Opinión
Por Amylkar Acosta.- Fue la violencia de todo género la que sirvió de catalizador del desplazamiento forzado de más de 6.9 millones de personas, que convirtieron a Colombia, según Acnur, en el primer país en el mundo afectado por este flagelo, por encima de Siria e Irak. Esta es una verdadera tragedia humanitaria, que vino a acentuar la enorme brecha entre el campo y la ciudad, que se puede sintetizar en el enorme contraste de los indicadores tanto en NBI como el de pobreza e indigencia. Mientras las NBI en los cascos urbanos es del 19.66% en el campo es de 53.51% y en cuanto a la pobreza, al tiempo que en los cascos urbanos es de 25.6% en el campo es de 41.6% y, para colmo de males, la indigencia en el campo registra un vergonzoso 18.2% vs 5.4% en los cascos urbanos.
Según el profesor Absalón Machado, “Colombia es más rural de lo que se cree” y no es para menos, dado que más de 12 millones de nuestros compatriotas dependen directa o indirectamente del campo colombiano. Además, bueno es aclarar que la Colombia rural no se reduce a la agricultura y a la agricultura, no puede ignorarse el hecho de que la actividad extractiva también tiene lugar fundamentalmente en las zonas rurales del país. Es más, como lo sostiene Machado, “Colombia cuenta con más hectáreas en minería que en producción de alimentos”.
La agricultura, la ganadería, la caza, la silvicultura y la pesca sumadas representan sólo el 6.11%, entre tanto minas y canteras representan el 7.32% y tradicionalmente el PIB de este último sector ha crecido por encima del de aquel. Huelga decir que a falta de un ordenamiento del territorio en Colombia se presenta en el campo un conflicto de usos y de ocupación del mismo por estos sectores, amén de los recurrentes conflictos ambientales.
Tanto en el primero como en el cuarto puntos del Acuerdo Final con las Farc se contempla una política de desarrollo agrario integral y la solución al problema de las drogas ilícitas, las cuales están tan imbricadas en la vida real. Entre las tareas a cumplir para honrar los compromisos adquiridos, ahora que se está en la implementación de los mismos, están la tenencia de la tierra, su restitución a quienes fueron despojadas de ella y el acceso a la misma. Y ello pasa por el saneamiento de títulos, para lo cual será fundamental el catastro multipropósito acordado, el cual de paso dará la certeza y la seguridad jurídicas, tan importantes para tener asequibilidad al crédito y poder ser objeto de los programas gubernamentales de asistencia y ayuda al campesinado. Ello beneficiará al 64% de las posesiones, que no cuentan con escrituras. Así mismo se tendrá que adelantar con agilidad la reparación integral de las víctimas del conflicto armado, empezando por la restitución de tierras y el acceso a las mismas.
www.fnd.org.co
Por Jairo Gómez.- El mundo es una tómbola. Se mueve en direcciones insospechadas. Apenas se está decantando un hecho y de inmediato surge otro grave o más grave que el anterior, no hay tiempo de digerir.
Hoy la sospecha se ha hecho realidad y recién comienza: por un lado el comunismo pragmático apostándole a la globalización y, por el otro, el capitalismo más feroz cerrándole las puertas al mercado global.
Desde China, el gigante asiático, despojado de ideologías, le apuesta al intercambio comercial sin diques. Desde los Estados Unidos, ahora imbuido en una ideología nacionalista y de fronteras herméticas, le pone aldaba a los mercados o los grabará de acuerdo con sus intereses.
Dos discursos antagónicos: mientras Trump se propone devolverle el poder a su pueblo y poner por encima de todo a Estados Unidos, el presidente Chino Xi Jinping, rechaza el proteccionismo y le apuesta a una globalización humanizada en donde cuenten primero los pueblos.
Así es, mientras Estados unidos va camino a cerrar sus fronteras el foro económico de Davos, Suiza, donde desfila cada año la élite mundial de la economía de mercado, aterriza en los extramuros de una convincente realidad: lo dicho por el nuevo inquilino de la Casa Blanca en campaña se pondrá en práctica y “América será para los americanos”. Y entonces Europa prende las alarmas: USA y el Reino Unido, no serán más sus aliados incondicionales.
Contrasta la nueva concepción económica de la Unión americana con la expuesta por el presidente Xi Jinping, de la China, que plantea una nueva “filosofía económica” orientada a poner la globalización al servicio de la humanidad ahora cuando la cuarta revolución, la tecnológica, define el inexorable cambio de modelo de desarrollo en el mundo: la automatización o robotización del sistema económico cuya consecuencia inmediata es arrastrar a las sociedades a una transformación inusitada.
