Por considerar de suma importancia para los propósitos de alcanzar la paz en Colombia, Ecos, transcribe la entrevista que El Cololombiano le hizo a Roelf Meyer, jefe de las negociaciones de paz en Sudáfrica, donde destaca que para lograr la reconciliación “tuvimos un proceso muy transparente. Fue abierto a los medios de comunicación; todos pudieron observar los aciertos, los fracasos, los errores, pero también podrían ver cómo estábamos luchando para conseguir una solución beneficiosa para todo el pueblo".
La siguiente es la entrevista que Meyer le concedió a la periodista Diana Carolina Jiménez Bermudez:
Haber sido el jefe de las negociaciones de paz en Sudáfrica y un protagonista en el fin del régimen del apartheid y la transición hacia la democracia, le permite a Roelf Meyer asegurar que, con reconciliación y voluntad, el diálogo puede resolver el conflicto de un país.
El que fue ministro de Defensa y Asuntos Constitucionales durante la transición de Sudáfrica a la democracia le dio en exclusiva a EL COLOMBIANO su opinión sobre el proceso de paz en Colombia y el análisis de lo que puede aprender este país de Nelson Mandela, quien fue su jefe, y de una iniciativa que terminó con 300 años de segregación racial.
Usted trabajó al lado del presidente Nelson Mandela. ¿Cuál fue la enseñanza más grande que le dejó?
“El hecho de que es posible hacer la paz entre enemigos, entre personas que nunca hablaron entre ellas, entre ciudadanos que estaban molestos con los demás. Él se convirtió para nosotros en el padre de la nación porque fue el símbolo de la reconciliación de blancos y negros en nuestro país y le devolvió a todos la confianza en el otro para cruzar los puentes que antes no estábamos preparados para caminar. A través de ese sendero, Mandela logró hacer la paz en Sudáfrica.”
¿Cómo logra un país reconciliarse cuando hay tantos odios y tanto dolor?
“Primero, llegamos a un acuerdo sobre cuál era la solución para Sudáfrica y cuál era el nuevo futuro para el país, que fue la nueva Constitución. Ella nos permitió llegar a la paz con el otro y continuar construyendo sobre lo que planeamos para el futuro. Al mismo tiempo, acordamos que necesitábamos revelar la verdad sobre lo que había pasado, lo que había salido mal y concretamos el inicio de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación. Esta comisión profundizó en todo aquello que salió mal para establecer la verdad y también dio asesorías sobre reconciliación. Fue fuente de condiciones de amnistía y otros actos de reparación y su trabajo, cuyas actividades eran públicas, abarcó los deseos de Sudáfrica. No diría que fue el modelo perfecto, pero creo que pudo lograr el 90 o 95 por ciento de las expectativas.”
¿Usted cree que Colombia puede alcanzar la paz a través de una negociación?
“Soy muy optimista, creo que esta es una buena oportunidad para llegar a la paz en Colombia. Pienso que todas las acciones necesarias han sido tomadas, no solo por el Presidente y el Gobierno, sino también por la oposición, que en este caso es el movimiento guerrillero. Por supuesto que para que esa pieza se sostenga será muy importante la participación de las comunidades”.
¿Y qué resalta de Colombia en ese punto?
“Es muy importante lo que está pasando en Medellín, donde hay un Comité de Posconflicto en funcionamiento. Hay mucho por hacer, pues comenzó su trabajo recientemente, pero el punto es que la paz no es solo una iniciativa nacional, sino que también está ocurriendo a nivel local.
“Va a ser muy importante que las ciudades participen esparciendo la paz por todo el país. Lo importante hoy es que la paz está en el camino y que cuando la gente se pregunte si es más importante la paz que la continuación de la guerra, la respuesta sea obvia: que es mejor trabajar por la paz”.
¿Para usted es viable una negociación en medio de confrontaciones armadas?
“Las negociaciones no detienen la violencia. En el caso de Sudáfrica, una vez que empezamos con las conversaciones a principios de 1990, después de que el presidente Mandela salió de la cárcel, estuvimos en negociaciones por más de cuatro años. Y durante ese período más personas murieron como resultado de la violencia, que nunca antes durante la época del apartheid. Más de veinte mil personas fueron asesinadas en ese período de cuatro años, mientras estábamos en la negociación. Así que fue una cuestión de la negociación buscar la paz mientras que la violencia continuaba. Creo que es parte de la realidad que tenemos que aceptar. En Sudáfrica, por ejemplo, nunca tuvimos un alto el fuego antes de que tuviéramos el acuerdo. El acuerdo provocó el freno a la violencia. Y eso significa que el liderazgo político y quienes participan en el conflicto tienen que unir su energía para continuar con las negociaciones y encontrar el acuerdo de paz antes de que la violencia desencadene una guerra a gran escala. Eso es lo que hicimos en Sudáfrica y es lo que recomiendo en todo lugar.”
¿Qué tipo de justicia aplicaron a aquellos líderes insurgentes sudafricanos señalados de cometer crímenes de lesa humanidad?
