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Por Nicolás Garzón,- La voz del pueblo, la democracia, solo se expresa a través de la cultura.

Bolívar el gran libertador de las tierras americanas en manos de las tropas realistas españolas, movió ejércitos para traer la democracia. Una democracia con evidente desequilibrio en poder militar y económico, con sociedades categorizadas por el poder adquisitivo – el capitalismo se concreta con el descubrimiento y conquista de América y otras colonias- es por lo tanto que aquellos que teniendo privilegios de “origen” seguirán teniendo el poder, estos con una educación ilustrada, promoverán la industria y el agro, la ganancia sobre el trabajo, y el bienestar común, nadie podrá ser esclavizado, y se tendrán normas y leyes de tan alta reglamentación como la constitución. Pero el poder económico seguirá siendo de los dueños de la industria y el agro, y en conclusión  dará una sociedad de ilustrados que tomo el poder, pero que evidentemente, no pudieron contener el ímpetu imperialista del gran capital. 

¿Qué nos ha permitido que la historia y prehistoria del pueblo americano permanezca? La palabra. Por encima de bailes, de fiestas y algarabíos, ha trascendido a pesar de cambios de lengua y épocas, el poder de la palabra. Pero ¿qué es la palabra? La transmisión de información y conocimiento a través del tiempo. Cien años de soledad puede ser un gran ejemplo, de cómo se transmite la palabra no solo en la obra misma sino en sus referentes. Este ejemplo nos sirve para entender que si bien el pueblo americano fue invadido, ha permanecido gracias a su palabra, convive en nosotros, en nuestra forma de ser, de actuar, de sentir y de pensar. No es una homogenización. Es la diversidad de visiones alrededor de nuestra historia y nuestro pensamiento y su posterior interpretación, que no es otra cosa que la palabra transformada (en obras de arte, en relatos, en bailes, en músicas, y un gran etc.), lo que hace que la historia de los pueblos de americanos sea bella y prolífica. 

El conflicto entre una economía que busca homogenizar a escala global y la cultura que nace en el ser mismo de cada individuo y que por lo tanto es diversa (hay tantas maneras de hablar como hablantes haya), solo es posible hacerlo converger en unas políticas públicas donde se proteja el legado democrático de la ilustración (es decir la libertad individual), pero a la vez dando recursos para que el desarrollo cultural se fortalezca y con sus revelaciones permita que lo grupal permanezca y lo individual haga impronta, solo así habrá una verdadera construcción de democracia.