Sin mencionar a Trump, Jinping rechazó de plano el proteccionismo que impone fronteras artificiales en menoscabo de un mundo innovador, justo e incluyente. “El enemigo real no es el país vecino: es la hambruna, la pobreza, la ignorancia, la superstición y los prejuicios”, argumentó el líder asiático tras cuestionar la desigualdad en el planeta.
“No al proteccionismo”, exteriorizó Xi Jinping, a lo que Trump respondió con la proclama de que: “A partir de ahora, América primero. Cada decisión que tomemos en comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores se tomará en beneficio de los trabajadores americanos y de las familias americanas”.
Tras hacer un discurso populista y teñido de nacionalismo, el nuevo presidente estadounidense desvirtúa el proceso neoliberal del libre mercado sin limitaciones arancelarias, para advertirle a las otras naciones que le dará prioridad a la demanda de productos made in USA. “Americano compra americano”, sentencia, sin ambigüedad, Trump.
Por su parte, Xi Jinping, desde Davos, lanzó la suya: “Nadie sale vencedor en una guerra comercial (…) si nos decantamos por el proteccionismo”.
¿Qué nos deparará el 2017? ¿Qué consecuencias políticas tendrán estos nuevos vientos? ¿Qué nos quedará de este choque de trenes USA-China? ¿Relevará China a USA en el asiento de mando de la política económica mundial? Lo cierto es que de ahora en adelante se vislumbra un mundo multipolar, así que amárrense el cinturón, el mundo es una tómbola.
@jairotevi
Por Mauricio Cabrera Galvis.- Si algún gobierno de la historia reciente puede ser calificado como una verdadera “Plutocracia” –es decir, el gobierno en manos de los más ricos- ese es la recién inaugurada presidencia de Donald Trump. Lo asombroso es que ganó las elecciones con promesas populistas de responder a la indignación de los trabajadores blancos perjudicados por el capitalismo salvaje; lo trágico es que no las va a cumplir y va a empeorar la situación de quienes votaron por él.
Trump nombró un gabinete de billonarios cuya fortuna supera por mucho la de cualquier gobierno anterior; se estima que la riqueza del grupo de funcionarios más cercanos al presidente es de unos 35.000 millones de dólares. Además no representa la diversidad de ese país pues es un gabinete de hombres blancos, anglosajones y millonarios. Solo hay dos mujeres –una de ellas billonaria- y un afro descendiente que también es millonario. Por primera vez en más de tres décadas no hay un solo latino entre los funcionarios de más alto nivel en la Casa Blanca.
Según dice el Washington Post, Trump ha conformado “el peor gabinete de la historia norteamericana”. No porque los ministros sean súper ricos, lo cual no es per se un motivo de crítica o descalificación, sino por razones más fundamentales: “nunca antes un presidente había reunido un conjunto tan notable de personas que no tienen las calificaciones para sus puestos o están dedicados a criticar las políticas de las agencias que van a dirigir, además de tener enormes conflictos de interés”, afirma un comentarista de ese periódico.
La prensa norteamericana ha hecho extensos análisis sobre la trayectoria y las posiciones de los ministros de Trump –allá los llaman Secretarios- que demuestran que el problema no es el tamaño de su cuenta bancaria sino que sus políticas son contrarias a las necesidades de los trabajadores y están orientadas a aumentar su riqueza y las de sus amigos. Algunos ejemplos: La secretaria de Educación es una billonaria por herencia. El secretario de Trabajo es el propietario de una cadena de comidas rápidas que se opone a aumentar el salario mínimo. El secretario de Energía propuso en su campaña que esa entidad debía ser desmantelada. El secretario de Salud es un radical opositor al sistema de salud pública.
Con Trump la plutocracia de extrema derecha se tomó el poder y lo va a utilizar para seguir enriqueciendo a los más ricos
Por Claudia López.- A lo largo de la semana los colombianos hemos venido escuchando más detalles del caso de corrupción de Odebrecht. Implicados, cifras y hasta especulaciones han sido el pan diario de un escándalo que demuestra lo necesario que es poner más lupa a la política.
Es por eso, que esta misma semana mientras salía en medios todos estos detalles turbios sobre Odebrecht en Colombia, nos dimos a la tarea de radicar ante la Registraduría una solicitud de Consulta Popular Anticorrupción para que los ciudadanos obliguen a congresistas, alcaldes, gobernadores e incluso al Presidente, a ser más transparentes y a rendir cuentas.
