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Por Giovanni Décola.- Con la firma del acuerdo definitivo entre el Gobierno y las FARC, empieza una labor ardua, para hacer de la paz, un sueño posible.

Quedó demostrado  que en Colombia hay dos visiones de Estado: Una retrograda y feudalista, amiga de la guerra y de la idea de aniquilar a fuego y sangre al enemigo, en donde prevalezcan los derechos del más fuerte; y otra, amiga del diálogo y de la paz, donde las contradicciones se solucionen a través de la negociación sin renunciar a los valores sustanciales de un Estado Social de Derecho y defensor de la propiedad privada, siempre y cuando ésta, aparte de tener su función social y ecológica, haya sido adquirida de buena fe exenta de culpa.

Pese a la pírrica victoria del No en el plebiscito, al final se impuso la racionalidad y la sensatez, y ésta última visión de Estado triunfó. Los acuerdos de la Habana, fueron mejorados, luego de escucharse a todos los sectores, los del No y los del SI, y una vez sean refrendados la próxima semana por el Congreso, pasan a la fase de instrumentalización y ejecución. A Juan Manuel Santos le bastarán los casi dos años de mandato que le restan, para llevar a cabo esta tarea.

Pero lo más importante, está por venir: es la consolidación de una paz estable y duradera. Ya se avecina la carrera presidencial del 2018, y los señores promotores del NO, visto está, que no les interesa la paz, y saben que sin la perpetuidad de la guerra, sus candidatos no tienen opción de llegar   al Palacio de Nariño, con el fin de dar al traste, con la paz querida y soñada por los Colombianos.

Todas las Partidos y Movimientos Políticos que con sinceridad dieron un valeroso impulso a la paz, y junto a los sectores progresistas de nuestra sociedad, deberán unirse y defender estos acuerdos como una coraza. No nos llamemos a engaños. La derecha y ultraderecha, no renunciarán a su visión de Estado y combinarán todas las formas de lucha para dar al traste con los Acuerdos y con la Paz.

Se hace necesario convocar voluntades y elegir en el 2018 un Gobierno de transición, como lo ha pregonado las FARC, con el propósito principal de garantizar el triunfo definitivo de la Paz. En el actual escenario político veo connotadas figuras nacionales amigas de la paz. Quién tendría la osadía de negar el liderazgo y probidad de Sergio Fajardo? La honestidad y conocimiento del país de Jorge Robledo? La rebeldía y perseverancia de Gustavo Petro? La juventud y decoro de David Barguil o Juan Manuel Galán? Todos ellos, son muy importantes figuras públicas, que el país reconoce, pero quién tendrá mejor ganado el sitial para garantizar que efectivamente se consagren los acuerdos de la Habana y se llegue a una paz estable y duradera?  Sin duda, es Humberto De La Calle.

No solo, por la elemental cortesía de reconocer en él, como jefe negociador del Gobierno,  un hábil ejecutor de la voluntad de paz del pueblo colombiano y de nuestro premio Nobel, Juan Manuel Santos, Si no, que Humberto De La Calle, tiene un “aquilatado perfil de hombre justo”, que ha ido confirmando en cada uno de los cargos que ha tenido como hombre público.

Como joven abogado, se estrenó como Juez en Salamina y Chinchiná, llegando en la Rama Judicial a ser Magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. Fue Registrador Nacional del Estado Civil, Ministro de Estado, Embajador y Vicepresidente, entre muchos otros cargos. En todos demostró probidad, decencia, patriotismo y coherencia con sus ideas.

Desde niño demostró su apego por los libros. En su hoja de vida reposan doce postgrados en altos estudios. No era raro, que al mirar las horas del reloj, confundiera las luces de su cuarto con el alba del despertar, por estar leyendo sin parar, a poetas del calibre de Baudelaire y Rimbaud, o un texto jurídico de Ferri o de Carrara.

Como “monaguillo” del Nadaísmo fue un rebelde, pero con causa. De formación liberal sin profesar ningún sectarismo. Su pasado existencialista, lo lleva a evocar uno de sus tangos preferidos: “Volver”. Y Humberto De la Calle, ha vuelto para heredar junto con las fuerzas que añoran la paz, el Gobierno de Colombia, y como buen seguidor del vallenato que es, estará dispuesto a echarle “la gota fría” a quienes, insisten en hacer de Colombia, un país en guerra, para satisfacer intereses económicos inconfesables y egos muy personales.

Doctor De La Calle, empiece a hablar alto!!! Los parlantes de Colombia, están encendidos para recibir palabras de paz, de vida, de sueño, de fraternidad, de justicia, de equidad…Ese acuerdo fue el mejor posible y usted hará posible, el Gobierno de la Paz!!!