Opinión
Por Gabriel Ortíz.-La Medicina en Colombia está cada vez más manoseada, porque se ha convertido en el mejor de los negocios, desde cuando se aprobó la Ley Cien, con el vapor que en ese entonces le aplicó el senador Álvaro Uribe.
Ha llegado a insospechables niveles de deterioro y desprecio, que un profesional que era considerado como el abanderado de las familias colombianas, ha pasado a ser un simple operario, al que se utiliza como cedazo para llevar a los enfermos hacia los especialistas.
Los profesionales que conocemos como médicos generales, esos que se quemaron las pestañas durante muchos años y salen con ánimo, entereza y apostolado, a salvar vidas, a mejorar la calidad de la existencia de sus pacientes, se estrellan con los negociantes de la salud, que les dan tratamiento de segunda y los oprimen con irrisorios salarios, pésimas instalaciones y abusivos horarios.
Antes de que aparecieran centenares de especializaciones eran, los médicos generales, quienes atendían a los pacientes, les ordenaban exámenes, les practicaban los primeros auxilios, las primeras atenciones y les prescribían medicamentos, por costosos que ellos fueran. Pero los comerciantes de la salud les prohibieron ejercer su profesión, como se la inculcaron durante sus estudios. Estos abnegados servidores, son hoy, simples remitentes de pacientes hacia los especialistas. A duras penas les permiten utilizar el fonendoscopio, el termómetro y el baja lenguas. Cuidado con tomar un electro o una placa, por elementales que sean.
Esa la razón para que los pacientes tengan que esperar semanas y meses para ser atendidos por un especialista, ante una enfermedad que puede resolver con lujo, un médico general mal remunerado y despreciado.
Estos profesionales, eran los médicos de la familia, apreciados, respetados y queridos por la comunidad. Ingresaban al seno de los hogares en donde impartían consejos elementales que mejoraban la calidad de vida de las gentes.
Ese apoyo familiar desapareció por cuenta de los mercaderes de la salud y la falta de apoyo de un Estado que se ha afianzado en la Ley Cien, para garantizar monumentales utilidades a quienes hoy manejan ese lucrativo negocio. Solo manejan el signo pesos, poco les importa el ser humano. Entre tanto los médicos generales, seguirán siendo profesionales de segunda.
BLANCO: El merecido homenaje al expresidente Lleras con el billete de cien mil.
NEGRO: Increíble: las guerrillas –Farc y ELN- quieren la paz; los paras y la extrema derecha la guerra.
Por José Gregorio Hernández.-Por paradoja, la Semana Santa -tiempo destinado a sembrar y estimular en las conciencias el amor, la paz y la reconciliación entre los seres humanos-, este año estuvo marcada por la violencia.
Primero, los ataques terroristas perpetrados mediante bombas accionadas por fanáticos suicidas en Bruselas, causando al menos 32 muertos y más de 230 heridos. A ese respecto, y como reacción, el domingo de Resurrección, movimientos de extrema derecha sabotearon un homenaje público a las víctimas, llamando al odio contra el Islam y los refugiados, aunque ninguno de ellos es culpable de lo ocurrido: los refugiados son víctimas, que han salido de sus países huyendo de la violencia. Y la religión musulmana no es la responsable de la interpretación extrema que parte de sus creyentes ha hecho del Corán y de la doctrina de Mahoma.
Ese mismo día, en Lahore -Pakistán-, la acción de un terrorista suicida causó en un parque repleto de niños la muerte a 72 personas y heridas a otras 360.
En nuestra frontera con Venezuela fue baleado un dirigente político de ese país, al paso que en Colombia se desató la violencia contra miembros de la Policía Nacional -un agente muerto en Corinto (Cauca) en confusos hechos, y tres asesinados por sicarios en Cartagena-. Dos policías más fueron muertos en Nariño. Y, como ya es habitual, violencia sexual contra los niños: en un caso aberrante, una niña de apenas dos años fue violada por un pariente suyo, mientras otro criminal confesaba haber asesinado a una niña de 9 años en Villeta para vengarse de su abuela, sabiendo que los altos tribunales conceden beneficios penales a los violadores, so pretexto de derechos.
