Por Gonzalo Buenahora Durán. Agencia de Noticias Vieja Clio, Santa Fé de Bogotá, 1830.-El pasado 8 de mayo, Simón Trinidad Bolívar y Palacios, conocido por sus amigos como “El Libertador” y por sus enemigos como “Longanizo”, partió de Bogotá acompañado de un grupo de amigos y con solamente 17 mil pesos producto de la venta de su vajilla de plata, sus alhajas y sus caballos.

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Por Gonzálo Buenahora Durán. Historiador.- Agencia de noticias Vieja Clío. Santa Marta, 1537.La Agencia de noticias Vieja Clío condesciende en informar que uno de los mejores exponentes del Imperio español, el licenciado don Gonzalo Jiménez de Quesada, que había partido por el mes de abril del año pasado de 1536 en busca del mítico Eldorado, ha tenido a bien encontrarlo en nombre de su Majestad, don Carlos V.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.Agencia de Noticias Vieja Clío. Santafé de Bogotá, 1779.- Ayer, domingo 1 de enero de este año del Señor, en impresionante ceremonia en el marco de un auténtico y legítimo “día de solemnidad”, con chicherías y aposentos de juego clausurados y borracheras y escándalos categóricamente prohibidos, las altas autoridades eclesiásticas de la capital celebraron con todo boato la llegada de una nueva imprenta al Virreinato.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.-Agencia de Noticias Vieja Clío. Popayán, 1862.-La guerra a muerte –como todos nuestros abonados lo saben y reconocen- ha franqueado rampante por innumerables páginas de nuestra historia. Por su puesto, se ejerció con generosidad durante la conquista. Y durante la última etapa de la así llamada Pax colonial (tal vez de las pocas vigencias temporales medio tranquilas) fue imposible no apelar a esa aterradora modalidad de guerra, sobre todo en lo que concernía y concierne al apaciguamiento de las periferias violentas como las tupidas selvas del Darién y los confines de Veragua, las provincias de Santa Marta (la nación Chimila) y Rio de la Hacha (los Goajiros), los espesos bosques del Opón (los Yariguies), el país de los Motilones, y el extenso reino de los Andaquíes, donde indios virulentos ejercían a finales del siglo XVIII y ejercen todavía la brutalidad a discreción.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.-Agencia de noticias Vieja Clío. Bogotá, 1949. El 10 de noviembre pasado el país despertó acéfalo. Ello, si concebimos a los cuerpos colegiados como la piedra angular del régimen político llamado Democracia. El presidente de la República, Dr. Mariano Ospina Pérez, cerró el Congreso Nacional y las Asambleas Departamentales bajo el pretexto que los congresistas lo iban a someter a un juicio de responsabilidades y que nos encontramos (desde el mismo instante cuando clausuró la institución) en Estado de Sitio.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.- Agencia de Noticias Vieja Clío. Bogotá, 1930.-Hablar y escribir bien es derecho y obligación de todos. Y no es cosa fácil, porque exige no solamente un mínimo de predisposición, sino que en la práctica es necesario escribir mucho para desplegar las velas y sobretodo consultar frecuentemente el diccionario, cualquiera que él sea, pero dando prelación al de la Real Academia de la Lengua, asentada en Madrid.

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*Por Gonzalo Buenahora Durán.-Agencia de Noticias Vieja Clío. Bogotá, 1952. El pasado 22 de noviembre el canciller de Colombia Juan Uribe Holguín, en elegante nota de estilo “regaló” a Venezuela los islotes de Los Monjes.

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Por Gonzalo Buenahora. Doctor en Historia.- Agencia de noticias Vieja Clío. Santafé de Bogotá, 1831.La semana antepasada algo pocas veces visto tuvo lugar. Los habitantes de la capital fueron testigos de un hecho que habla muy bien de la revolución que se ha impuesto en nuestro medio y que permite pensar que cuando subsisten los valores, la esperanza es lo último que se pierde.

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Por Gonzalo Buenahora. Doctor en Historia. Agencia de Noticias Vieja Clío. Mompós, 1847.-La agencia noticiosa Vieja Clío consigna con verdadera consternación que ayer, miércoles 14 de julio, bajo un sol canicular (39 grados a la sombra), a los 55 años de edad, falleció en la ciudad de Mompós, Hermógenes Maza, connotado general de brigada del Ejército Libertador.

