Se acortan las horas, los minutos y los segundos para que los ciudadanos de Colombia, tomen la decisión más crucial de la historia reciente.
El costo de la polarización rindió sus frutos y dividió el país en dos posturas antagónicas que solo la conciencia del elector apostará a materializar lo que requiere la nación para lograr su mayor objetivo histórico: consolidar la paz, cuyos dividendos ya son patentes en los cuatro puntos cardinales del territorio nacional y enrumbar en una sola visión el futuro de todos.
Colombia no necesita más enfrentamientos. Requiere generar un consenso entre todos sus actores políticos, culturales, académicos, empresariales, campesinos y la ciudadanía plena, para de esta manera construir un país nacional, desde Bogotá, hasta las regiones más inhóspitas y apartadas, donde impere la ley y la presencia institucional otorgue a cada ciudadano sin distingo, sus derechos fundamentales.
La obligación de los políticos consiste en armonizar el balón en la cancha para que todos participen y den lo mejor de sí mismo en esa tarea y los goles se conviertan en victorias para todos.
El candidato que gane este domingo 17 de junio, no es un triunfador. Es el Presidente que tiene la mayor responsabilidad del siglo, porque todo un país cansado del conflicto, aún excluido y apartado de una opción de futuro, requiere paz y respuestas reales a sus necesidades.
El candidato ganador será el artífice de la historia de desarrollo o de atraso, de democracia o autoritarismo, de igualdad e inclusión o división o muerte.
Claro está, que la historia no la escriben los hombres comunes, sino sus líderes, los que tomaron la determinación de promover los derechos fundamentales, la igualdad ante la ley y la economía, como escenario de prosperidad y desarrollo.
La historia reciente de América Latina nos remite a situaciones vergonzantes. Líderes carismáticos, populares y fuertes de ideologías, incluso extremas, sólo han traído atraso, división, miseria y más conflictos. Así mismo es la causa de los peores fenómenos que han sucedido en la humanidad, como lo son la corrupción y las desapariciones humanas.
Sin duda, los narcotraficantes, paramilitares, corruptos, los negociantes de la guerra y de los bienes públicos, los cultores de la ilegalidad, entre otros delincuentes, estarán a la expectativa de quienes pueden garantizarles la impunidad necesaria para continuar con sus negocios fraudulentos.
Solamente los ciudadanos de Colombia serán los garantes de la paz y de un mejor futuro para todos.
Bogotá, D. C, 16 de junio de 2018.
Por Luis Fernando García Forero.
Foto: tangodiario.com.ar