Para completar las paradojas, durante la Semana Santa murieron dos religiosos católicos a los que la Humanidad debe mucho: en Bogotá falleció a los 90 años el padre Javier de Nicoló, de origen italiano, quien rescató a miles de niños y jóvenes de la calle, la miseria, y el hambre, evitando que se convirtieran en delincuentes. Y el domingo de Pascua, la monja Rita Rizzo (92 años), más conocida como la Madre Angélica, fundadora de la Eternal Word Television Network (Red de Televisión de la Palabra Eterna), EWTN, murió en el monasterio rural donde vivía, cerca de Birmingham.
Mientras actuaban los enemigos de la Humanidad, se nos fueron para siempre seres amables, que dedicaron su vida al servicio de ella. Paradojas de la vida... y de la muerte.
Por Jairo Gómez.- Sorprende como, desde muchos sectores de opinión, personas con claros vínculos políticos y liderazgo en los partidos tradicionales, y el Centro Democrático, reaccionaron a la reunión del Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, con los negociadores de las Farc en La Habana.
Las críticas y opiniones, en su mayoría, reflejaban la rabia y la impotencia que les provocó ver a un alto emisario de Washington sentado con una organización guerrillera que, quieran o no aceptarlo, ha sido transversal a la historia de Colombia en los últimos 60 años.
Pero no sólo las Farc. Estados Unidos, desde décadas atrás, es protagonista de excepción de la penosa realidad de los colombianos. Su incidencia ronda por las estrategias de guerra antisubversiva que se diseñaron en la Escuela de las Américas, amén de la formación de los militares por más de 50 años. El Plan Colombia, concebido en las oficinas oficiales de la capital estadounidense, inyectó más de diez mil millones de dólares a la “guerra civil”, como diría el carismático Obama. La política económica se alimenta de los designios del consenso de Washington; y siempre lo dijeron las Farc: en una salida negociada al conflicto armado colombiano deben estar “los gringos”. Entonces, ¿cuál es la molestia de los sectores tradicionales del país que han tenido y tuvieron en sus manos la posibilidad de resolver esta guerra y no fueron capaces?
Hablan de que el Presidente Obama se le “entregó al terrorismo”, y llegaron a la osadía de equiparar a las Farc con el Estado Islámico. Delirante argumento. Argumento que no corresponde a analistas sesudos, Políticos serios o a Partidos Políticos responsables. Qué livianos. En principio pensé que se trataba de un exceso desafortunado, una desagradable desviación del buen juicio de los seculares dirigentes y los bastiones de opinión. Pero no, así piensan y así lo expresan. Es increíble que la repulsa a un proceso de paz serio como el que se conduce en Cuba, los lleve a creer que aún nos paseamos en la guerra fría, en el macartismo, en la lucha contra el fantasma llamado comunismo.
Vale recordar que la diplomacia estadounidense es una de las más sofisticadas del mundo y su experiencia, centenaria por cierto, los ha llevado a sentarse a negociar la salida a conflictos que dejaron millones de muertos, crímenes de lesa humanidad de por medio, verbi gracia la Segunda Guerra Mundial para no ir tan lejos. En su oportunidad se sentaron a manteles Roosevelt, Stalin y Churchill, para definir una estrategia y derrotar la ambición expansionista nazi de Hitler. Hoy Obama, se sienta con Putin y Xi Jinping, de China, para desactivar otras guerras. Lo hace con Castro en Cuba, para cambiar el molde de las relaciones. En ese orden de ideas, pensar que Kerry fue a La Habana, se sentó con los dirigentes guerrilleros, estos lo convencieron y salió de ahí sin nada a cambio, es una solemne vaguedad.
Más allá de lo simbólico de la cita Kerry-Farc, y del reconocimiento que implícitamente se le hace a Las Farc, como actor político armado y beligerante; lo lamentable es preguntarse por qué si la democracia colombiana siempre ha contado con un Presidente elegido, un Congreso que representa al pueblo, un Poder Judicial independiente, instituciones de Control, unas Fuerzas Armadas y de Policía profesionales, un país de Leyes y Libertad de Expresión, no ha logrado superar el conflicto interno entre los colombianos. ¿Qué intereses oscuros impiden que Colombia no supere la guerra?