Dicen por ahí que Maza fue un papanatas jactancioso, agresivo y vulgar, cruel e inhumano, un ebrio perenne de alcohol y de sangre, para quien lo único importante eran la venganza, la represalia y la retaliación.  Un presuntuoso de la peor ralea. Pero también se piensa que es a hombres como él, a quien la Patria debe su liberación.

Bravo y valeroso en cuanto combate participó, en repuesta al terror con el que los españoles intentaban desbaratar el movimiento independentista, Hermógenes Maza reaccionó con un ímpetu tal, que se vieron obligados a escribir del guerrero con relación a sus campañas militares en el norte de Colombia y el occidente de Venezuela: "Nunca con menos se hizo más en tan vasto espacio ni en tan breve tiempo." 

A pesar de provenir de una de las familias más sensibles y piadosas de Santa Fe de Bogotá (el hogar formado por don Felipe de la Maza, de origen español, y doña Rosalía Lobo Guerrero) Maza, el militar, el “discípulo predilecto de la guerra a muerte”, pasó a la historia con los temibles epítetos de: “ángel exterminador”, “vengador de los mártires granadinos del Terror”, “león de las serranías venezolanas”, etc.

El año de 1814 fue para realistas  y patriotas un año infausto. La sangre y el salvajismo se convirtieron en los verdaderos protagonistas. Por el lado de los realistas, José Tomás Boves demostró no tener misericordia alguna, y por el de los republicanos Hermógenes Maza logró convertirse en su espanto. Entonces los ríos se tornaron rojizos y la piel en una endeble coraza fácilmente hendida por la espada y el plomo. La tierra se convirtió simplemente en el tinglado de la muerte. Monarquistas y republicanos marcharon al ritmo vertiginoso de sus caudillos bajo el imperio de una sola idea: el mutuo exterminio.

Maza, por su parte, aceptó el reto. Otrora un estudiante pleno de mansedumbre y acatamiento, hoy simplemente un hombre bizarro. Si sus enemigos querían intimidarlo con la peor de las crueldades, él también sabía usar artimañas. Sus golpes se caracterizaron por una brutalidad “calculada”: ejecuciones masivas innecesarias, alevosía y sevicia sin límites, fusilamientos inmotivados y brutales torturas sin ningún reato de conciencia. La sed de venganza no tuvo apaciguamiento.

En 1819, cerca de la locación de Gamarra, Maza, tras una macabra degollina vencedor en Tenerife, tenía órdenes de evitar por completo los derramamientos de sangre. Entonces el hombre embutió en zurrones de cuero a 30 prisioneros y los tiró vivos al Magdalena. Después, cínicamente  informó al Libertador: “Cumplidas sus órdenes. Con los últimos prisioneros no se derramó una sola gota de sangre.” El hecho es que de sabana en sabana, de vereda en vereda, de pueblo en pueblo, tanto Boves como Maza sembraron la consternación y el terror.

Tan sobresalientes fueron los servicios de Maza en el campo de batalla, que el Libertador lo nombró en la noche del 23 de abril de1814 gobernador militar de Caracas. Pero ese mismo año, en una movilización hacia el oriente Maza fue puesto prisionero, llevado a Caracas y condenado a muerte. Mientras esperaba su ejecución, víctima de los más crueles martirios y vejaciones (dicen que fue allí donde se convirtió en un monstruo), Maza logró convencer a su verdugo, José Luis Moreno, y escapó.

En 1819, con ocasión del triunfo en el puente de Boyacá, se reincorporó al ejército patriota y fue asignado a la liberación del río Magdalena. Una vez conquistada la costa norte de Colombia (Panamá, Cartagena y Santa Marta), se movilizó al sur y participó con Antonio José de Sucre en la batalla de Pichincha en mayo y en el sometimiento  de Pasto entre octubre y diciembre de 1822. Hasta el momento Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela quedaban definitivamente liberados. En 1826 Hermógenes Maza fue licenciado del ejercito y se retiró a Mompós.

