Pativilca

Por Gonzalo Buenahora. Historiador. Agencia de Noticias Vieja Clío. Popayán, 1824.- Ayer, 15 de febrero, el señor don Joaquín Mosquera, hermano de Tomás Cipriano, edecán del Libertador Simón Bolívar, visitó la sede de nuestra redacción con el fin de hablarnos acerca de la importante misión diplomática que lo llevó por varios meses a tierras del Perú. Nos dijo que había encontrado a Bolívar en la población peruana de Pativilca en unas condiciones tan precarias que era difícil pensar que la liberación de los territorios centrales del Imperio Español estuviera cercana.

Numerosas son las tribulaciones que aquejan a nuestro caudillo. En primer lugar, el ataque del “tabardillo” que lo diezmó en su paso por la costa, produciéndole un aspecto malsano y las agotadoras fiebres; en segundo, el clima de aversión y desconfianza de los criollos de Lima hacia la persona del Libertador y sus ideas.Supuestamente quien los va a liberar del yugo español, no es un militar de carrera, sino un “bárbaro” al mando de un ejército de negros y mestizos “nauseabundos” cuya única finalidad es destruir, quemar y asesinar. En tercer término, no es una ficción que las tropas colombianas acantonadas actualmente en territorio peruano están en condiciones lamentables, debilitadas por las enfermedades, el desánimo, la indisciplina y la deserción. Punto que ha obligado a Bolívar a solicitarle al Presidente Santander el envío de 12.000 hombres más totalmente equipados. En cuarto lugar, la traición en ciernes del marqués de Torre Tagle, presidente provisorio del Perú, quien no solamente ha motivado que la guarnición argentina ubicada en el puerto del Callao se haya entregado sin lucha a los españoles (perdiendo los patriotas el dominio sobre el océano Pacífico y dificultando enormemente el envío de hombres y provisiones hacia el sur), sino que tiene en mente llegar a un contubernio con los peninsulares y estructurar con las autoridades españolas una especie de cogobierno. Peor no podría ser.

Nos expresó amablemente don Joaquín que, pese a todo, el Libertador Simón Bolívar es un grande hombre, uno que está por encima de los demás, y refirió lo siguiente: “Seguí por tierra a Pativilca y encontré al Libertador ya sin riesgo de muerte del tabardillo, que había hecho crisis, pero tan flaco y extenuado que me causó su aspecto muy acerba pena. Estaba sentado en una pobre silla de vaquería, recostado contra la pared de un pequeño huerto, atada la cabeza con un pañuelo blanco… (y podía) ver sus dos rodillas puntiagudas, sus piernas descarnadas, su voz hueca y débil y su semblante cadavérico. Tuve que hacer un grande esfuerzo para no largar mis lágrimas… Con el corazón oprimido, temiendo la ruina de nuestro ejército, le pregunté: “¿Y qué piensa hacer usted ahora? Y avivando sus ojos huecos, con tono decidido, el Libertador me contesto: ¡Triunfar!

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