En ECOS POLITICOS dialogamos con el mandatario departamental, Álvaro Pacheco Álvarez, sobre el tema de los cultivos ilícitos, la paz, el posconflicto y otros temas:

Por William Acero Arango. Sin duda alguna uno de los problemas más graves que tiene actualmente el país es el tema de la multiplicación de los cultivos de hoja de coca en muchos de nuestros departamentos.

El Gobierno Nacional en cabeza del ministro de defensa, Guillermo Botero, dijo que en menos de un mes empezarán las fumigaciones con glifosato a través de drones.

Uno de los departamentos que más ha sufrido el tema de la violencia por el tema del narcotráfico, los cultivos ilícitos y los grupos al margen de la ley, es el departamento del Caquetá.

En ECOS POLITICOS dialogamos con el mandatario departamental, Álvaro Pacheco Álvarez, sobre los cultivos ilícitos, la paz, el posconflicto, entre otros.

ECOS: ¿Cree que la solución para la lucha contra los cultivos ilícitos es la fumigación con glifosato?

APA: La solución para el tema de cultivos de Coca, no es la fumigación. El Gobierno Nacional, a cambio, debe traer es inversión para los miles de campesinos que sustentan el pan diario del cultivo de la hoja de coca.

ECOS: ¿Tienen de 15 a 20 hectáreas de coca sembradas, que están haciendo para combatir este mal?

APA: El tema es que la gente ve la coca como el único sustento de vida y la sustitución que prometió el Gobierno no la estamos viendo, pero todos quieren jalarle ya a la sustitución. Los proyectos productivos son la solución, tenemos que darle la oportunidad a la gente.

ECOS: ¿Qué piensa de los anuncios del Gobierno para fumigar esos cultivos ilícitos?

APA: Esa política fracaso hace más de 20 años. No se puede seguir con eso, la fumigación aérea no sirve, debemos seguir apostándole a la erradicación manual. El gobierno anterior llego y concertó, y este tiene todo parado. Tenemos que mirar el tema para ver cómo lo solucionamos. El Presidente afirmó que se iba a pagar lo de la erradicación, pero con resultados, estoy totalmente de acuerdo que se les pague a los que de verdad están erradicando.

ECOS: ¿Qué piensa de la fumigación aérea?

APA: No es la solución. Los americanos le están haciendo esa exigencia al Presidente, a costa de vidas humanas, del maltrato de los campos, de muchos sacrificios de los nuestros y no es solo eso, tenemos que mirar que está pasando con los países consumidores.

ECOS: ¿Para cuándo, o en cuanto tiempo usted puede garantizar un Caquetá sin coca?

APA: Todo depende del gobierno nacional, que apoye los proyectos. Estoy diariamente dialogando con mis campesinos, mi gente en las veredas de los municipios y en todas partes quieren cultivar el campo con productos de pan coger; pero necesitamos la mano del Gobierno, de eso dependemos. Si tenemos los insumos, el apoyo del Gobierno y la voluntad de todos, en un año y medio tenemos un Caquetá sin coca.

ECOS: ¿Qué hacer con el tema de la coca?

APA: La gente no quiere más coca, está cansada de la coca. Lo que se debe hacer es cumplirles a los campesinos. El tema de los cultivos ilícitos solo les ha traído problemas y desgracias, el Gobierno debe cumplir con los convenios que se hicieron. Aquí estamos combatiendo a todas esas bandas criminales y a los que no están en el proceso de paz, lo vamos a seguir combatiendo. El narcotráfico solo nos ha traído desolación, muerte, tristeza y mutilados.

ECOS: ¿Cómo está el orden público en su departamento, después del proceso que culminó con las FARC?

APA: El proceso de paz se debe seguir fortaleciendo, de acuerdo a lo que dice el Presidente Duque. Él ha dicho que se necesitan ajustes. Tenemos que fortalecerlo, estamos esperando esos ajustes, pero no podemos retroceder. Este departamento hoy es otro, hace dos años estábamos secuestrados, no podíamos desplazarnos a los demás municipios, a las veredas.

ECOS: ¿Por quién estaban secuestrados?

APA: Por las FARC. No podíamos salir, estábamos sitiados totalmente por ellos. Lo que tenemos que tener en cuenta gústenos, o no, es que las FARC hoy en día son un partido político. La paz es un derecho que tenemos todos los colombianos y llevamos 53 años de guerra, más en este departamento.

ECOS: ¿Definitivamente el departamento del Caquetá es otro, después de la firma del Acuerdo de Paz?

APA: Así es, tenemos progreso, turismo, empresarios que están llegando a invertir, hay prosperidad en general, eso es lo que tenemos que fortalecer. Desde ECOS le hago un llamado al presidente Iván Duque para que fortalezca todas estas cosas.

ECOS: ¿Qué va a pasar con las disidencias de las FARC?

APA: No podemos desconocer que existen en Cartagena del Chaira, San Vicente, pero la ventaja es que nos hemos asociado todos: las Fuerzas Militares, Policía, Defensoría, Fiscalía, Gobernación y alcaldías,  para combatir  a todos los que estén por fuera de la ley, eso es un paso muy importante. Esas disidencias no tienen escape.

ECOS: ¿Cree que esto se puede reventar?

APA: No, y no, por el bien del país, del Caquetá, por el bien de la paz y de los departamentos que hemos sufrido el tema de la guerra.

ECOS: ¿Cómo está su departamento, en educación, salud y demás?

APA: Estamos construyendo mega colegios en San Vicente del Caguán, en Puerto Rico, en Florencia, en todo el departamento. Dos hospitales, varias vías que nos están generando empleo y desarrollo en nuestro departamento. El tema ganadero está creciendo más que nunca, estamos desarrollando distintos proyectos para miles de campesinos en todo el departamento.

ECOS: ¿Qué piensa de las declaraciones del Santo Padre en el sentido de que  el que acepta el aborto es igual al que contrata un sicario para matar?

APA: Totalmente de acuerdo con el Papa Francisco. Hay sociedades que lo permiten, nosotros no estamos aún preparados, los colombianos seguimos siendo conservadores, no hay la suficiente madurez en nuestra sociedad. Cuando hay peligro que la madre pueda fallecer, se puede considerar, en el tema de las violaciones, también se puede revisar, del resto, creo que no.

Florencia Caquetá octubre 20 de 2018

Write comment (0 Comments)

“Nos reunimos para hacer proyectos, pero ya no en actividades de guerra. Tenemos un plan de trabajo y desarrollamos actividades de sembrado de cultivo de maíz, plátano, fríjol, yuca, tomate y ají, entre otras hortalizas”, cuenta Martínez, quien trabaja junto a más de 40 excombatientes y miembros de las comunidades aledañas del Corregimiento del Conejo, en el Departamento de la Guajira.

Desde las cinco de la mañana y rodeados por las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, más de 40 ex miembros de las FARC-EP trabajan cultivando la tierra para abastecer de hortalizas a decenas de escuelas del Departamento de La Guajira, en Colombia.

Marcos Martínez, uno de los integrantes,  ingresó a las filas de las FARC-EP cuando tenía apenas quince años y participó del conflicto durante otros veintitrés, ahora es el administrador de la Granja Integral Nueva Colombia, donde se han cambiado las armas por las rejas de arado.

“Nos reunimos para hacer proyectos, pero ya no en actividades de guerra. Tenemos un plan de trabajo y desarrollamos actividades de sembrado de cultivo de maíz, plátano, fríjol, yuca, tomate y ají, entre otras hortalizas”, cuenta Martínez, quien trabaja junto a más de 40 excombatientes y miembros de las comunidades aledañas del Corregimiento del Conejo, en el Departamento de la Guajira.

El proyecto, que surgió por el esfuerzo propio de los integrantes de la FARC, como parte de su reincorporación social y económica, en el marco del Proceso de Paz, fue impulsado con una inversión del Programa Mundial de Alimentos (PMA), y es apoyado por la Misión de Verificación de la ONU en Colombia.

“La mayoría de los integrantes de las FARC tienen vocación agrícola. Sus padres han sido campesinos. Nos hemos levantado en el campo y durante la confrontación también teníamos unidades ubicadas en puntos estratégicos para cultivar la tierra y autosostener a la fuerza”, explica Martínez.

Ese es el caso de Marta, por ejemplo, quien también trabaja en la Granja y se unió a las FARC después de que su padre fue asesinado por grupos paramilitares. La violencia además desplazó a su familia y hasta acabó con el caserío indígena a donde huyó a refugiarse con su abuela.

“Viendo el ejército de un lado y los paramilitares del otro, me llené de mucho miedo y vi que mi única opción eran las FARC”, dice.

Una Cooperativa para la Paz

Marcos, Marta y otros excombatientes fundaron la Cooperativa Multiactiva para la Paz de Colombia o COOMPAZCOL, que, en convenio con el PMA, abastece a 24 escuelas de la Guajira con tomates y plátanos. La granja integral es uno de los cinco proyectos de la unión, que además cuenta con unidades productivas de confecciones, abono orgánico, ebanistería y turismo.

“La cooperativa a pesar de ser joven ha venido tomando fuerza y las Naciones Unidas nos han ayudado a solucionar problemas de tipo logístico y el PMA nos está ayudando con el mercado y comercialización”, asegura Marcos.

Durante la inauguración de la cooperativa en mayo de este año, la representante adjunta del Secretario General para Colombia, Jessica Faieta, aseguró que estos proyectos se convertirán en los nuevos medios de vida y modo de ingreso para los excombatientes.

Marcos Martínez dice que lo que necesitan es apoyo y que sueñan con ampliar el alcance de sus productos y llegar incluso a supermercados: “Nosotros tenemos la fuerza de trabajo, la disponibilidad y las ganas, pero necesitamos respaldo”, dice, agregando que esperan poder acceder a la tecnología necesaria en el campo para poder seguir creciendo.

