Opinión
Por Amylkar D. Acosta M*.- Este 4 de julio estamos celebrando los primeros 30 años de la proclamación de la Constitución de 1991, aunque en rigor fue solo en la madrugada del 7 del mismo mes y año cuando entró en vigencia con su publicación de su texto en la Gaceta Constitucional, porque lo otro sólo había sido una pantomima, con toda su parafernalia, que tuvo por escenario el Salón Boyacá del Capitolio Nacional, en la que se firmó por parte del triunvirato que presidió la Asamblea Constituye un manojo de papeles en blanco, como lo ha delatado su Secretario general Jacobo Pérez Escobar (¡!).
Entre las novedades que nos trajo la Constitución de 1991 se destaca la elección “en circunscripción nacional” de los senadores de la República, que hasta entonces lo eran por circunscripción departamental, al igual que los representantes a la Cámara. Analizaremos los pros y los contras, las razones de conveniencia e inconveniencia que se esgrimen por parte de quienes la defienden y de quienes la cuestionan.
Un paso muy importante que se dio con la Constitución de 1991 fue el de la profundización de la democracia representativa, llevándola más lejos al establecer desde el preámbulo mismo su espíritu participativo e incluyente, el cual amplía en su artículo 270. Es en este contexto en el que se entiende y hace sentido la apertura democrática que significó la circunscripción nacional para elegir senadores, abriéndole espacio a la renovación de la dirigencia política y a la representación en el Congreso de las fuerzas políticas minoritarias, hasta entonces excluidas.
Con la circunscripción nacional se rompieron, así fuera parcialmente, los denominados con justa razón feudos podridos, los se gestaron y consolidaron al amparo del régimen bipartidista que se entronizó en el país con el Frente Nacional, creado en 1958. Ello le cerraba el paso al disenso, a los nuevos liderazgos, pues los ciudadanos se tenían que resignar a votar siempre por los mismos con las mismas, puesto que la red clientelar tejida por los gamonales de la región se lo impedía. Quien quisiera aspirar al Congreso de la República, ya fuera al Senado o a la Cámara, tenía que jurarles bandera a ellos y someterse a sus reglas y ominosas condiciones.
Ahora, el ciudadano puede votar por el candidato de su predilección, escogiendo entre una amplia gama de aspirantes, simplemente marcándolo en un tarjetón, en lugar de acudir a las urnas como borregos a depositar una papeleta contentiva de su voto, sirviendo como gancho ciego de los proditorios designios de los caciques políticos de turno. Por otra parte, al abrirse el abanico de posibilidades, quien quiera que quisiera aspirar al Senado de la República ahora lo podía hacer sin contar con la aquiescencia de quienes dominaban a su antojo la “plaza”, inscribiéndose en la lista del partido o movimiento reconocido mediante personería jurídica, que son muchos, que mejor le parezca y con el que más se identificara ideológicamente.
Además de romper los feudos podridos, con esta nueva modalidad, además, se posibilitó la proyección a nivel nacional de los liderazgos regionales, dado que para hacerse elegir los aspirantes al Senado de la República deben recorrerse el país, conocer la problemática de las distintas regiones y ocuparse de ella y de esta manera hacerse al reconocimiento del electorado a nivel nacional, no sólo durante la campaña proselitista para hacerse elegir sino en ejercicio de su gestión como parlamentario. Desde luego, que este es el deber ser, que no siempre se cumple.
No han faltado quienes plantean la necesidad de reversarla y volver a la circunscripción territorial para la elección de senadores, debido a los vicios que desvirtúan la letra y el espíritu de la Constituyente, debido a los altos costos en los que se incurre en las campañas electorales y la filtración de recursos non sanctos para su financiación.
Se alega, además, que, en la práctica, no pocos aspirantes consiguen su elección al Senado apelando casi exclusivamente a la cauda electoral de su región de origen, como también a ciertas prácticas a las que se recurre para ir a “pescar” votos, sin compromiso alguno, convirtiendo al electorado en un verdadero mercado persa. Ello ha conducido, además, a que diez de los 32 departamentos se hayan quedado sin representación en el Senado. Por ello nos parece razonable y conducente la propuesta de reforma que cursa en el Congreso de la República que busca garantizar la elección de un senador por Departamento y que el resto se siga eligiendo por circunscripción nacional.
