Opinión
Por Jaime Enrique Durán Barrera.- En una audiencia en el Congreso de EE.UU. sobre tráfico de drogas en Colombia, la semana que acaba de pasar, el Secretario Adjunto de Estado para Seguridad y Lucha Antinarcóticos, William Brownfield, criticó severamente a nuestro país por su laxo papel en la lucha contra el tráfico de drogas, ya que, entre 2013 y 2016, los cultivos de coca crecieron en más de un 130%, pasando de 80.500 hectáreas de cultivos ilícitos en 2013 a 188.000 hectáreas en 2016 y señalando que “tal vez lo más problemático es la producción potencial de cocaína que aumentó en más del 200% en el mismo período de tiempo”.
Según el Presidente Donald Trump “la sanción para Colombia es una “opción” y que no la aplica a “ese país pues, tanto la Policía Nacional como las Fuerzas Armadas son aliadas con las fuerzas de seguridad de EE.UU. en el Hemisferio Occidental”.
Pero Colombia, desde su Presidente, Juan Manuel Santos y demás funcionarios gubernamentales, como el Ministro del Postconflicto, Rafael Pardo, insistieron en la corresponsabilidad frente a la problemática de las drogas: "Las autoridades de los países consumidores tienen una responsabilidad fundamental con sus conciudadanos y con el mundo de reducir el consumo y atacar las organizaciones de tráfico y distribución en sus propios países".
Como Senador de la República, estimo que Colombia es soberana para elegir la mejor estrategia, para no sólo combatir los cultivos de coca, su procesamiento y luego su tráfico, sino lograr su erradicación como cultivo ilícito y como alternativa económica para centenares de grupos familiares y comunidades.
Nuestro país asumió la decisión histórica de suspender la fumigación aérea de cultivos con glifosato, en octubre de 2015, por sus potenciales riesgos a la salud pública y al medio ambiente colombiano, teniéndose en cuenta que Colombia es uno de los tres países con mayores humedales del mundo y rica biodiversidad, estimada esta decisión como uno de los factores de incremento de la producción según la DEA.
La ARC, la institución de la Organización Mundial de la Salud que investiga el cáncer, clasifica desde 2015 el glifosato como "probablemente carcinogénico" y en “aplicaciones aéreas implican que éste no sólo cae sobre los cultivos de coca, sino también sobre otros cultivos de los alrededores, sobre la vegetación silvestre, fuentes de agua, personas, etc”. Su uso para erradicar tiene graves consecuencias.
Ocho países de la Unión Europea, a pesar del lobby permanente de Monsanto, productor del glifosato, bloquearon su utilización en sus territorios, al igual que California y otros estados de EE.UU., Canadá, etc e incluso el Informe de la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación de ONU, Hilal Elver, estima que “la práctica agroindustrial podría representar violaciones a los DD.HH, particularmente las relacionadas al uso de plaguicidas como el glifosato.
En este sentido, es importante señalar que Colombia ha asumido el reto de edificar la paz, que es un desafío monumental, que implica generar cambios estructurales, no sólo para erradicar la violencia de un conflicto armado de 5 décadas, sino para dar respuestas propias a sus problemas más complejos, como su debilidad institucional, su escasa regionalización gubernamental y la planificación de su desarrollo sustentable.
El costo de consolidar la paz como factor de futuro implicó grandes sacrificios, pero su logro definitivo, en términos de cambio y desarrollo, abrazará a todos los ámbitos de la vida sociopolítica. Un país que vigorice una estrategia de desarrollo sustentable no tendrá en el cultivo e industrias ilícitas una alternativa de desarrollo y no estará a la merced del crimen y de la violencia transnacional.
Así que Señor Trump, los colombianos asumimos el camino de la erradicación del problema de las drogas, desde una perspectiva social, económica, cultural y ecológica. Un proceso más lento, pero que será exitoso.
Si el gobierno estadounidense nos va a descertificar, ésto sería un irrespeto a las políticas que está implementando el Presidente Juan Manuel Santos en esa materia, cuando Colombia ha sido quien ha puesto los muertos por la lucha contra ese grave problema geopolítico.