Por Carlos Villota Santacruz.-En la recta final de su segundo mandato, la visita a América Latina por parte del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama no sólo causó un fuerte impacto político –casi un tsunami que se sentirá con mayor fuerza con el paso del tiempo-, sino que abrió una nueva era diplomática y comercial con Cuba. Para el Gobierno de La Habana, en cabeza de los hermanos Raúl y Fidel Castro tiene el desafío en lo que resta del 2016 de restablecer la democracia y de los derechos humanos (algo que en la práctica no será sencillo y fácil de percibir)
En el caso de Argentina, los resultados podrían traducirse a mediano y corto plazo. De entrada la Casa Blanca –en materia de política exterior-hizo un giro de 180 grados con respecto al kirchnerismo, que por 12 años rompió el diálogo con Washington. Sin duda por donde se le mire: tanto en La Habana como en Buenos Aires fue una visita histórica. Más de 80 años pasaron para que un presidente de los Estados Unidos pisara suelo cubano. Más al sur, pasaron 19 años para presenciar un cara a cara con el Jefe de Estado más poderoso del mundo.
Además, de este hecho geopolítico, queda en evidencia el papel que jugará el continente en los meses por venir en el planeta, sacudido por el atentado terrorista en Bruselas, la expectativa del resultado final del proceso de paz de Colombia entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc, tras no cumplirse la firma del Acuerdo Final el pasado 23 de marzo –fecha límite fijada por las partes en septiembre de 2015-
Un proceso de paz, que cuenta con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas y el Papa Francisco desde el Vaticano. Un punto fundamental, que facilitó la reunión entre el secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry y el equipo negociador de las Farc en La Habana. Un hecho impensado tres años atrás, cuando se inició el ciclo de conversaciones.
Para mal o para bien, la visita de Obama a América Latina no pasó inadvertida Se opacó un poco con el atentado terrorista de Bruselas. Sin embargo, la fuerza de sus palabras, la forma como se movió en cada uno de los escenarios, quedaron plasmados en los titulares de la prensa, de los medios de internet, en la cámara de tv, en la imágenes fotográficas, que recordarán que en el primer trimestre de 2016, se inició el camino para que el continente tenga el protagonismo que reclamaba por año. Un protagonismo, que no está sustentado solo en sus presidentes, sino en la de los ciudadanos. Gracias al poder de la comunicación de las redes sociales y la defensa de sus derechos políticos.
A propósito de este comentario usted que piensa e-mail
Por Amylkar D. Acosta M.- Paradójicamente el Estado colombiano adolece de políticas de Estado y a falta de estas terminan imponiéndose las políticas de Gobierno, las cuales tienden a ser repentistas y reactivas, respondiendo siempre a las variantes y volubles coyunturas y su curso responde al vaivén del acontecer político. Ello, que debería ser la excepción, es la regla y de allí que la economía y la sociedad se vean turbadas por la inestabilidad y la inseguridad jurídica, las cuales a juicio del premio Nobel de economía Douglas North frenan el crecimiento y el desarrollo sostenible de un país.
Esta vez queremos referirnos a la falta de continuidad y a las incoherencias de las políticas públicas en el caso específico de los biocombustibles. En el año 2001 fue sancionada la Ley 693 de 2001, de mi autoría, posteriormente cobró vida la Ley 939 de 2004 y en el 2008 se expidió el Documento CONPES 3520, sentando así las bases para el uso obligatorio en Colombia de las mezclas de un porcentaje de etanol con la gasolina, en el primer caso, y de aceite con el diesel, en el segundo.
Se partió de la premisa que, pese a que los combustibles de origen fósil son altamente contaminantes y contribuyen como los que más al temido cambio climático, según la AIE, seguirán teniendo un gran peso en la matriz energética en los próximos años. Se trata, entonces, de mejorar su calidad mediante dicha mezcla, ya que de este modo se reducen las emisiones de GEI a consecuencia de la combustión en los motores.
Y Colombia, hoy más que nunca como líder que es de los ODS, está seriamente comprometida con la meta de reducir sus emisiones de GEI en un 20% hacia el 2030. En efecto, hoy por hoy, los biocombustibles están contribuyendo a reducir 2.5 millones de toneladas/año, equivalentes a 6 puntos porcentuales.