Pero, la verdad sea dicha, muchos de esos vicios que enturbian el proceso de elección de los senadores se replican y se repiten en la elección de los representantes a la Cámara, particularmente lo que hace relación al financiamiento de las campañas, los cuales no se van a erradicar hasta tanto no se adopte su financiación estatal. No se puede seguir cogiendo el rábano por las hojas, los correctivos necesarios para rescatar el espíritu de la Constituyente y proscribir las taras que han venido degradando a la política y al ejercicio de la misma pasan por una reforma política y del régimen electoral de fondo, tal y como lo propuso la Misión Electoral Especial (MEE) en sus recomendaciones.
Cota, julio 3 de 2021
*Economista. Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por José Félix Lafaurie Rivera*.- “No puede ser un proceso unilateral y ciego (…), solo tiene sentido si nos permite exportarles carne y leche”, planteó Fedegán en 2004, cuando iniciaron las negociaciones del TLC con Estados Unidos. Cuando se firmó, en 2006, ante los negativos resultados para la ganadería, afirmé públicamente que “sin acceso real al mercado de USA, el TLC no es ni moral ni políticamente defendible”.
Hoy, 15 años después, sigue siendo indefendible para la ganadería, pues mientras los cupos para vendernos leche sin arancel se copan y se sobrepasan por un arancel extracupo también favorable, no hemos logrado exportar un kilo, ¡ni uno solo! de carne a ese mercado, lo cual no se compadece con el esfuerzo ganadero para sostener el estatus de país libre de aftosa, que ha sido argumento para semejante desequilibrio.
Afortunadamente, a partir del desplome del mercado venezolano en 2009, Fedegán, a través del Fondo para el Fomento de las Exportaciones, FEP, con el apoyo, a veces sí y a veces no, de las instituciones de comercio exterior, empezó a tocar puertas para la carne colombiana.
Hoy exportamos a más de ¡20 mercados! y nos acercamos a la meta de 500 millones de dólares para 2022. En 2015 exportamos 10.614 toneladas y 50.661 animales; en 2020 multiplicamos por tres las exportaciones de carne, con 34.124 toneladas, y por más de cinco las de animales, con 264.107 cabezas, a una lista de destinos en la que no figura Estados Unidos.
En la que sí aparece de primero es en la de vendedores de lácteos a nuestro país. En 2013 se importaron 16.314 toneladas, equivalentes a 183 millones de litros y al 5,9 % del acopio de la industria. En 2020 fueron 73.663 toneladas, equivalentes a 846,5 millones de litros, que ya no son un rasguño, sino el ¡24,7 % del acopio formal!; es decir, que la cuarta parte de lo que la industria requiere, ha dejado de comprarla a los campesinos colombianos.
En 2020, el 55 % de esas importaciones llegó de Estados Unidos; 40.515 toneladas, de las cuales 31.004 eran de leche en polvo, superando en cerca de 20.000 toneladas el cupo de 11.790 que podía ingresar sin arancel.
Las preguntas se imponen: ¿Por qué, si más de 20 países con los que no tenemos TLC nos compran carne, Estados Unidos, país con el que tenemos uno firmado desde hace más de una década, que compra anualmente más de dos millones de toneladas, no abre una compuerta siquiera a nuestra carne?
¿Por qué, si Estados Unidos no nos compra un solo kilo de carne, el TLC puede obligar al país a recibir toda la leche que nos quiera vender, con el concurso de una industria insolidaria con el ganadero colombiano? ¿Por qué, en medio de la difícil situación de nuestros campesinos, agravada por la pandemia y la insensatez del paro, Colombia le hace “el favorcito” de comprarles su leche a prósperos ganaderos estadounidenses?
Ante tamaño desequilibrio, Fedegán solicitó la salvaguarda contemplada en el Tratado, que fue admitida y avanza en el proceso para “cerrar el chorro” de importaciones. La ministra Lombana, de Comercio, y el ministro Zea, de Agricultura, están al tanto de nuestro justo reclamo y comparten la urgencia de darle solución, y estamos seguros del compromiso del embajador Pinzón con el reto de poner el primer kilo de carne colombiana en Estados Unidos, pero mientras no sea así, nos opondremos al ingreso indiscriminado y creciente de leche, que hoy causa “lesión enorme” a nuestros ganaderos.
Para la ganadería no es un tema meramente comercial…, es un asunto de supervivencia.