Pero fue en otro plano y en otras circunstancias donde el general Maza adquirió su fama de gandul, haragán y atorrante: el universo de las relaciones sociales, especialmente en el plano de las mujeres. Por ejemplo, se divertían en un balneario cerca de Quito los oficiales del Ejército Libertador. Maza chapoteaba en la alberca, rodeado como estaba de hermosas y delicadas mujeres. De pronto nuestro héroe se dirigió con ojos angustiados a Bolívar, dándole a entender que había perdido el chingue. Este corrió apresurado al “vestier” y consiguió un pañolón. Acto seguido se lo lanzó a Maza. Y Maza, frondio y lirondo salió del agua con la humanidad pudenda a cuatro vientos, cubriéndose los ojos con el trapo. Alguna otra vez, en Pasto, celebrando la espantosa degollina de Guaranda, Maza danzaba con una primorosa damisela. De pronto, el militar, extasiado con las manos de la joven, exclamó:

- ¡Qué blancas tiene Ud. las manos, señorita!

A lo que la dama replicó:

- Se lo debo a mi madre, quien me puso guantes desde muy pequeña.

Y Maza repuso:

- Pero esa no es una medida infalible, pues mi madre me puso desde niño calzoncillos, y no todas las partes de mi cuerpo son blancas, como puede Ud. suponer.

No sobra decir que el episodio puso fin al baile.

En otra ocasión, Simón Bolívar paseaba por Quito en su caballo, acompañado de algunos oficiales. Maza se le acercó borracho y le dijo:

- Paisano, véndame el mocho.

Bolívar se retiró disgustado, habiéndole prevenido sin fingida severidad:

- General, el día que lo vea en otra borrachera, ¡lo fusilo!

Días después Maza fue llamado a presentarse ante el Libertador para informarse de los objetivos de una delicada misión a Latacunga. Como siempre, iba achispado. Ya en presencia de Bolívar, Maza se cuadró cual soldado raso, y con la mano sobre el escudo de su tricornio galoneado, expresó a su jefe:

-Mi general, no es otra borrachera, es la misma.

Indudablemente, el Libertador hubo de olvidar su amenaza.

El miércoles 14 de julio Hermógenes Maza, sobresaliente general de brigada del Ejército Libertador, alcoholizado, pobre, solitario y olvidado expiró, pero antes de hacerlo enfatizó ante los pocos que lo acompañaban:

- ¡Ahí les dejo su mundo de mierda!

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Por Gonzalo Buenahora. Doctor en Historia. Agencia de Noticias Vieja Clío. Santafé de Bogotá, 1824.- En días pasados los medios sociales y políticos de esta ciudad se vieron sacudidos por rumores de corrupción en el seno del gobierno.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Agencia de Noticias Vieja Clio, Santa Fé de Bogotá, 1830.-El pasado 8 de mayo, Simón Trinidad Bolívar y Palacios, conocido por sus amigos como “El Libertador” y por sus enemigos como “Longanizo”, partió de Bogotá acompañado de un grupo de amigos y con solamente 17 mil pesos producto de la venta de su vajilla de plata, sus alhajas y sus caballos.

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Por Gonzálo Buenahora Durán. Historiador.- Agencia de noticias Vieja Clío. Santa Marta, 1537.La Agencia de noticias Vieja Clío condesciende en informar que uno de los mejores exponentes del Imperio español, el licenciado don Gonzalo Jiménez de Quesada, que había partido por el mes de abril del año pasado de 1536 en busca del mítico Eldorado, ha tenido a bien encontrarlo en nombre de su Majestad, don Carlos V.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.Agencia de Noticias Vieja Clío. Santafé de Bogotá, 1779.- Ayer, domingo 1 de enero de este año del Señor, en impresionante ceremonia en el marco de un auténtico y legítimo “día de solemnidad”, con chicherías y aposentos de juego clausurados y borracheras y escándalos categóricamente prohibidos, las altas autoridades eclesiásticas de la capital celebraron con todo boato la llegada de una nueva imprenta al Virreinato.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.-Agencia de Noticias Vieja Clío. Popayán, 1862.-La guerra a muerte –como todos nuestros abonados lo saben y reconocen- ha franqueado rampante por innumerables páginas de nuestra historia. Por su puesto, se ejerció con generosidad durante la conquista. Y durante la última etapa de la así llamada Pax colonial (tal vez de las pocas vigencias temporales medio tranquilas) fue imposible no apelar a esa aterradora modalidad de guerra, sobre todo en lo que concernía y concierne al apaciguamiento de las periferias violentas como las tupidas selvas del Darién y los confines de Veragua, las provincias de Santa Marta (la nación Chimila) y Rio de la Hacha (los Goajiros), los espesos bosques del Opón (los Yariguies), el país de los Motilones, y el extenso reino de los Andaquíes, donde indios virulentos ejercían a finales del siglo XVIII y ejercen todavía la brutalidad a discreción.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.-Agencia de noticias Vieja Clío. Bogotá, 1949. El 10 de noviembre pasado el país despertó acéfalo. Ello, si concebimos a los cuerpos colegiados como la piedra angular del régimen político llamado Democracia. El presidente de la República, Dr. Mariano Ospina Pérez, cerró el Congreso Nacional y las Asambleas Departamentales bajo el pretexto que los congresistas lo iban a someter a un juicio de responsabilidades y que nos encontramos (desde el mismo instante cuando clausuró la institución) en Estado de Sitio.

