Por Luis Fernando García Forero.- En la actualidad estamos viviendo importantes y significativos cambios sociales, que han generado un nuevo orden y han puesto a prueba las visiones que tratan de organizar el mundo.
En este contexto, de cambios y desafíos, estamos en una verdadera revolución, no sólo tecnológica y comunicacional, con el poderosísimo impacto de la tecnología y las interacciones, sino una revolución sociopolítica.
La sociedad de la Era Digital está poniendo a prueba a todos los actores de la humanidad. La inmediatez, la interacción y la diversidad, propias de esta era, son nuevos retos a la política y a los que hemos hecho de ella nuestra misión de vida.
La globalización y las telecomunicaciones ampliaron las necesidades y las exigencias del mundo. En otras palabras, diversificaron los escenarios, hicieron visible a todos y, por ende, ampliaron el espectro de las demandas y expectativas políticas.
Estas demandas y expectativas, por sí solas, son una exigente prueba a los principios que comandan la acción, ya que no sólo tenemos que velar por una sociedad más justa, equitativa y con instituciones sólidas, que resguarden la vida y los derechos de los ciudadanos y sus comunidades y familias, sino aceptar los desafíos que implica legislar o proyectar para los entornos digitales, sin perder la perspectiva del derecho a la información, a la privacidad y a la accesibilidad.
Esto es una situación que amerita una reflexión profunda y una posición clara y definida, porque el Internet, en otras expresiones extraordinarias del avance tecnológico, ha conjurado los fantasmas del control y la represión en algunos gobiernos y organizaciones, porque la accesibilidad y democratización de los contenidos puede influir en las opiniones y las acciones de las personas y generar mayores y más exigentes demandas.
Como Liberal estimo que estos nuevos escenarios y contextos traen a la mesa de diálogo los temas que han enriquecido el debate liberal de todos los tiempos y todas las épocas. Sobre todo la discusión sobre la libertad y la propiedad.
La Era Digital como escenario nos exige a los políticos respeto, moderación y responsabilidad, rasgos que definen el accionar de la democracia como sistema político, en el marco de sus dos grandes cualidades: la libertad y el pluralismo.
Las pruebas del Liberalismo Moderno no están en definirse entre los extremos, sino reinventarse ante los desafíos de un mundo que seguirá cambiando, aunque no se actúe.
Esta era es una infinita posibilidad de democratización del mundo, al tener no sólo la poderosa oportunidad de relacionarnos con las necesidades, expectativas y visiones de la gente, sino de dialogar y participar como actores en esos procesos.
La comunicación siempre será un proceso antitotalitario y el mayor recurso para preservar a la Democracia de sus consecuentes enemigos.