Bogotá, D. C, 4 de julio de 2021
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Jorge Enrique Robledo*.- Como se advirtió que pasaría, Colombia está entre los países a los que peor les ha ido con la pandemia, tanto en términos de salud –enfermos y muertos–, como económicos y sociales. Y era de esperarse, porque las crisis sanitarias ponen a prueba la capacidad de resistencia de las naciones, tal y como ocurre también con los problemas de salud personales, pues no sufren igual los bien alimentados que los malnutridos, ni los que pueden actuar con eficacia que los incapacitados para hacerlo. Y a esto deben sumársele las omisiones y malas decisiones de Duque y Carrasquilla.
Al comparar con el número de habitantes de los países, como toca hacer las cuentas para que se entiendan mejor, a Colombia solo la superan dos países en contagiados por cada 100 mil habitantes: Seychelles y Mongolia. Y vamos ya en 106.455 muertos, lo que nos ubica en el puesto 14 con más víctimas mortales por millón de personas.
Nos ha ido peor porque ante un bicho como este, cuyas vacunas solo aparecieron, y en cantidades insuficientes, nueve meses después de detectarse, la prevención, el no entrar en contacto con el virus, era y es el primer instrumento para enfrentarlo, pues además son limitados los medicamentos contra los efectos del contagio. Sin negar las obvias diferencias de época, sigue siendo cierto que la mejor medida contra esta pandemia es la misma de la Edad Media: “No se deje contagiar”, en un país en el que esa buena idea es para muchísimos muy difícil de cumplir. Porque para ellos aislarse en sus casas –por así llamarlas porque viven en las peores condiciones– implica aguantar hambre, dado que si no salen a la calle a rebuscarse, no comen, en tanto estos y los de trabajos menos precarios no pueden dejar de correr los riesgos del transporte público.
Y la dolorosa realidad de tener que arriesgar la vida para no morirse de hambre –por la gran mediocridad del capitalismo nacional– ha sido mal atenuada por el gobierno de Iván Duque, el único poder que podía hacerlo, dadas las bajísimas transferencias de recursos públicos entregadas a los necesitados.
El sistema de salud, encabezado por las EPS, no ha estado a la altura del reto de la pandemia –y no solo por el detestable maltrato a sus trabajadores–, en especial en la detección temprana del virus, detección importantísima porque permite aislar con rapidez a los contagiados y tratarlos, al igual que examinar pronto a sus más cercanos, para que de ser necesario también se aíslen, prácticas que sí han ejecutado con acierto los países exitosos en esta batalla global.
Y los hechos terminaron por darnos la razón a quienes en diciembre pasado, en medio de las agresiones del duquismo, advertimos que la vacunación podía salir peor de lo que prometía el gobierno, como lamentablemente ha ocurrido, en mucho por culpa de las trasnacionales de los medicamentos. Además de que Colombia fue el país número 79 en empezar a vacunar, se vacuna con lentitud, ritmo que nos aleja de la llamada inmunidad de rebaño, que exige superar ciertos umbrales.
Como resultado de estas verdades, y porque la economía nacional ya estaba muy deteriorada en febrero de 2020, son pésimas las cifras económicas y sociales: el año pasado el PIB se redujo en 6,8 por ciento, se cerraron 509.370 micronegocios y los que pudiendo trabajar no lo hacen suman 11,5 millones (desocupados, inactivos en su hogar y trabajadores sin remuneración). El desempleo en este mayo marcó 15,6 por ciento, pero el juvenil dio 23,1, discriminado en 18,7 de hombres y 29,3 de mujeres, en tanto el ministerio de Hacienda, en la exposición de motivos de la fallida reforma tributaria, calculó en 69 por ciento la informalidad de 2020. De lo peor en el mundo. En Colombia ser joven y mujer ya es un problema, pero si además se es afro o indígena y LGBTI, ni se diga, porque las diferencias naturales se usan como pretexto para convertirlas en maltratos sociales.
Coletilla: hace semanas, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca le dio plazo de tres días al gobierno para entregarle a Ramiro Bejarano los contratos de compra de las vacunas que se aplican en Colombia. Pero mediante descaradas e ilegales maturrangas, no han cumplido la orden y los precios pagados siguen en secreto. Pero no me sorprende. Porque llevo más de un año exigiéndole al gobierno que me informe cuánto pagaron los dos compradores de Electricaribe, precio y negocio definido por Duque y su alta burocracia a un costo de por lo menos ocho billones de pesos de recursos públicos que nunca se recuperarán.
Bogotá, 2 de julio de 2021.