También se tuvo en consideración la importancia que reviste para el país la seguridad energética. Colombia, lo sabemos todos, si bien es productor de petróleo, dada la precariedad de sus reservas del mismo, no es un país petrolero y últimamente, con la caída de los precios del crudo, sus reservas han caído de 2.308 millones de barriles, que le aseguraban su autoabastecimiento por espacio de 6.4 años a 1.673 millones, reduciendo dicho horizonte a sólo 4.9 angustiantes años (¡!).
Se empieza a asomar, entonces, el fantasma de la importación de petróleo y Colombia ya sabe lo que ello representa para sus finanzas y para su economía, pues entre 1974 y 1984 las importaciones de crudo le significaron un costo de US $5.500 millones. Gracias a las mezclas de los biocombustibles, estos suplen 19 mil barriles/día de derivados del petróleo y podría ser mayor si el Gobierno le soltara las amarras autorizando porcentajes de mezclas mayores a los actuales, del 8.4% para el etanol y el 9.2% para el biodiesel.
También es cierto que la producción de la materia prima que les sirve de insumo a las plantas de etanol y biodiesel, 12 en total, ha tenido como efecto la ampliación de la frontera agrícola, particularmente en las plantaciones de palma africana para producir aceite con 250 mil hectáreas nuevas. Dado que estos cultivos son intensivos en mano de obra, están generando un empleo directo y dos indirectos por cada siete hectáreas sembradas, lo cual se traduce en ingresos y poder adquisitivo en el campo, que es donde más se requiere, sobre todo de cara al postconflicto.
Como si lo anterior fuera poco, en estos momentos de alta tensión del sector eléctrico, sumados entre la agroindustria de la palma y de la caña están aportando una capacidad de 537 MW de potencia instalados y para el 2018 la cañicultura contribuirá con 100 MW más de autogeneración de electricidad. Desafortunadamente los excedentes de esta sólo se han podido comercializar a partir de este mes que expidió la CREG la Resolución 29, casi dos años después de expedida la Ley 1715 de mayo de 2014, que les dio un plazo de un año para reglamentarla y de esta manera permitirla, como lo prescribe la misma.
No obstante las bondades de los biocombustibles su desarrollo se ha estancado a causa de la indecisión de parte del Gobierno, que da señales, cuando las da, ambiguas, contradictorias e incoherentes. Sus dubitaciones están poniendo en riesgo la meta que se propuso el propio Estado de llegar a un porcentaje del 20% para el 2020 y lo que es peor la gran minería se ha sustraído del cumplimiento de la Ley, que la obliga a consumir la mezcla, no existiendo norma alguna que las exceptúe.
Santa Marta, marzo 26 de 2016
www.fnd.org.co
Por Jorge Enrique Robledo.- Van tres dolorosos fracasos de la Cancillería colombiana en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en el pleito con Nicaragua por los límites marítimos en el Caribe. Sus argumentos no fueron aceptados en 2007, 2012 y 2016, e igual puede suceder en el próximo fallo. Y las pérdidas han sido mayúsculas: 75 mil kilómetros cuadrados de mar, con sus derechos sobre la pesca y el suelo y el subsuelo, y la desmembración del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, del que separaron a los Cayos Quitasueño y Serrana, que quedaron enclavados dentro del mar nicaragüense. Además se lesionó algo muy caro para los raizales sanandresanos: su comunidad histórica, económica y cultural y sus fuertes vínculos con sus familiares y amigos de la costa de Mosquitos.
Aunque esta vez la Corte no decidió de fondo, sí negó la petición de la Cancillería colombiana para que no avocara las dos demandas de Nicaragua: que declare que Colombia no ha acatado la sentencia de La Haya de 2012 y que le otorgue una plataforma continental extendida, más allá de las 200 millas que ganó en el fallo anterior, área de suelo y subsuelo marino que se sustraería de los derechos colombianos.
Ante estas realidades, tan irritantes para cada colombiano y como una protesta, el presidente Santos anunció que Colombia no participará en lo que sigue del proceso en La Haya, decisión que, debe saberse, no impide que el proceso continúe y que al final se emita una sentencia que será inapelable para las partes, como ocurre con la de 2012.