Ahora bien, exigimos que Estados Unidos demuestre cuáles han sido los resultados de las políticas adelantadas para disminuir el consumo en su territorio, siendo uno de los países con mayor cantidad de dependientes a las sustancias psicoactivas. Mientras tanto Colombia continuará combatiendo duramente el tráfico y erradicando manualmente, sin glifosato, así nos descertifiquen.
Por Mauricio Cabrera Galvis.- No podían ocultar su cara de satisfacción. En las entrevistas radiales la voz se les notaba emocionada, pues habían logrado su objetivo de desprestigiar al país para desacreditar al gobierno Santos y ganar puntos para sus campañas electorales.
Me refiero a la reacción de los dos expresidentes, el de los falsos positivos y el del Caguán, frente a las irrespetuosas amenazas de Trump de “descertificar” a Colombia, dizque por haber fracasado en la lucha contra el narcotráfico. Habían logrado lo que buscaban con sus cartas y sus contactos con el Congreso y al Gobierno norteamericano, sin importarles las consecuencias negativas para el país.
Lo que han hecho estos dos personajes es poner sus intereses electoreros y sus odios personales por encima de la suerte del país. Los partidos por encima de la patria es la consigna retorcida de los vendepatrias. Lo peor de todo es que justifican sus infamias con mentiras.
Veamos por ejemplo las patrañas que dijo en la entrevista que le hicieron en La W el expresidente del Caguán. Dijo que se había suspendido la fumigación con glifosato como una concesión a las Farc y que esa era la causa del aumento de cultivos ilícitos. Doble mentira. La decisión se tomó por razones científicas y jurídicas y el aumento de los cultivos tiene otras explicaciones que ya he analizado.
Dijo que Samper le había entregado el país con 180.000 has. de coca y que él las había reducido a 90.000. Mentira. Según datos del SIMCI de las Naciones Unidas, en diciembre de 1997 había 79.000 has. de coca. Fue en su gobierno cuando aumentaron, a 102.000. en 1998 y al máximo que ha tenido el país -163.000- en el 2000 como resultado del sometimiento a las Farc en el Caguán. Al final de su gobierno solo las redujo a 120.000.
Para defender a su nuevo mejor amigo, dijo que en el 2010 se había reducido el área de coca a 40.000 has. Mentira. Al final del gobierno de la seguridad democrática todavía habían 85.000 sembradas. En su inquina contra el presidente y el vicepresidente no mencionó que la mayor reducción de cultivos ilícitos se logró en el primer período de Santos, al final de los 5 años de Óscar Naranjo como director de la Policía, pues en el 2012 se llegó al mínimo histórico de 49.000 has.
Para echarle más agua sucia al país dijo que el fracaso en la lucha contra el narcotráfico era responsabilidad de Colombia pues Estados Unidos sí estaba reduciendo el consumo. Mentira, porque allá sigue aumentando la demanda de cocaína, y porque el éxito contra el narcotráfico no se mide solo por el área sembrada sino por la cocaína incautada.
Por José Gregorio Hernández.- Como lo hemos venido sosteniendo, una reforma al sistema de administración de justicia se muestra como indispensable, toda vez que los hechos de corrupción y delito en su interior han hecho inviable la aplicación hacia el futuro de las reglas vigentes, tanto en cuanto a los procedimientos que se siguen y los criterios que se aplican para la selección de jueces, magistrados y fiscales como en lo relativo al fuero que los cobija cuando se trata de su investigación y juzgamiento en lo penal y en lo disciplinario.
Pero una reforma de semejante magnitud no se puede improvisar, como lo pretende el Ejecutivo, incluyendo -a la carrera y sin ningún debate- un artículo (o varios) en la reforma política, para que, por la vía del “fast track” se restablezca -también a la carrera- el tribunal de aforados que previó el Acto Legislativo 2 de 2015 y que declaró inexequible la Corte Constitucional porque, en su criterio, sustituía la Carta Política y quitaba autonomía a la rama judicial.
