Logo Ecospoliticos

Redacción Ecos. Fotos FDCL/ Chicago Tribune.- La búsqueda de un derecho, hoy incuestionable, requirió del dolor y el sacrificio y la muerte de miles. El 1 de mayo es, en casi todos los países del mundo, el Día del Trabajo o del Trabajador, una fecha que marcó una era del movimiento obrero mundial y hoy es, por la complejidad del mundo, una festividad no laborable más del calendario.

Esta efemérides rinde  tributo a los Mártires de Chicago, un grupo de sindicalistas que fueron condenados en Estados Unidos por su participación en una huelga que se inició el 1 de mayo de 1886 en todo el país y, en ese estado, se prolongó hasta el 4 de mayo con la sangrienta Revuelta de Haymarket.

Tres sindicalistas fueron a prisión (Fielden, Neebe y Schwab) y cinco ejecutados en la horca (Engel, Fischer, Parsons, Spies y LIngg). Destaca que Auguste Spies era un periodista alemán, redactor del Arbeiter Zeitung, cuyo delito fue redactar una proclama en pos de la insurrección obrera, luego que la policía mató e hirió, a quema ropa, a los manifestantes.

El objetivo de la huelga era conseguir la jornada laboral de ocho horas que, en 1886 ya establecía la Ley Ingersoll, promulgada por el Presidente Andrew Johnsonn en 1868, pero que la patronal incumplía, lo que rearmó y movilizó a las organizaciones laborales y sindicales del país.

Como bien lo expresa David Bernal “esa huelga, que se saldó con miles de trabajadores despedidos, detenidos o heridos, la mayoría inmigrantes europeos, estaba la mecha del Día del Trabajo, una festividad en honor a la clase obrera que, poco a poco, se fue extendiendo al resto del mundo”.

El Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, fijo el 1 de mayo como el Día del Trabajo, en honor del sacrificio de estos sindicalistas anarquistas, como jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores, en un sentido general.

En Estados Unidos, Canadá y otros países no se celebra esta conmemoración. En su lugar se celebra el Labor Day (el Día del Trabajo), el primer lunes de septiembre, con un desfile realizado en Nueva York y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor, en inglés).

El Presidente Estadounidense Grover Cleveland auspició la celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos desde 1882. Canadá se unió a conmemorar el primer lunes de septiembre en vez del primero de mayo a partir de 1894.

España fue el primer país de Europa que aprobó mediante un decreto la jornada de ocho horas tras la huelga de La Canadiense llevada a cabo por anarquistas de Barcelona, aunque durante la dictadura militar de Primo de Rivera (1923-30) y la de Franco (1939-77) dejó de celebrarse. Dos meses después Francia también lo adoptó.

El Primero de Mayo adquirió su mayor y real protagonismo fue, tras la Segunda Guerra Mundial, gracias a las relaciones de países socialistas como la Unión Soviética y el aumento de poder de los partidos de izquierda en los países capitalistas de Europa.

Hasta el Vaticano se vio obligado a abrazar esta festividad y, en 1954, el Papa Pío XII declaró el 1 mayo el día de San José Obrero. Su objetivo era darle un tinte católico a un día que hasta entonces se mostraba hostil a la religión y, según ellos, se basaba en el odio.

Debido al clima de reivindicación por un lado y la división del mundo por otro durante la segunda mitad del siglo XX, las celebraciones del Día Internacional de los Trabajadores derivaron, en algunas ocasiones, en numerosos enfrentamientos, disturbios y masacres, que provocaron o fueron motivo de cambios políticos con relevancia nacional e internacional en algunos casos.

En la actualidad, el Día del Trabajo es sólo una efeméride que anuncia el aumento de salario, concertado o no, con las patronales, promueve la marcha testimonial del evento de Chicago, mayoritariamente por los partidos de izquierda y los grupos sindicales y deja observar el poco empuje ideológico y social que posee hoy el movimiento obrero, en una época tan terriblemente difícil, donde muchas de las reivindicaciones laborales peligran ante la desaceleración económica, la tercerización y la rebaja de la jornada laboral con fines demagógicos.

Desde Ecos felicitamos a todos los trabajadores y promovemos desde esta tribuna digital un debate de la situación del Trabajo hoy, para preservar las conquistas, que tanto dolor y sacrificio requirieron y no pueden perderse por la atomización de los grupos, que deben velar por ellas.