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Por Giovanni Décola.- ¿Triunfará la magnanimidad de la justicia o la suprema corrupción de unos exmagistrados? 

Se acusa al Senador Álvaro Ashton de haber pagado un soborno para frenar una investigación en su contra por parapolítica. Él se defiende, manifestando que el dinero fue para el pago de honorarios profesionales. 

Desconozco por razones de reserva legal, la intimidad del asunto judicial, pero lo que sí conozco y me consta, es que el Senador Álvaro Ashton, nunca hizo parte del bloque de congresistas afectos al paramilitarismo; es más, los combatió desde la tribuna pública, en su curul en la cámara y en el senado, y jamás recibió ni necesitó de esos votos nauseabundos para hacerse elegir, primeramente representante en 1998 y 2002 y luego Senador en 2006, 2010 y 2014, y en todas ellas, con el aval del Partido Liberal. 

La tan publicitada desmovilización paramilitar dio pie, entre otros vejámenes, para que antiguos miembros de las autodefensas extorsionaran a representativas figuras del mundo de la política y de la clase empresarial. A unos con sólidos indicios y pruebas y a otros con burdos montajes. 

Ashton no se dejó abrumar ni cedió a las extorsiones, a sabiendas que nunca hizo parte de ese macabro fenómeno paramilitar. 

Su templanza fue ripostada por antiguos paras, con falsas acusaciones en su contra, ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. Para la desdicha del Senador Ashton, ya en la Corte, no descansaba la magnanimidad de la justicia, sino que operaba "el cartel de la toga"; cuyos integrantes se frotaban las manos de la dicha, cuando recibían esta clase de "munición". 

Inmediatamente, "el cartel de la toga" ponía a rodar su entramado criminal, y con abogados inescrupulosos, pero de sus afectos, tipo Gustavo Moreno, acechaban a potenciales clientes, con la amenaza de una orden de captura inminente, sino le otorgaban poder al consabido abogado de marras, y con onerosísimos pagos de honorarios profesionales. 

Ante esa encrucijada, el de demostrar la inocencia desde una cárcel, con la carrera política arruinada y una familia destrozada, y el de sucumbir ante la arremetida del "cartel de la toga", el Senador Ashton, prefirió esta última. 

Ashton fue víctima, primeramente, del "cartel de los falsos testigos", luego lo fue, del "cartel de la toga", ¿lo será ahora, de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia?  

Sí la Corte quiere reivindicarse en derecho y en justicia, debe archivar una investigación que es una afrenta, no contra Ashton, sino contra quienes siempre hemos repudiado el entramado paramilitar y la corrupción judicial. Y si la Corte quiere congraciarse con la galería y darle combustible al “cartel de falsos testigos”, para que sigan con sus burdos montajes "untando" a quienes no le copian a sus macabros fines criminales, pues que ordenen la captura, que sería el más grande oprobio, no contra un Senador que jamás ha sido paramilitar, sino contra la majestad de la misma justicia.