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Por Gonzalo Buenahora Durán. Historiador.- Agencia de Noticias Vieja Clío. Bogotá, 1930.-Hablar y escribir bien es derecho y obligación de todos. Y no es cosa fácil, porque exige no solamente un mínimo de predisposición, sino que en la práctica es necesario escribir mucho para desplegar las velas y sobretodo consultar frecuentemente el diccionario, cualquiera que él sea, pero dando prelación al de la Real Academia de la Lengua, asentada en Madrid.

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*Por Gonzalo Buenahora Durán.-Agencia de Noticias Vieja Clío. Bogotá, 1952. El pasado 22 de noviembre el canciller de Colombia Juan Uribe Holguín, en elegante nota de estilo “regaló” a Venezuela los islotes de Los Monjes.

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Por Gonzalo Buenahora. Doctor en Historia.- Agencia de noticias Vieja Clío. Santafé de Bogotá, 1831.La semana antepasada algo pocas veces visto tuvo lugar. Los habitantes de la capital fueron testigos de un hecho que habla muy bien de la revolución que se ha impuesto en nuestro medio y que permite pensar que cuando subsisten los valores, la esperanza es lo último que se pierde.

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Por Gonzalo Buenahora. Doctor en Historia. Agencia de Noticias Vieja Clío. Mompós, 1847.-La agencia noticiosa Vieja Clío consigna con verdadera consternación que ayer, miércoles 14 de julio, bajo un sol canicular (39 grados a la sombra), a los 55 años de edad, falleció en la ciudad de Mompós, Hermógenes Maza, connotado general de brigada del Ejército Libertador.

Dicen por ahí que Maza fue un papanatas jactancioso, agresivo y vulgar, cruel e inhumano, un ebrio perenne de alcohol y de sangre, para quien lo único importante eran la venganza, la represalia y la retaliación.  Un presuntuoso de la peor ralea. Pero también se piensa que es a hombres como él, a quien la Patria debe su liberación.

Bravo y valeroso en cuanto combate participó, en repuesta al terror con el que los españoles intentaban desbaratar el movimiento independentista, Hermógenes Maza reaccionó con un ímpetu tal, que se vieron obligados a escribir del guerrero con relación a sus campañas militares en el norte de Colombia y el occidente de Venezuela: "Nunca con menos se hizo más en tan vasto espacio ni en tan breve tiempo." 

A pesar de provenir de una de las familias más sensibles y piadosas de Santa Fe de Bogotá (el hogar formado por don Felipe de la Maza, de origen español, y doña Rosalía Lobo Guerrero) Maza, el militar, el “discípulo predilecto de la guerra a muerte”, pasó a la historia con los temibles epítetos de: “ángel exterminador”, “vengador de los mártires granadinos del Terror”, “león de las serranías venezolanas”, etc.

El año de 1814 fue para realistas  y patriotas un año infausto. La sangre y el salvajismo se convirtieron en los verdaderos protagonistas. Por el lado de los realistas, José Tomás Boves demostró no tener misericordia alguna, y por el de los republicanos Hermógenes Maza logró convertirse en su espanto. Entonces los ríos se tornaron rojizos y la piel en una endeble coraza fácilmente hendida por la espada y el plomo. La tierra se convirtió simplemente en el tinglado de la muerte. Monarquistas y republicanos marcharon al ritmo vertiginoso de sus caudillos bajo el imperio de una sola idea: el mutuo exterminio.