Senador de Colombia
@JERobledo
Por Gabriel Ortiz*-. Nuestras marchas están como el covid 19: cada una lleva su linaje. Para el gobierno son “subversivas”, para la derecha “petristas”, para Duque “antiuribistas”, para la izquierda “Esmadistas”, para la alcaldesa “petro-uribistas” y así sucesivamente.
El maremágnum en que nos encontramos ha llegado a límites insospechables. Nadie imaginó los niveles que alcanzaría un movimiento que empezó pacíficamente, pero que tornó por senderos de violencia, cuando el Jefe del Estado impulsado por la arrogancia se negó a dialogar y a negociar con los dirigentes sindicales, que solo pedían modificar una onerosa reforma tributaria que muy pocos colombianos alcanzarían pagar. Los llevaría a la hambruna, la miseria, el desempleo y la inseguridad.
El asiento de Duque en las negociaciones, hizo recordar al de “Tirofijo”, en el Caguan. ¿Quién habrá aconsejado al presidente en estos trágicos, siniestros y penosos momentos? No fue Uribe, de quien tanto se sospechó, por su experticia en el manejo de los hilos de las figurillas de Manzur.
Además el mentor caminaba hacia el abandono de la dirección del Centro Democrático, mostrando su espalda a un Duque sin autoridad para gobernar, porque se negó a militarizar el país, cuando se lo ordenó. El uno y el otro, pensaron simultáneamente con horror lo que significaba la situación jurídica del innombrable. Era urgente una salida para escapar a la más estruendosa derrota del CD en el 22.
Uribe se fue –por lo menos así parece, porque así lo dijo-, no sin antes dejar a la intemperie a Duque, quien debe asumir toda la responsabilidad de lo que ocurra. “¡Aprecio a Duque!” dijo, pero no guardó la daga, con la que le propinó las más duras recriminaciones: “Le han impuesto falta de autoridad a todos los niveles. Su reacción ha sido tardía, como ocurrió en Cali. Le faltó ordenar la presencia militar en las calles”.
El retiro de Uribe del CD, más no se sabe si de la política, como se lo gritan las encuestas, fue celebrado por la oposición y al parecer por algunos de las propias toldas uribistas. Los primeros lo consideran un oportunista, “que quiere presentarse ahora como independiente y casi que como opositor al gobierno Duque”. Deja a la Cabal y a Tomás en la lista de presidenciables.
Nadie creyó vivir lo que acontece. Queda al descubierto arrebato, delirio y excitación, ante la proximidad de las elecciones del 22. Se recrudecen la polarización, el odio, el rencor y la rabia, con funestas consecuencias.
El linaje de lo que veremos, podría ser el principio del fin de lo que Colombia se perseguía con un Proceso de Paz, que difícilmente se enderezará con actitudes como las que vivimos. La guerra se avizora sobre los cielos de Colombia y puede caernos encima, a menos que Duque, sin acoso externo, hace algo por esta nación y por su gente.
BLANCO: Duque, ya solo, merece un respaldo nacional.
NEGRO: Pacho fue quien consiguió las vacunas, pero otros ganan las indulgencias.
Bogotá, D. E, 2 de julio de 2021
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por Lorena Rubiano*.- La Patria no es bandera, ni es himno, ni es ruido. La Patria es esfuerzo creador, es sentido de responsabilidad social, es respeto a la razón y es amor a la libertad. Luis A. Ferre
Como nos duele y atormenta ver el estado en el cual esta nuestra querida y amada patria colombiana. Nos la están destruyendo, destrozando, acabando y lo más grave es que es entre todos. Unos por acción, otros por omisión y otros por insensatos, midiendo el interés político personal, por encima del interés colectivo.
La clase política, toda sin excepción han sido inferiores a su responsabilidad para con Colombia. Están todos en “Toconcol”
Todos contra Colombia, y lo digo porque les ha faltado grandeza en momentos de angustia existencial. Cuando más se necesita mesura, desprendimiento, exaltación de los valores patrios, es cuando más se han exacerbado los odios y rencores para enfrentarse como tirios y troyanos, sin importar los efectos y daños inmediatos y a futuro.
Todos, todos sin excepción en vez de ayudar a apaciguar los ánimos sacan a relucir sus más bajos instintos para sacar tajada, pescando en río revuelto.
Lo que se necesita en estos momentos es grandeza, desprendimiento de los intereses personales, para que se puedan unir esfuerzos en favor de toda la nación.