Los siete puntos en los que se basa esta iniciativa son: reducción de salarios a Congresistas, cárcel para los corruptos, terminación unilateral de contratos para condenados por esta clase de delito, asignaciones de presupuesto local y nacional a través de audiencias públicas, límite de 3 periodos para cargos en corporaciones públicas, declaración de bienes, renta y conflictos de interés y finalmente, una rendición de cuentas especialmente por parte de los Congresistas.
Con esta propuesta la Alianza Verde busca unirse con la ciudadanía en una batalla final contra la corrupción. A través de 5 millones de firmas que deben recogerse en un periodo de 6 meses y 11 millones de votos en un año, será posible hacerle frente a este cuello de botella que tiene estancado al país. Por primera vez en muchos años, la guerra dejará de ser el foco de todos los esfuerzos y la corrupción empezará a tener los días contados.
La gran garantía de este mecanismo, diferente a otros como el Referendo, es que de lograr las firmas y votos, será obligatorio para el Presidente y el Congreso cumplir con estos mandatos. Estamos en el momento justo de actuar, exigir, castigar y domesticar a la clase política del país y si bien es un gran reto, la gran premisa de esta batalla es que entre todos logremos de una vez por todas, vencer al corrupto.
Por Jorge Enrique Robledo.- Los grandes actos de corrupción de Odebrecht deben servir para movilizar a toda la nación en contra de un problema que, además, hace inviable toda atención a las otras lacras del país, que también son muy graves. Todo sumado a que Colombia padece hoy, en sus relaciones públicas y privadas y nacionales y extranjeras, por la vergonzosa condición de ser uno de los países más corruptos del mundo.
La lucha contra la corrupción exige desarrollarla en dos sentidos: en la parte legal, fiscales, jueces, cárceles, como es obvio. Pero también señalando con nombre propio las responsabilidades políticas de las personas y los partidos involucrados, para que la opinión pública sepa a qué atenerse. Es muy negativo para la lucha contra la corrupción y el delito que los colombianos ignoren la filiación política de los involucrados en el caso Odebrecht o la de Kiko Gómez y Álvaro Cruz, por ejemplo.
En estas circunstancias, respetuosamente, propongo que los medios de comunicación lleguen al siguiente acuerdo:
Que en cada caso de corrupción o delito, sin excepción, se informe la filiación política del involucrado, de forma que también sufran su condigno castigo los partidos o movimientos que los llevan a los cargos de los que abusan. Hay países donde los medios siempre unen la información de los actos del dirigente político con su partido.
Esto solo no resolverá un problema que hace parte del ADN de demasiadas personas y organizaciones, pero no hacerlo facilita el engaño al ciudadano, fraude que está en la base de todas las corruptelas.
Por Horacio Serpa.- Este será el año de la política. Ya comenzaron las opiniones sobre las elecciones de Marzo y Mayo del año entrante y pronto se iniciarán las campañas. Como ya se sabe que no hay campaña política sin candidatura, en cuanto a la Presidencia de la República ya empezaron a aparecer retratos en los periódicos. Partidos hay bastantes y cada uno intentará posicionar a sus dirigentes en busca de encontrar la o el candidato triunfador. No será fácil pero a esa tarea estarán entregadas las colectividades partidistas.
Se nota mucha dispersión entre los sectores políticos que vienen actuando, a los que toca agregar las expresiones ideológicas y partidarias que están naciendo del proceso de paz. Este tema será de gran importancia porque faltando la implementación de los Acuerdos de La Habana se mencionará mucho en la campaña; otros como el de la lucha contra la corrupción ya empezaron a aparecer; se hará presente el populismo por el lado de las derechas como está ocurriendo en otras latitudes; serán furiosas las arremetidas contra el Congreso y la mal denominada clase política y, en fin, las propuestas para acabar la pobreza y lograr más igualdad estarán a la orden del día.
¿Qué pasará en el aspecto electoral? Hasta el momento ningún partido político ni ninguno de sus personajes lograría la mitad más uno de los votos que se necesitan para alcanzar la Presidencia. Falta mucho tiempo, pero si no se modifican las cosas substancialmente, habrá segunda vuelta en Junio. Como no pasan sino dos candidaturas, para antes de la primera vuelta se esperan muchas coaliciones. ¿Por qué? Los partidos que no se sientan fuertes buscarán aliarse para escoger candidatos con posibilidades de pasar la prueba de Mayo. Hoy tendrían que hacerlo todos, aun los que tienen “candidatura única”. Por ahí se comienza, sin descartar que alguno se la juegue con candidatura propia hasta el final.
