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Por Giovanni Décola.- Quiso el Gobierno que los diálogos de paz se hicieran en medio del conflicto armado. Argumentó que el cese bilateral del fuego, le convenía a la guerrilla, que siempre reacomodaba sus fuerzas y sacaba ventajas militares,  y que en esta ocasión, el Gobierno no estaba dispuesto a entregarle ninguna canonjía a la guerrilla. Llevamos dos años negociando en medio de las balas.

Nuestras fuerzas militares en estos dos años han dado de baja a importantes cabecillas de las FARC, entre ellos, su máximo comandante Alfonso Cano. La guerrilla, no se levantó de la mesa…

Por supuesto, lo ideal es que la guerrilla deje de atentar contra la población civil, que ponga fin a sus acciones ofensivas contra nuestra fuerza pública, que haga verdaderos gestos de paz. Pero es que los actos de  guerra, desde cuándo, los enemigos se la imponen a la contraparte?

Hasta donde sé, el Gobierno y las FARC, están NEGOCIANDO el fin del conflicto armado, para dar el paso a la tan anhelada paz. No es una rendición de la guerrilla.

Qué hacía un General, acompañado solamente de una abogada y un suboficial en terrenos infectados de guerrilla? Obedeció el General Rubén Darío Alzate los protocolos de seguridad para su desplazamiento? O era consciente este General que una imprudencia como ésta, podría dar al fin con el proceso de paz? O era una acción premeditada para tal fin?

En todo caso, el Gobierno no puede pretender que cuando da un golpe a la guerrilla, es plausible porque entre las partes se acordó negociar sin un cese bilateral de hostilidades, pero cuando es la guerrilla la que comete cualquier acción bélica o una de las atrocidades a las que ya nos tiene acostumbrado, entonces es inaceptable.

El Gobierno fue el que puso las condiciones de negociar en medio de la guerra, así que esta bravuconada de suspender los diálogos de paz por parte del gobierno, no tiene sentido. Máxime cuando todo parece indicar que el fin de los acuerdos está cerca. Con la paz no se juega.

Así que el Presidente Santos, debe contener su rabia, la cual es entendible, pero que no sea a costas del proceso de paz, y reanudar de inmediato los diálogos. Sin esta bandera, su Gobierno pierde sentido. No en vano, ganó las elecciones por el anhelo de paz nacional. Con esta medida, ni siquiera la ultraderecha reconocería gesto de grandeza alguna; ya sabemos que ellos solo aplauden a su único líder, y serían Uribe y sus apólogos de la guerra, los  grandes ganadores de ésta insólita decisión del Gobierno.