Asimismo Martinez resalta que los proyectos de la cooperativa incluyen tanto a hombres como mujeres y que estas últimas asumen un “papel protagónico” en todos los escenarios.

“Yo estoy muy agradecida con Naciones Unidas porque desde que se inició este proceso todo el tiempo nos han acompañado y nos siguen acompañando, con su ayuda y nuestro esfuerzo hemos logrado sacar adelante la cooperativa”, expresa Marta, quien es una de las siete mujeres que hacen parte de la granja Nueva Colombia y lideran proyectos de ecoturismo y confección.

El futuro de la Reconciliación

Así como su compañera, Marcos agradece el apoyo de la ONU, que ha verificado el proceso de desarme y la implementación de los Acuerdos de Paz, desde su firma en la Habana en 2016.

La reincorporación y reintegración a la vida civil de los excombatientes aún se encuentra en su primera etapa, y como declaró recientemente el Representante Especial del Secretario General, Jean Arnault, sigue siendo un “asunto pendiente” y se necesita acelerar el progreso en la implementación de proyectos productivos.

Hasta el momento, tal y como COOMPAZCOL, la mayoría de las iniciativas han sido autofinanciadas por los propios excombatientes y otras organizaciones, y el objetivo del Gobierno de brindar oportunidades a 14.000 miembros de las FARC “está lejos de alcanzarse” según el último informe de país del Secretario General.

“El verdadero camino para salir de este conflicto de 53 años es el diálogo, y seguimos apoyando este proceso porque entendemos que con la violencia no se logra nada. Ahora estamos en un momento difícil, pero tenemos toda la disponibilidad para aportar lo mejor que tenemos”, concluye Marcos Martínez.

Sierra Nevada de Santa Marta, 10 de agosto de 2018.-

Fuente: UN WebTV.

Write comment (0 Comments)

Un aporte de amor para la paz de Colombia

Jacqueline Vega Benítez se siente afortunada de trabajar en la vereda de Agua Bonita, en el municipio de la Montañita en el departamento de Caquetá, pero aún más, feliz de ser la profesora de danzas tradicional del grupo Fariano.

Ecos tuvo la suerte de conocer a Jaqueline en un paraje de la vía Bogotá a Guaduas por la autopista a Medellín, donde compartía con unos colegas que incentivan el folclor, alrededor de un café caliente en una mañana fría dominguera, antes de llegar a un Encuentro sobre el tema en Guaduas Cundinamarca.

Con pinta boyacense, precisamente en honor a la tierra que la vio nacer, cualquier persona que vea a Jacqueline jamás pensaría que con su sombrero andino, fuese la maestra e institutriz de danza folclórica colombiana a unos ex guerrilleros que dejaron los tiros por el arte, como un elemento más para lograr la búsqueda de la reconciliación nacional.

Ser docente de la Universidad de La Amazonía y de la Oficina de Paz, en Florencia, le permitió estar en una vereda del Caquetá desde hace 16 meses como pedagoga del posconflicto con el arte de la danza. Por eso dice categóricamente que parte de su misión en el Caquetá es hacer parte del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc.

“Cuando inicié eran 48 excombatientes y en este momento con toda la amplitud que se está desarrollando y la apertura de la paz, se han ausentado varias. Son 18 los que forman parte del grupo de danzas” Sostiene Jacqueline, tras señalar que “desde la Oficina de Paz, que se conformó desde al Alto Comisionado, se apoyan los procesos de extensión y cultura como apoyo a la comunidad y fortalecimiento a otros procesos, “pero donde le hemos apuntado muchísimo desde el alma mater con los estudiantes de licenciatura en educación artística”.

Expresa que el trabajo que hacen es ejemplo no solo para Colombia, sino para el mundo. Manifiesta que sus alumnos cada día están más ávidos de aprender sobre el folclor. Destaca que todos tienen “muchísima” disciplina y conocimiento de la historia, que les permite innovar y aportar al desarrollo del folclor colombiano.

- ¿Esa labor forma parte de la pedagogía para la paz?-

- Esa pedagogía, la que nosotros, los civiles, llamamos la reconciliación, el perdón; ese es nuestro reto. Es lo que necesita Colombia en este camino del posconflicto, No queremos más odios. Ese es el ejemplo que estamos dando y no el que se nota y atropella en las grandes urbes, porque allá no han vivido ni sentido el conflicto”.-

No duda en señalar que ese compromiso debe ser asumido con responsabilidad porque se están compartiendo saberes, “los de ellos y los nuestros y porque estamos compartiendo experiencias con una articulación de conocimientos para exponerlos no solamente al servicio de ellos como excombatientes, sino a quienes lo rodean, con el principio fundamental de la reincorporación desde la capacitación”.

“Así es y lo estamos haciendo sumercé”, asegura Jacqueline Vega ratificando que desde los campos de Boyacá asumió el reto de aportar a la paz de Colombia y por eso está en el Caquetá, un territorio que sufrió no solo el conflicto, sino que aún sienten la ausencia del Estado para solucionar los problemas que de una u otra manera fueron los causantes de la violencia por más de medio siglo en Colombia.

“Es una zona de difícil acceso, es complicado llegar y estar allí, pero cumpliendo con el tema de la reincorporación y reconciliación, estamos haciendo una metodología con los niños de las escuelas cercanas donde ya les están enseñando música, danza y teatro”.

Agrega que “quienes nos ponemos la camiseta y hacemos algo por la gente, lo hacemos para mañana recoger, queremos reconciliarnos todos, es el mayor orgullo que podemos hacer frente a un grupo de personas que marginados por la situación en que hemos vivido, tienen mucho por contar, mucho por decir y mucho por compartir”.

No duda en señalar que verdaderamente se está recorriendo el camino al posconflicto. “Lo que estamos haciendo es un ejemplo del esfuerzo por la paz en Colombia”, sostiene la profe Jacqueline, quien destaca el Acuerdo entre el Gobierno y las Farc, “porque son excombatientes que definitivamente valen la pena. Nuestra gratitud porque ellos resolvieron dejar las armas para sentarse a hablar de paz, de sembrar, para mañana cosechar".

-¿Cómo fue esa ruta para llegar a ser instructora de danzas y en esa lejanía?

-Inicialmente hubo una convocatoria a nivel universitario para docentes a quienes quisieran hacer parte de los procesos de pedagogía para la paz desde el arte, la cultura, la educación y la formación, pero nadie, absolutamente nadie, por el miedo, se quería presentar- respondió Jacqueline en medio del frio, cansancio y malestar que tenía del viaje de más de 15 horas en bus desde Florencia, Caquetá, hasta la fría Bogotá.

“Fui al Patronato de Artes y Ciencias, que es la máxima autoridad del folclor en Colombia, con quien he tenido un proceso de formación desde muy niña, e hicimos una propuesta para conseguir cofinanciación, porque es cierto, no se ha cumplido el proceso de educación y de formación, quien apoya es Noruega”, sostiene Jacqueline y dice que pertenece a la Oficina de Paz de la Universidad y eso lo hacemos con mucho amor.

Con la Uniamazonía trabajo martes y miércoles “Los jueves, viernes, sábados y domingos, estoy arriba en la zona veredal, entregada a esa causa y cumpliendo con la misión que debemos tener los ciudadanos en este país: aportar a la paz de Colombia”.

Destaca que ciertamente ella pertenece a la Universidad, pero es el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, el que ha apoyado fundamentalmente el tema desde el punto de vista de la investigación, con libros y música.

-¿En ese intercambio de saberes hay mucho por hacer?

-En realidad sí. Los excombatientes están haciendo un trabajo de intercambio de saberes, de trabajar con los niños de dos escuelas cercanas, la rural primaria y preescolar de Agua Bonita y escuela de bachillerato o institución educativa rural de bachillerato de El cedro. Ellos también están enseñando pero son muchas las cosas por conseguir, en ese aspecto hacemos actividades para obtener recursos, no solamente con el Grupo Fariano, sino con los nuevos niños que se están integrando a este proceso de formación. La verdad hay un profesor para cincuenta niños, uno para toda primaria, otro para todas las asignaturas, y es un maestro que verdaderamente no tiene el conocimiento de arte y cultura que deben recibir los niños.-

En medio del frio y degustando el café para luego continuar la ruta hacia el evento que reunió a directores de danzas del país, en la tierra de la Pola, Guaduas, Jacqueline dice que “es un proceso nunca visto, es una bendición muy grande. Ver y sentir el folclor, que sepan que es un torbellino, la diferencia entre este, un pasillo y un bambuco, tanto en su baile, su ejecución, vestuario y origen. Todo eso enriquece, estamos sembrando. Es un aporte de amor para la paz de Colombia, para un grupo de personas que me imagino en poco tiempo, van a tener que figurar porque son almas que están haciendo su trabajo con el corazón”. Quiero resaltar que Noruega se ha vinculado también al proceso para formarlos en otras áreas, pero sin lugar a dudas se necesita mucho más.

Jacqueline resalta el apoyo del Gobierno de Noruega en esos propósitos pero dice que se necesita mucho más. “Allí en ese territorio no ha llegado ni un solo proceso de proyectos de productividad, donde ellos se puedan sostener económicamente. Gracias a ellos nos alimentamos, son campesinos, tienen sembrado yuca, plátano, piña, huertas y cultivos de peces”.

-¿Cuál es la ponencia que lleva para el Encuentro de Formadores, gestores y danzantes que se celebra en Guaduas?