Las cosas no son así. No se puede seguir actuando en tan delicada materia únicamente al impulso de las noticias que impactan en los medios de comunicación, ni para responder al último escándalo o a hechos de corrupción ya consumados, porque con ello no se logra sino una reforma mediocre e inane, o la casi certeza de la declaración de inexequibilidad de lo actuado, bien por los motivos ya dichos en sentencia precedente (a cuyo respecto hay cosa juzgada material) o por vicios de procedimiento en la formación del acto legislativo, dado que el trámite abreviado del “fast track” es claramente improcedente por exceder el campo delimitado de la implementación de los acuerdos de paz.
No nos arriesguemos a un nuevo fracaso institucional. La reforma a la justicia es demasiado importante para someterla a lo que el Papa Francisco llamó “el chiquitaje”, que en esta materia sería dar un trámite de tercera o cuarta categoría a lo que debería ser de primer orden: una reforma integral, completa, realista, debatida ante el país, bien concebida, con vocación de permanencia. Una verdadera reforma, desde las bases mismas del sistema, introducida por un cuerpo independiente de origen popular.
Quien introduzca estos cambios no puede ser el Congreso, en razón de los muchos conflictos de intereses existentes, y porque, precisamente, uno de los grandes propósitos que busca la sociedad en cuanto a este asunto consiste en despolitizar por completo la administración de justicia. Además, no hablamos de cualquier tema de menor importancia, sino de algo que toca el corazón mismo de las instituciones y que concierne a la sociedad en su conjunto, porque toda ella es afectada cuando la justicia es utopía; cuando la estructura judicial ha sido contaminada por la corrupción; cuando las sentencias se pueden comprar; cuando a manera de indulgencias se venden absoluciones; cuando todo indica que la corrupción ha minado la confianza pública en la pulcritud de los jueces.
Con todo respeto, discrepamos de la idea de continuar con el sistema según el cual los magistrados de las altas corporaciones judiciales y el Fiscal General de la Nación deben seguir siendo investigados por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes y acusados -en su caso- por esta última ante el Senado de la República. Está probado que no funciona. Que se presta a decisiones politiqueras, a manipulaciones y al “engavetamiento” de procesos trascendentales.
Reformemos de verdad y a fondo la administración de justicia. Pensemos en grande.
Por Jairo Gómez. @jairotevi Solo a un papa de origen latinoamericano, como Francisco, se le puede escuchar de sus labios la palabra cizaña. Una palabra muy utilizada en el lenguaje lunfardo de los argentinos y en las letras de múltiples tangos arrabaleros que nos recuerdan la perfidia de la que se ufanan, en muchas ocasiones, los seres humanos.
Esa perfidia es la que abunda en los discursos de quienes se oponen a la paz y en las cavernas de quienes no quieren el cambio, asociándola a expresiones que buscan meterle cizaña al camino de la reconciliación. Fue eficaz el mensaje de Francisco cuando sugirió a los colombianos no comerle cuento a esa maledicencia a la que subyace el propósito de provocar incertidumbre y pesimismo en la población.
“Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos del trigo y no pierdan la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones alarmistas”, nos dijo el papa.
Sí, es una metáfora pertinente, muy bíblica ella, porque el trigo cuando crece suele florecer en compañía de una maleza sospechosa, esa maleza que sirve de barricada para contener cualquier expresión popular a favor de los pobres y marginados de la sociedad. Eso es lo que quiso decir Bergoglio, sin temor a equivocarme. Claro, la cizaña busca desbaratar la paz, pero al mismo tiempo desvirtuar a quienes desde la otra orilla proponen zarandear la estructura de la sociedad colombiana. Entonces saltan a la vista los cizañeros, los dueños de la moral, quienes, entre otras cosas, califican ya no de “mamertos” sino de “castrochavistas” a quienes se atreven a cuestionar la arcaica institucionalidad. Cizañeros del siglo XX, caminando en el siglo XXI.
El papa Francisco no habló en abstracto, su lenguaje fue directo y sin eufemismos: la cizaña no solo le cabe al personaje de marras, como se ha querido personalizar; no, también hay que ubicarla en el contexto de una sociedad que, a pesar de estar dentro de la caverna, quiere salir del hueco oscuro del conflicto. Por ello su voz fue insistente en que los colombianos no nos dejemos enredar, “no nos dejemos quitar la esperanza”; y por ello aseguró que la reconciliación y la paz estable y duradera se consolidan desde la justicia social, porque la pobreza y la marginalidad son el caldo de cultivo de violencia y miseria que incuba generaciones sin futuro. Esta es la piedra angular del pensamiento político que nos dejó Francisco en cada una de sus homilías.
