Por Luis Fernando García Forero.-Una de las experiencias más complejas y polémicas que se desarrollan en el contexto del proceso de Paz en Colombia está vinculada al rol del Congreso de la República.

El Acuerdo de Paz pretende que el Poder Legislativo de pasos agigantados a ser real, concreto y legal el conjunto de las múltiples y diversas estrategias, que no sólo definen el fin del conflicto, sino el manejo de sus consecuencias: un país con equidad, sin pobreza, con oportunidades para todos, con pluralidad y participación política sin distingos, sin corrupción y ávida de seguir en paz, entre otros.  

Se requiere celeridad y precisión. Hay un país nacional que respondió al llamado y como si fuese un referéndum votó por la Paz el pasado 25 de octubre de 2015, echando al traste a las individualidades y buscando la pluralidad democrática necesaria para construir el acuerdo.

El rol del Congreso de Colombia nunca ha sido tan importante y tan esencial. Con precisión de cirujano se demanda preservar su institucionalidad política, como órgano y poder y,  por otro, se exhorta que se le prodigue un piso jurídico, que reforme y tramite los medios más idóneos para acelerar la firma y la ejecución del acuerdo, siempre con el cuidado de erradicar, de una vez y por siempre, la violencia.

De allí que la complejidad de la situación pida posiciones que cubran el rol fundamental del Congreso y las facultades extraordinarias del Poder Ejecutivo, porque al final se edifica una solución sostenida en la legalidad, pero abrazada por el consenso y aceptación de las partes.

La visita de los líderes del Congreso Colombiano a La Habana, encabezada por el Presidente del Senado, Luis Fernando Velasco Chaves, muestra el poder de conciliación exigido por la circunstancia histórica. En una negociación tan ardua se requiere construir un consenso y preservar los espacios jurídicos propios de la institucionalidad. Se requiere un dialogo sostenido, donde las posiciones no se queden en las formalidades, sino en las propuestas.

El Congreso de Colombia vive hoy el desafío de tomar decisiones sobre el proceso de paz que requieren mecanismos legislativos que no lesionen la legitimidad del ente, pero que deben crear la plataforma de la viabilidad del proceso.

El proceso de Paz es irreversible. Y el Congreso de Colombia garantizará su legítima legalidad. 

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