En razón de este desastre diplomático de Colombia, son amplios los cuestionamientos a la manera como se han defendido los intereses nacionales frente a Nicaragua. Se controvierten las políticas de los gobiernos de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, cuyas posiciones han coincidido en lo fundamental y han sido respaldadas en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores por el liberalismo, el conservatismo y las fuerzas nacidas de estos. Políticas de Estado, las han calificado, pero sin haber contado con la oposición. Y fracasadas, a la vista está.
Lo primero digno de debatirse es por qué no se dialogó con Managua una vez surgió el diferendo ni tras el fallo adverso de La Haya en 2012, conversaciones que ningún daño le hacían al país y que hoy, en condiciones más difíciles, los colombianos debemos promover, para poder acordar un tratado beneficioso para las dos partes. Los hechos probaron que el Tratado Esguerra-Bárcenas (1928) no protegía del todo a Colombia, riesgo que, por ejemplo, advirtió Alfonso López Michelsen cuando puso en duda el valor legal del Meridiano 82 como límite marítimo y propuso dialogar con los nicaragüenses. ¿Sí puede presentarse como excelente para el país el Esguerra-Bárcenas, en el que Colombia renunció a la costa de Mosquitos en el continente y aceptó que tenía un “litigio” de soberanía con Estados Unidos por Quitasueño, Serrana y Roncador? ¿No influyó en la desmembración del archipiélago que el país, en el Tratado Vásquez-Saccio (1972), volviera a ceder ante abusivas exigencias estadounidenses?
Es severo el cuestionamiento de Enrique Gaviria Liévano a la decisión de Colombia de no argüir en La Haya que San Andrés, Providencia, Santa Catalina y las demás formaciones no eran una suma de partes, como se expresó, sino un archipiélago de Estado, es decir, un conjunto de tierras, aguas, gentes e historia que debía delimitarse y tratarse como un todo indisoluble. ¿Por qué los sanandresanos no pudieron participar en el diseño de la posición nacional y el gobierno pasó de defender como límite el Meridiano 82 a usar el criterio de la línea media? ¿No es inaudito que la Cancillería colombiana fracasara dos veces en su propósito de sustraer al país de los fallos de la Corte de La Haya? ¿Cuál es el valor real de los abogados que cobraron 4.176 millones de pesos y alegaron, contra el texto del artículo 56, que el Pacto de Bogotá no impone que entre el anuncio del retiro de La Haya y su aplicación tiene que pasar un año?
En defensa del derecho democrático a conocer y opinar a plenitud sobre este fiasco histórico, citaré a la canciller María Ángela Holguín a un debate de control político en el Senado, para el que ya le solicité las actas de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, en las que reposan las posiciones sobre el litigio y que mantienen en un secreto inaceptable. Unirnos en torno al interés nacional no debe auspiciar el tapen-tapen ni impedir que se establezcan las respectivas responsabilidades políticas.
Por Gabriel Ortiz.- Cuando nos endilgaron, muy diplomáticamente, la culpabilidad del apagón que se nos viene encima, nos quedamos, como dicen los mejicanos, con los ojos cuadrados.
Muy buen trabajo, impecable y conmovedor, el de los encargados de las comunicaciones del gobierno y de las diferentes agencias y empresas a las que se les encomendó alumbrarnos.
Después de lo ocurrido en los noventa, parecíamos haber quedado vacunados contra otra tragedia similar, que tal vez lo único positivo que nos dejó fue “La luciérnaga” de Hernán Peláez y Yamid, ahora bajo la batuta de Gustavo Gómez.
Pero vemos que los casi 8 mil millones de dólares (16 billones de pesos) que nos sacaron de nuestros bolsillos, bajo la figura del “cargo por confiabilidad” que garantizaba cero apagón, no han servido para nada. Y nadie sabe en cual o cuales escarcelas se encuentra ese dinero.
La famosa pirinola de Mockus, según la cual “todos pagan”, revivió para esculcarnos de nuevo. La ciudadanía puso la confiabilidad y ahora ahorra; ¿qué más quieren? Vendrán nuevos “cosquilleos”.
Cada que aparece el aviso de “apagar paga”, nos ponemos colorados, como si fuéramos culpables del despilfarro y la imprevisión. Quienes están ahorrando, encuentran que a pesar de ello, las cuentas siguen en alza. Se consumen menos kilovatios y las cuentas son superiores a las del mes anterior. Y no hay ante quién quejarse. Las empresas como en las encuestas “no saben, no responden”.