¿Cómo están las cosas en el liberalismo? Nos preparamos a conciencia para enfrentar lo que nos toque, solos o bien acompañados. Preparamos la propuesta, tendremos Congreso Nacional y contaremos con reglas para definir la candidatura roja. En el Partido Liberal hay mucha madera, de la buena, de la sana, de la resistente, de la inteligente, para enfrentar el reto de dirigir a Colombia en esta coyuntura tan especial pero tan compleja.
Entre nosotros hay personalidades atractivas y opiniones valiosas para asumir con responsabilidad y carácter el gran compromiso de elegir el reemplazo del doctor Juan Manuel Santos. Pero nadie descarta alianzas en busca de una definición popular clara, contundente, progresista, que logre bienestar real para los colombianos.
Se sabe que en el liberalismo hay simpatías con el Partido de la U. y muchos creemos que valdría la pena, más allá de estas dos grandes colectividades, consolidar una estrategia democrática de gobierno que se identifique a plenitud con el Estado Social de Derecho y se concierte alrededor de la consolidación de la paz. ¡Unidos, sin duda, venceríamos!
Por Margarita López Maya.- El 2017 encuentra a los venezolanos abrumados por el desconcierto. Un marcado contraste con inicios de 2016, cuando miraban el futuro esperando hacer realidad un cambio que parecía promoter el triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015.
¿A qué se debe la mudanza de ánimo? A una crisis económica que sigue profundizándose sin que el gobierno de Nicolás Maduro ofrezca soluciones. Pero también a la falta de respuestas acertadas por parte de la oposición. La Mesa de Unidad Democrática, organización que agrupa a los principales partidos y movimientos de oposición, es hoy blanco de rechazos y críticas, porque, después de conquistar la mayoría en el parlamento y movilizar cientos de miles de venezolanos contra el gobierno, no pudo rematar la faena desalojando al chavismo del poder ni resolviendo la crisis. Sobre este escenario muchas son las incertidumbres.
El socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez fracasó. Las magnitudes del desastre económico no dejan dudas. En 2016, acentuando la crisis, la inflación superó el 500 por ciento y el Producto Interno Bruto registró una caída de 10 por ciento. El bolívar, sometido a un sistema de cambios demencial, se pulverizó y con él los sueldos. El desempleo aumentó a 20 por ciento. Estos son solo los componentes económicos de un deterioro que abarca las instituciones, la política, la cultura y hasta la moral.
Los diferentes actores políticos y grupos de la sociedad civil organizada opuestos al gobierno chavista no han sabido transformar la ruina total del país en una efectiva acción política. Mientras tanto el gobierno, como una Hidra, el monstruo mitológico de muchas cabezas enfrentado por Heracles, ha resurgido tras cada triunfo opositor. Para la oposición, el desafío en 2017 consiste en prepararse para vencer de una vez por todas al gobierno y evitar que Venezuela caiga en la ingobernabilidad o, algo peor, se convierta en un estado fallido.
La amenaza de que esto suceda es real. Venezuela tuvo más de 28.000 homicidios en 2016, lo que la convierte en el segundo país más violento del mundo. Desde sus guaridas, que muchas veces son las mismas cárceles, los pranes, o jefes de las bandas carcelarias, dirigen todo tipo de negocios ilícitos y controlan territorios. Con estupor seguimos hazañas y muertes de delincuentes como el Picure, el Conejo o el Topo.
El crimen le gana a un Estado colapsado y trunca la convivencia. Y el gobierno responde con una represión desmesurada que no solo vulnera el estado de derecho, sino que reproduce las acciones criminales. La Operación Liberación del Pueblo es un ejemplo (http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38126651). Su misión es combatir la inseguridad, pero comete vejámenes y violaciones a los derechos humanos de la población que dice proteger, como las masacres de la Cota 905, Cariaco y Barlovento.
La lista continúa. La pobreza, de acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI), alcanza al 80 por ciento de la población. Hoy más de 20 por ciento tiene una nutrición deficiente. En meses recientes, la crisis disparó grandes saqueos en Cumaná, en el oriente, y Ciudad Bolívar, en el sur, del país. En urbes más pequeñas y en las carreteras saqueos menores ocurren a diario. Mientras tanto, en los centros de salud pública, los pacientes mueren de zika, dengue, malaria, enfermedades que han sido controladas en los países vecinos, o por falta de medicinas e implementos médicos.