-Crear y recrear danza tradicional desde los conocimientos que tienen los excombatientes y sus propias vivencias. Evitar dejar enterrado todo lo que ellos tenían en su diario vivir en el monte y que lo vamos a poner al servicio de la gente al ritmo de la danza” y agrega que con el grupo musical “rebeldes del sur”, que son a los que pertenecen, estamos haciendo danza para recrear, respetando los patrones de nuestra nación. “con todo mi cariño es una ponencia que ojalá tenga piso y eco, que la gente la pueda percibir con ese cariño de reconciliación no solamente con nuestros corazones, con nuestro entorno, sino para unos seres que necesitan ser aceptados en la sociedad como reincorporación”.

- ¿Es una creación colectiva para el aporte al folclor colombiano?

- Le estamos apostando a una creación colectiva desde el folclor para mostrarle a Colombia y al mundo una actividad, que si bien es cierto, estaba muy escondida y guardada, tiene mucho que ver para que la gente pueda evidenciar que no todo lo que veíamos y nos contaban desde afuera es realidad.

-¿Las dificultades del posconflicto y lo que pueda pasar con el nuevo Gobierno, les produce miedo?

- Si claro, para nadie es un secreto que lo del grupo político que vaya a liderar el país va a tener mucha influencia e incidencia. El miedo es profundo. Por ejemplo, las tierras donde ellos están viviendo no las ha comprado el Gobierno, de hecho el cura que arrendó esos terrenos dijo que solo le habían pagado los tres primeros meses. El miedo es que llegue el dueño y se las quite porque no cumplieron con pagar y se tienen que ir de allí. Ellos sienten miedo, pero me consienten y cuidan mucho, empezando por la comida. (risas).

-¿Qué le dice al Presidente electo Iván Duque respecto al tema y a lo que usted hace en ese apartada región de la Patria?

-Mi mensaje es contundente, prácticamente son 200 familias que en Agua Bonita están iniciando una nueva vida como resultado del Acuerdo de Paz. Le pido al Presidente electo Iván Duque apoye desde lo más intrínseco de su razón y corazón a estas personas. Se debe entrar a hacer acuerdos de formación, productividad, que ellos tengan de que vivir, que les abran las esperanza de poder generar un recurso de ingreso, un recurso de formación. Hay gente preparada pero obviamente por muchas razones no son aceptados en la sociedad. Hay otras personas que son supremamente inteligentes que tienen muchísimo por brindar pero que no han tenido la oportunidad de estudiar.

-Cómo espantarles ese miedo que los lleve a regresar a la lucha armada por tantas críticas al proceso?

-Hay que brindarles formación, tiene que haber cultura. Tenemos la esperanza que el nuevo Presidente y su equipo de Gobierno van a tener una mirada de humildad, de amor y de respeto hacia ellos. Son seres humanos, no es por defenderlos, pero han hecho mucho cuidando nuestro medio ambiente, nuestra naturaleza, tierras de muchos campesinos en los que hoy se vive nuevamente el desconcierto porque llegan ladrones, porque no cuidan la tierra y porque los siguen arrinconando. Entonces, lo único cierto es que se necesita un apoyo institucional, un apoyo de gente que apoye a otra gente.

Este país pide a gritos la Paz y es urgente sembrar en nuestros niños un legado de Reconciliación, de amor, de respeto pero sobre todo de fe, ya que lo que hoy sembremos en nuestros hijos será la semilla responsable para una cosecha de ejemplo para nuestros nietos que merecen ver, sentir y palpar Una Patria Grande, Una patria hermosa llamada Colombia.

Bogotá D.C., 15 de julio de 2018

Por Luis Fernando García Forero

Write comment (0 Comments)

En 1989 el Departamento de Santander ardía por la violencia, el secuestro, las masacres. Todos los frentes del conflicto: ELN, Farc y el Movimiento ilegal Muerte a Secuestradores, MAS, eran protagonistas de los asesinatos, lo que se volvió una constante en esa región equidistante al Magdalena Medio santandereano.

Eso llevó a que el Gobierno, la Procuraduría General de la Nación, la Iglesia Católica y la Administración de Santander, entre otros organismos sociales, organizaran en San Vicente de Chucurí, un Foro por el “Derecho a la Vida y la Defensa de la Democracia”.

El Foro coincidía con la invitación pública que había hecho el Gobierno del Presidente Virgilio Barco Vargas, quien emplazó a los movimientos subversivos de vincularse a un dialogo, que parara el conflicto y se iniciara un proceso de paz.

En esa época ya ejercía el periodismo político y formaba parte del equipo de reporteros del Noticiero de la Semana, con la dirección de Amparo Peláez, quien me dio la oportunidad de cubrir el evento en dicho municipio, colmado de historia y de violencia, donde fue abatido, en Patio Cemento, el cura Camilo Torres, quien había dejado su apostolado y sus cátedras de sociología en la Universidad Nacional, para vincularse a la lucha armada en el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Fue domingo de mercado, donde todo el mundo caminaba y compraba de prisa. El pito de los camiones anunciando las salidas para las veredas, alborotaba el ambiente, en una mañana soleada y con visitantes, escoltados por el ejército y la policía.

Se sentía el miedo. Entre tanto, en la sede social de la Iglesia se desarrollaba el Foro, con la asistencia de personalidades políticas de la nación y del departamento de Santander, organizaciones sociales y eclesiásticas del Magdalena Medio, entre otras. Los asistentes buscaban e incentivaban a un llamado sensible con un objetivo común: de manera inmediata lograr mecanismos de reconciliación regional y nacional, para parar la ola de violencia en esa importante región de Colombia.

El Obispo de Barrancabermeja, Monseñor Juan Francisco Sarasti, exhortaba en su exposición al Gobierno, Procurador, Las fuerzas políticas y presentes del evento, a tener una mayor asistencia, vigilancia y pedagogía en el tema de los derechos humanos. La violencia estaba degradando el conflicto en ese territorio.

”Llegaron en la madrugada y sacaron a mi marido y lo asesinaron porque no decía si había pasado por ahí la guerrilla”, sostuvo con voz temblorosa y con lágrimas, una señora de aproximadamente 40 años, mientras, el moderador pedía orden a los asistentes, quienes no bajaban las manos para contar y denunciar los abusos de la guerra.

El ambiente se calentaba no sólo dentro de la sede social de la iglesia, sino en la calles. Un tiro al aire, encendió los ánimos. La gente corría apresurada y nerviosa, mientras en la sede de la reunión se pedía tranquilidad y orden.

“Llegó la guerrilla” gritaban unos y otros decían: “no son los maseteros”. Todo el mundo se refugiaba en los diferentes almacenes que rodeaban el parque principal de la localidad. El caos fue tal que las autoridades municipales invitaban a la prudencia y tranquilidad: “Fue que a un soldado se le disparo el fusil, tranquilos, por favor no ha pasado nada”, se oía la voz de un funcionario de la alcaldía quien insistía, a través del parlante, a la mesura y a mantener la calma.

Las deliberaciones del foro, en medio de guerrilleros disfrazados de campesinos, militares de civil y forasteros, que parecían invitados por el MAS, fueron transcurriendo mientras organizaban el documento de conclusión: “Convocar a las fuerzas violentas a humanizar la guerra; a un respeto por el DIH, a establecer la presencia del Ministerio Público para recibir las denuncias de los abusos del conflicto y al gobierno en insistir en una solución política del conflicto”. Esa era la noticia de un foro donde terminó con la desazón del presente pero con un hilo de esperanza que al menos las acciones lograran parar la violencia en esa región.

El regreso de los personajes fue todo un operativo, pues les esperaban tres horas de carretera destapada hasta Bucaramanga, para coger el vuelo de regreso a Bogotá.

Sin embargo, los periodistas y el equipo de prensa estaban pendiente de la llegada de los willys, que los transportaría de regreso al Aeropuerto de Palo Negro de la Ciudad Bonita.

Eran casi las 6 de la tarde y cada minuto que pasaba, el ocaso le daba entrada al anochecer, situación que puso a los colegas con preocupación por el peligro en la vía al transitar en horas nocturnas.

En medio de la espera, apareció el primer carro de los tres que debería llevarnos de regreso. “debemos esperar porque a uno de los willys le están arreglando una llanta que se pinchó y lo mejor es irnos todos”, nos dijo el conductor en medio de la mirada de quienes estábamos atentos a regresar pronto, unos a Bucaramanga y los otros a Bogotá.

Por fin, a las 6 y 45, ya de noche, salimos de regreso en tres carros que habían asignado para la prensa los organizadores del evento. Me tocó en el primero de la caravana y al lado del conductor.

No habían pasado 15 minutos de haber salido del municipio cacaotero de San Vicente de Chucurí, cuando en una curva a la altura de la Y, un sitio que divide la carretera hacia Bucaramanga y el municipio de Zapatoca, una frenada inesperada me llevó hacia adelante: ¿Qué pasó don Javier?, le interrogué. El freno en seco impidió que nos chocáramos con un tronco atravesado en la carretera. “Qué cosa tan malparida con esta gente que sigue jodiendo” afirmó Javier al bajarse del carro para despejar la vía.

Todos observamos y seguimos con la mirada al conductor. Nos dimos cuenta que tres hombres con cachuchas que salían de la cerca se le acercaron. En medio de la tensión observamos que uno de los empezó a hablarle, lo que impidió en el momento retirar el tronco. No duró más de 5 minutos la charla cuando Javier se dirigió de nuevo al carro mientras los tres intrusos de la noche, se alejaban camino a la cerca y se perdían con la sombra en la oscuridad de los potreros.

Javier no abordó el carro. Desde la ventana del willys me comentó de la situación: “Estos señores del Ejército de Liberación Nacional les mandan a decir que no podemos seguir adelante, porque necesitan hablar con todos. ¿Cómo así?, me pregunté. Inmediatamente me bajé del carro y me dirigí a los colegas que venían en los otros dos willys amarillos que nos seguían.

