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El Papa Francisco y el patriarca ortodoxo Kiril, abrieron un inédito canal de diálogo y cooperación entre las Iglesias Católica y Ortodoxa, tras 962 años de cisma.

El objetivo del histórico encuentro fue forjar un frente común para los desafíos del mundo actual, como la persecución del cristianismo, la violencia y el terrorismo.

1054 es una fecha simbólica.  Fue el punto final de una división que se venía gestando durante siglos. En 1054, el Papa de Roma y el Patriarca de Constantinopla se excomulgaron mutuamente y así comenzó lo que se conoce como el gran cisma del cristianismo, que aún pervive.

Pero las iglesias cristianas de Oriente y Occidente se habían ido separando desde hacía siglos, sobre todo culturalmente. En Occidente se hablaba latín, mientras que en el Oriente bizantino prevalecía la cultura helenística griega.

La cuestión, sin embargo, iba más allá de lo lingüístico y cultural. El enfrentamiento, además de las diferencias rituales, se sustenta en cuestiones teológicas o doctrinarias como el concepto de purgatorio y la llamada "controversia trinitaria".

Mientras en Occidente se cree y se reza al Espíritu Santo, que de acuerdo con las corrientes teológicas más extendidas en la Iglesia occidental "procede del padre y del hijo", los ortodoxos prescinden de la figura del hijo. Es el conflicto por lo que en latín se denomina "filioque" ("y del hijo").

"Esa única palabra ha generado concilios, guerras, malentendidos. Por ella nos hemos peleado un milenio", afirma Philip Goyret, vicerrector de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Pero el encuentro entre el Papa Francisco y el Kiril, protagonizaron un histórico y "fraterno" saludo  en un salón de protocolo del aeropuerto de La Habana, el primero entre los primados de las dos Iglesias, separadas en 1054, que abre un nuevo capítulo en la relación entre los dos principales ramas del cristianismo.

El líder ortodoxo ruso afirmó que la reunión con Francisco permitió "entender y sentir" la posición del otro y que ambos estuvieron de acuerdo en la posibilidad que católicos y ortodoxos cooperen en la defensa del cristianismo.

"Es un encuentro muy querido tanto por mí, como por mi hermano Kiril", señaló Francisco a los periodistas.

La agenda del encuentro había sido adelantada por el Departamento de Relaciones Exteriores Eclesiásticas del Patriarcado de Moscú a través de Hilarión de Volokolamsk: "La situación actual en Medio Oriente, África del Norte, África Central y otras regiones en que extremistas llevan a cabo un verdadero genocidio de cristianos requiere medidas urgentes de cooperación entre las Iglesias". 

Después del saludo y posar unos minutos para las fotografías, los líderes religiosos se quedaron solos junto a sus traductores.

El encuentro con el Patriarca ortodoxo ruso en La Habana fue calificado como "un momento histórico y una gran alegría para el Papa", según el portavoz del vaticano Federico Lombardi.

La declaración conjunta de ambos líderes pondera que el encuentro se haya realizado en Cuba, "un símbolo de esperanza del Nuevo Mundo y de los dramáticos acontecimientos de la historia del siglo XX".

"Conscientes de muchos obstáculos que hay que superar, esperamos que nuestro encuentro contribuya a la obtención de la unidad mandada por Dios, por la que Cristo había rezado. Que nuestro encuentro inspire a los cristianos de todo el mundo para invocar con el nuevo fervor al Señor, orando sobre la plena unidad de todos sus discípulos", señala el manifiesto conjunto.