año 2019 mientras el 20% más rico de la población experimentó un incremento en sus ingresos el 20% más pobre los vio reducidos en 6.2%.

En concepto del Director del DANE “el aumento en la incidencia de la pobreza puede estar asociado al incremento de la tasa de desempleo que se registró entre 2018 y 2019”, al pasar del 9.7% al 10.5%, agravada ahora con la pandemia. El caso más patético es el de la franja de los ninis, que es como se conocen los jóvenes que ni estudian ni trabajan y que son quienes han llevado la peor parte en esta crisis. Según datos del DANE (con corte a 2019) ellos representaron el 18.3% de la población entre los 14 y los 28 años en Bogotá.

También en su caso, como en el de las mujeres, es notorio el sesgo en su contra de la afectación en sus oportunidades de empleo y/o trabajo. Según el DANE, “se estima que si un joven habita en un lugar con estratificación social 1 o 2, la probabilidad de que ni estudie ni trabaje es del 46.5%, cifra que contrasta con quienes viven en estratos 5 o 6, donde la posibilidad es apenas del 14.3%. El panorama para las mujeres de escasos recursos es más complejo, pues la falta de oportunidades llega al 62.8%”.

Un estudio reciente de la Facultad de economía de la Universidad de los Andes, que analizó el caso de Bogotá es muy revelador: “un ciudadano que vive en un barrio de estrato 1 tiene 10 veces más probabilidad de ser hospitalizado o fallecer por el nuevo coronavirus y 6 veces más posibilidades de ingresar a una Unidad de cuidados intensivos (UCI) comparado con una persona que resida en estrato 6”. Y concluye que “la mayor tasa de contagios y muertes en estos grupos apunta a la desigualdad socioeconómica”.

Un estudio similar de la Universidad de los Andes pone de manifiesto que el COVID – 19 ataca con mayor rudeza a los más pobres, así como a las comunidades negras e indígenas, por tener menos acceso a los servicios de salud, agua potable y saneamiento básico, amén de su mayor afectación de la desnutrición, el hacinamiento y la informalidad laboral.

Bogotá, octubre 24 de 2020

*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía

www.amylkaracosta.net

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