En nada se quedó corto Jorge Mario, en cada homilía desnudó la realidad de una sociedad que se repite en muchos rincones del planeta y en los conciliábulos neoliberales: uno no puede “servirle a dos señores: a Dios y al dinero”. Guante que también cayó en los púlpitos de la Iglesia colombiana, a sus obispos y sacerdotes: “Ustedes son pastores de la Iglesia no [prelados al servicio de los] políticos”.
La visita del papa Francisco sirvió de bálsamo en medio de tanta incertidumbre política y social que golpea el país. Su presencia y la masiva recepción que tuvo, revelan la ausencia de un liderazgo en Colombia que sepa interpretar los anhelos de cambio que reclama la sociedad colombiana. No nos llamemos a engaños, el mensaje de Jorge Mario taló la conciencia de los católicos fervorosos y de los indiferentes religiosos por igual, quienes escucharon con atención el contenido de un discurso que nos convoca a construir una nueva Colombia.
Por: Guillermo García Realpe.- "Que nadie les robe la felicidad, que nadie les robe la esperanza" fueron algunas de las contundes frases pronunciadas por su Santidad Francisco durante su visita a Colombia.
El momento no podía ser más oportuno, pues el Obispo de Roma como Pastor de la iglesia católica sabe bien nuestras dificultades y el momento tan crucial y definitivo por el cual atraviesa nuestro país.
Nuestro carismático Papa nos hizo un llamado desde lo más profundo de su corazón, con la esperanza de que atendamos su mensaje de Paz y reconciliación, pero, tal parece que el perdón, ese mismo perdón que clama Francisco, no existe en el corazón de algunos. Muy triste!
De nada sirve celebrar la llegada de su Santidad y darnos golpes de pecho ante sus sabias palabras, sino las ponemos en práctica durante nuestra cotidianidad y en nuestro trato hacia nuestros semejantes.
De nada sirve la Paz de Colombia, si sentimos odio y rabia con nuestros vecinos, de nada sirve haber hecho la Paz con las FARC si todavía existe rencor en los corazones, de nada sirve haber silenciado los fusiles si nos seguimos viendo como enemigos.
Llegó el momento de perdonar, de superar la sed de venganza y muerte y avanzar en la construcción de una nación grande que se levante desde las cenizas y edifique valores, que las nuevas generaciones luchen por combatir los flagelos de la sociedad actual, que fenómenos tan graves y penosos como la corrupción que hoy carcome al país desaparezcan para siempre, que la pobreza que agobia a miles y miles de compatriotas sea cosa del pasado, que la violencia que aún irradian algunos grupos armados ilegales caduque más temprano que tarde.
El mensaje del Papa Francisco es contundente, acojámoslo y vivamos como un pueblo que superó la horrible noche y que hoy avizora un futuro prometedor, sin más egoísmos, sin poner por encima el bien individual sobre los intereses colectivos, sin seguir pensando en el país del pasado, los colombianos podemos sobreponernos ante las adversidades y la historia así lo ha demostrado.
Entonces que nadie nos robe la felicidad, que nadie nos robe la esperanza, de nosotros depende que la tristeza y el pesimismo se apoderen de Colombia de nuevo.
Por Horacio Serpa.-La transcrita frase de Su Santidad identifica un pensamiento claro y un compromiso fervoroso, por lo que los colombianos llamamos genéricamente la paz. Es el proceso que se desarrolló en La Habana entre el gobierno del Presidente Santos y las farc, son los acuerdos que se firmaron en el Teatro Colón de Bogotá, es la aprobación que les impartió el Congreso Nacional, es el cese al fuego bilateral y definitivo, es el desarme de la agrupación guerrillera ante las Naciones Unidas.
