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Por Amylkar Acosta.- A consecuencia del terrible fenómeno de El Niño que está impactando a todo el territorio colombiano, según XM, empresa filial de ISA y operadora del mercado eléctrico, en este mes de octubre, que se caracteriza normalmente por su alta pluviosidad, los aportes hídricos a los embalses que sirven a las centrales hidroeléctricas a duras penas rozaron el 45% de la media histórica de los últimos cuarenta años. Increíble, pero cierto. Y bien ha dicho el inversionista y filántropo Warren Buffett, que “sólo cuando baja la marea se sabe quien nadaba desnudo”.

Y esto ha sucedido con la operación del mercado de energía y algunas de las normas regulatorias que lo rigen. Qué fue lo que precipitó el colapso del sector eléctrico en aquella oportunidad? Primero, su dependencia en más de un 80% de la generación hídrica y segundo, las plantas térmicas que le servían de respaldo no estaban en condiciones de operar, unas por falta de mantenimiento y otras porque no disponían del combustible para operar. La culpa, entonces, no fue tanto el fenómeno de El Niño como de la miopía en el planeamiento del sector y de la imprevisión.

De allí nació la necesidad de ampliar el componente térmico de generación y para estimularlo se creó el cargo por confiabilidad. Siempre he considerado, como el resto de los colombianos, este cargo como un seguro, sólo que como todo seguro este no cubre todos los eventos. En este caso el amparo de este seguro sólo cubre hasta la disponibilidad de la planta, esto es que esté en capacidad de arrancar en el momento que el sistema lo requiera y se activa en el momento en que el precio en bolsa rebasa el denominado precio de escasez. Por lo tanto lo que pagamos todos los usuarios en la factura del servicio de energía debe tener como destinación la construcción de la planta, su alistamiento y mantenimiento y en general los costos fijos que ello conlleva. No cubre los costos variables. 

Y dado que el precio de bolsa había superado el precio de escasez, las térmicas debieron entrar a cumplir con su obligación de oferta en firme de la energía a cambio del cargo. En vista de que no hay disponibilidad de gas en el mercado, aquellas plantas que no contaban con contratos de suministro de este energético se vieron precisadas a operar con combustibles líquidos, que son mucho más costosos. Generar un millón de BTU con gas cuesta US $7 y generar ese misma cantidad de energía con combustibles líquidos sale por US $24 (¡!); este hecho sobreviniente abocó a estas plantas a su inviabilidad financiera. 

El mayor inconveniente que esta situación plantea es que si las térmicas no generan los 85 GWH/D  de los 190 GWH/D que se están demandando y que, según el más reciente informe de XM, “debería superar los 90 MWH/D”, las hídricas que reciben el cargo por confiabilidad tampoco estarían en condiciones de cumplir con la entrega de la energía en firme a la que están obligadas, lo que precipitaría una falla sistémica de enormes proporciones, el cual se traduciría ineluctablemente en otro apagón. Esto fue lo que quiso impedir el Ministro de Minas y Energía Tomás González con las medidas que tomó la semana anterior. 

Las críticas no se hicieron esperar, pues muchos asumían que las pérdidas en que incurrirán las plantas que operan con combustibles líquidos, que se calculan en $3.3 billones hasta marzo del año entrante, deberían enjugarse con la remuneración que recibieron por concepto del cargo por confiabilidad. Pero no se le puede pedir peras al olmo, la destinación de esos recursos, como ya quedó dicho, es otra y ello pone de manifiesto que algo falló en la regulación. Desde luego, los organismos de control hacen bien en constatar si los más de US $7.800 millones que se han pagado por el cargo de confiabilidad se han invertido en lo que corresponde.

Muchas han sido las críticas que se le han hecho a la forma como viene operando el cargo por confiabilidad, al constatar que muchas veces se remunera mejor a aquellas plantas que ya se han amortizado que a las nuevas que entran en operación, que no obstante que el cargo se paga es por la disponibilidad de la planta se registran casos de hidráulicas que al estar sin capacidad de embalse, no están operativas, no están disponibles y sin embargo se les sigue pagando el cargo por confiabilidad Amén de que, como lo afirma el ex ministro de Minas y Energía Guillermo Perry, “errores de regulación conducen a que muchas plantas hidráulicas hagan enormes utilidades a costa nuestra”, por las rentas que se transfieren de las térmicas a las hídricas. 

Bogotá, noviembre 8 de 2015

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