En realidad, pareciera que no les importara los muertos de un lado y de otro, lo importante para ellos, es ganar políticamente. Y eso no está bien. No consideran en ningún momento el grave daño que se está haciendo a toda la sociedad, blancos y negros, indígenas y mestizos, ricos y pobres, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, que atónitos son testigos de un degradamiento total, de lo que debe ser la verdadera política. Aquí no hay discusión de ideas, es una guerra de agravios, de acusaciones, de falsas noticias, de unos contra otros, sin medir consecuencias.
Y no hay quien lidere un alto en el camino, para repensar nuestro porvenir.
La tierra en que nacimos, crecemos y vivimos, cuyo nombre corre por nuestras venas y anida en nuestro corazón, nos duele y lloramos su destrucción. Amor de patria es lo que debe aflorar en el actuar y pensar de nuestros dirigentes, que deben recapacitar, hacer un alto en el camino de los agravios y recordar, que el pueblo en su momento cobrara la ineficacia de sus líderes. Yo no entiendo a los que quieren llegar a gobernar una nación en ruinas, por su propia autodestrucción.
Queremos una patria unida y fuerte, en donde el amor por la tierra supere al odio. Siempre debe primar el amor de patria, sobre el ego personal y los intereses partidistas.
Termino con una frase de Emiliano zapata:
Cumplid con vuestro deber y seréis dignos; defended vuestro derecho y seréis fuertes, y sacrificaos si fuere necesario, que después la patria se alzará satisfecha sobre un pedestal inconmovible y dejará caer sobre vuestra tumba un puñado de rosas.
Bogotá, D. C, 2 de julio de 2021
Por Paloma Valencia*.- En medio de la dramática situación que vive nuestro país, agobiado por la pandemia y por el tirano paro, llama la atención que la Alcaldesa de Bogotá, Claudia López, salga a recoger las denuncias que hicimos desde el Centro Democrático sobre la ilegalidad de la financiación de la “primera línea” por parte de la Colombia Humana; y que acto seguido la emprendiera contra nuestro partido. Es el síntoma de que la contienda electoral está empezando.
La alcaldesa afirmó que el uribismo trató de matarla. Lamento mucho las palabras de la Alcaldesa no solo por falsas, sino porque en un momento de tensión son una incitación contra el uribismo. Millones de colombianos que nos circunscribimos a una ideología política pacífica, democrática, respetuosa de la ley, fuimos señalados de ser criminales; de querer matar. Me preocupa el efecto de sus palabras. Pueden provocar una nueva oleada de amenazas en nuestra contra. Jóvenes de nuestro partido han sido severamente amenazados, algunos incluso han sufrido atentados, por ser uribistas. Las plataformas del paro han sido utilizadas para filtrar datos personales y familiares de nuestros jóvenes y dirigentes. Hemos sido amenazados de varias maneras. Ojalá la política en éste país transite hacia la discusión argumentada, y no la fácil estigmatización que en medio de la crispación y la violencia puede traer consecuencias que nadie desea para Colombia.
El autodenominado “centro” critica la polarización. Señala a los “extremos” y estratégicamente se ofrece como la alternativa a la confrontación. Lo hacen sin observar –en el mejor de los casos- que están atacando con igual o más virulencia. Lo hacen sobre la base de que la política es un eje continuo y por lo tanto unos están de un lado y otros de otro, y algunos pueden estar en el cómodo centro. Tengo la impresión de que la política es mucho más compleja que dos nodos. Es más bien un espacio lleno de dimensiones, de matices, de diferencia; donde las distancias a veces son mas amplias y otras veces hay coincidencias inesperadas.
Por otro lado, sostienen los del “centro” que no son malos los bloqueos, que incluso hay algunos bloqueos legales; que el vandalismo en su justa proporción es aceptable. Y nos vienen demostrando que consideran que esos nuevos derechos de bloquear y vandalizar tienen una entidad superior al derecho fundamental al trabajo o a los derechos humanos a la movilidad y la seguridad. Lo que es más grave, los alcaldes del centro y la izquierda han decidido mantener inactivas las fuerzas del orden. Sobre la base, casi, de que la fuerza, cualquiera, es ilegítima.
