En instancias formales e informales se menciona la inevitable descertificación de Colombia antes de septiembre.
Por Simón Gaviria*. -Supremamente odioso pensar en el proceso de certificación de la lucha contra las drogas que hace EE.UU. como una validación moral. EE.UU. es el mercado de narcóticos más grande del mundo, con costos de drogadicción estimados por el Departamento de Justicia en US$215 mil millones. Si la herramienta policiva es la mas eficaz eso es un debate para otro día, el hecho es que, con la proliferación de fentanilo, 27.2 millones de estadounidenses (9.7% de la población) enfrentaron problemas de adicción de drogas en 2024, según los centros de adicción de EEUU. Un tema que venia perdiendo relevancia durante este siglo volvió a ser prioridad electoral, EE.UU. va a dar esta batalla en todos los frentes.
La certificación fue creada en 1986 en la ley de ayuda extranjera de EE.UU., bajo la histeria de la epidemia de crack. Actualmente, solo tres países no pasan la prueba: Venezuela, Bolivia y Myanmar. La consecuencia inmediata de una descertificación sería la suspensión de la ayuda humanitaria y militar de EE.UU. hacia Colombia, que se espera en US$413 millones en 2025. Sin embargo, lo grave serian los aranceles y trabas aduaneras que podrían imponernos. Recientemente, no bajo la bandera del proteccionismo sino por no cooperar en la lucha contra el fentanilo, EE.UU. impuso aranceles del 10% a China.
En instancias formales e informales se menciona la inevitable descertificación de Colombia antes de septiembre. Incluso cuando se logró la certificación el año pasado, se notó favoritismo diplomático dada la falta de resultados. Se mencionó el crecimiento exponencial de las hectáreas sembradas de coca, que se estimaba en 250 mil, pero que ahora podrían superar las 300 mil. La validación de los esfuerzos era más bien una apuesta filosófica que enfrenta una respuesta holística versus la tesis del garrote.
La administración Trump no tiene paciencia ante la falta de resultados, a menos de que se realice un esfuerzo diplomático descomunal con genuinos resultados, será muy difícil revertir la situación.
Esto podría incluir el nombramiento de un nuevo embajador o un enviado especial a Washington en quien confíen los Republicanos, así como la dedicación semi-exclusiva de la Canciller y un compromiso material del nuevo MinDefensa. En complemento, las salidas oratorias como las del presidente en Naciones Unidas y Europa se deben suspender. Los problemas se pueden resolver, pero debe haber voluntad para abordarlos.
Con exportaciones a EEUU que alcanzan los US$14,337 millones, estos aranceles podrían ser destructivos. El daño seria especialmente dañino para sectores como el café, flores, aguacate, o el banano que gozan de márgenes apretados. Así el gobierno piense diferente a Trump, debe hacer lo posible para pasar la tormenta. Esa sensibilidad diplomática del gobierno para no ofender ni a Venezuela ni a Rusia, podríamos usarla en EEUU.
Bogotá, D. C, 26 de febrero 2025
*Actual fellow del instituto Marron en NYU. Ex-director nacional de planeación y expresidente de la Cámara de Representantes.