Les comenté a todos el mensaje. Se bajaron e hicimos una ronda en plena carretera. Llamé a Javier y le dije que nos contara exactamente que le habían dicho.

“Ustedes saben que estamos minados de elenos. Necesitan hablar con todos ustedes. Me dijeron que, a unos 50 mts de acá, en una finca que queda al lado derecho de la carretera, debemos esperar. Que no retrocedamos ni sigamos el viaje, que los esperemos que ellos van por nosotros”, nos contó Javier, quien recomendó que hiciéramos caso, porque lo que quieren es que se reúnan con el comandante.

El miedo empezó a rondar. Varios colegas se quejaron, otros la tomamos con calma, sin embargo, hubo controversia. Unos decían que siguiéramos y que los conductores aceleraran el paso. Inmediatamente el conductor del segundo carro expresó: “no se atrevan por favor a hacer eso porque deben tener más retenes, ya sea hacia adelante o hacia atrás y puede correr peligro la vida de todos”.

La mayoría coincidimos en definir que nos fuéramos hasta la finca que nos indicaron y allí esperarlos a ver que querían. Por fin hubo acuerdo y reiniciamos en los carros el camino al sitio que indicaron.

Una pareja de campesinos nos recibió con un amable saludo. “Estamos cumpliendo unas órdenes. Ahí les dejaron un refrigerio, mientras que vienen a hablar con ustedes”, afirmó el mayordomo mientras señalaba al costado derecho de la entrada, en un potrero, los sándwiches y las gaseosas.

Mientras comíamos la merienda y al tiempo espantábamos los zancudos, que zumbaban en las orejas, escuchamos un saludo y observamos el verde con rojo de varios uniformados que saludaban a los dueños de la finca antes de llegar al sitio donde estábamos.

“Señores buenas tardes”, dijo uno de los seis guerrilleros con la cara tapada de lienzo rojo, luego de responderles el saludo, de frente pidió disculpas por la situación y se presentó diciendo: “Somos del Frente Capitán Parmenio del ELN y nuestro comandante nos ordenó la misión que nos acompañen al campamento, porque nuestra organización guerrillera quiere enviarle un mensaje al Gobierno Nacional”, dijo con voz fuerte el líder y vocero de los subversivos, quien además nos advirtió “esperamos que no pongan resistencia”.

Nuestras miradas rodeaban a los seis subversivos en medio del momento que, de una u otra manera, producía miedo y preocupación por la suerte que pudiéramos correr, pero con el valor de aceptar que éramos periodistas y que la noticia no da espera.

“¿Concretamente por qué nos llevan y por qué no nos dan el mensaje acá de una vez”?, dijo una de las corresponsales del Noticiero de las Siete en Bucaramanga.

“Es una Rueda de Prensa con mi Comandante”, respondió el vocero de la misión quien nos manifestó que saldríamos en los carros hasta unos potreros y ahí los dejábamos para iniciar el recorrido hasta el campamento.

Nos subimos todos a los willys y los subversivos se guindaron de a dos en cada carro para trasladarnos a los potreros y de donde iniciaríamos el camino por la búsqueda de la noticia.

“Uno, dos, tres, cuatro, cinco…”eran nuestras voces numeradas en una fila hasta llegar a 20. Recibimos las instrucciones de la marcha: “Felipe II”, era el santo y seña para cuando llegáramos al campamento. La palabra perro, quería decir, al piso y en silencio. Todas medidas para prevenir el un encuentro con la fuerza pública o los del MAS. Eran las señales de seguridad hasta llegar al sitio de destino.

La luna fue esquiva en esa noche de lluvia y los barrancos húmedos se convertían en trampas, que partían el ritmo y la fila en la avanzada hasta el campamento. Después de tres horas de camino y de pasar en canoa el Río Sogamoso, en medio de un torrencial aguacero, iniciamos la ruta montañosa que, en media hora, nos condujo al santo y seña Felipe II.

Nos esperaba un comandante y su compañera guerrillera a la entrada del sitio de la reunión. Al fondo, se reflejaban las luces con energía de una planta eléctrica, que irradiaba el verde de los árboles y del uniforme de los subversivos, que combinaba con el rojo característico de ese grupo guerrillero y que, desde la década del 60, ataca al estado colombiano.

“Me da gusto volverlo a ver”, me dijo efusivo el comandante al saludarme. Gracias, le manifesté al mirarlo de frente y donde solo le resaltaban los ojos ante el brillo de la tela roja que tapaba el rostro de su cara. Pero ¿por qué me dice eso?, le pregunté. “Tranquilo, solo quiero manifestarle que me da gusto volverlo a ver”, respondió, al tocarme el hombro e invitarme a seguir al campamento.

“No aceptamos la propuesta del Gobierno del Presidente Virgilio Barco Vargas, de un diálogo para buscar fórmulas de paz”, fue el primer anuncio en la rueda de prensa del Comandante al agregar que “mientras no se revisen y cambien las políticas en materia petrolera, no le jalamos a un diálogo por esa iniciativa” y remató diciendo: “Por lo tanto, seguiremos con nuestra lucha armada y con los atentados contra los oleoductos”, aseveró.

Preguntas iban y venían, al igual que respuestas por el vocero del grupo insurgente, en un diálogo donde muchos de los colegas, incluyéndome, le criticábamos y rechazábamos, en forma contundente, que las acciones terroristas contra el sector minero energético del país, no podían seguir destruyendo el ecosistema. “Eso es parte del conflicto y de nuestra lucha revolucionaria”, respondió agresivamente el Comandante.

La noticia ya la teníamos amarrada, pues al término de la declaración y la controversia, entre preguntas y respuestas, nos brindaron un sancocho de gallina servido por guerrilleras a las que sí se les veía bien el brillo de sus ojos y sus sonrisas perláticas, en medio de la alta noche de la zona selvática de la Provincia de Mares santandereana.

Las horas nocturnas avanzaban y se hacían más rápidas, mientras que nos enfrascábamos en una discusión, entre los que nos queríamos regresar de una vez y otros que querían quedarse en el campamento.

Era lógico que las autoridades y la Fuerza Pública ya sabían que estábamos en manos de la insurgencia. Un enfrentamiento militar con la Fuerza Pública, con el objetivo de rescatarnos, era un peligro para nuestras vidas.

La decisión llevó a prepararnos de inmediato para el regreso, pero me daba vueltas la cabeza de pensar en dónde me conoció el personaje comandante que vive en la lucha revolucionaria y sin saber por qué se acordaba de mí.

“Dónde nos vimos, dónde me conociste”, le interrogué efusivamente. “No se preocupe” me dijo. “De todas maneras me agrada verlo después de mucho tiempo”, expresó tajantemente y no dejó que le insistiera en la pregunta cambiando de actitud y diciéndonos que “es mejor que regresen, porque sabemos que el ejército iniciará operativos para rescatarlos. El regreso es igual, se van acompañados por los mismos camaradas que los trajeron”.

La mente me daba vueltas con ese personaje. ¿Por qué me conoce?, ¿bajo qué circunstancias?.

Aunque no escampaba, la lluvia y las caídas por el terreno húmedo, no impidieron que llegáramos antes del amanecer al potrero donde estaban los móviles. La ruta de vuelta era de bajada lo que hizo más rápido la llegada.

Los conductores que fueron nuestros acompañantes, sólo expresaban felicidad por el camino, se reían y gozaban del momento, porque todo salió bien, cosa que nos dejó la espina, como se dice, que sí estaban enterados o colaboraron con la retención.

Un tinto bien caliente y un aguardiente superior en la “Renta”, un desayunadero en plena autopista a Bucaramanga, nos calentaron y nos quitó el sueño después de la Odisea. Ya nos sentíamos libres y con la noticia para darla a conocer ante Colombia y el mundo que el ELN se negaba a un diálogo con el gobierno para iniciar un proceso de paz.

Sin embargo, mi inquietud por el tema circunstancial del Comandante se presentaba en la mente cada vez más, inclusive, era más importante para mí, que la noticia que nos había dado dicha insurgencia.

Uno de los acompañantes me abordó. Siempre mostraba su grabadora. Decía que era periodista de una Radio Revista en Bucaramanga. Se dio cuenta de mi inquietud y además estaba informado del tema.

“Viejo, ¿por qué lo conoce el Comandante?”, me preguntó.

“No sé, es claro que me insistió en el saludo y que me conoce desde hace rato”, le dije.

-Me cogió del hombro y me dijo con risa sarcástica “es verdad, él sí lo conoce”. ¿Cómo así, por qué sabe? ¿Es que usted milita en el ELN?, se rio aún más y me preguntó: ¿usted es de Barrancabermeja?

-Sí claro, le contesté.

-“Su Padre es pensionado de Ecopetrol y mi Comandante conoce a tu Papá”, afirmó con seguridad.

-Verdad usted es del ELN y venía con nosotros- le pregunté.

-“Si claro. Yo venía como infiltrado, para lograr los objetivos que queríamos en la rueda de prensa”, me expresó.

Y ¿quién es el Comandante?, lo interrogué.

- “Secretos de la guerra”, me respondió y agregó: “Su padre fue expulsado en 1971, en esa huelga que duró mucho tiempo en Ecopetrol”, sostuvo.

-Si tiene razón. Le dije, pero él fue el primer reintegrado un año después de la huelga. Le increpé.

-“Sí, varios que nos botaron de la empresa y no fuimos reintegrados, como en mi caso y el del Comandante, somos los que estamos en esta lucha de la reivindicación”, me dijo.

-De inmediato agaché la cabeza y me pregunté: ¿Yo hubiese sido hijo de un guerrillero si no hubieran reintegrado a mi Padre en Ecopetrol?

Por Luis Fernando García Forero.

