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La gobernabilidad en España es una entelequia. A más de un mes  de sus elecciones parlamentarias, aún no tiene presidente.

La enorme división del Congreso de los Diputados tras las elecciones del 20D va a complicar como nunca antes la tarea de formar Gobierno. Superada la euforia y la decepción, según los casos, de la jornada electoral, se abre, sin solución de continuidad, la búsqueda de pactos y alianzas para elegir un presidente del Gobierno.

El procedimiento para designar al presidente del Gobierno está regulado en el artículo 99 de la Constitución de 1978 y desarrollado muy someramente en el Reglamento del Congreso de los Diputados.

La norma establece básicamente que el candidato propuesto por el Rey será investido presidente si obtiene la confianza de la mayoría absoluta de los diputados en primera votación o la mayoría simple –más votos a favor que en contra– en segunda convocatoria, 48 horas después.

En caso de no lograr esa mayoría, el Rey podrá proponer a otros candidatos. Si pasados dos meses de la primera votación no se consiguiera la investidura, las Cortes quedarían disueltas y se convocarían nuevas elecciones generales.

El nombramiento del jefe del Ejecutivo, que una vez designado nombrará a sus ministros, es una tarea que reside esencialmente en la Cámara baja. Sin embargo, en este contexto de división política, la figura del Rey como mediador y favorecedor de la negociación entre los partidos tiene visos de acentuarse para que alguno de los principales candidatos obtenga la investidura.

Pero esto no sucede. Y hay posibilidad de nuevas elecciones generales, donde el estado de las negociaciones presenciadas por los ciudadanos españoles ante este conflicto de intereses puede modificar el escenario político del parlamento.

En medio de laboriosos pactos políticos, en un Parlamento más fragmentado que nunca, el Wall Street Journal afirma que ha aumentado esa inquietud en las mesas de los comités de inversión de los fondos extranjeros, que ven en el aire la continuidad de las reformas implementadas en los últimos años.

Sin embargo, esas dudas incipientes que empezaron a notarse a finales del año pasado no son suficientes para que inicien un éxodo generalizado hacia otros países en busca de mejores oportunidades. Por ahora, expresa Carlos López Perea de WSJ.

Los empresarios españoles consideran muy negativo para la economía del país prolongar más tiempo el bloqueo político con una repetición de elecciones.

Tal y como informa El Mundo, los empresarios van a redoblar en los próximos días las presiones para que PP, PSOE y Ciudadanos acuerden formar un Gobierno.

La iniciativa de ocho asociaciones empresariales, entre las que se encuentra el Círculo de Empresarios, intenta dar un toque de atención a los tres partidos que defienden el actual sistema político y les insta a que logren un acuerdo que no acaben con el ritmo de la economía española.

Muchas son las nefastas consecuencias de la inexistencia de acuerdos en pos del bienestar de los españoles.

Felipe VI deberá disolver las Cámaras y volver a convocar a comicios.

Podrá España entender como nación y como pueblo que le sucede a su élite política. Y luego los políticos se ponen molestos cuando los analistas y periodistas definen este tiempo como la Era del Descontento.