Al despedirse de la muchedumbre reunida en Cartagena para participar de la eucaristía que ofreció y escuchar su palabra, el Papa Francisco dijo que no nos podíamos quedar en el primer paso, sino que debíamos continuar hasta el alcance total de los propósitos. En su palabra se sintió la importancia de terminar con éxito el proceso de reconciliación con el eln, la de consolidar con hechos y realidades los adelantos alcanzados y la de aprovechar esta oportunidad histórica para transformar a Colombia, lograr entendimientos plenos para la concordia y conseguir para todas y todos el bienestar que merece nuestro pueblo sacrificado por la violencia y la desatención.
Francisco vino a enseñarnos a los colombianos a entendernos en la diferencia, a respetarnos oportunidades y espacios sobre la base de que todos tengamos espacios y oportunidades, a ser firmes en la solidaridad, a abandonar la avaricia, el rencor, la envidia y la arrogancia. El papa quiso comprometernos con el perdón y a respetar a los demás como cada uno respeta a los suyos y se respeta así mismo. Fueron cuatro días maravillosos en los que el potentado y el pobre, el católico y el evangélico, la joven y el viejo, todos, pudimos mirar al país y a la comunidad colombiana con los ojos de un pastor cuyo único interés es la convivencia y la equidad.
El que no aprovechó esa mirada, compasiva y optimista, crítica y benevolente, no va a estar a la altura del compromiso que impone el mensaje papal y la Colombia en paz y justicia que merecemos. “El que se sienta libre de pecado, que tire la primera piedra”.
El Papa reclamó una Iglesia pobre y realizadora en la paz y en la equidad; rechazó a los políticos mentirosos y corruptos; fustigó los manejos económicos avaros y explotadores; censuró la riqueza mal habida incluyendo como tal la que se logra con los abusos de poder y la explotación de los débiles; denunció la concentración de los capitales que impiden el trabajo y le niegan ingreso a los pobres; exigió respeto a la naturaleza; criticó a los que impiden la paz y se mostró como el líder más grande de la época, sin ambición diferente a la de un mundo justo y en paz. “La paz es consecuencia de la justicia”, dijo.
Antes de irse ofreció el sacrifico de su sangre para que comprendamos los colombianos que es humano y vulnerable y para que nos volvamos “esclavos de la paz”. ¡Hermoso, grato, inolvidable!
Por: Jorge Enrique Robledo / @Jerobledo.-Se necesitó de otra denuncia de la justicia norteamericana, como la que desenmascaró al Fiscal Anticorrupción corrupto Luis Gustavo Moreno, para que en Colombia se supiera de las componendas de este con dos expresidentes de la Corte Suprema de Justicia, con quienes, según su cómplice Leonardo Pinilla, usaban los procesos judiciales para extorsionar a poderosos dirigentes políticos acusados de actos ilegales. Otra muestra, además de la escandalosa corrupción de Odebrecht, de la profunda descomposición a la que han llevado al país las fuerzas que han monopolizado el Poder Ejecutivo, poder que tiene sometido al Legislativo y en mucho al Judicial, al igual que en últimas impone la manera de actuar –¡no más engaños sobre esto!– de los jefes políticos regionales.
Al mismo tiempo, hay que recordar lo principal del prontuario sobre el caso Odebrecht –que por objetividad debe llamarse Odebrecht-Corficolombiana–, no resulte que los detalles le sirvan al encubrimiento y no a la verdad total. Se ha informado que Odebrecht financió tres campañas presidenciales, dos de Santos y una de Zuluaga, en 2010 y 2014. Pero continúa la alcahuetería del Consejo Nacional Electoral al respecto y nada se dice sobre cómo fue que las platas corruptas sirvieron para arrear electores a las urnas, su objetivo primordial.
Los sobornos para los dos contratos de la Ruta del Sol II –Odebrecht-Corficolombiana– pasaron de 11 a 38 millones de dólares, suma que los de la trasnacional reconocen haber pagado en proporción a su parte en el negocio, pero no así los de Corficolombiana, que defienden la increíble teoría de que su socio los subsidió en el cohecho. Mientras tanto, adelantan una arbitraria campaña publicitaria para hacernos creer que José Elías Melo –el ex jefe de Corficolombiana tras las rejas– es víctima inocente. Y no se ha dicho nada sobre cómo fue que lavaron, para volverlos pesos, los dólares de Odebrecht.