Todos rechazamos al unísono la violación de DDHH por parte de hombres de nuestras fuerzas. Todos esperamos que haya sanciones a ello. Sin embargo, la izquierda y el centro estigmatizan a toda la fuerza y condenan a todos sus hombres sin fórmula de juicio e irrespetando la presunción de inocencia. Parecen querer someter al país a la desaparición del uso de la fuerza del Estado. La fórmula puede ser llamativa, seductora; pero lejos de acercarnos a la vida ideal donde todas las violencias cesan; nos llevan de regreso a las épocas donde las violencias privadas e ilegales nos secuestran, suprimen los derechos y garantías ciudadanas, y el Estado mira entre indiferente, inútil e irresponsable. La historia reciente de Colombia nos enseñó que la fuerza del Estado garantiza la seguridad y en ese ambiente todos los derechos de todos los ciudadanos tienen cabida. Garantizar la seguridad no es un deber; es una obligación. Cúmplanla.
Bogotá, D. C, 2 de julio de 2021
*Senadora del Partido Centro Democrático
Por José G. Hernández*.- Cuanto ha venido ocurriendo en Colombia en los últimos meses, más que preocupante, es alarmante. Se han deteriorado la sensibilidad social y el respeto a la vida -el derecho básico, sin el cual los demás no tienen sentido ni posible realización-. Los crímenes se van convirtiendo en “normales” y se convive con ellos.
Una breve referencia a noticias que, al parecer, ya no impactan. Que son volátiles y transitorias. Que son sustituidas, unas por otras, en muy corto tiempo. Que se olvidan con facilidad. Que no se prestan al análisis sociológico, jurídico ni político, porque “pierden vigencia”. Son noticias como las siguientes:
- Continúan, cada vez con mayor frecuencia, las masacres, cometidas por grupos criminales no identificados, ni capturados.
- Siguen los asesinatos de líderes sociales, defensores de derechos humanos, indígenas, campesinos, desmovilizados, miembros de la Policía Nacional. Nadie responde.
- Un número indeterminado de muertos durante las marchas de protesta iniciadas el 28 de abril, que se agregan a las de Dilan Cruz, a finales de 2019, y a las del estudiante Ordóñez por exceso de fuerza policial, y de al menos doce personas en Bogotá en septiembre de 2020. Excesos en el uso de la fuerza pública, que culminan en muertes.
- Numerosos actos de violencia y vandalismo en Bogotá, en Cali y en otras ciudades del país. Ataques a bienes públicos y privados; quema y destrucción de vehículos y estaciones de transporte; incendios de edificios oficiales, sedes de tribunales y fiscalías, CAI´S e instalaciones policiales.
- Grupos de civiles armados disparan contra grupos de jóvenes que protestan.
-Sin que nadie se haya percatado, un vehículo-bomba ingresa a las instalaciones de la Brigada 30 del Ejército en Cúcuta, estalla y deja un saldo de 36 heridos. Afortunadamente, no hubo muertos.
-La cabeza de un joven de 23 años es arrojada desde una motocicleta en las calles de Tuluá, y poco después aparecen otros cadáveres desmembrados. Crímenes horrendos sobre cuyos autores nada se sabe. Seguramente, como es ya costumbre, habrá impunidad.
- Atentado contra el presidente de la República, dos ministros y un alcalde -entre otras personas-, mediante disparos al helicóptero que los transportaba en el Departamento de Norte de Santander. Aparecen muy pronto las armas -no se sabe si son en verdad las utilizadas para tan criminal finalidad-, pero ni rastro de los terroristas. Y, aunque hay retratos hablados, si bien no hay certeza acerca de que en realidad correspondan a los criminales. Lo cierto es que los servicios oficiales de inteligencia fueron tomados por sorpresa.
- En Portal de las Américas, Bogotá, muere un joven motociclista, al caer víctima de una cuerda de alambre -una verdadera trampa- instalada por vándalos.
En fin, en Colombia se ha extendido impunemente la violencia y se ha normalizado el crimen. Se ha degradado el necesario respeto entre las personas, y es prácticamente imposible la convivencia.
Bogotá, D, C 1 de julio de 2021
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Juan Manuel Galán*.- Cuba ha sido un aliado estratégico para Colombia en la búsqueda de la paz. Desde 1998 participó como garante y sede de las conversaciones con las FARC y ELN; es decir, desde la presidencia de Andrés Pastrana -incluso de Álvaro Uribe-, la isla ha sido solicitada como mediador en la resolución del complejo conflicto armado que por décadas sufre Colombia.