“Si bien las negociaciones estaban en proceso, tuvimos medidas temporales para proteger a los negociadores que antes de ese momento tenían procesos judiciales y acusaciones en su contra. Una vez habíamos alcanzado el acuerdo político entramos en el proceso de reconciliación; en otras palabras, a investigar lo que había salido mal con ellos y lo que los llevó a ser acusados. Ellos expusieron toda su verdad ante la Comisión para la Verdad y la Reconciliación y quienes querían acogerse a una amnistía lo podrían lograr por medio de un proceso que llamamos la amnistía condicional. Consistió en que la persona que pedía la amnistía tenía que revelar cada actividad en la que estuvo implicado”.
¿Considera que en un posconflicto escenarios políticos como el Congreso deberían abrirse a los rebeldes que depongan sus armas?
“En Sudáfrica hicimos un proceso muy inclusivo. El objetivo fue que todo el mundo debía ser capaz de participar en las negociaciones y por eso creamos un campo de juego desigual; nos aseguramos de que todos los partidos, incluso los que estaban acusados de atrocidades, podían negociar una solución pacífica para el país. Al mismo tiempo, a través de distintos procesos, los que fueron responsables de atrocidades en el pasado pudieron participar en futuros procesos políticos. Algunos de ellos fueron elegidos en el Parlamento después del establecimiento de la nueva Sudáfrica democrática”.
¿Son los colombianos los que tienen que poner las condiciones de su proceso de paz o es la presión internacional la que debe poner límites al acuerdo?
“Soy un fuerte defensor de que sean los involucrados en el conflicto los que tomen la responsabilidad para encontrar el camino a seguir, para establecer las bases y llegar a una solución al conflicto. Eso es exactamente lo que hicimos en el caso de Sudáfrica. No teníamos fuerzas externas, ni organismos internacionales, multilaterales o bilaterales que tuvieran participaron en nuestro proceso.
Pero también es cierto que la comunidad internacional puede ser útil en el apoyo en áreas que deben ser negociadas, que necesitan resolverse. Recuerdo que tuve reuniones, por ejemplo, con el secretario General de las Naciones Unidasdel momento, solicitado para ayudarnos en Sudáfrica a llegar a conclusiones y para encontrar una solución para el relevo de nuestros retos”.
¿Qué le dice usted a quienes en Colombia insisten en que la única paz posible se logra doblegando al adversario?
“Que la paz solo puede lograrse si desencadena una situación de gana-gana. De lo contrario, lo más probable es que el conflicto vuelva, si no es en el corto plazo, en el mediano o largo plazo. Eso me dice la experiencia en varias partes del mundo en las cuales los conflictos terminaron a través de un acuerdo de paz y donde todas las partes sintieron que tenían responsabilidad en aplicar el acuerdo en la medida en que los satisfizo.
Pero pensar que un conflicto solo puede solucionarse a través de la guerra, donde hay vencedores y perdedores... no he visto en el mundo un solo ejemplo de ello y mi recomendación sería que el pueblo de Colombia debe aceptar el hecho de que este conflicto se va a resolver a través de conversaciones y negociaciones que se ajusten a los acuerdos a los que se puede llegar”.
¿Cómo motivar a la ciudadanía y restablecer la confianza en el proceso de paz?
“Es muy importante que el pueblo de Colombia, las comunidades de todo el país estén informadas acerca de las probabilidades y las apuestas del proceso. Hay mucho en juego por lo que creo que la información debe ser divulgada para que las personas se puedan hacer conscientes de la importancia y los beneficios de la paz.
En segundo lugar, todas las comunidades deberían tratar de hacer una paz efectiva. Por esa razón comités de posconflicto como los que vemos en Medellín son tan importantes, ya que permiten a las comunidades locales, a través de sus representantes, participar de todas las perspectivas.”
¿Cómo fue la divulgación de los diálogos en Sudáfrica?
“Tuvimos un proceso muy transparente. Fue abierto a los medios de comunicación; todos pudieron observar los aciertos, los fracasos, los errores, pero también podrían ver cómo estábamos luchando para conseguir una solución beneficiosa para todo el pueblo.
Lo interesante es que en el caso de Sudáfrica, una vez llegamos al acuerdo, ni siquiera tuvimos que llamar a un referendo porque todos estaban muy contentos con lo que habíamos logrado, y fue aprobado por la primera elección que tuvimos en Sudáfrica en 1994, la primera elección democrática, cuando el presidente Nelson Mandela fue elegido presidente del país”.
¿Qué tanto peso debe tener la comunidad internacional en un proceso de paz?
“En Sudáfrica tuvimos mucho apoyo de la comunidad internacional porque en contra de todas las expectativas llegamos a un acuerdo. Vieron que la mayoría de los africanos no creía que era posible la paz, pero que a pesar de eso empezamos a hablar entre sí y empezamos a actuar. Puedo dar testimonio de ello durante mi tiempo como negociador principal para el gobierno del Partido Nacional.
Creo que ustedes en Colombia experimentarán exactamente lo mismo y, de hecho, lo están experimentando. En Colombia se encuentra una delegación de Sudáfrica para dar apoyo al proceso y ver cómo podemos compartir nuestra experiencia de una manera en la que el gobierno colombiano y los que están participando en el proceso salgan fortalecidos”.