Todavía se desconocen los nombres de los altos funcionarios que decidieron la vía Ocaña-Gamarra –incluso por encima del director de la ANI–, cuyo poder fue capaz de definir un enorme contrato ilegal y hasta un Documento Conpes –con Santos y Germán Vargas a bordo– para financiarlo. ¿Hasta cuándo insistirán en meternos la mentira de que un negocio de este calibre lo definieron, ellos solos, unos pinches senadores?
También salió a bailar el cabildeo de Odebrecht a favor de Navelena, además del crédito irregular y en mora de los 120 mil millones de pesos del Banco Agrario, a cuya junta directiva la Fiscalía se ha abstenido de investigar (http://bit.ly/2gOt780). Y se silencia que la Procuraduría impidió el sospechoso arreglo entre el gobierno y la Ruta del Sol II –Odebrecht-Corficolombiana–, que entre otras gabelas los premiaba con 700 mil millones de pesos.
Además de que deben establecerse legalmente los hechos mencionados hasta aquí, apenas unos cuantos entre muchos, el Fiscal Martínez sigue negándose a explicarle al país por qué nombró en un altísimo cargo en la Fiscalía a Luis Gustavo Moreno, el cargo soñado de este delincuente y desde el que, está probado, sí actuó en el proceso Odebrecht-Corficolombiana. ¿Y por qué Leonidas Bustos, socio de Moreno según las acusaciones, fue en la Corte Suprema de Justicia el jefe de la campaña que eligió Fiscal a Martínez, verdad sobre la cual este tampoco da la cara con la que, cada día, sí manipula al país por la televisión?
Mas lo peor es si podrá establecerse, legalmente, lo ocurrido. Porque no es creíble que lo vayan a hacer el Consejo Electoral, la Corte Suprema y la Comisión de Acusaciones de la Cámara. Y menos va a ir hasta el fondo, caiga quien caiga, el Fiscal Martínez Neira, más que untado por sus vínculos con los protagonistas de estos escándalos y a quien sostienen en el cargo –todos a una o ya se habría caído– Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe, Germán Vargas y Luis Carlos Sarmiento Angulo, cada uno con intereses en unas investigaciones que pueden quedarse en pedacitos de verdad calculados para el engaño y que no lleguen a toda la verdad. Colombia asiste a otro en extremo destructivo pacto de denegación de justicia.
Bogotá, D.C, 8 de septiembre de 2017.
Por Mauricio Cabrera Galvis.-Los escépticos dirán que no. A los papas todo el mundo quiere verlos y oírlos, pero pocos hacen caso a sus prédicas. Por eso las dos visitas anteriores de pontífices dejaron mensajes que cayeron en tierra estéril y no cambiaron el país.
Pablo VI en 1968, trajo un mensaje incómodo para una jerarquía eclesiástica que se aferraba a sus privilegios y había cerrado la puerta al camino reformista de un Camilo Torres que quería una iglesia comprometida con los pobres y el cambio social, y lo había empujado a la insensatez de la lucha guerrillera.
En 1986, cuando los sinceros esfuerzos de Paz de Belisario ya habían quedado enterrados entre los escombros del Palacio de Justicia y los enemigos ocultos de la paz habían triunfado en su propósito, Juan Pablo II vino con un mensaje de reconciliación y perdón para alcanzar la paz, de condena al terrorismo y exhortación a la guerrilla para dejar las armas.
A pesar de todo, esta vez soy optimista pues ya se ven síntomas de cambios producidos por la visita. Una primera consecuencia ha sido el cese de hostilidades que aceptó la siempre intransigente guerrilla del ELN; no hay duda de que, por los orígenes religiosos de ese grupo, la presencia del papa los debió motivar a dar ese paso que facilita las complejas negociaciones en Quito. La carta del líder de la Farc pidiendo perdón por las lágrimas y el dolor que ocasionaron, es otra muestra del cambio de actitudes que ha suscitado el mensaje del papa.