Desafortunadamente, el único gobierno que no ha hecho ninguna clase de acercamiento -al menos oficial- es el del actual presidente Iván Duque, quien suspendió las negociaciones con el ELN por el atentado en la Escuela General Santander y reactivó las órdenes de captura de los jefes guerrilleros que estaban en territorio cubano. Llama la atención que una de las causas por la que renunció el excomisionado de paz Miguel Ceballos fueron los acercamientos de Uribe con ELN, que calificó de desleal con el gobierno del presidente que ayudó a elegir.
A pesar de estos importantes antecedentes, en la 29ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Colombia se abstuvo de votar en contra del embargo que mantiene Estados Unidos a la isla, impuesto desde hace más de 59 años. Así, en una decisión que sólo tuvo dos votos en contra y tres abstenciones, condena a un país que ha sido benevolente y paciente, dejando a un lado la reciprocidad, hoy en día tan importante en las relaciones entre países.
Lo más preocupante es que en el momento que escribo esta columna, la Cancillería no le ha explicado a la opinión pública la razón de su voto, cómo sí hubiera algo que esconder. Es necesario que se rinda cuentas sobre los motivos que se tuvieron para tomar esta decisión. Así las cosas y a catorce meses del fin del periodo presidencial, pregunto: ¿se cierra la posibilidad de negociaciones con el ELN?
Cerrar la posibilidad de negociación con esta guerrilla, dificulta la implementación del Acuerdo de Paz -por el que tanto pecho saca el gobierno a nivel internacional-. Es un grave error con consecuencias negativas para todos los colombianos, sobre todo para las zonas rurales. Nos vemos expuestos a perpetuar una guerra donde como siempre los más afectados son quienes la sufren, es decir los habitantes de las zonas más apartadas y que soportan todos los días la problemática en los sitios en conflicto.
El gobierno, así sea al final de su mandato, debe empezar a tomar decisiones que no sólo beneficien o le den satisfacciones a su partido. Es hora de pensar en el país. Aún puede hacerlo señor presidente.
Addendum. Criminal y cobarde atentado contra el presidente Iván Duque, sus ministros Diego Molano, Daniel Palacios y el gobernador de Norte de Santander Silvano Serrano. Total rechazo. Ninguna acción violenta y terrorista puede justificarse ni aceptarse. Mi solidaridad para las víctimas y mi solicitud a las autoridades para que investiguen. El país debe conocer pronto las circunstancias y los responsables de este crimen.
Bogotá, D. C, 29 de junio de 2021
*Exsenador de la República. Politólogo del Instituto de Estudios Políticos de París, Magíster en Política Internacional de la escuela de Altos Estudios Internacionales de Francia. Magíster en Relaciones Internacionales y Seguridad en la Universidad de Georgetown.
Por Simón Gaviria*.- El lanzamiento del programa 4G de infraestructura vial marco un hito para el país, los resultados son evidentes. Liderado por German Vargas Lleras, en su momento, era el cuarto programa de inversión privada en infraestructura pública más grande del mundo. Una vez concluido, en kilómetros per cápita de vías principales Colombia superaría el de Alemania. Se acostumbró al sector constructor a trabajar sin anticipo, al bancario a entender de ingeniería, y al público a saber valorar riesgos. Aún con tropiezos de aprendizaje y retos de pandemia, en abril de 2021 el programa iba en 55,93% de ejecución con $20 billones de inversión adicional prevista este año. Ahora que se piensa en un nuevo programa 5G, hay que liberar a la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) del sector transporte y permitirle que revolucione otros sectores.
Lo óptimo sería que cada sector desarrollara capacidades propias en estructuración de Alianzas Público Privadas (APP). Por ejemplo, la Agencia de Desarrollo Rural debería estar estructurando las grandes APPs de distritos de riego, pero después de tantos años no han podido salvar el proyecto del Río Ranchería. La Agencia Virgilio Barco debería darle mejor uso al sin número de inmuebles propiedad de la nación, pero los numerosos bienes de la SAE siguen en manos de terceros. Como todo el mundo quiere hacer, nadie hace.
Se necesitan por lo menos 45.000 aulas escolares para la jornada única. El inhumano hacinamiento carcelario requeriría multiplicar por tres los actuales cupos. Para cumplir con estándar OECD, se requieren seis veces más juzgados. La certeza jurídica que ofrece la ANI en proyectos rurales, derrotaría temores de UAF, historial de títulos e invasión de tierras que ha alejado la inversión del campo. Aunque estuviera la plata, no están los proyectos.