El Presidente Maduro y una nomenklatura nepótica y militarista juegan a engañar a la población con asombrosas afirmaciones: “Venezuela puede alimentar a tres países de su tamaño”, dijo la canciller. O, “nuestras cárceles son impecables”, según la ministra de Prisiones. “No hay escasez sino guerra económica”, repite siempre Maduro.
Contradiciendo lo que demuestran estudios independientes y se ve a simple vista en las calles, incontables declaraciones oficiales son difundidas por una imparable máquina de noticias falsas del gobierno. La propaganda crea una narrativa de ficción sobre un país supuestamente asediado por enemigos de la patria, que planean emboscadas, magnicidios y golpes de Estado.
Aunque la inmensa mayoría del país repudia el camino del chavismo, no resulta fácil derrotar esta Hidra. El control del Ejecutivo sobre los otros poderes públicos impidió que la oposición logrará concretar una agenda legislativa orientada al cambio e impidió el referendo revocatorio presidencial de manera ilegal.
En noviembre, sin embargo, el gobierno fue persuadido de participar con la oposición en una mesa de diálogo mediada por el Vaticano. Para aceptar, la nomenklatura chavista exigió suspender el juicio de responsabilidad política que la Asamblea Nacional seguía al presidente y una marcha al palacio de gobierno para exigir el referéndum.
La poca claridad con que la oposición acudió al diálogo reveló sus debilidades internas, mientras que la sobrevivencia del gobierno amplificó tensiones ya existentes entre partidos y líderes opositores. El oficialismo ya había demostrado que no participaba en diálogos ni elecciones, a menos que pudiera ganarlos. La MUD cedió y Maduro, a salvo de la presión popular, sobrevivió al año en el que todo parecía llevar a su fin.
Y más todavía: hoy no existe mecanismo constitucional alguno para hacer que el chavismo salga del poder antes de 2018. Los venezolanos están disgustados y desesperanzados.
La mayoría de la población opina que mientras Maduro gobierne seguirá la crisis. El gobierno chavista no puede ofrecer un mejor porvenir. Desalojar a Maduro y la nomenklatura chavista del poder sigue siendo el mayor reto. ¿Cómo lograrlo?
La MUD necesita replantear sus estrategias para impulsar de nuevo el cambio político. Esta vez debe dar importancia mayor a la organización de la movilización masiva no violenta, con las acciones institucionales que lleva a cabo desde la Asamblea Nacional o en mesas de negociación. Es necesario que sume a su fuerza a los grupos disidentes del chavismo que profesan un apego por la democracia. Ello contribuiría a aglutinar una mayor diversidad social y política, dándole a todo el movimiento más credibilidad. Esta es un fórmula que hasta ahora no se ha intentado.
En la mitología griega, Heracles venció la Hidra exponiéndola a la luz y gracias a sus habilidades y fuerza extraordinarias. Fue cortando las cabezas y cauterizando con fuego cada herida, para prevenir que se reprodujeran.
Hoy en Venezuela no se ven salidas, pero la lección de este mito es buena: las fuerzas opositoras necesitarán exponer constantemente a la luz pública nacional e internacional los abusos de la dictadura. También deben acrecentar su unidad política en la acción, para adquirir fuerza y habilidades heroicas. El desafío de largo plazo es semejante al de Heracles: garantizar que los vicios del chavismo no se reproduzcan. Esto implicará perseverar en iniciativas, que combinen propuestas para lidiar con las urgentes necesidades básicas de los venezolanos, con otras para resituir el hilo constitucional y las instituciones, en concierto con la sociedad civil y la población. Solo un esfuerzo combinado creará las mejores condiciones para derrotar de manera definitiva a la Hidra.
Por Jorge Gómez Pinilla.- Soy de los que piensan que la revocatoria al alcalde de Bogotá difícilmente tendrá éxito, pero creen que si fuera revocado se actuaría en justicia, por dos razones básicas: porque con el metro que quiere meter Enrique Peñalosa la capital retrocede en lo urbanístico, y porque le mintió al país desde que en su hoja de vida comenzó a aparecer un falso doctorado en París, con pleno conocimiento de causa suyo.
La prueba reina de que siempre mintió está en una entrevista que concedió al periódico ‘O Globo’ de Brasil, publicada el 15 de septiembre de 2015, donde de entrada se lee: “Nací en Washington, DC, tengo 60 años y renuncié a la ciudadanía americana a los 21. Estoy casado, tengo dos hijos. Me formé como economista e historiador, con Ph.D. en Paris”. Donde Ph.D. traduce doctorado.