Difícil entender el camino que recorremos. Pésima planeación, Minminas y Creg ciegos y sordomudos sobre nuestros dineros.
Como si fuera poco, el gran ejemplo de administración que tenía el país, las Empresas Públicas de Medellín, se fueron al traste. Les entregaron la plata para un mantenimiento que debía realizarse hace tiempo y solamente cuando se registró el siniestro, recordaron que los cables no duran toda la vida. A marchas forzadas y no se sabe a qué precio, tuvieron que comprarlos y trasladarlos a las carreras en costosísimos aviones. Todo por cuenta nuestra. Y nada se diga del resto de térmicas mal planificadas, porque nadie responde
No puedo ahondar más sobre semejante desastre, porque se me fue la luz. Estamos a oscuras, no tenemos energía y la plata de confiabilidad desaparece.
BLANCO: Obama tiende puentes, no construye muros. He ahí la diferencia.
NEGRO: El uribismo no deja que la justicia opere. Le gusta y promueve la impunidad.
Por Jorge Gómez Pinilla. Tomado de El Espectador.- Lo más interesante del libro del notable periodista Gerardo Reyes donde ‘Frechette se confiesa’, es que si al lector le diera por ponerse de detective descubriría en sus páginas más de una verdad altamente explosiva.
El ex embajador de Estados Unidos en Colombia durante el gobierno de Ernesto Samper le habla a Pedro para que entienda Pablo, y en ciertos temas es más lo que oculta adrede que lo que cuenta, pero va dejando pistas sobre asuntos cuyos velos no puede descorrer del todo, quizá por haberse enterado de ellos en condición de diplomático.
Siguiendo el orden del libro, lo primero que salta a la vista es una revelación sobre Fernando Botero Zea, ministro de Defensa en el gobierno de Ernesto Samper y preso en un batallón del Ejército por lo del proceso 8.000. De él, con su habitual tono de virrey cuenta que “en ciertas cosas hacía exactamente lo que habíamos acordado”. Sin embargo esa no es la revelación, sino cuando deja escapar que “Botero tenía tres amantes en la prisión y a las tres les había dicho que se iba a casar con ellas”. (Pág. 68).
Esto es muestra de cómo durante esos años azarosos Frechette fue la persona mejor informada que había en Colombia, al punto de conocer hasta la minucia de lo que conversaba tan encopetado preso en su confortable sitio de reclusión. Y es cuando el capcioso lector se pregunta dos cosas: por qué revela una información tan privada, y cómo hizo para obtenerla. En respuesta al segundo interrogante se atreve uno a sospechar que todo el tiempo estuvieron grabando a Botero, una tarea por cierto muy fácil.
Antes de entrar en materia, hay otro tema que también se inscribe en el melodrama: es cuando Frechette cuenta que el entonces ministro del Interior, Horacio Serpa –el mismo que acuñó la expresión ‘gringo maluco’-, y la madre del embajador “se entendieron como palomitas. Un día vino a tomarse el desayuno y empezó a hablar con mi mamá, ella muerta de la risa con los chistes de él. ¡En mi casa con mi mamá!” (Pág. 86). Ahí no para la infidencia, porque en la página siguiente revela que “mi mamá estuvo por ahí dos o tres semanas, creo que se vieron por segunda vez y pasó la misma cosa”. Y aquí de nuevo el lector capcioso se sorprende con ese “creo que”, porque hace pensar que no estaba muy seguro de dónde estuvo la mamá durante los días de su visita, pero sí lo tenían bien ‘dateado’ sobre las cosas que Botero Zea conversaba con sus amantes. Y no lo decimos en plan de mala leche, no, sino para brindar claridad en que cualquier información sobre Colombia que necesitara el representante de la nación más poderosa del mundo, tenía los medios para acceder a ella.
