Por Luis Fernando García Forero. Foto: elpais.com-. Este jueves en el Teatro Colón, con la firma del Nuevo Acuerdo de Paz, Colombia da un paso definitivo no sólo en la búsqueda de este ávido proceso de reconciliación nacional, sino en la resolución de una de las crisis de gobernabilidad más compleja de su historia republicana.
El triunfo del No a la Paz el pasado 2 de noviembre, ubicó a los actores del Acuerdo, negociado durante más de cuatro años en La Habana, en un escenario complejo y peligroso, ya que fue concebido como un complicado plan de desarme y reincorporación social, que va más allá de la retórica e implica un cambio no únicamente de posiciones estratégicas y de seguridad, sino de la posibilidad de una democracia más estable, donde se incorporarían nuevos actores sociales y políticos.
Los más de 40 días de discusiones con los representantes del No, quienes ganan el plebiscito por escaso margen y no necesariamente representaban a los que votaron por esta opción o se abstuvieron, incorporaron al anterior acuerdo otras consideraciones, asumidas como propuestas para hacer más cercana la implementación de los mismos. Tanto las Farc- EP y la administración Santos diligentemente aceptaron las críticas y las complejas objeciones al documento.
Todo este proceso se da en un país convulsionado por los resultados del plebiscito, que no sólo planteó la reflexión de sus resultados con los eventos del Brexit y la posterior derrota de los demócratas en EE.UU., sino la salida de la sociedad civil colombiana a la calle, en diferentes localidades y regiones, con un discurso crítico sobre el papel de la Paz para el futuro de Colombia, pero que la sociedad no se había planteado para lograrlo.
Asimismo, las posiciones de los adversarios de los acuerdos, que van desde las estrategias de manipulación de marketing político por el Jefe de Campaña del No y el desacredito de las encuestadoras, dibujaron un mapa de crisis profunda y de posiciones por la defensa del status quo.
El estado de opinión por parte de los adversarios mantuvo a la nación en una incertidumbre peligrosa. Pero los colombianos de uno y otro bando desean que este asunto se defina de una vez y en las mejores condiciones posibles. El Congreso es la voz delegada y legitima del pueblo para refrendar el acuerdo.
El ciudadano de a pie quiere la paz.