Pero eso no es lo más grave, sino haber echado a la basura tanto los rigurosos diseños para la construcción del metro que presentó la Alcaldía de Gustavo Petro, como tan vital proyecto para la ciudad, una mega obra de ingeniería avanzada cuyo costo se estimó en $15 billones de pesos (unos $7.000 millones de dólares), con fecha de entrega para el 2021.
Aquí no se trata de brindarle un apoyo irreflexivo a Petro, quien en lo gerencial dejó mucho qué desear, sino de reconocer que los estudios que presentó el 7 de octubre de 2014 planteaban el mejor metro posible, el que se merecía Bogotá. Pero Peñalosa llegó con su propia aplanadora política –y mediática, sobre todo- a no dejar piedra sobre piedra de la administración anterior, y ahora quiere comprometer sospechosamente la movilidad de la ciudad con una colcha de retazos arquitectónicos donde por un lado los destartalados portales de Transmilenio con sus buses contaminantes siguen mandando la parada, y por otro lado pretende darle estocada mortal a la Avenida Caracas con un tren elevado que depreciará al sector y convertirá la vía en meadero público.
Hablando de la aplanadora mediática, para la muestra un botón: el artículo de portada publicado por Semana en su última edición bajo el benevolente título ‘Peñalosa, el alcalde incomprendido’, que más parecía un publirreportaje y del que se notó a las claras que su objetivo fue tratar de neutralizar “el intento de revocatoria del mandatario de Bogotá”, del cual advierten desde el encabezado que “seguramente no va a prosperar”.
Hablando de sospechas, estas se afincan cuando uno se entera en documentado reportaje de Carlos Carrillo que Peñalosa ha sido el mayor promotor de Transmilenios y de autobuses Volvo en el mundo entero, y que en cumplimiento de tal misión actuó como presidente del ITDP (Institute for Transportation and Development Policy), y por este concepto “el ITDP le ha girado directamente 468.394 dólares, a cambio de hoy unos 1.500 millones de pesos”. Artículo que por cierto citó Daniel Coronell en columna titulada Condenados al bus, donde anunció que se trataba de “un muy interesante trabajo, del cual tendremos que hablar en detalle”.
Esas mismas sospechas de favorecimiento de intereses particulares se extienden a la terquedad con la que quiere urbanizar los “potreros” de la Reserva Van der Hammen, en la que por pura coincidencia su Secretario de Planeación, Andrés Ortiz, es dueño de un lote de 2.000 metros cuadrados, justo donde el alcalde “busca viabilizar la construcción de al menos 80.000 soluciones de vivienda en 1.200 de las 1.400 hectáreas que conforman la reserva”, según información de El Tiempo.
Una eventual revocatoria tendría sentido entonces si logra echar atrás esos dos proyectos lesivos para la ciudad, de claro corte mercantilista (metro-colcha y reserva cementada), pero no conviene hacerse ilusiones, porque el camino está poblado de abrojos.
Otro camino poblado de abrojos es el de la paz, y la clase política comprometida con esta causa no parece ser consciente de que la actual correlación de fuerzas plantea la inminencia de que en la elección de 2018 pasen a segunda vuelta dos de los tres candidatos de la derecha: Germán Vargas por Cambio Radical, Ordóñez por los conservadores o Iván Duque (no veo a otro) por el Centro Democrático. Esto desplazaría de un solo tajo a la miríada de aspirantes que afloran por el centro y la izquierda (Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Claudia López, Gustavo Petro, Jorge Robledo, Roy Barreras, Piedad Córdoba…), allanando así la autopista para que la derecha –o la extrema- retome el poder y regresemos a la barbarie de la confrontación, donde cualquiera de los tres precandidatos mencionados se muere de ganas por hacer regresar a las FARC al monte.
El único modo de impedirlo es mediante una coalición de fuerzas encabezadas por el dirigente con quien más cercana está la posibilidad de enterrar el conflicto armado. Hablo de Humberto de la Calle, por supuesto, el segundo político con mayor aceptación en las encuestas después de Germán Vargas, o sea el más opcionado para dar la pelea desde la orilla de los que queremos que un día se haga realidad el anhelo de la reconciliación nacional, y el primer requisito es que quien fuera el principal negociador de la paz se postule para ser el Presidente del Posconflicto.
Un confidencial reciente de Semana planteaba la posibilidad de que pudiese no estar interesado, pero la duda se absuelve al saber que el problema no es de ganas sino que “no tiene entusiasmo por participar en la consulta que el Partido Liberal está pensando hacer para escoger su candidato”. Razón no le falta, pues su hoja de vida como excandidato a la Presidencia, exvicepresidente y sus cinco años como negociador del proceso de paz deberían ser suficientes para que fuera elegido candidato sin tener que someterse a consulta abierta.
