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Los colombianos somos esclavos de la violencia, de la corrupción y de la injusticia social. Y pareciera que esta situación nos encantara.

Por Giovanni Décola*. -Los colombianos somos esclavos de la violencia, de la corrupción y de la injusticia social. Y pareciera que esta situación nos encantara. 

Cuando Simón Bolívar, iniciaba su gesta libertadora, la mayor oposición, la encontró en sus propios hermanos latinoamericanos. Muchos querían seguir bajo el yugo de la dominación española. El miedo a lo nuevo, los entumecía. La respuesta a su sueño libertario, era tildarlo de guerrillero, rebelde, loco, irresponsable. “Sin los españoles, seríamos unos despreciables indígenas”, le gritaban. El resto de la historia, ya la conocemos. 

Cuando el Presidente José Hilario López, un día como hoy,  21 de mayo de 1851 sancionó la ley segunda, por medio de la cual se declaró la libertad de todos los esclavos en Colombia, a partir del 1° de enero de 1852, quienes mayormente se opusieron a la ley, quién lo creyera, fueron precisamente los mismos esclavos, a quienes sus amos, le repetían una y otra vez, que, si se les declaraba libres, iban a ser convertidos en despreciables pordioseros. Y la gran mayoría de los esclavos así lo creyeron.

Muchos años después, la historia parece repetirse. Hoy, un hijo del pueblo, llamado Gustavo Petro, quiere abrirnos los caminos y romper las cadenas que nos atan como esclavos de la explotación laboral, proponiendo una consulta popular, ante la intransigencia del Congreso para tramitar leyes que nos lleven a transitar los senderos de la justicia social. 

Nuestra clase dirigente, empresarial y política tradicional, untada hasta los tuétanos de la violencia y la corrupción, se han dado a la tarea de bloquear todas las iniciativas populares de nuestro Presidente, que inician con campañas mediáticas de difamación a través de sus medios de comunicación afines y brigadas de bodegueros prepagos con múltiples perfiles que invaden las redes para despotricar de Petro y sus reformas. Si ello no es suficiente, presionan a los congresistas que les financiaron sus campañas, para que voten negativamente los proyectos de ley presentados por el ejecutivo, y si logran pasar en el Congreso, se la juegan porque los Magistrados de altas Cortes cooptados por el gran capital les tumben las reformas, como ahora lo pretenden con la reforma pensional. 

Compatriota, si de verdad, estás hastiado de la corrupción que nos carcome, tenemos una oportunidad histórica, de poner fin a décadas de ignominia, y derrotar a esa corruptela que hoy se ha juntado en un aquelarre de intereses nauseabundos y mezquinos, cuyo único propósito, es sepultar el sueño de un pueblo que agoniza ante la falta de oportunidades y se ahoga en un mundo de deudas, cuyos acreedores, pretenden engañarnos, una vez más, con el cuento del uribismo trasnochado de  que con Petro nos volveremos peor que Venezuela. 

Nos invitan a un futuro sin Petro, los mismos de siempre, a quienes solo a ellos, el futuro les sonríe. Con tal de mantenernos como sus nuevos esclavos, no se inmutan al juntarse todos los corruptos de siempre al juramentarse nuevo y eterno amor; así antes se hayan hecho acusaciones mutuas de narcotraficante, paramilitar, corrupto, dictador, o las más tiernas de Gaviria a Uribe: “Mentiroso, mentiroso, mentiroso”. 

Otro hijo del pueblo, llamado Jorge Eliécer Gaitán, nos advertía, que él no era un hombre, sino un pueblo, y el pueblo es superior a sus dirigentes. Hoy el pueblo se llama Gustavo Petro. Sólo apoyando sus reformas a través de la movilización constante y progresiva, demostraremos que, si somos superior a los dirigentes, y no como dijera el mismo caudillo: “Una multitud anónima de siervos”. 

Decía Dante Alighieri en su obra La Divina Comedia: "Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral". En la consulta que se terminará haciendo a las buenas o a las malas, la abstención o la indiferencia, no es más que una forma soterrada, de apoyar a nuestros verdugos. 

Gustavo Petro, ya hizo lo suyo: arrinconó a todos los corruptos de Colombia en un solo lugar. Nos falta a nosotros, darles su estocada, votando masivamente en contra de ellos, y mientras se abren las urnas, nuestra respuesta es: La Calle. 

Petro, como cualquier humano, no es infalible, y tal vez nos genere dudas y hasta temores, pero es mil veces preferible, darle un voto a la esperanza, que seguir siendo esclavos de nuestros miedos. 

Para los corruptos de ayer y de hoy, el único día, que no somos un despreciable indigente, es cuando votamos. Ese día, que ya no cuenten con nosotros, así nos pretendan comprar nuestra conciencia. 

Por nuestra libertad definitiva, dile: ¡¡¡sí a la consulta popular!!! 

Bogotá, D. C, 21 de mayo 2025

*Abogado con especialización en derecho administrativo y electoral. Analista Político.