Write comment (0 Comments)
En ECOS POLITICOS dialogamos con el mandatario departamental, Álvaro Pacheco Álvarez, sobre el tema de los cultivos ilícitos, la paz, el posconflicto y otros temas:

Por William Acero Arango. Sin duda alguna uno de los problemas más graves que tiene actualmente el país es el tema de la multiplicación de los cultivos de hoja de coca en muchos de nuestros departamentos.

El Gobierno Nacional en cabeza del ministro de defensa, Guillermo Botero, dijo que en menos de un mes empezarán las fumigaciones con glifosato a través de drones.

Uno de los departamentos que más ha sufrido el tema de la violencia por el tema del narcotráfico, los cultivos ilícitos y los grupos al margen de la ley, es el departamento del Caquetá.

En ECOS POLITICOS dialogamos con el mandatario departamental, Álvaro Pacheco Álvarez, sobre los cultivos ilícitos, la paz, el posconflicto, entre otros.

ECOS: ¿Cree que la solución para la lucha contra los cultivos ilícitos es la fumigación con glifosato?

APA: La solución para el tema de cultivos de Coca, no es la fumigación. El Gobierno Nacional, a cambio, debe traer es inversión para los miles de campesinos que sustentan el pan diario del cultivo de la hoja de coca.

ECOS: ¿Tienen de 15 a 20 hectáreas de coca sembradas, que están haciendo para combatir este mal?

APA: El tema es que la gente ve la coca como el único sustento de vida y la sustitución que prometió el Gobierno no la estamos viendo, pero todos quieren jalarle ya a la sustitución. Los proyectos productivos son la solución, tenemos que darle la oportunidad a la gente.

ECOS: ¿Qué piensa de los anuncios del Gobierno para fumigar esos cultivos ilícitos?

APA: Esa política fracaso hace más de 20 años. No se puede seguir con eso, la fumigación aérea no sirve, debemos seguir apostándole a la erradicación manual. El gobierno anterior llego y concertó, y este tiene todo parado. Tenemos que mirar el tema para ver cómo lo solucionamos. El Presidente afirmó que se iba a pagar lo de la erradicación, pero con resultados, estoy totalmente de acuerdo que se les pague a los que de verdad están erradicando.

ECOS: ¿Qué piensa de la fumigación aérea?

APA: No es la solución. Los americanos le están haciendo esa exigencia al Presidente, a costa de vidas humanas, del maltrato de los campos, de muchos sacrificios de los nuestros y no es solo eso, tenemos que mirar que está pasando con los países consumidores.

ECOS: ¿Para cuándo, o en cuanto tiempo usted puede garantizar un Caquetá sin coca?

APA: Todo depende del gobierno nacional, que apoye los proyectos. Estoy diariamente dialogando con mis campesinos, mi gente en las veredas de los municipios y en todas partes quieren cultivar el campo con productos de pan coger; pero necesitamos la mano del Gobierno, de eso dependemos. Si tenemos los insumos, el apoyo del Gobierno y la voluntad de todos, en un año y medio tenemos un Caquetá sin coca.

ECOS: ¿Qué hacer con el tema de la coca?

APA: La gente no quiere más coca, está cansada de la coca. Lo que se debe hacer es cumplirles a los campesinos. El tema de los cultivos ilícitos solo les ha traído problemas y desgracias, el Gobierno debe cumplir con los convenios que se hicieron. Aquí estamos combatiendo a todas esas bandas criminales y a los que no están en el proceso de paz, lo vamos a seguir combatiendo. El narcotráfico solo nos ha traído desolación, muerte, tristeza y mutilados.

ECOS: ¿Cómo está el orden público en su departamento, después del proceso que culminó con las FARC?

APA: El proceso de paz se debe seguir fortaleciendo, de acuerdo a lo que dice el Presidente Duque. Él ha dicho que se necesitan ajustes. Tenemos que fortalecerlo, estamos esperando esos ajustes, pero no podemos retroceder. Este departamento hoy es otro, hace dos años estábamos secuestrados, no podíamos desplazarnos a los demás municipios, a las veredas.

ECOS: ¿Por quién estaban secuestrados?

APA: Por las FARC. No podíamos salir, estábamos sitiados totalmente por ellos. Lo que tenemos que tener en cuenta gústenos, o no, es que las FARC hoy en día son un partido político. La paz es un derecho que tenemos todos los colombianos y llevamos 53 años de guerra, más en este departamento.

ECOS: ¿Definitivamente el departamento del Caquetá es otro, después de la firma del Acuerdo de Paz?

APA: Así es, tenemos progreso, turismo, empresarios que están llegando a invertir, hay prosperidad en general, eso es lo que tenemos que fortalecer. Desde ECOS le hago un llamado al presidente Iván Duque para que fortalezca todas estas cosas.

ECOS: ¿Qué va a pasar con las disidencias de las FARC?

APA: No podemos desconocer que existen en Cartagena del Chaira, San Vicente, pero la ventaja es que nos hemos asociado todos: las Fuerzas Militares, Policía, Defensoría, Fiscalía, Gobernación y alcaldías,  para combatir  a todos los que estén por fuera de la ley, eso es un paso muy importante. Esas disidencias no tienen escape.

ECOS: ¿Cree que esto se puede reventar?

APA: No, y no, por el bien del país, del Caquetá, por el bien de la paz y de los departamentos que hemos sufrido el tema de la guerra.

ECOS: ¿Cómo está su departamento, en educación, salud y demás?

APA: Estamos construyendo mega colegios en San Vicente del Caguán, en Puerto Rico, en Florencia, en todo el departamento. Dos hospitales, varias vías que nos están generando empleo y desarrollo en nuestro departamento. El tema ganadero está creciendo más que nunca, estamos desarrollando distintos proyectos para miles de campesinos en todo el departamento.

ECOS: ¿Qué piensa de las declaraciones del Santo Padre en el sentido de que  el que acepta el aborto es igual al que contrata un sicario para matar?

APA: Totalmente de acuerdo con el Papa Francisco. Hay sociedades que lo permiten, nosotros no estamos aún preparados, los colombianos seguimos siendo conservadores, no hay la suficiente madurez en nuestra sociedad. Cuando hay peligro que la madre pueda fallecer, se puede considerar, en el tema de las violaciones, también se puede revisar, del resto, creo que no.

Florencia Caquetá octubre 20 de 2018

Write comment (0 Comments)
“Nos reunimos para hacer proyectos, pero ya no en actividades de guerra. Tenemos un plan de trabajo y desarrollamos actividades de sembrado de cultivo de maíz, plátano, fríjol, yuca, tomate y ají, entre otras hortalizas”, cuenta Martínez, quien trabaja junto a más de 40 excombatientes y miembros de las comunidades aledañas del Corregimiento del Conejo, en el Departamento de la Guajira.

Desde las cinco de la mañana y rodeados por las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, más de 40 ex miembros de las FARC-EP trabajan cultivando la tierra para abastecer de hortalizas a decenas de escuelas del Departamento de La Guajira, en Colombia.

Marcos Martínez, uno de los integrantes,  ingresó a las filas de las FARC-EP cuando tenía apenas quince años y participó del conflicto durante otros veintitrés, ahora es el administrador de la Granja Integral Nueva Colombia, donde se han cambiado las armas por las rejas de arado.

“Nos reunimos para hacer proyectos, pero ya no en actividades de guerra. Tenemos un plan de trabajo y desarrollamos actividades de sembrado de cultivo de maíz, plátano, fríjol, yuca, tomate y ají, entre otras hortalizas”, cuenta Martínez, quien trabaja junto a más de 40 excombatientes y miembros de las comunidades aledañas del Corregimiento del Conejo, en el Departamento de la Guajira.

El proyecto, que surgió por el esfuerzo propio de los integrantes de la FARC, como parte de su reincorporación social y económica, en el marco del Proceso de Paz, fue impulsado con una inversión del Programa Mundial de Alimentos (PMA), y es apoyado por la Misión de Verificación de la ONU en Colombia.

“La mayoría de los integrantes de las FARC tienen vocación agrícola. Sus padres han sido campesinos. Nos hemos levantado en el campo y durante la confrontación también teníamos unidades ubicadas en puntos estratégicos para cultivar la tierra y autosostener a la fuerza”, explica Martínez.

Ese es el caso de Marta, por ejemplo, quien también trabaja en la Granja y se unió a las FARC después de que su padre fue asesinado por grupos paramilitares. La violencia además desplazó a su familia y hasta acabó con el caserío indígena a donde huyó a refugiarse con su abuela.

“Viendo el ejército de un lado y los paramilitares del otro, me llené de mucho miedo y vi que mi única opción eran las FARC”, dice.

Una Cooperativa para la Paz

Marcos, Marta y otros excombatientes fundaron la Cooperativa Multiactiva para la Paz de Colombia o COOMPAZCOL, que, en convenio con el PMA, abastece a 24 escuelas de la Guajira con tomates y plátanos. La granja integral es uno de los cinco proyectos de la unión, que además cuenta con unidades productivas de confecciones, abono orgánico, ebanistería y turismo.

“La cooperativa a pesar de ser joven ha venido tomando fuerza y las Naciones Unidas nos han ayudado a solucionar problemas de tipo logístico y el PMA nos está ayudando con el mercado y comercialización”, asegura Marcos.

Durante la inauguración de la cooperativa en mayo de este año, la representante adjunta del Secretario General para Colombia, Jessica Faieta, aseguró que estos proyectos se convertirán en los nuevos medios de vida y modo de ingreso para los excombatientes.

Marcos Martínez dice que lo que necesitan es apoyo y que sueñan con ampliar el alcance de sus productos y llegar incluso a supermercados: “Nosotros tenemos la fuerza de trabajo, la disponibilidad y las ganas, pero necesitamos respaldo”, dice, agregando que esperan poder acceder a la tecnología necesaria en el campo para poder seguir creciendo.