Hasta ahora solo se ha presentado un aspirante a la candidatura por el Partido Liberal, el senador Juan Manuel Galán, así que estamos seguros de que ese pequeño obstáculo podrá ser removido por consenso, para abrirle a Colombia por fin las puertas a la esperanza de una paz duradera.
DE REMATE: Si me preguntaran a quién veo como fórmula vicepresidencial para De La Calle, pensaría en Claudia López. Pero tratándose de formar coalición, el abanico es amplio. Se requiere alguien menos polarizador que un Petro o un Robledo, y faltaría ver si alguien como Sergio Fajardo no está tan golpeado como dicen. (O Alonso Salazar, también para aglutinar desde lo paisa...).
En Twitter: @Jorgomezpinilla
http://jorgegomezpinilla.blogspot.com.co/
Por Jairo Gómez.- En las democracias hay medidas y acciones impopulares y otras antipopulares y la colombiana no es la excepción, comienza el año 2017 sumergido en esos dos estados de ánimo.
Las impopulares se explican por hechos o excesos que estremecen el ámbito social. Por ejemplo, cuando una figura pública, en un momento de soberbia y desmesurado poder le mete un bofetón a su subordinado porque sí, sin más. Porque “me dio la gana y porque soy el vicepresidente”.
La reacción popular, por supuesto, fue de indignación pues es un hecho que corrobora la profundización de la grieta social en el país y la inveterada costumbre social de resolver las diferencias a trompadas, cuando no es a gatillo puro.
No se le puede poner punto final a este vergonzoso hecho, así los medios traten de minimizar la violenta acción del Vicepresidente Vargas Lleras. Es necesario atizar el debate, la disculpa pública (a regañadientes) no es el lavamanos. La institucionalidad cuenta con herramientas eficaces en la estructura disciplinaria para que un funcionario de alto rango responda por este improperio que no es solamente contra el escolta-servidor, sino contra la sociedad entera.
Lo impopular hoy está representado fielmente en el vicepresidente Vargas Lleras: violencia pública para que “los demás aprendan”. “La letra con sangre entra”, a lo feudal. Que error de cálculo del próximo candidato presidencial.
Lo antipopular: esta se explica cuando en conjunto la sociedad recibe un batacazo económico, por ejemplo. Un gobierno que firmó sobre piedra “el no incremento de impuestos”, lo hace y decide meterle la mano al bolsillo de sus ciudadanos en detrimento de sus ingresos y, de paso, favoreciendo a los más ricos de la comarca.
Mientras la corrupción se apodera impunemente de los recursos públicos, el gobierno aprueba en complicidad con los congresistas, elegidos por el pueblo, una Reforma Tributaria regresiva e inequitativa: antipopular.
Es antipopular la cascada de impuestos que desde este primero de enero comenzamos a pagar los colombianos para tapar, entre otros, el hueco que dejó el descarado robo a Reficar cuyo tumbado costó la Reforma Tributaria que hoy nos impuso el gobierno Santos. Esos dineros que hoy deben estar en los “panamá papers” o en las Islas Vírgenes y que gozan de protección del opaco sistema financiero. Como dicen en la calle “esa platica se perdió”. Esto sin contar con los sobornos de Odebrecht.
La corrupción carcomió el modelo político y económico del país, y creerse el cuento que los evasores pagarán cárcel es de ingenuos cuando solo serán castigados capitales superiores a cinco mil millones de pesos. Esta gabela solo servirá para lavar ingentes cantidades de dinero.
Ese es el debate para las próximas elecciones: poner en evidencia a los corruptos —públicos y privados—, para que estos DOCE BILLONES de pesos que nos sacarán vía IVA y CUATRO por mil, no terminen en las arcas de los bandidos.
Por Amylkar D. Acosta M [1]. A Colombia le ha tocado enfrentarse en 2016 a la “nueva normalidad” de la destorcida de los precios internacionales del petróleo, sumada a la caída de la producción interna de crudo, afectando por partida doble el crecimiento de la economía, su sector externo y sus finanzas públicas. La ralentización del crecimiento de la economía colombiana en los últimos 4 años se volvió una tendencia, al pasar del 4.9% en 2013, al 4% en 2014, al 3.1% en 2015 y para el 2016 hasta el propio Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas se vio precisado a corregir a la baja su previsión, desde el 3% a comienzos de año a un anémico 2%.
