Opinión
Por Jorge Enrique Robledo.-Por fin se supieron las verdaderas razones de la andanada de los formadores de opinión neoliberales contra las medidas que defienden el azúcar colombiano de la ultra protegida competencia extranjera, ataque que, como siempre, silencia los respaldos oficiales que reciben los productores foráneos,en tanto descalifica de plano los nacionales.
Por Amylkar D Acosta M.-“Sólo cuando la marea baja se sabe quien nadaba desnudo” Warren Buffet.
Por Gabriel Ortíz.- Cada día que pasa, Colombia, sus riquezas, sus proyecciones y su gente, pierden valor, se abaratan, se deprecian. A nadie parece importarle que de un momento a otro cambiemos de dueño, o amanezcamos con otro patrón, porque los manejadores de la economía, aferrados al neoliberalismo salvaje, van feriándonos y rematándonos, para beneficiar a unos pocos.
Por Jorge Gómez Pinilla.-Sin embargo, no tienen razón los que se oponen a la emisión de la serie ‘Diomedes el Cacique de la Junta’, que emite el canal RCN desde el 16 de enero. Y lo dice un converso, pues fui por esos días el primero en protestar desde las redes sociales cuando observé escandalizado que el eslogan de la campaña promocional era “Diomedízate”, un colosal desacierto que luego se encargaron de corregir, y la prueba es que en Internet ya no aparece esa imagen. Desacierto, sí, porque la idea de ‘Diomedizarse’ se prestó para memes donde aparecían desde niños consumiendo cocaína hasta la foto del fichaje cuando el ‘Cacique’ ingresó a la cárcel de Valledupar.
Por Juan Manuel Galán.-El ciclo 39 de los diálogos de paz acaba de terminar. Lo que está por venir es de grueso calibre en la mesa de negociación: la definición del concepto de verdad de justicia.
Por Horacio Serpa.-No es poca cosa que a un Partido Político, en plena campaña electoral, le toque cambiar los Estatutos. Fue lo que le sucedió al Partido Liberal. ¿Qué ocurrió? En el año 2011 se tramitó una reforma estatutaria para reemplazar las normas aprobadas en el 2002, pero se hizo de manera irregular según lo declaró recientemente el Consejo de Estado. Por sentencia ya ejecutoriada se dispuso poner en vigencia los Estatutos anteriores, los cuales habían sido aprobados por una Asamblea Constituyente Liberal y luego ratificados popularmente en elecciones en las que participaron más de tres millones de ciudadanos liberales.
Por Amylkar D. Acosta M.-Con la tarifa de energía ocurre lo mismo que con los precios de los combustibles, que no faltan quienes con alguna ligereza afirman que son los más altos del mundo para, a renglón seguido, reclamar la rebaja de los mismos.
Por Gabriel Ortíz.- El país nunca imaginó que para captar votos, se acudiera al terrorismo y mucho menos a un terrorismo avieso, pérfido e infame. Tampoco, que quienes acudieran a esa torva idea, fueran los que se autocalifican como enemigos acérrimos del terror, de la violencia, del crimen. Mucho menos que la debilidad electoral, y la angustia por una derrota en octubre, los condujera a la siniestra práctica de utilizar las redes sociales para lanzar toda suerte de conjuras sobre el accidente de un Black Hawk, en el departamento de Antioquia.
Por Jorge Gómez Pinilla.- Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tuvieron de bueno en sus comienzos que en acto de legítima rebeldía se alzaron en armas contra un sistema bipartidista cerrado que se alternaba el poder cada cuatro años y no les brindaba canales de expresión política a los campesinos ni soluciones a los problemas de explotación económica e inequidad entre el campo y la ciudad.
Por José Gregorio Hernández.-Ha entrado en vigor el Acto Legislativo 2 de 2015, mediante el cual se modificó la Constitución, con el fin de lograr, según lo expresó su título, el “equilibrio de poderes”. Denominación que hemos criticado, desde la Teoría Política y Constitucional, porque con ella se retrocede a concepciones extremas según las cuales en un mismo Estado pueden existir varios poderes completamente divorciados entre sí, sin un tronco común; sin un punto de referencia que los coordine hacia la realización de los fines estatales, mientras la evolución doctrinal sobre las tesis de Montesquieu había llevado a concebir, mucho tiempo atrás, el poder del Estado -poder público- como uno solo, con diversas manifestaciones en las ramas y órganos, cuyas funciones –asignadas por la respectiva constitución- están separadas y son independientes, sin perjuicio de la colaboración armónica, con unas finalidades comunes, los mismos valores y los mismos postulados esenciales, señalados también en la Constitución. Así lo entendió en Colombia el Constituyente de 1991, según puede verse en el artículo 113 de la Carta. A diferencia de la de 1886, que hablaba de “poderes públicos”, si bien los entendía necesariamente limitados.