La visita de su santidad Francisco a Cuba dejó huellas de esperanza y reconciliación en un país que entró a la globalización después de iniciar de nuevo sus relaciones con Estados Unidos y donde la Iglesia pretende impulsar su evangelización en la isla que lleva más de 50 años con las teorías y prácticas del comunismo.
Un lenguaje sencillo, sonrisa franca y frases lapidarias, caracterizaron sus mensajes en la visita a esa isla caribeña, que ya fue visitada por los pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Desde su primera intervención el Papa Francisco expresó como objetivo del viaje la renovación de los lazos de cooperación y amistad entre la Santa Sede y el Estado cubano para seguir acompañando y alentando al pueblo de la isla en sus esperanzas y preocupaciones.
En una definición del papel de Cuba hoy en el mundo, subrayó se trata de un archipiélago que mira hacia todos los caminos, con un valor extraordinario como llave entre el norte y el sur, entre el este y el oeste, y con vocación de punto de encuentro para reunir a todos los pueblos en amistad, según soñó José Martí.
Un detalle trascendente al arribar a la nación caribeña fue su expresa petición al presidente Raúl Castro, que lo recibió, para hacer llegar un saludo especial y una manifestación de respeto al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro.
Allí escuchó a Raúl Castro referirse a las buenas relaciones del gobierno cubano con la Iglesia católica y todas las religiones e instituciones presentes en el país, las cuales ejercen la libertad de culto consagrada en la Constitución.
Podrá apreciar, agregó el mandatario, cómo los cubanos aman profundamente a la Patria y por ella son capaces de realizar los más grandes sacrificios, guiados por el ejemplo de los próceres de Nuestra América.
Desde ese momento, el Jefe del Estado de Ciudad del Vaticano desarrolló un amplio y emocionante contacto con distintos sectores de la nación que comenzó con una multitudinaria misa campal en la Plaza de la Revolución y continuó con intercambios emocionantes con religiosos, jóvenes y familias cubanas en La Habana, Holguín y Santiago de Cuba.
A ellos no es posible referirse sin destacar los pronunciamientos del Papa a favor de la unidad, de la coincidencia indispensable de quienes tienen creencias y los que no las tienen para luchar todos por la Patria, de la importancia de una iglesia destinada a servir a los pobres, de la bondad y la misericordia en el trato a los desvalidos y enfermos.
El llamado profundo a la juventud para evitar "conventillos religiosos o ideológicos", a los sacerdotes para enorgullecerse de la pobreza y siempre tender la mano "a los pequeños" fueron cariñosas demandas en sus homilías, todas transmitidas por la televisión y recogidas ampliamente por la prensa nacional.
Su visita a Fidel Castro, similar a un encuentro de amigos tratando temas trascendentes, su presencia en el Palacio de la Revolución para la reunión oficial con Raúl Castro, devenida cordial intercambio, fueron también puntos destacados en la agenda.
El Papa partió hacia Estados Unidos donde hablará ante la ONU y el Congreso norteamericano en un momento excepcional tras el inicio del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, algo apoyado por el Sumo Pontífice en forma coherente con su reclamo por la paz en el mundo.