*Por Gonzalo Buenahora Durán.-Agencia de Noticias Vieja Clío. Bogotá, 1952. El pasado 22 de noviembre el canciller de Colombia Juan Uribe Holguín, en elegante nota de estilo “regaló” a Venezuela los islotes de Los Monjes.
De inmediato, el gobierno del vecino país ocupó militarmente la zona y anuncia de manera categórica que de allí no saldrá jamás.
Como se recordará, entre Colombia y Venezuela existe el Tratado de Límites del 5 de abril de 1941, acuerdo conocido como López de Mesa-Gil Borgues, que fue firmado por los presidentes de las dos naciones, Eleazar López Contreras y Eduardo Santos.
Además de otros contenidos, dicho tratado le asignó una pequeña porción de costas sobre el Golfo de Venezuela (cuyo verdadero nombre es Coquibacoa, en un indicativo de su naturaleza universal) a la República de Colombia con base en el concepto de "costa seca”, que significa que la jurisdicción colombiana en esa latitud cesa al comenzar el agua, la cual es exclusiva soberanía venezolana.
Es natural que la firma de este documento haya determinado el surgimiento de nuevos problemas entre las dos repúblicas,pues de los 15.000 km.de extensión que tiene el Golfo, la suma de los disputados por nosotros llega a 3.700.
La tesis colombiana se basa en el concepto de “línea media” para el caso de las costas de la Guajira y Paraguaná, y la de “equidistancia” para las costas adyacentes, a partir de Castilletes.
Los islotes objeto de la sorprendente concesión de nuestro desprendido canciller están ubicados a 19 millas de la costa colombiana y a 46 de las venezolanas.
Según el derecho internacional -y es nuestra posición oficial- Los Monjes constituyen mar territorial de 12 millas, mas no generan plataforma continental ni zona económica exclusiva, por ser rocas deshabitadas y sin vida.
Por su parte, la vecina nación argumenta que el Golfo siempre ha sido territorio venezolano y que es vital para ellos, mientras que para nosotros no.
Aseveran que Venezuela ha hecho muchas concesiones territoriales a Colombia, ya que hasta el tratado de 1941 Venezuela era dueña de más de la mitad de la Guajira, de la orilla izquierda del rio Orinoco y de la ribera derecha del río Negro, situaciones equívocas cuya modificación en aras de los intereses colombianos fue originada en una supuesta interpretación imperfecta del laudo arbitral español de 1891.
Es muy poco lo que la agencia Vieja Clío puede apuntar al respecto, pero intuye que el “espléndido donativo” de Uribe Holguín no solamente no aliviará en nada la situación, sino que las disputas territoriales entre Colombia y Venezuela se prolongarán por años, o tal vez por décadas.
Para terminar de una manera coloquial: ¡Amanecerá y veremos!
*Gonzalo Buenahora Durán. Doctor en Historia.