Por Luis Fernando García Forero.- Ayer el horror trazó otro punto en el mapa y de nuevo atacó a los inocentes. Como lo expresaron los Imanes de Bruselas, el Terrorismo no tiene religión. Y yo añadiría no tiene nada que lo identifique con lo trascendente, con lo divino.
Porque el problema no es el Islam, el enemigo es esa organización criminal que se autodenomina el Estado Islámico, con todo su aparato propagandístico de muerte, robo y represión, que hoy amenaza con crucificar un sacerdote como un botín de guerra contra Occidente.
Como periodista me gusta definir las situaciones como son. Y mucho tiempo se ha hablado del extremismo islámico, con el grave peligro de desarrollar un peligroso discurso del odio, como el que se podía ayer leer en Twitter, donde las reacciones islamofóbicas ocultaban a los verdaderos responsables y estigmatizaban a las comunidades musulmanas. Una cosa es ser musulman y otra terrorista yihadista.
Todo esto sucede cuando nosotros en Colombia estamos construyendo, con sus aciertos y errores, un proceso de Paz irreversible, con una reconciliación verdadera.
Y sin duda alguna, existen quienes no desean la Paz. Ni en Colombia, ni en Bruselas, ni en Siria. Los convocantes del odio, los que comercializan con armas, niños, tierras o drogas, les conviene un mundo agresivo, hostil y desesperanzado. Los que miran desde su mundo individual sus propios intereses, disfrutan del horror porque ellos tienen garantizada la vida.
Pero existe un sentimiento colectivo que rechaza, cada vez más, la violencia, sea ésta terrorismo, tráfico de armas, personas o de drogas, latifundio o cleptocracia. Porque el futuro está atado a estas múltiples violencias y sólo la Paz, aun imperfecta, puede ser el territorio para vencer los miedos que las alimentan.
Por ello solicito a todos abandonar el discurso del odio, de las diferencias y la estigmatización. Llamemos las cosas por su nombre, porque las palabras construyen caminos, pero también murallas y el éxito de la violencia radica en inmovilizarnos.
Elevemos una plegaria por Bélgica y por todos los pueblos que sufren las infinitas formas de violencia.