Por Jose Félix Lafaurie.-La Región Andina se incendia en un intenso verano que se prolongará hasta 2016, mientras en la Región Caribe ya no hay siquiera vegetación que se pueda quemar. En sus llanuras cuarteadas ya han muerto más de 34.000 reses este año, y desde que empezó esta tragedia de eventos climáticos extremos en 2009, van más de 13 millones de hectáreas afectadas y el hato se redujo en un 10%.
La producción de leche también ha sufrido, pero es todavía suficiente para abastecer a la industria, que solo acopia el 50% de la producción, mientras el otro 50% -más de 3.000 millones de litros- se malvende en la informalidad, en detrimento de 300.000 pequeños productores que, además, no reciben crédito ni asistencia adecuada, porque tampoco están asociados para ser más productivos y fuertes frente al mercado. Mientras tanto, la industria aprovecha para invocar una escasez que no existe e importar a bajo costo, agravando aún más la crisis. En medio de este escenario, 800 ganaderos se dan cita en Barranquilla, en el III Foro Internacional de la Leche, donde planteamos los casos exitosos de los principales productores mundiales -Nueva Zelanda, Estados Unidos, Francia y Alemania-, mientras que expertos de Brasil, Costa Rica y México presentaron sus casos, y al final -tengo que decirlo-, hubo consenso en conclusiones ya conocidas.
Dicho de otra manera, sabemos lo que se debe hacer, pero el país no lo está haciendo. ¿Qué han hecho esas potencias lecheras que nosotros no hemos hecho?
1.- Los gobiernos han asumido la producción y exportación de leche como de interés económico, apoyándola en investigación, ciencia y tecnología, asistencia técnica y políticas de crédito. 2.- La dotación de bienes públicos -vías, servicios, energía, educación, etc.- concurre efectivamente a la competitividad y no a su deterioro. 3.- El acceso a tecnología y bienes de capital les permite a productores e industriales la innovación permanente. 4.- A partir de ese mayor nivel tecnológico, han demostrado que con menos pueden más. Menor hato que el nuestro o menos vacas en producción, pero con niveles óptimos de productividad y calidad. 5.- Sin perder el horizonte exportador, el mercado interno es la base del crecimiento, y así lo entiende su industria. No se debería importar leche hasta no acopiar, cuando menos, el 75% de la producción nacional.
Colombia también puede hacerlo si hay voluntad del Gobierno y todos los eslabones, con el esfuerzo ganadero a la cabeza, porque aún en las peores crisis, la ganadería no se rinde.