No es mala voluntad, las capacidades de estructuración técnica y financiera son difíciles, el conocimiento de gestión contractual aún más. Por esto, lo que ha logrado la ANI en proyectos de gran envergadura, no fue de noche a la mañana. No solo los éxitos sino disputas en tribunales de arbitramiento, licitaciones fallidas y fracasos en cierres financieros que generaron experticia que quedo interiorizada. Esto en contraste con entidades que dicen estructurar pero que contratan caros consultores externos para lograrlo. Cuando ellos se van, se va el conocimiento.
Ahora que comienza una conversación nacional sobre las obras destinadas para 5G, se nota un nuevo acento multimodal en transporte. Un paquete grande aeroportuario más proyectos fluviales y férreos, le restan al histórico acento carreteable. Mientras tanto la próxima generación de las APPs que es en temas inmobiliarios y de transporte urbano no avanza. Plata privada para financiar proyectos de más de US$100 millones, pero no los hay.
El éxito de la ANI la debe ubicarla de manera transversal en el sector Hacienda o Planeación donde pueda estructurar todo tipo de infraestructura, inclusive manejar la gestión contractual y licitatoria de terceros. A falta de recursos hay que ser más innovador para que alcance el presupuesto. La colaboración del capital privado en la creación de bienes públicos puede ayudar mucho. Se está perdiendo la oportunidad por falta de gestión.
Bogotá, D. C, 29 de junio de 2021
Expresidente de la Cámara de Representantes
El hecho de que en Colombia pueda darse un magnicidio es inconcebible. Eso fue lo que pudo pasar ayer cuando el helicóptero donde iba el presidente Duque, dos de sus ministros, un gobernador, un alcalde y, según algunos medios, el hermano del presidente. Cuando esto sucede después del también inexplicable ataque en Cúcuta a uno de los sitios que debían tener la mayor seguridad, se demuestra que algo muy grave está fallando en un país que no logra salir de sus graves problemas de violencia e inseguridad. Precisamente por nuestra terrible historia, las luces rojas nunca se pueden apagar y menos cuando se trata de la vida del primer mandatario y de parte de su equipo. Las preguntas obvias ya saltaron a la luz en los medios de comunicación y en la mente de muchos y por ello muchas respuestas se requieren conocer lo más pronto posible.
En primer lugar, sobre lo acontecido también en Cúcuta en el atentado en el batallón de la Brigada 30, hay serias sospechas de que hubo complicidad interna que no se acaba de aclarar. Un caso de fallida seguridad nacional a manos de las Fuerzas Militares del país y ahora el ataque al helicóptero presidencial también bajo su responsabilidad. Gracias al tipo de nave y a la pericia de sus pilotos no sucedió lo que se quiso causar, una terrible pérdida que desataría una conmoción inimaginable. Ya se plantean inquietudes sobre fallas con respecto a “la eficiencia de seguridad” como pregunta el diario El Tiempo, en dos temas concretos. Primero: definitivamente no funcionó el perímetro de seguridad alrededor del Camilo Daza, aeropuerto ubicado en una zona caliente del país porque es un área donde operan milicias del Eln y de otros grupos cuyo interés en causar desestabilizaciones de inmensa magnitud que ya son reconocidas por el mismo gobierno. Se agrega la duda de esta falencia cuando se sabe que este tipo de naves tiene que volar bajo cuando van a aterrizar.
Una segunda pregunta tan inquietante como la primera, es por qué solo atacaron el helicóptero donde iba el presidente y no los otros que eran su escolta. La conclusión obvia es que quienes dispararon sabían perfectamente dónde estaba el equipo presidencial, lo cual implica que hubo filtración interna de información. Se concluye, obviamente, que “las previsiones que se tomaron fueron insuficientes”.
No son estas simples especulaciones sino dudas sustentadas que implican investigaciones mucho más contundentes que las que hasta ahora se han hecho sobre el caso del Batallón. La misma área y cuya seguridad está en manos de quienes tienen esa inmensa responsabilidad en el país dejan muy serias preocupaciones que no se pueden quedar en que fue un atentado criminal. Que es lo que está pasando en este país donde ya ni los miembros de un Batallón y, peor aún, ni el presidente de la República pueden estar seguros. Una pregunta clara: ¿a quién le interesa tener éxito en un atentado contra la vida del presidente? No al grueso de este país que entraría en un caos peor que el que vivimos.
Barranquilla, 29 de junio de 2021
*Economista y exministra de Estado.