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Redacción Ecos. Foto: Camilo Rozo.- Una voz tuvo gran eco en el Foro de los Beneficios de la Paz en Colombia, realizado este miércoles, en Bogotá, por iniciativa del Grupo Prisa y la Fundación Buen Gobierno, con la colaboración de EL PAÍS, La WRadio y Caracol Radio, donde múltiples personalidades compartieron escenario con ella y hablaron del impacto de los Acuerdos de La Habana y el futuro posible de una Colombia en paz.

Esa voz es la de Martha Amorocho, quien perdió a un hijo en uno de los atentados de las FARC en Bogotá y hoy patrocina el perdón, para acabar con el círculo de odio.

Esta madre habla de paz mucho antes que las FARC se sentaran a dialogar con el Gobierno Colombiano. Habla de perdón y reconciliación desde que “un milagro”, como ella dice, le devolvió a Juan Carlos, su hijo mayor.

El 7 de febrero de 2003, la guerrilla hizo volar en pedazos con 200 kilos de explosivos el Club El Nogal, en el norte de Bogotá, en un atentado en el que murieron 36 personas. El conflicto colombiano, que parecía ajeno a la ciudad y exclusivo de las regiones, demostró que no tenía límites.

Alejandro, de 20 años, el hijo menor de Amorocho, fue una de las víctimas mortales, pero Juan Carlos, de 22, sobrevivió. “Ese milagro me transformó”, cuenta la madre, desde un sillón del lugar en donde hace 13 años el menor de su casa perdió la vida.

“Estar acá, hablando de perdón, es ante todo un compromiso”, expresó Amorocho, quien formó parte de la comisión de víctimas que estuvo en La Habana en un encuentro con las FARC: “Es un acto de fe para creer que estamos empezando un proceso que depende de todos, pero que nos interesa en especial a nosotras, las víctimas, que queremos construir y cambiar la historia de Colombia”, agrega.

“Cuando estuve sentada en la misma mesa con ellos [la guerrilla] supe que ya había sanado. Sabía que por su culpa ya no tendría nunca más a Alejandro y que [por ellos] tuve que ver a Juan Carlos entre la vida y la muerte, pero no sentía rencor. Lo único que quería pedirles era la verdad y el compromiso de que ninguna otra madre volviera a perder a su hijo por la guerra”.

Los abuelos de Amorocho fueron desplazados por la violencia en los años cincuenta, pero solo cuando ella misma apareció en los listados de víctimas y conoció el dolor de otras madres que habían perdido a sus hijos por la guerra supo que el perdón era el único camino para escapar del círculo de odio.

“Soy una madre más víctima del conflicto. No hay nada que me devuelva un abrazo de Alejandro, por eso entendí que la verdadera reparación es que no se repitan este tipo de situaciones, que no haya una madre más en Colombia que tenga que enterrar su hijo por la violencia”.

El conflicto, que ha dejado más de siete millones de víctimas, no ha distinguido edad, color ni condición y ha durado más de 50 años.

El testimonio de María Amorocho, intenta servir de reflexión en un momento en el que el país vive una polarización por cuenta del plebiscito, en el que el próximo 2 de octubre los colombianos decidirán si avalan o no los acuerdos logrados con las FARC.

“A los que dicen que no, les digo que piensen en la posibilidad de vivir como nunca lo hemos hecho. No existe nadie en Colombia que tenga en su memoria la imagen de un día en paz, en tranquilidad. Es la oportunidad que la vida nos dio para que seamos nosotros mismos los que decidamos si queremos o no un país diferente”, repite Amorocho, una víctima que cree en la paz y la reconciliación.