Asimismo Martinez resalta que los proyectos de la cooperativa incluyen tanto a hombres como mujeres y que estas últimas asumen un “papel protagónico” en todos los escenarios.

“Yo estoy muy agradecida con Naciones Unidas porque desde que se inició este proceso todo el tiempo nos han acompañado y nos siguen acompañando, con su ayuda y nuestro esfuerzo hemos logrado sacar adelante la cooperativa”, expresa Marta, quien es una de las siete mujeres que hacen parte de la granja Nueva Colombia y lideran proyectos de ecoturismo y confección.

El futuro de la Reconciliación

Así como su compañera, Marcos agradece el apoyo de la ONU, que ha verificado el proceso de desarme y la implementación de los Acuerdos de Paz, desde su firma en la Habana en 2016.

La reincorporación y reintegración a la vida civil de los excombatientes aún se encuentra en su primera etapa, y como declaró recientemente el Representante Especial del Secretario General, Jean Arnault, sigue siendo un “asunto pendiente” y se necesita acelerar el progreso en la implementación de proyectos productivos.

Hasta el momento, tal y como COOMPAZCOL, la mayoría de las iniciativas han sido autofinanciadas por los propios excombatientes y otras organizaciones, y el objetivo del Gobierno de brindar oportunidades a 14.000 miembros de las FARC “está lejos de alcanzarse” según el último informe de país del Secretario General.

“El verdadero camino para salir de este conflicto de 53 años es el diálogo, y seguimos apoyando este proceso porque entendemos que con la violencia no se logra nada. Ahora estamos en un momento difícil, pero tenemos toda la disponibilidad para aportar lo mejor que tenemos”, concluye Marcos Martínez.

Sierra Nevada de Santa Marta, 10 de agosto de 2018.-

Fuente: UN WebTV.

Write comment (0 Comments)
Un aporte de amor para la paz de Colombia

Jacqueline Vega Benítez se siente afortunada de trabajar en la vereda de Agua Bonita, en el municipio de la Montañita en el departamento de Caquetá, pero aún más, feliz de ser la profesora de danzas tradicional del grupo Fariano.

Ecos tuvo la suerte de conocer a Jaqueline en un paraje de la vía Bogotá a Guaduas por la autopista a Medellín, donde compartía con unos colegas que incentivan el folclor, alrededor de un café caliente en una mañana fría dominguera, antes de llegar a un Encuentro sobre el tema en Guaduas Cundinamarca.

Con pinta boyacense, precisamente en honor a la tierra que la vio nacer, cualquier persona que vea a Jacqueline jamás pensaría que con su sombrero andino, fuese la maestra e institutriz de danza folclórica colombiana a unos ex guerrilleros que dejaron los tiros por el arte, como un elemento más para lograr la búsqueda de la reconciliación nacional.

Ser docente de la Universidad de La Amazonía y de la Oficina de Paz, en Florencia, le permitió estar en una vereda del Caquetá desde hace 16 meses como pedagoga del posconflicto con el arte de la danza. Por eso dice categóricamente que parte de su misión en el Caquetá es hacer parte del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc.

“Cuando inicié eran 48 excombatientes y en este momento con toda la amplitud que se está desarrollando y la apertura de la paz, se han ausentado varias. Son 18 los que forman parte del grupo de danzas” Sostiene Jacqueline, tras señalar que “desde la Oficina de Paz, que se conformó desde al Alto Comisionado, se apoyan los procesos de extensión y cultura como apoyo a la comunidad y fortalecimiento a otros procesos, “pero donde le hemos apuntado muchísimo desde el alma mater con los estudiantes de licenciatura en educación artística”.

Expresa que el trabajo que hacen es ejemplo no solo para Colombia, sino para el mundo. Manifiesta que sus alumnos cada día están más ávidos de aprender sobre el folclor. Destaca que todos tienen “muchísima” disciplina y conocimiento de la historia, que les permite innovar y aportar al desarrollo del folclor colombiano.

- ¿Esa labor forma parte de la pedagogía para la paz?-

- Esa pedagogía, la que nosotros, los civiles, llamamos la reconciliación, el perdón; ese es nuestro reto. Es lo que necesita Colombia en este camino del posconflicto, No queremos más odios. Ese es el ejemplo que estamos dando y no el que se nota y atropella en las grandes urbes, porque allá no han vivido ni sentido el conflicto”.-

No duda en señalar que ese compromiso debe ser asumido con responsabilidad porque se están compartiendo saberes, “los de ellos y los nuestros y porque estamos compartiendo experiencias con una articulación de conocimientos para exponerlos no solamente al servicio de ellos como excombatientes, sino a quienes lo rodean, con el principio fundamental de la reincorporación desde la capacitación”.

“Así es y lo estamos haciendo sumercé”, asegura Jacqueline Vega ratificando que desde los campos de Boyacá asumió el reto de aportar a la paz de Colombia y por eso está en el Caquetá, un territorio que sufrió no solo el conflicto, sino que aún sienten la ausencia del Estado para solucionar los problemas que de una u otra manera fueron los causantes de la violencia por más de medio siglo en Colombia.

“Es una zona de difícil acceso, es complicado llegar y estar allí, pero cumpliendo con el tema de la reincorporación y reconciliación, estamos haciendo una metodología con los niños de las escuelas cercanas donde ya les están enseñando música, danza y teatro”.

Agrega que “quienes nos ponemos la camiseta y hacemos algo por la gente, lo hacemos para mañana recoger, queremos reconciliarnos todos, es el mayor orgullo que podemos hacer frente a un grupo de personas que marginados por la situación en que hemos vivido, tienen mucho por contar, mucho por decir y mucho por compartir”.

No duda en señalar que verdaderamente se está recorriendo el camino al posconflicto. “Lo que estamos haciendo es un ejemplo del esfuerzo por la paz en Colombia”, sostiene la profe Jacqueline, quien destaca el Acuerdo entre el Gobierno y las Farc, “porque son excombatientes que definitivamente valen la pena. Nuestra gratitud porque ellos resolvieron dejar las armas para sentarse a hablar de paz, de sembrar, para mañana cosechar".

-¿Cómo fue esa ruta para llegar a ser instructora de danzas y en esa lejanía?

-Inicialmente hubo una convocatoria a nivel universitario para docentes a quienes quisieran hacer parte de los procesos de pedagogía para la paz desde el arte, la cultura, la educación y la formación, pero nadie, absolutamente nadie, por el miedo, se quería presentar- respondió Jacqueline en medio del frio, cansancio y malestar que tenía del viaje de más de 15 horas en bus desde Florencia, Caquetá, hasta la fría Bogotá.

“Fui al Patronato de Artes y Ciencias, que es la máxima autoridad del folclor en Colombia, con quien he tenido un proceso de formación desde muy niña, e hicimos una propuesta para conseguir cofinanciación, porque es cierto, no se ha cumplido el proceso de educación y de formación, quien apoya es Noruega”, sostiene Jacqueline y dice que pertenece a la Oficina de Paz de la Universidad y eso lo hacemos con mucho amor.

Con la Uniamazonía trabajo martes y miércoles “Los jueves, viernes, sábados y domingos, estoy arriba en la zona veredal, entregada a esa causa y cumpliendo con la misión que debemos tener los ciudadanos en este país: aportar a la paz de Colombia”.

Destaca que ciertamente ella pertenece a la Universidad, pero es el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, el que ha apoyado fundamentalmente el tema desde el punto de vista de la investigación, con libros y música.

-¿En ese intercambio de saberes hay mucho por hacer?

-En realidad sí. Los excombatientes están haciendo un trabajo de intercambio de saberes, de trabajar con los niños de dos escuelas cercanas, la rural primaria y preescolar de Agua Bonita y escuela de bachillerato o institución educativa rural de bachillerato de El cedro. Ellos también están enseñando pero son muchas las cosas por conseguir, en ese aspecto hacemos actividades para obtener recursos, no solamente con el Grupo Fariano, sino con los nuevos niños que se están integrando a este proceso de formación. La verdad hay un profesor para cincuenta niños, uno para toda primaria, otro para todas las asignaturas, y es un maestro que verdaderamente no tiene el conocimiento de arte y cultura que deben recibir los niños.-

En medio del frio y degustando el café para luego continuar la ruta hacia el evento que reunió a directores de danzas del país, en la tierra de la Pola, Guaduas, Jacqueline dice que “es un proceso nunca visto, es una bendición muy grande. Ver y sentir el folclor, que sepan que es un torbellino, la diferencia entre este, un pasillo y un bambuco, tanto en su baile, su ejecución, vestuario y origen. Todo eso enriquece, estamos sembrando. Es un aporte de amor para la paz de Colombia, para un grupo de personas que me imagino en poco tiempo, van a tener que figurar porque son almas que están haciendo su trabajo con el corazón”. Quiero resaltar que Noruega se ha vinculado también al proceso para formarlos en otras áreas, pero sin lugar a dudas se necesita mucho más.

Jacqueline resalta el apoyo del Gobierno de Noruega en esos propósitos pero dice que se necesita mucho más. “Allí en ese territorio no ha llegado ni un solo proceso de proyectos de productividad, donde ellos se puedan sostener económicamente. Gracias a ellos nos alimentamos, son campesinos, tienen sembrado yuca, plátano, piña, huertas y cultivos de peces”.

-¿Cuál es la ponencia que lleva para el Encuentro de Formadores, gestores y danzantes que se celebra en Guaduas?