Y ahora sí, entremos en materia: lo que en ese libro más llamó la atención de este inoficioso lector está en la página 58, donde Reyes le pregunta a Frechette quién estuvo detrás del asesinato del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, y él se refiere a unos militares que “le habían pedido que encabezara un gobierno que sería formado después de un golpe de Estado contra Samper”. Y en lo que podría interpretarse como un lapsus (o como una carga profunda) dice, no a manera de hipótesis sino ya de afirmación: “ellos, los militares jubilados, le pidieron a él que encabezara ese gobierno y él lo ponderó por algún tiempo, le puso cabeza pero finalmente dijo que no, entonces fue que lo mataron. No tan solo por desquitarse por lo que ellos consideraban una traición, sino también para cerrarle la boca. Porque si por alguna razón el gobierno hubiera podido jalarle la lengua, de pronto se van todos ellos al calabozo”.
Más adelante menciona al general Harold Bedoya –ex comandante de las Fuerzas Militares- a quien se refiere en estos términos: “¿Se acuerda de la carátula de Semana con el titular Ruido de sables? El general Bedoya, todo eso”. Esa misma carátula -de julio de 1995, cuatro meses antes del asesinato de AGH- la mencionó en entrevista a la W Radio, con una insistencia que pareciera encerrar un acertijo. (Ver entrevista).
En este escenario no puede quedar por fuera lo que el 23 de enero de 2015 le respondió Frechette a Juan Carlos Iragorri, de NTN24, ante la misma pregunta de Reyes: “Creo que fueron algunos derechistas y militares los que pensaron en eso, quienes habían hablado con Álvaro Gómez de un posible golpe que se venía discutiendo mucho en Bogotá”. (Ver entrevista).
La diferencia entre una y otra versión reside en que en la primera entrevista –la de Iragorri- se refiere a “algunos”, mientras en la de Reyes ya habla de “los militares jubilados”, y hasta donde sabemos “los” militares retirados están agrupados en ACORE, Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares, de la que el general Bedoya hoy forma parte en condición de jubilado.
Si quisiéramos meterle mayor intriga a la trama desplegada por el embajador, basta ir a la página 109, donde afirma que a su embajada “llegó una persona bastante distinguida de la sociedad colombiana y me dijo embajador, ¿cuál sería la reacción de Estados Unidos si hubiera un golpe contra Samper”? La única debilidad que presenta el libro de Gerardo Reyes es que olvidó preguntarle a su entrevistado quién fue tan anónimo y misterioso personaje, pues ahí podríamos estar ante el eslabón perdido que enlazaría el crimen de Álvaro Gómez con sus verdaderos autores.
La impresión final que deja la lectura de ‘Frechette se confiesa’ es que él sabe quiénes fueron los que asesinaron a Álvaro Gómez, pero no puede revelarlo. Y es por ello que prefiere dejar ciertos cabos sueltos, como sin querer queriendo, a ver si un día de estos aparece un Fiscal General de la Nación bien corajudo, sin veleidades políticas, que le dé por unir esos cabos (o generales, si es el caso), y enrumbar la investigación por donde debe ser.
Duélale a quien le duela, hasta llegar a la verdad.
Por Luis Fernando García Forero.- Ayer el horror trazó otro punto en el mapa y de nuevo atacó a los inocentes. Como lo expresaron los Imanes de Bruselas, el Terrorismo no tiene religión. Y yo añadiría no tiene nada que lo identifique con lo trascendente, con lo divino.
Porque el problema no es el Islam, el enemigo es esa organización criminal que se autodenomina el Estado Islámico, con todo su aparato propagandístico de muerte, robo y represión, que hoy amenaza con crucificar un sacerdote como un botín de guerra contra Occidente.
Como periodista me gusta definir las situaciones como son. Y mucho tiempo se ha hablado del extremismo islámico, con el grave peligro de desarrollar un peligroso discurso del odio, como el que se podía ayer leer en Twitter, donde las reacciones islamofóbicas ocultaban a los verdaderos responsables y estigmatizaban a las comunidades musulmanas. Una cosa es ser musulman y otra terrorista yihadista.
Todo esto sucede cuando nosotros en Colombia estamos construyendo, con sus aciertos y errores, un proceso de Paz irreversible, con una reconciliación verdadera.
Y sin duda alguna, existen quienes no desean la Paz. Ni en Colombia, ni en Bruselas, ni en Siria. Los convocantes del odio, los que comercializan con armas, niños, tierras o drogas, les conviene un mundo agresivo, hostil y desesperanzado. Los que miran desde su mundo individual sus propios intereses, disfrutan del horror porque ellos tienen garantizada la vida.
