Por Ferdinand Bermejo. Foto: BBC.- Cuando el ingeniero Emil Odebrecht llegó a Brasil en 1856, en una de las oleadas de inmigrantes alemanes a América, jamás pensó que su apellido y su ADN estuvieran asociados, 161 años después, a una empresa con operaciones en toda América Latina, EEUU e incluso Europa y África, en una trama de sobornos multimillonarios, instituciones corruptas y populismo desbordado.
Indudablemente, Odebrecht es, hoy en día, la punta de lanza de diversos delitos integrados, en organizaciones profesionales y mercantiles, de impecable estampa, pero con intrincadas relaciones con el poder y el control del Estado y con una de las peores expresiones del delito, el tráfico de influencias, tan letal y omnipresente como el trafico de drogas y la trata de personas, negocios odiosos por definición y no tan tolerados e incluso defendidos, como la corrupción, el peculado de uso y la perpetuación en el poder.
Muestra de ello, es la fabulosa website de Odebrecht, https://www.odebrecht.com, con una historia y tradición que conmovería a una empresa familiar que elaborase zapatos, dulces u otros productos actualmente masivos.
Con un historial de logros, iniciativas y progreso, el sitio muestra no sólo a una organización muy brasilera, sino un negocio moderno, con gran validez aparente y con fundación con Responsabilidad Social Empresarial-RSE- y lo suficientemente flexible para adaptarse a los nuevos tiempos políticos, donde populistas y totalitarios como Lula Da Silva y Hugo Chávez Frías, entre otros dirigentes, financistas y gobernantes, requirieron sus buenos oficios para generar obras de gran envergadura y grandes contratos, capaces de exigir coimas millonarias, nulo control previo y posterior e inconclusas respuestas a las necesidades de la gente y comunidades.
Empresas como Odebrecht son organizaciones delictivas. Sus encargados y dueños, consentidos de los políticos, no huyen de la justicia. Se quedan y son personajes de un guión digno de Tarantino, “cantan como pájaros” a quienes son sus socios en los diversos países, haciendo temblar a los héroes del cambio y los paladines de la lucha contra la pobreza.
Claro está que Odebrecht es, tal vez, sólo una mínima muestra del imbricado escenario de la corrupción, el peculado y la debilidad institucional. Porque en esta pieza de teatro del Absurdo de la Era Digital existen muchos actores, ya que la corrupción y el peculado estaban allí, antes que ellos se internacionalizaran, operaran debilitando las instituciones o dejándolas bien distantes de las regiones, los paramilitares, los carteles y los centros financieros.
Entre tanto, Odebrecht, no sólo sigue su periplo ofreciendo sus servicios en las naciones del mundo, sino tratando de esquivar la justicia y el debido proceso.