No todos modificarán su posición, pero sí creo que muchos colombianos de buena voluntad que votaron No en el referendo engañados por la bien orquestada campaña de mentiras que confesó el propio gerente de la misma, si atenderán el llamado de Francisco de no dejarse engañar, de no perder la Paz por la cizaña sembrada contra ella. Otros reaccionarán ante el testimonio conmovedor de las víctimas que, superando el inmenso dolor que han padecido, decidieron perdonar, y aceptarán que la venganza solo sirve para alimentar esa espiral infernal de la violencia, y que la reparación a las víctimas es más fructífera que la cárcel.
Si las palabras y el testimonio de Francisco sirven para que disminuyan un poco los odios, para que avance la reconciliación y cese la polarización, para consolidar el proceso de Paz y el final de esta guerra de medio siglo que ha dejado tanto dolor, habrá servido mucho su visita.
Por Gabriel Ortíz.- Atravesamos por una semana llena de paz y confraternidad, durante la cual se creyó que saldrían de vacaciones el odio, la envidia, el engaño, la mentira y la maldad. El Papa Francisco, quien nos pidió rezar por él, recorre Colombia con esperanzadores mensajes de reconciliación. El Pontífice ha destacado los pasos que estamos dando para amarnos, para extender nuestras manos y alcanzar el signo “de una paz estable y duradera que nos permita vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos”.
Desde luego que no todos hemos recibido a Francisco con alborozo y júbilo. Hay quienes tienen tristeza y desánimo. Han surgido Álvaros, Galats, Ordóñez y demás, que repudian la honorable visita y llegan a calificar de anticristo a Francisco. Son los mismos que no quisieron darle unos días de tregua a la envidia, la rabia y el odio. Han sido poseídos por la fobia a la paz y a la convivencia.
Coincide la visita de Francisco, con los buenos propósitos del ELN y del Clan del Golfo por sellar la fraternidad en Colombia. A cada párrafo o principio de acuerdo que contemplan las conversaciones con los líderes de esas organizaciones criminales, le inventan los más frenéticos peros. Nuestro Nobel de Paz y Presidente de Colombia con su equipo, buscan los mismos propósitos del Papa: “promover la reconciliación con el Señor y con los hermanos”.
Como siempre, el jefe del Centro Democrático, quiso “robar cámara” y figurar; aprovechar la visita de Santidad Francisco. Sacó su manida carta anticolombiana, cargada de agravios y descréditos sobre nuestro discurrir y nuestros logros. Esa misiva, debe tener a sus herederos vástagos rabiando, porque puede ocasionarles graves pérdidas a sus inexplicables inversiones por aquí y por allá, a lo largo y ancho de Colombia, “país inviable” según su padre. El expresidente tiene ya suficientes méritos para ganar el “premio lebon” del odio, la discordia, la envidia y el engaño. Mucho le convendría una bendición papal. Pero cuidado. Que no le vaya a dar por engarzarle un carriel de cuero de nutria, como trató de hacerlo con San Juan Pablo II.
Estamos pues con el más ilustre visitante que pueda tener el país. De un hombre amante y constructor de paz, de esa paz que hemos perseguido durante medio siglo. La iglesia Católica ha sido acompañante de nuestro proceso y seguirá en esa misma línea, con el firme aporte del Sumo Pontífice y Jefe del Estado Vaticano.
El Papa refiriéndose a un grupo de jóvenes rehabilitados les pidió no dejarse engañar, no dejarse robar la alegría y la esperanza.
Somos privilegiados porque Francisco nos vacunará contra la guerra y contra quienes pretenden mantenerla, y convertir nuestra patria en una vorágine, para su propio beneficio.
BLANCO: El avance de las conversaciones con el clan del golfo, que permitirá conocer quiénes se beneficiaron con sus acciones, quiénes se enriquecieron y quienes los apoyaron.
NEGRO: Uribe gano otro No: No reunirse con el Papa Francisco.
Por Ariel Avila.- Lo que está pasando en el Congreso de la República es algo vergonzoso, triste y realmente canalla.