Pero existe un sentimiento colectivo que rechaza, cada vez más, la violencia, sea ésta terrorismo, tráfico de armas, personas o de drogas, latifundio o cleptocracia. Porque el futuro está atado a estas múltiples violencias y sólo la Paz, aun imperfecta, puede ser el territorio para vencer los miedos que las alimentan.
Por ello solicito a todos abandonar el discurso del odio, de las diferencias y la estigmatización. Llamemos las cosas por su nombre, porque las palabras construyen caminos, pero también murallas y el éxito de la violencia radica en inmovilizarnos.
Elevemos una plegaria por Bélgica y por todos los pueblos que sufren las infinitas formas de violencia.
Por José Félix Lafaurie.- El Presidente Santos suele ser víctima de sus entusiasmos de ocasión. Cuando escribo estas líneas ya se sabe que el 23 de marzo no habrá firma de acuerdo final, como anunció con gran seguridad hace 6 meses, movido por el entusiasmo de otra firma -la del acuerdo de justicia transicional en septiembre de 2015- que terminó siendo algo a medio terminar y causa de una de las trifulcas de la mesa.
Sin bajar el entusiasmo se apareció en la Asamblea General de la ONU -de eso se trataba el afán- a pregonar la firma de esa justicia a medio hacer y, con todavía más entusiasmo, a anunciar que “…el próximo año, cuando regrese a esta Asamblea, lo haré –Dios mediante– como presidente de una Colombia en paz” porque, “en menos de 6s meses (el 23 de marzo) repicarán las campanas que anuncien la hora de la paz”. Dios no quiso mediar en ese propósito porque -y advierto que soy creyente de la divina providencia- el asunto realmente es de “las Farc mediante”, algo que Santos debería tener en cuenta para cumplirle a la ONU.
En otro septiembre, el de 2012, entusiasmado por la apertura de negociaciones en Oslo, afirmó que “el acuerdo va a ser una cuestión de meses, no años”, y en medio de la euforia de su campaña reeleccionista, que esperaba “pasar la próxima Navidad con un proceso de paz firmado”.
Así pues, ya estamos acostumbrados, pero lo importante no es la ilusión rota ni la promesa incumplida, algo que parece ser de la esencia de nuestros políticos, lo grave son las consecuencias de este monotema de las Farc, de gobernar al son de La Habana y no de las necesidades del país, que trascienden las negociaciones con ese grupo narcoterrorista.
Lo grave es la reforma tributaria estructural en suspenso, aplazada para después de un plebiscito que solo será posible “las Farc mediante”, y de la cual dependen no solo los ingresos para cerrar el presupuesto y atender el post- acuerdo, sino, más grave aún, el grado de inversión del país, con el riesgo de que la extranjera directa se desplome y se cierren las puertas del mercado mundial de capitales.
Lo grave es el descontento social, porque los trabajadores sienten que los engañaron con el mínimo; los pensionados reclaman la promesa electoral de bajar a 4 % el altísimo porcentaje que les quitan las EPS; y los colombianos de a pie están hastiados de corrupción y de la inseguridad que se tomó las ciudades y el campo ante la impotencia de las autoridades.
Cada día hay una noticia peor. El sector rural quedó arrasado por El Niño; el apagón es inevitable; el país se volvió a llenar de coca; el ELN le está haciendo el reemplazo terrorista a las Farc; la justicia no funciona y las cárceles son una vergüenza; mientras el Gobierno se dedica a sostener las negociaciones a toda costa y a perseguir a sus desafectos.
Ya llega el 23 de marzo y no hay acuerdo final, ni podía haberlo si se tiene en cuenta la cantidad de salvedades pendientes, es decir, de asuntos difíciles que han quedado en el tintero. Si llevamos 4o años en lo fácil, ¿cuánto más demandará discutir y acordar lo difícil? ¿O será que, por el afán de la firma, se está fraguando un conejo más grande que el de Fonseca?
Nota Bene: Frente a las pretensiones de Nicaragua el país se unirá en defensa de su soberanía, pese a la deficiente defensa y las consecuencias inciertas de no comparecer ante la CIJ.