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Por Amylkar Acosta M.- Nos tenemos que ir acostumbrando al petróleo barato, lo cual beneficia a los países consumidores, pero perjudica a los productores y exportadores, dando lugar a un juego de suma cero. No obstante, para el Nobel de economía Joseph Stiglitz sus efectos macroeconómicos si no suman cero, debido a la asimetría de la respuesta de unos y otros. En efecto “los que pierden tienen que recortar inversiones o gastos, mientras que los que ganan no creen que la variación sea permanente y se contienen. Debido a ello, el efecto neto es negativo sobre la demanda global. Y como ese es el elemento que mueve la economía global, por eso no veo a las cosas mejorando”.

Siempre se ha hablado de China y la India como las dos “aspiradoras” de materias primas, debido a que tanto por el tamaño de sus economías como por el endiablado ritmo de crecimiento que traían absorbían buena parte de ellas, lo cual mantuvo sus precios por las nubes durante un largo ciclo. Pero este llegó a su fin con la ralentización de su crecimiento, sumada a la recesión de la economía del viejo continente y a la lenta recuperación de la economía estadounidense de su crisis hipotecaria. De allí que el FMI en su Informe de julio pasado titulado justamente “ajustándose a precios más bajos en las materias primas” pronostica que 2016 será el “quinto año consecutivo de crecimiento declinante” de la economía mundial. 

El caso más notorio es el de China que, según Stiglitz, su crecimiento se va a seguir desacelerando, sin duda alguna. Y ello obedece en gran medida a que “está haciendo la transición de tener una economía basada en manufacturas y exportaciones a una de servicios, lo cual llevará a que su demanda de bienes primarios disminuya”. Y entre estos el más afectado, indudablemente, es el petróleo, al fin y al cabo China desplazó a EEUU para erigirse en el mayor importador de crudo del mundo. Ello ha contribuido enormemente al desplome de los precios del petróleo. 

El otro factor que gravita sobre la formación de los precios internacionales del oro negro, presionándolos a la baja, es la sobreoferta del mismo que ya se prolonga por tres años consecutivos durante los cuales la oferta supera la demanda entre 2 y 3 millones de barriles diarios en el mercado. Al tiempo que la OPEP produce por encima de la cuota acordada, los no OPEP producen y exportan más crudo tratando de compensar los menores precios con mayores volúmenes y ello ha terminado en un exceso de oferta, como lo señala la AIE. Además los inventarios están al tope, a tal punto que hoy por hoy uno de los mejores negocios es el del almacenamiento de crudos. Ello ha conducido a una guerra de precios tendiente a capturar mercados tan importantes como el mercado asiático, particularmente el de la China y la India, apelando a descuentos sobre los mismos con tal de lograrlo. 

La AIE se quedó corta al hacer sus proyecciones de precios para el 2016, en enero del año anterior su previsión era de un precio promedio para este año de US $71 el barril y ya para diciembre lo corrigió a la baja apostándole a un precio de US $50.89. Nunca se imaginaron que la caída del precio iba a traspasar la barrera sicológica de los US $30 arrancando el año, por primera vez desde diciembre de 2003. En lo corrido del año la caída del precio tanto el de la referencia WTI como el Brent, que ahora están a la par, supera el 25% y desde junio de 2014 dicha caída supera el 70%. Si bien es cierto en los últimos dos años la industria petrolera ha dejado de invertir 2 trillones de dólares, aproximadamente, sobre todo aquellas empresas que invierten en el fracking, al tiempo que Irán tendrá que modernizar su envejecida infraestructura petrolera antes de desplegar todo su potencial, su efecto sobre la oferta tardará en ponerle fin al petróleo barato, que se puede prolongar dos años más. 

Bogotá, enero 24 de 2016

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