Editorial.-Es toda una paradoja lo que vivimos los periodistas en plena era de la información.
Ante el prodigio del avance de la tecnología y, por ende, de las posibilidades de informar y de comunicar, y mejor aún de conocer los puntos de vista de otros, en ese conglomerado global de las redes, la censura, la persecución, las condiciones de trabajo desfavorables, el veto, las dificultades de acceso a las fuentes periodísticas y las violaciones de la libertad de expresión, están presentes, y aún más, de forma alarmante.
El derecho de estar informado es inherente a la condición de individuo y de ciudadano. Razón por la cual el constituyente colombiano lo estableció en la Carta Fundamental. El Estado y las instituciones, tienen la obligación de garantizar este derecho, más aún cuando se habla de desarrollo sostenible.
El poder de la información es decisivo para emprender cualquier proyecto que busque mejorar las condiciones de existencia de la población de un país. Informar es abrir las condiciones de la participación y del emprendimiento.
Así como es fundamental para Colombia atender las condiciones que generaron el conflicto de mayor data en el mundo, hoy en camino de superación irreversible, intervenir sus consecuencias y lograr la reconciliación nacional, es un imperativo tomar en cuenta la situación de los periodistas de Colombia.
Sin periodistas, el conflicto armado, entre otras muchas situaciones complejas del quehacer colombiano, no hubiera tenido no sólo el acervo documental e histórico, que lo hizo referencia para el mundo antes de la globalización y posterior avance de las comunicaciones.
Han sido los periodistas los que consolidaron el tema de la violencia en el escenario de la opinión pública para que los gobernantes asumieran su responsabilidad de resolverla cumpliendo con el mandato constitucional del derecho a la paz, motivo por el cual hoy están en una mesa de negociación las partes en conflicto.
En Ecos creemos que el futuro del periodismo es esperanzador para las nuevas generaciones. Pero requiere que los que tienen el poder asuman el derecho que tenemos los periodistas como profesionales y ciudadanos a la calidad de vida, a la libertad de expresión y al emprendimiento.
En esta nota queremos recordar a los colegas periodistas que ya no están, principalmente a quienes perdieron su vida por informar, ellos fueron, son y seguirán siendo fuentes de inspiración para ejercer el más riesgoso oficio del presente: el periodismo.
El mejor regalo para este día, a quienes ejercemos la labor de informar, es el respeto a la vida y el derecho a informar y estar verazmente informados.