Tres de las leyes más importantes para que Colombia avance en su proceso democratizador y en la mejora de su sistema político, están a punto de hundirse o de ser inviables gracias al papel de este organismo, pero particularmente, gracias a Rodrigo Lara, actual presidente de la Cámara de Representantes, quien parece que le está haciendo el mandado a corruptos y criminales.
Es muy triste que el hijo de una de las personas que marcó la lucha contra el crimen y los corruptos, ahora juegue como uno de ellos. Rodrigo Lara avaló bandidos como Oneida Pinto, exgobernadora de La Guajira, también avaló a la esposa y actual gobernadora del Magdalena Rosa Cotes, quien es esposa del parapolítico Chico Zúñiga y tía del exgobernador Mello Cotes, cuestionado por manejos presupuestarios durante su periodo de gobierno. Es decir, de avalar bandidos con su partido Cambio Radical pasó a protegerlos y a impedir procesos reformistas para acabar con la corrupción.
Rodrigo Lara engavetó durante tres semanas la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz. Todo parece indicar que su objetivo es lograr que la ley se apruebe lo más tarde posible. La explicación es que el vargasllerismo ha anclado su campaña electoral a partir de ‘proteger’ a los terceros, es decir, empresarios y políticos que se beneficiaron de los más de 50 años de conflicto, y evitar que pasen por la justicia transicional.
El tema aquí es sencillo. Por ejemplo, Jorge Pretelt fue sacado de la Corte Constitucional por dos fincas adquiridas de forma irregular y que pertenecían a familias víctimas del conflicto armado. Segundo ejemplo, el expresidente del Senado Mauricio Lizcano estuvo en medio de un escándalo reciente por una denuncia de un programa de televisión en la cual se dejaba ver que la familia del senador había adquirido una finca de una familia desaparecida por grupos armados ilegales. Otro ejemplo es el Fondo Ganadero de Córdoba, quienes tienen múltiples procesos por adquirir tierras despojadas a campesinos por grupos paramilitares. Todo esto lo que significa es que los grandes beneficiados con el despojo de más de 6 millones de hectáreas de tierra a campesinos, no fueron grupos armados ilegales como paramilitares y guerrillas, sino empresarios y políticos, los famosos terceros. Aquellos que quieren que la justicia no los toque y que el proceso de paz no progrese.
Por otro lado, su oposición a la reforma política es simple de explicar. Básicamente se opone a las listas cerradas. Los actuales congresistas de Cambio Radical y de varios partidos en general, no ven con malos ojos las listas cerradas, ellos creen que de acuerdo a las votaciones de 2014, ese debería ser el orden de la lista en las elecciones de 2018. Sin embargo, Vargas Lleras aspira a tener una lista con grandes personalidades y por ende quiere votación preferente. De ahí que Lara esté haciendo el favorcito de bloquear la reforma política.
También Lara tuvo durante tres semanas engavetado el proyecto de acto legislativo que crea las 16 circunscripciones especiales de paz. Que son espacios transitorios, nuevos, en la Cámara de Representantes para las zonas más afectadas por la violencia y que deberían servir para mejorar la gestión política de estos territorios. Además se crean para garantizar la representación de organizaciones sociales de base y de víctimas del conflicto y no para los partidos que tendrán representación en el Congreso de la República en 2018.
Las artimañas de Lara se fundamentan en las facultades que tiene como presidente de la Cámara. Lara ha frenado en varias ocasiones el debate de las reformas engavetando los proyectos de ley durante más tiempo de lo regular, no asignando ponentes individuales, y haciendo el registro a la 1 o 2 de la tarde para las plenarias de Cámara con órdenes del día sinsentido, cuando los debates se programan a las 4 p.m.
Pero la última perla es la siguiente, el martes 4 de septiembre, para enfrentar la corrupción dentro de la Rama Judicial, se revivió el tribunal de aforados y esta vez en la reforma política. Lara pide que esta figura no vaya en la reforma política, es decir, en el fast track, sino que vaya en trámite aparte, o en un acto legislativo ordinario, lo que significa dos vueltas al Congreso, es decir, nunca se va a aprobar.
Todo un razonero o mandadero, en eso terminó Rodrigo Lara. Lo que está haciendo es amparando corruptos y criminales y robando de frente a los colombianos que queremos un país mejor.