Maza, por su parte, aceptó el reto. Otrora un estudiante pleno de mansedumbre y acatamiento, hoy simplemente un hombre bizarro. Si sus enemigos querían intimidarlo con la peor de las crueldades, él también sabía usar artimañas. Sus golpes se caracterizaron por una brutalidad “calculada”: ejecuciones masivas innecesarias, alevosía y sevicia sin límites, fusilamientos inmotivados y brutales torturas sin ningún reato de conciencia. La sed de venganza no tuvo apaciguamiento.

En 1819, cerca de la locación de Gamarra, Maza, tras una macabra degollina vencedor en Tenerife, tenía órdenes de evitar por completo los derramamientos de sangre. Entonces el hombre embutió en zurrones de cuero a 30 prisioneros y los tiró vivos al Magdalena. Después, cínicamente  informó al Libertador: “Cumplidas sus órdenes. Con los últimos prisioneros no se derramó una sola gota de sangre.” El hecho es que de sabana en sabana, de vereda en vereda, de pueblo en pueblo, tanto Boves como Maza sembraron la consternación y el terror.

Tan sobresalientes fueron los servicios de Maza en el campo de batalla, que el Libertador lo nombró en la noche del 23 de abril de1814 gobernador militar de Caracas. Pero ese mismo año, en una movilización hacia el oriente Maza fue puesto prisionero, llevado a Caracas y condenado a muerte. Mientras esperaba su ejecución, víctima de los más crueles martirios y vejaciones (dicen que fue allí donde se convirtió en un monstruo), Maza logró convencer a su verdugo, José Luis Moreno, y escapó.

En 1819, con ocasión del triunfo en el puente de Boyacá, se reincorporó al ejército patriota y fue asignado a la liberación del río Magdalena. Una vez conquistada la costa norte de Colombia (Panamá, Cartagena y Santa Marta), se movilizó al sur y participó con Antonio José de Sucre en la batalla de Pichincha en mayo y en el sometimiento  de Pasto entre octubre y diciembre de 1822. Hasta el momento Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela quedaban definitivamente liberados. En 1826 Hermógenes Maza fue licenciado del ejercito y se retiró a Mompós.

Pero fue en otro plano y en otras circunstancias donde el general Maza adquirió su fama de gandul, haragán y atorrante: el universo de las relaciones sociales, especialmente en el plano de las mujeres. Por ejemplo, se divertían en un balneario cerca de Quito los oficiales del Ejército Libertador. Maza chapoteaba en la alberca, rodeado como estaba de hermosas y delicadas mujeres. De pronto nuestro héroe se dirigió con ojos angustiados a Bolívar, dándole a entender que había perdido el chingue. Este corrió apresurado al “vestier” y consiguió un pañolón. Acto seguido se lo lanzó a Maza. Y Maza, frondio y lirondo salió del agua con la humanidad pudenda a cuatro vientos, cubriéndose los ojos con el trapo. Alguna otra vez, en Pasto, celebrando la espantosa degollina de Guaranda, Maza danzaba con una primorosa damisela. De pronto, el militar, extasiado con las manos de la joven, exclamó:

- ¡Qué blancas tiene Ud. las manos, señorita!

A lo que la dama replicó:

- Se lo debo a mi madre, quien me puso guantes desde muy pequeña.

Y Maza repuso:

- Pero esa no es una medida infalible, pues mi madre me puso desde niño calzoncillos, y no todas las partes de mi cuerpo son blancas, como puede Ud. suponer.

No sobra decir que el episodio puso fin al baile.

En otra ocasión, Simón Bolívar paseaba por Quito en su caballo, acompañado de algunos oficiales. Maza se le acercó borracho y le dijo:

- Paisano, véndame el mocho.

Bolívar se retiró disgustado, habiéndole prevenido sin fingida severidad:

- General, el día que lo vea en otra borrachera, ¡lo fusilo!

Días después Maza fue llamado a presentarse ante el Libertador para informarse de los objetivos de una delicada misión a Latacunga. Como siempre, iba achispado. Ya en presencia de Bolívar, Maza se cuadró cual soldado raso, y con la mano sobre el escudo de su tricornio galoneado, expresó a su jefe:

-Mi general, no es otra borrachera, es la misma.

Indudablemente, el Libertador hubo de olvidar su amenaza.

El miércoles 14 de julio Hermógenes Maza, sobresaliente general de brigada del Ejército Libertador, alcoholizado, pobre, solitario y olvidado expiró, pero antes de hacerlo enfatizó ante los pocos que lo acompañaban:

- ¡Ahí les dejo su mundo de mierda!

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