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Por Luis Fernando García Forero.-El encuentro entre los presidentes de Colombia,  Juan Manuel Santos y de Venezuela, Nicolás Maduro,  en Quito, Ecuador, si bien es cierto que dio un primer paso  para lograr encaminar la solución al conflicto fronterizo, a raíz del cierre de la frontera por parte del vecino país y la violación de los derechos humanos de las personas deportadas, no llena las expectativas para amortiguar la gravedad de los hechos acaecidos, porque quedan heridas sustanciales, principalmente, del lado colombiano, puesto que el pueblo no  deja de calificar de denigrante el trato dado a nuestros conciudadanos.

A pesar de la tensión de la reunión entre los dos jefes de Estado, se logró un principio de acuerdo basado en tres puntos: el retorno de las delegaciones diplomáticas, realizar una investigación de la situación de la frontera colombo venezolana y reunir a los equipos de ministros, con el objeto de tratar temas sensibles para ambos países.

Aunque el desarrollo de esos puntos, en búsqueda de una real solución al problema, se inicia con el encuentro de ministros en Caracas, la Canciller de Colombia, María Ángela Holguín dijo que fue una reunión difícil entre los dos mandatarios, pero necesaria, tras señalar que  se logró desarrollar una agenda común  con Venezuela, que se centrará en los temas que siguen pendientes como el contrabando, la lucha común contra las organizaciones criminales, los temas cambiarios  y la inseguridad.

El problema fronterizo coincide con aspectos fundamentales que determinan el futuro de ambos países: en Colombia, el proceso de paz y, en Venezuela, las próximas elecciones parlamentarias que se realizarán el 6 de diciembre y donde las encuestas no le dan un buen pronóstico al partido oficialista.

Las dos circunstancias, anteriormente mencionadas, no pueden ser inversamente proporcional a los esfuerzos que deben hacer ambos jefes de Estado, para sacar adelante a los habitantes de la frontera, deportados y retornados, de forma arbitraria, así como aclarar las violaciones al espacio aéreo colombiano y el asesinato de dos indígenas wayuu en territorio guajiro.

Analistas de la política internacional señalan que, cuando hay una crisis insoluble, se acude a la exaltación del nacionalismo, para tratar la gran magnitud  de la crisis social y política, que, en este caso, en Venezuela, apunta a grandes proporciones.

Lo único cierto es que los tres puntos de la agenda serán paños de agua tibia y simples declaraciones,  sino se buscan soluciones de fondo. En Colombia, el abandono estatal en las fronteras no se ha superado, mientras que Venezuela ha involucionado en sus políticas públicas de atención a las zonas limítrofes.