-Crear y recrear danza tradicional desde los conocimientos que tienen los excombatientes y sus propias vivencias. Evitar dejar enterrado todo lo que ellos tenían en su diario vivir en el monte y que lo vamos a poner al servicio de la gente al ritmo de la danza” y agrega que con el grupo musical “rebeldes del sur”, que son a los que pertenecen, estamos haciendo danza para recrear, respetando los patrones de nuestra nación. “con todo mi cariño es una ponencia que ojalá tenga piso y eco, que la gente la pueda percibir con ese cariño de reconciliación no solamente con nuestros corazones, con nuestro entorno, sino para unos seres que necesitan ser aceptados en la sociedad como reincorporación”.

- ¿Es una creación colectiva para el aporte al folclor colombiano?

- Le estamos apostando a una creación colectiva desde el folclor para mostrarle a Colombia y al mundo una actividad, que si bien es cierto, estaba muy escondida y guardada, tiene mucho que ver para que la gente pueda evidenciar que no todo lo que veíamos y nos contaban desde afuera es realidad.

-¿Las dificultades del posconflicto y lo que pueda pasar con el nuevo Gobierno, les produce miedo?

- Si claro, para nadie es un secreto que lo del grupo político que vaya a liderar el país va a tener mucha influencia e incidencia. El miedo es profundo. Por ejemplo, las tierras donde ellos están viviendo no las ha comprado el Gobierno, de hecho el cura que arrendó esos terrenos dijo que solo le habían pagado los tres primeros meses. El miedo es que llegue el dueño y se las quite porque no cumplieron con pagar y se tienen que ir de allí. Ellos sienten miedo, pero me consienten y cuidan mucho, empezando por la comida. (risas).

-¿Qué le dice al Presidente electo Iván Duque respecto al tema y a lo que usted hace en ese apartada región de la Patria?

-Mi mensaje es contundente, prácticamente son 200 familias que en Agua Bonita están iniciando una nueva vida como resultado del Acuerdo de Paz. Le pido al Presidente electo Iván Duque apoye desde lo más intrínseco de su razón y corazón a estas personas. Se debe entrar a hacer acuerdos de formación, productividad, que ellos tengan de que vivir, que les abran las esperanza de poder generar un recurso de ingreso, un recurso de formación. Hay gente preparada pero obviamente por muchas razones no son aceptados en la sociedad. Hay otras personas que son supremamente inteligentes que tienen muchísimo por brindar pero que no han tenido la oportunidad de estudiar.

-Cómo espantarles ese miedo que los lleve a regresar a la lucha armada por tantas críticas al proceso?

-Hay que brindarles formación, tiene que haber cultura. Tenemos la esperanza que el nuevo Presidente y su equipo de Gobierno van a tener una mirada de humildad, de amor y de respeto hacia ellos. Son seres humanos, no es por defenderlos, pero han hecho mucho cuidando nuestro medio ambiente, nuestra naturaleza, tierras de muchos campesinos en los que hoy se vive nuevamente el desconcierto porque llegan ladrones, porque no cuidan la tierra y porque los siguen arrinconando. Entonces, lo único cierto es que se necesita un apoyo institucional, un apoyo de gente que apoye a otra gente.

Este país pide a gritos la Paz y es urgente sembrar en nuestros niños un legado de Reconciliación, de amor, de respeto pero sobre todo de fe, ya que lo que hoy sembremos en nuestros hijos será la semilla responsable para una cosecha de ejemplo para nuestros nietos que merecen ver, sentir y palpar Una Patria Grande, Una patria hermosa llamada Colombia.

Bogotá D.C., 15 de julio de 2018

Por Luis Fernando García Forero

Write comment (0 Comments)

En 1989 el Departamento de Santander ardía por la violencia, el secuestro, las masacres. Todos los frentes del conflicto: ELN, Farc y el Movimiento ilegal Muerte a Secuestradores, MAS, eran protagonistas de los asesinatos, lo que se volvió una constante en esa región equidistante al Magdalena Medio santandereano.

Eso llevó a que el Gobierno, la Procuraduría General de la Nación, la Iglesia Católica y la Administración de Santander, entre otros organismos sociales, organizaran en San Vicente de Chucurí, un Foro por el “Derecho a la Vida y la Defensa de la Democracia”.

El Foro coincidía con la invitación pública que había hecho el Gobierno del Presidente Virgilio Barco Vargas, quien emplazó a los movimientos subversivos de vincularse a un dialogo, que parara el conflicto y se iniciara un proceso de paz.

En esa época ya ejercía el periodismo político y formaba parte del equipo de reporteros del Noticiero de la Semana, con la dirección de Amparo Peláez, quien me dio la oportunidad de cubrir el evento en dicho municipio, colmado de historia y de violencia, donde fue abatido, en Patio Cemento, el cura Camilo Torres, quien había dejado su apostolado y sus cátedras de sociología en la Universidad Nacional, para vincularse a la lucha armada en el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Fue domingo de mercado, donde todo el mundo caminaba y compraba de prisa. El pito de los camiones anunciando las salidas para las veredas, alborotaba el ambiente, en una mañana soleada y con visitantes, escoltados por el ejército y la policía.

Se sentía el miedo. Entre tanto, en la sede social de la Iglesia se desarrollaba el Foro, con la asistencia de personalidades políticas de la nación y del departamento de Santander, organizaciones sociales y eclesiásticas del Magdalena Medio, entre otras. Los asistentes buscaban e incentivaban a un llamado sensible con un objetivo común: de manera inmediata lograr mecanismos de reconciliación regional y nacional, para parar la ola de violencia en esa importante región de Colombia.

El Obispo de Barrancabermeja, Monseñor Juan Francisco Sarasti, exhortaba en su exposición al Gobierno, Procurador, Las fuerzas políticas y presentes del evento, a tener una mayor asistencia, vigilancia y pedagogía en el tema de los derechos humanos. La violencia estaba degradando el conflicto en ese territorio.

”Llegaron en la madrugada y sacaron a mi marido y lo asesinaron porque no decía si había pasado por ahí la guerrilla”, sostuvo con voz temblorosa y con lágrimas, una señora de aproximadamente 40 años, mientras, el moderador pedía orden a los asistentes, quienes no bajaban las manos para contar y denunciar los abusos de la guerra.

El ambiente se calentaba no sólo dentro de la sede social de la iglesia, sino en la calles. Un tiro al aire, encendió los ánimos. La gente corría apresurada y nerviosa, mientras en la sede de la reunión se pedía tranquilidad y orden.

“Llegó la guerrilla” gritaban unos y otros decían: “no son los maseteros”. Todo el mundo se refugiaba en los diferentes almacenes que rodeaban el parque principal de la localidad. El caos fue tal que las autoridades municipales invitaban a la prudencia y tranquilidad: “Fue que a un soldado se le disparo el fusil, tranquilos, por favor no ha pasado nada”, se oía la voz de un funcionario de la alcaldía quien insistía, a través del parlante, a la mesura y a mantener la calma.

Las deliberaciones del foro, en medio de guerrilleros disfrazados de campesinos, militares de civil y forasteros, que parecían invitados por el MAS, fueron transcurriendo mientras organizaban el documento de conclusión: “Convocar a las fuerzas violentas a humanizar la guerra; a un respeto por el DIH, a establecer la presencia del Ministerio Público para recibir las denuncias de los abusos del conflicto y al gobierno en insistir en una solución política del conflicto”. Esa era la noticia de un foro donde terminó con la desazón del presente pero con un hilo de esperanza que al menos las acciones lograran parar la violencia en esa región.

El regreso de los personajes fue todo un operativo, pues les esperaban tres horas de carretera destapada hasta Bucaramanga, para coger el vuelo de regreso a Bogotá.

Sin embargo, los periodistas y el equipo de prensa estaban pendiente de la llegada de los willys, que los transportaría de regreso al Aeropuerto de Palo Negro de la Ciudad Bonita.

Eran casi las 6 de la tarde y cada minuto que pasaba, el ocaso le daba entrada al anochecer, situación que puso a los colegas con preocupación por el peligro en la vía al transitar en horas nocturnas.

En medio de la espera, apareció el primer carro de los tres que debería llevarnos de regreso. “debemos esperar porque a uno de los willys le están arreglando una llanta que se pinchó y lo mejor es irnos todos”, nos dijo el conductor en medio de la mirada de quienes estábamos atentos a regresar pronto, unos a Bucaramanga y los otros a Bogotá.

Por fin, a las 6 y 45, ya de noche, salimos de regreso en tres carros que habían asignado para la prensa los organizadores del evento. Me tocó en el primero de la caravana y al lado del conductor.

No habían pasado 15 minutos de haber salido del municipio cacaotero de San Vicente de Chucurí, cuando en una curva a la altura de la Y, un sitio que divide la carretera hacia Bucaramanga y el municipio de Zapatoca, una frenada inesperada me llevó hacia adelante: ¿Qué pasó don Javier?, le interrogué. El freno en seco impidió que nos chocáramos con un tronco atravesado en la carretera. “Qué cosa tan malparida con esta gente que sigue jodiendo” afirmó Javier al bajarse del carro para despejar la vía.

Todos observamos y seguimos con la mirada al conductor. Nos dimos cuenta que tres hombres con cachuchas que salían de la cerca se le acercaron. En medio de la tensión observamos que uno de los empezó a hablarle, lo que impidió en el momento retirar el tronco. No duró más de 5 minutos la charla cuando Javier se dirigió de nuevo al carro mientras los tres intrusos de la noche, se alejaban camino a la cerca y se perdían con la sombra en la oscuridad de los potreros.

Javier no abordó el carro. Desde la ventana del willys me comentó de la situación: “Estos señores del Ejército de Liberación Nacional les mandan a decir que no podemos seguir adelante, porque necesitan hablar con todos. ¿Cómo así?, me pregunté. Inmediatamente me bajé del carro y me dirigí a los colegas que venían en los otros dos willys amarillos que nos seguían.

