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Por Luis Fernando García Forero.-A 30 años de la Toma del Palacio de Justicia, un holocausto todavía impune, la necesidad de construir la Paz, con todos sus desafíos, complejas negociaciones y consecuencias aún no totalmente predecibles, es una gestión sin excusas.

Desde ese aciago día de 1985, la violencia, en sus múltiples expresiones, se ha tomado diversos rostros (Kosovo, Chechenia, Nagorno, Irak, Siria, Colombia…), buscado justificaciones, asumido nuevos autores y extendido sus límites. Como fenómeno histórico, ha sido la cara más horrenda de las contradicciones de la misma condición humana.

Y ¿cómo personas que esperamos? Actores individuales y colectivos tienen una visión sobre el mundo, el funcionamiento de los sistemas políticos o del control de las decisiones. La violencia ha sido la estrategia para la consecución de los objetivos políticos o para legitimar sus acciones.

Todavía hoy, con las consecuencias del conflicto armado frente a sus ojos, algunos dirigentes mantienen un discurso que justifica no negociar. No negociar es imposible. El conflicto tiene actores y cuotas de poder y de violencia. La sociedad requiere que sus líderes negocien y acuerden. Ninguna negociación será perfecta, pero si es decisiva.

Desde una necesaria perspectiva histórica, el análisis de la situación de conflicto, sus causas objetivas y sus consecuencias probables y el análisis de los motivos del poder ya están hechos. Lo que se requiere es dejar la perspectiva del enemigo. En Política no hay enemigos políticos, existen adversarios y discrepancias.

La firma de los acuerdos no es la Paz. Pero si es la brecha que abre un espacio para ver el inmenso trabajo que toca adelantar. Hay que tramitar los conflictos, administrarlos sin balas y crear las condiciones sociopolíticas para intervenir los problemas sociales.