El cuartelazo fallido

Por Gonzalo Buenahora Durán. Agencia de Noticias Vieja Clio. Bogotá, 1944.- La agencia de noticias Vieja Clío se permite informar que en la deplorable madrugada del día 10 de julio, el doctor Alfonso López Pumarejo, tal vez el mejor Presidente de Colombia en la historia, quien se encontraba en Pasto con el fin de presenciar unas maniobras militares, fue puesto prisionero por un grupo de soldados comandados por el capitán José Gregorio Quintero y el coronel Diógenes Gil, integrantes de la VII Brigada del ejército.Felizmente la insurrección fracasó y López, después de regresar a Bogotá vía Popayán, ha retomado el mando de la nación. Fueron tres días en los que el país no alcanzó ni siquiera a informarse. Los insurrectos, dispersos en las ciudades de Pasto, Bucaramanga (donde el gobernador Alejandro Galvis Galvis tuvo un comportamiento ejemplar) e Ibagué, fueron detenidos y trasladados a diferentes unidades militares de Bogotá donde de inmediato fueron sometidos a corte marcial.Así, como expresó un conocido periodista, “concluye su carrera el negocio de la conspiración; concluye su carrera el negocio de la difamación y concluye su carrera la acción intrépida como empresa industrial.” El intento de golpe militar es la apostilla a una extensa melodía de “terror”, orquestada desde las páginas de “El Siglo” de Laureano Gómez Castro, que incluye lemas detonantes como “el atentado personal” y “la república invivible”, el hallazgo de bombas ocultas en diferentes dependencias del Estado y el atentado contra el juez que halló culpable al dirigente conservador mencionado del delito de calumnia, hecho en el cual, el propio terrorista, el hermano cristiano Adolfo Guisa Mateus, encontró la muerte.

Acontecimientos que introdujeron el nerviosismo generalizado, pero no hasta el punto de que pudiéramos pensar que en Colombia, paraíso de la democracia, se llegara a tanto. Por su parte, Enrique Santos, Calibán, en su “Danza de la Horas” de El Tiempo, ha escrito: “El cuartelazo es la explosión retardada de la bomba nazi. Es la última tentativa de establecer en este país libre la dictadura totalitaria. Es el esfuerzo que los súbditos de Hitler hacen para ganar la guerra en América, cuando están perdiendo en Europa. ¡No lograrán su objetivo!”

El hecho es que la normalidad se restablece rápidamente. Laureano Gómez se ha asilado en el Ecuador, los dirigentes conservadores Emilio Robledo Uribe y Alfredo Vásquez Carrizosa han condenado enérgicamente el golpe, y el comandante de la Brigada de Institutos Militares ha convocado a los correspondientes juicios verbales de guerra para todos los conspiradores, y las primeras sentencias ya son de dominio público:

Capitán José Gregorio Quintero - 23 años de prisión.

Coronel Diógenes Gil – 10 años.

Teniente Coronel Luis Manuel Agudelo – 8 años.

Mayor José Figueroa López – 7 años.

Coronel Gonzalo Fajardo – 6 años.

Teniente Pablo Clavijo – 6 años.

Teniente Oswaldo Angueira – 4 años.

Capitán Jorge Angulo – 3 años.

Capitán Carlos García – 2 años.

Teniente Guillermo Cleves – 2 años.

Para mediados de agosto los diarios y los noticieros radiales no hablan ya del acaecimiento y los asuntos corrientes internos y los grandes problemas externos recobran su “prestigio” de primera página: el presidente del Directorio Liberal de Cundinamarca, Dr. Julio César Turbay Ayala, ha convocado una convención departamental en el teatro Colón y ha elegido un nuevo Directorio. Otro tanto ha sucedido en las diferentes regiones del país; en Guatemala, un triunvirato militar ha reemplazado al dictador Jorge Ubico; en Mangua, la oposición al dictador Somoza ha derivado en disturbios con alto número de muertos; en Argentina, el Presidente Edelmiro Farrel, ha nombrado como Vicepresidente a su Ministro de Guerra, el coronel Juan Domingo Perón; en Europa, los británicos todavía sufren los bombardeos alemanes, pero sus ejércitos, en unión de australianos y neozelandeses, ya están luchando en Francia; Montgomery y Rommel están enfrascados en la batalla de Caen; fuerzas aliadas han ocupado La Haya; en Italia, los norteamericanos avanzan con éxito sobre Florencia; en el lejano oriente, fuerzas chinas hacen retroceder a los japoneses; en el frente ruso, el ejército rojo ha penetrado en Minsk y prepara su ofensiva contra Varsovia; en España, la rigurosa dictadura de Franco se olvida en los ruedos en donde una nueva figura, el obsesionante Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, el “Monstruo de Córdoba”, que cobra 100.000 pesetas por corrida, hace decir a los críticos madrileños que estamos ante el mejor torero de la historia. Y además hay buen cine: El Rebelde, en el Real, con Jorge Negrete y María Elena Márquez; en el Faenza, Crimen y Castigo con Peter Lorre y Mariah Marsh; Lo que el viento se llevó, en el San Jorge; Un suspiro y una lágrima, en el Apolo, y se anuncia en el Lux el estreno de una película colombiana con Pompilio Ceballos, “El Tocayo”, Hernando Vega y Sofía Hernández. Su título: Golpe de Gracia. Además de las innumerables crónicas sobre el nuevo baile que hace furor: el Boggie Woogie.

Como la agencia de noticias Vieja Clío la única obligación que tiene es la de comunicar y tratar por todos los medios posibles de ser imparcial, se permite expresar que en su incansable búsqueda tuvo acceso a información clasificada y conoció algo por demás curioso. El coronel Diógenes Gil, uno de los jefes de la insurrección contra López, en su momento fue llevado a la Escuela de artillería y fue al brigadier general, Armando Vanegas Maldonado, a quien le figuró interrogarlo en primera instancia. El brigadier Vanegas preguntó:

- Mi coronel, ¿por qué piensa Ud. que el golpe fracasó?

Y el personaje contestó:

- Mi teniente, esa es una pregunta de alto calibre para que un simple coronel la pueda contestar. Pero voy a responder brevemente su inquietud. El golpe fracasó por falta de un planeamiento bien ejecutado, por falta de cumplimiento de algunas unidades militares comprometidas previamente y, lo que es más importante, por falta de ¡verraquera!

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