Les comenté a todos el mensaje. Se bajaron e hicimos una ronda en plena carretera. Llamé a Javier y le dije que nos contara exactamente que le habían dicho.

“Ustedes saben que estamos minados de elenos. Necesitan hablar con todos ustedes. Me dijeron que, a unos 50 mts de acá, en una finca que queda al lado derecho de la carretera, debemos esperar. Que no retrocedamos ni sigamos el viaje, que los esperemos que ellos van por nosotros”, nos contó Javier, quien recomendó que hiciéramos caso, porque lo que quieren es que se reúnan con el comandante.

El miedo empezó a rondar. Varios colegas se quejaron, otros la tomamos con calma, sin embargo, hubo controversia. Unos decían que siguiéramos y que los conductores aceleraran el paso. Inmediatamente el conductor del segundo carro expresó: “no se atrevan por favor a hacer eso porque deben tener más retenes, ya sea hacia adelante o hacia atrás y puede correr peligro la vida de todos”.

La mayoría coincidimos en definir que nos fuéramos hasta la finca que nos indicaron y allí esperarlos a ver que querían. Por fin hubo acuerdo y reiniciamos en los carros el camino al sitio que indicaron.

Una pareja de campesinos nos recibió con un amable saludo. “Estamos cumpliendo unas órdenes. Ahí les dejaron un refrigerio, mientras que vienen a hablar con ustedes”, afirmó el mayordomo mientras señalaba al costado derecho de la entrada, en un potrero, los sándwiches y las gaseosas.

Mientras comíamos la merienda y al tiempo espantábamos los zancudos, que zumbaban en las orejas, escuchamos un saludo y observamos el verde con rojo de varios uniformados que saludaban a los dueños de la finca antes de llegar al sitio donde estábamos.

“Señores buenas tardes”, dijo uno de los seis guerrilleros con la cara tapada de lienzo rojo, luego de responderles el saludo, de frente pidió disculpas por la situación y se presentó diciendo: “Somos del Frente Capitán Parmenio del ELN y nuestro comandante nos ordenó la misión que nos acompañen al campamento, porque nuestra organización guerrillera quiere enviarle un mensaje al Gobierno Nacional”, dijo con voz fuerte el líder y vocero de los subversivos, quien además nos advirtió “esperamos que no pongan resistencia”.

Nuestras miradas rodeaban a los seis subversivos en medio del momento que, de una u otra manera, producía miedo y preocupación por la suerte que pudiéramos correr, pero con el valor de aceptar que éramos periodistas y que la noticia no da espera.

“¿Concretamente por qué nos llevan y por qué no nos dan el mensaje acá de una vez”?, dijo una de las corresponsales del Noticiero de las Siete en Bucaramanga.

“Es una Rueda de Prensa con mi Comandante”, respondió el vocero de la misión quien nos manifestó que saldríamos en los carros hasta unos potreros y ahí los dejábamos para iniciar el recorrido hasta el campamento.

Nos subimos todos a los willys y los subversivos se guindaron de a dos en cada carro para trasladarnos a los potreros y de donde iniciaríamos el camino por la búsqueda de la noticia.

“Uno, dos, tres, cuatro, cinco…”eran nuestras voces numeradas en una fila hasta llegar a 20. Recibimos las instrucciones de la marcha: “Felipe II”, era el santo y seña para cuando llegáramos al campamento. La palabra perro, quería decir, al piso y en silencio. Todas medidas para prevenir el un encuentro con la fuerza pública o los del MAS. Eran las señales de seguridad hasta llegar al sitio de destino.

La luna fue esquiva en esa noche de lluvia y los barrancos húmedos se convertían en trampas, que partían el ritmo y la fila en la avanzada hasta el campamento. Después de tres horas de camino y de pasar en canoa el Río Sogamoso, en medio de un torrencial aguacero, iniciamos la ruta montañosa que, en media hora, nos condujo al santo y seña Felipe II.

Nos esperaba un comandante y su compañera guerrillera a la entrada del sitio de la reunión. Al fondo, se reflejaban las luces con energía de una planta eléctrica, que irradiaba el verde de los árboles y del uniforme de los subversivos, que combinaba con el rojo característico de ese grupo guerrillero y que, desde la década del 60, ataca al estado colombiano.

“Me da gusto volverlo a ver”, me dijo efusivo el comandante al saludarme. Gracias, le manifesté al mirarlo de frente y donde solo le resaltaban los ojos ante el brillo de la tela roja que tapaba el rostro de su cara. Pero ¿por qué me dice eso?, le pregunté. “Tranquilo, solo quiero manifestarle que me da gusto volverlo a ver”, respondió, al tocarme el hombro e invitarme a seguir al campamento.

“No aceptamos la propuesta del Gobierno del Presidente Virgilio Barco Vargas, de un diálogo para buscar fórmulas de paz”, fue el primer anuncio en la rueda de prensa del Comandante al agregar que “mientras no se revisen y cambien las políticas en materia petrolera, no le jalamos a un diálogo por esa iniciativa” y remató diciendo: “Por lo tanto, seguiremos con nuestra lucha armada y con los atentados contra los oleoductos”, aseveró.

Preguntas iban y venían, al igual que respuestas por el vocero del grupo insurgente, en un diálogo donde muchos de los colegas, incluyéndome, le criticábamos y rechazábamos, en forma contundente, que las acciones terroristas contra el sector minero energético del país, no podían seguir destruyendo el ecosistema. “Eso es parte del conflicto y de nuestra lucha revolucionaria”, respondió agresivamente el Comandante.

La noticia ya la teníamos amarrada, pues al término de la declaración y la controversia, entre preguntas y respuestas, nos brindaron un sancocho de gallina servido por guerrilleras a las que sí se les veía bien el brillo de sus ojos y sus sonrisas perláticas, en medio de la alta noche de la zona selvática de la Provincia de Mares santandereana.

Las horas nocturnas avanzaban y se hacían más rápidas, mientras que nos enfrascábamos en una discusión, entre los que nos queríamos regresar de una vez y otros que querían quedarse en el campamento.

Era lógico que las autoridades y la Fuerza Pública ya sabían que estábamos en manos de la insurgencia. Un enfrentamiento militar con la Fuerza Pública, con el objetivo de rescatarnos, era un peligro para nuestras vidas.

La decisión llevó a prepararnos de inmediato para el regreso, pero me daba vueltas la cabeza de pensar en dónde me conoció el personaje comandante que vive en la lucha revolucionaria y sin saber por qué se acordaba de mí.

“Dónde nos vimos, dónde me conociste”, le interrogué efusivamente. “No se preocupe” me dijo. “De todas maneras me agrada verlo después de mucho tiempo”, expresó tajantemente y no dejó que le insistiera en la pregunta cambiando de actitud y diciéndonos que “es mejor que regresen, porque sabemos que el ejército iniciará operativos para rescatarlos. El regreso es igual, se van acompañados por los mismos camaradas que los trajeron”.

La mente me daba vueltas con ese personaje. ¿Por qué me conoce?, ¿bajo qué circunstancias?.

Aunque no escampaba, la lluvia y las caídas por el terreno húmedo, no impidieron que llegáramos antes del amanecer al potrero donde estaban los móviles. La ruta de vuelta era de bajada lo que hizo más rápido la llegada.

Los conductores que fueron nuestros acompañantes, sólo expresaban felicidad por el camino, se reían y gozaban del momento, porque todo salió bien, cosa que nos dejó la espina, como se dice, que sí estaban enterados o colaboraron con la retención.

Un tinto bien caliente y un aguardiente superior en la “Renta”, un desayunadero en plena autopista a Bucaramanga, nos calentaron y nos quitó el sueño después de la Odisea. Ya nos sentíamos libres y con la noticia para darla a conocer ante Colombia y el mundo que el ELN se negaba a un diálogo con el gobierno para iniciar un proceso de paz.

Sin embargo, mi inquietud por el tema circunstancial del Comandante se presentaba en la mente cada vez más, inclusive, era más importante para mí, que la noticia que nos había dado dicha insurgencia.

Uno de los acompañantes me abordó. Siempre mostraba su grabadora. Decía que era periodista de una Radio Revista en Bucaramanga. Se dio cuenta de mi inquietud y además estaba informado del tema.

“Viejo, ¿por qué lo conoce el Comandante?”, me preguntó.

“No sé, es claro que me insistió en el saludo y que me conoce desde hace rato”, le dije.

-Me cogió del hombro y me dijo con risa sarcástica “es verdad, él sí lo conoce”. ¿Cómo así, por qué sabe? ¿Es que usted milita en el ELN?, se rio aún más y me preguntó: ¿usted es de Barrancabermeja?

-Sí claro, le contesté.

-“Su Padre es pensionado de Ecopetrol y mi Comandante conoce a tu Papá”, afirmó con seguridad.

-Verdad usted es del ELN y venía con nosotros- le pregunté.

-“Si claro. Yo venía como infiltrado, para lograr los objetivos que queríamos en la rueda de prensa”, me expresó.

Y ¿quién es el Comandante?, lo interrogué.

- “Secretos de la guerra”, me respondió y agregó: “Su padre fue expulsado en 1971, en esa huelga que duró mucho tiempo en Ecopetrol”, sostuvo.

-Si tiene razón. Le dije, pero él fue el primer reintegrado un año después de la huelga. Le increpé.

-“Sí, varios que nos botaron de la empresa y no fuimos reintegrados, como en mi caso y el del Comandante, somos los que estamos en esta lucha de la reivindicación”, me dijo.

-De inmediato agaché la cabeza y me pregunté: ¿Yo hubiese sido hijo de un guerrillero si no hubieran reintegrado a mi Padre en Ecopetrol?

Por Luis Fernando García Forero.

Write comment (0 Comments)