Y no es para menos, trimestre tras trimestre el ritmo del crecimiento de la economía en el 2016 se aminora, pasando del 2.5% en el I trimestre al 2% en el II trimestre y al 1.2% en el III trimestre, el segundo más bajo en 12 años, para un acumulado a septiembre de 1.9%, por debajo de la meta del 2%. Y lo más grave es que hasta el crecimiento potencial del PIB se ha visto afectado al pasar del 4.5% al 3.3% (¡!).
En gran medida este menor crecimiento de la economía responde al duro ajuste a la que fue sometida tanto por parte del Gobierno como de la Junta directiva del Banco de la República para tratar de capear el temporal, al cual se le vinieron a sumar, además de los estragos del fenómeno de El Niño, el paro camionero.
El Gobierno tuvo que recortar drásticamente tanto el Presupuesto General de la Nación como el Presupuesto del Sistema General de Regalías y la inversión fue la que llevó la peor parte. Es como si la economía hubiera sido sometida a un coma inducido. Y ello se da en medio de la apreciación del dólar, que acentuó el brote inflacionario, viéndose obligada la Junta del Banco Emisor a reajustar la tasa intervención desde el 4.5% en septiembre de 2015 hasta 7.75% 11meses después, para intentar anclar nuevamente la inflación-objetivo en el rango fijado por el mismo. En los últimos meses la inflación cedió, pero estuvimos a punto de registrar una estanflación, que habría empeorado el desempeño de la economía.
El enfriamiento de la economía es generalizado, la industria ha crecido el 3.4%, gracias a la entrada en operación de REFICAR, muy por debajo del 5.4% del año anterior, el comercio 1.2% que contrasta con el 2.3% en 2015, el transporte 0.7% versus 1.5% del año pasado, la agricultura cayó el -1.7%. Sólo dos sectores se muestran con una mayor crecimiento, el de la construcción con el 5.8% y servicios financieros con el 3.8%, convirtiéndose en los líderes del crecimiento de la economía este año.
En este sentido las proyecciones para el próximo año no son alentadoras, puesto que, excepción hecha del sector constructor, no se vislumbran otras fuentes que contribuyan a generar un crecimiento de la demanda interna por encima del PIB potencial.
Pero, indudablemente que la vulnerabilidad mayor de la economía colombiana está en su sector externo, afectado por la caída del valor de sus exportaciones, concentradas en productos básicos. Ello le abrió una tronera a la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, que llegó al extremo de acusar un déficit del 7.4% del PIB (¡!) en el III trimestre de 2015. Aunque este año se ha reducido el déficit de la Balanza Comercial, aproximadamente en US $2.756 millones, registrando - US $10.060 millones, ello no es para celebrarlo ya que obedece fundamentalmente a la reducción en un – 22.4% de las importaciones de maquinaria y equipo industrial en el I semestre de este año. A ello ha contribuido también el repunte tanto del precio internacional (se incrementó el 60% el último año) como de los volúmenes exportados de café (que superan los 1.3 millones de sacos), al alcanzar el país una producción record de los últimos 23 años de 14.5 millones de sacos.
Ello ha servido para amortiguar el choque externo. Entre tanto las exportaciones no tradicionales no han reaccionado pese a que en los últimos dos años el peso ha sufrido una devaluación del 70% (¡!) y la razón es una sola, tanto la industria como la agricultura se vieron duramente golpeadas durante más de dos años por la enfermedad holandesa y aún no se reponen.
Las finanzas públicas se han visto duramente impactadas por esta crisis, la que ha intentado sortear sin éxito el Ministro Cárdenas con su sermón de la “austeridad inteligente”.
El país transita por el filo de la navaja, las firmas calificadoras de riesgo le han rebajado la nota de su deuda soberana de estable a negativo, en razón del alto déficit fiscal, que supera el 3.9% del PIB y su nivel de endeudamiento, afectado además por la apreciación del dólar, que para septiembre de este año ya superaba el 54.6% del PIB. El Gobierno acaba de pasar por el Congreso de la República su Proyecto de reforma tributaria que puede significarle un mayor recaudo de $6.5 billones, que pueden resultar insuficientes para enjugar el déficit.
El 2017, como todos los años, tendrá su cuesta de enero, que esta vez será más empinada por cuenta de la reforma tributaria, le plantea retos muy complicados a las autoridades económicas y muy serios desafíos al sector privado. Ojalá que lo peor para la economía se halla quemado con el año viejo y tengamos un año nuevo más llevadero!
Girardota, diciembre 29 de 2016
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