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El Pueblo de Colombia sabe lo que es la Violencia. Por más de 50 años vivió uno de los conflictos armados de mayor impacto en la historia reciente, con un saldo terrible de cerca de 300 mil muertos, 80.514 desaparecidos, 37.094 secuestrados, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados, de acuerdo a El Observatorio de Memoria y Conflicto.
Foto: Colombia Portada

El Pueblo de Colombia sabe lo que es la Violencia. Por más de 50 años vivió uno de los conflictos armados de mayor impacto en la historia reciente, con un saldo terrible de cerca de 300 mil muertos, 80.514 desaparecidos, 37.094 secuestrados, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados, de acuerdo a El Observatorio de Memoria y Conflicto.

Esta Violencia cruel y desmedida hizo migrantes, movilizados y errantes a miles de compatriotas, no sólo en el vasto territorio colombiano, sino más allá. De hecho, hay inmigrantes de Colombia en casi todas las latitudes del planeta.

También propició que los emprendedores de Colombia trabajaran con ahínco y tesón para resistir una realidad acorralada y aun así, lograran que nuestro país esté presente en diversos indicadores de productividad, calidad, excelente servicios e iniciativas de desarrollo.

La sociedad colombiana sobrevivió a la Violencia, pero desea no sólo controlarla sino que exige ir más allá. Ir a las causas que la generaron y que aún laten en las situaciones de exclusión, desigualdad e ingobernabilidad estatal.

La presente administración estatal tiene uno de los retos más intensos de la historia republicana de Colombia. Porque la Paz, la tan deseada aspiración de los colombianos, está supeditada a su capacidad de estrategia, equilibrio y maniobra.

En primer lugar, a generar confianza en su gestión. Que no es otra cosa que establecer el preciado consenso ante sus decisiones. Este es un problema que involucra lo técnico, pero que exige lo político, ese necesario saber que ningún gobernante podrá hacer nada si él y su equipo de trabajo no están en sintonía con las necesidades reales y expectativas de los que los eligieron, en su vastedad y pluralidad.

En segundo lugar, comprender que los enemigos de la Paz, más allá del control y la tan anhelada desaparición de la Violencia, dependen de observar un contexto complejo y muy variante, con influencias y afectaciones regionales e internacionales. Porque las formas de violencia no sólo varían, sino se perfeccionan. De allí la necesidad de entender que éste no es un problema de Colombia, sino del mundo globalizado.

Y en tercer lugar, focalizar y enfrentar con las armas del Diálogo y la Negociación a quienes están orientados a violentar. Con los violentos hay que tener una actitud estratégica. Dejar de lado las conversaciones es crear, de alguna manera, los bandos. Y esa decisión no está a la altura del momento y de las posibilidades del posible contendor, seguramente vinculado con los cultores de la violencia actual en el mundo.

Es hora de mirar más allá de las ideologías y de las posiciones que históricamente paralizaban todo intento para verse las caras. El Horror tiene tentáculos, hoy regional e internacional, con poder y financiamiento, con alta tecnología y aparatos propagandísticos e ideológicos.

El carro bomba que dio muerte a 21 inocentes e hirió a más de 70 personas en la sede de la Escuela de Policía General Francisco de Paula Santander sumó un elemento muy angustiante, el conductor se inmoló con el vehículo que tenía la carga explosiva, una acción muy frecuente en los extremistas islámicos.

Este es el momento de los negociadores. Tienen la tarea de buscar opciones y caminos. De enfrentar a los opositores de la Democracia y de la Paz para buscar una salida.

Con declaraciones llenas de candor o insultos y culpar a otros actores, no se resuelve el grave momento que vive Colombia.

El Presidente Iván Duque y su equipo de gobierno tienen que asumir una estrategia clara y definitiva que devuelva la confianza y consolide la Paz. No es tarea fácil. Requiere del concurso de todos y de los mejores. Necesita claridad y aproximaciones sucesivas. Requiere diálogo y resistencia.

Los colombianos queremos la Paz. Aborrecemos todo intento de Terrorismo, porque aún las heridas existen y un futuro sustentable nos espera.

Bogotá, D. C, 18 de enero de 2018

Por Luis Fernando García Forero