Por Felicia Saturno Hartt. Foto: HolaCiudad.- Luego del debate de este miércoles entre los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, Clinton y Trump, permanece el interrogante: ¿Quién lo ganó?
The Washington Post respondió así: "Fue la mejor performance en un debate de la demócrata. Pudo finalmente entender el balance justo entre ignorar y enfrentar a su rival".
En líneas generales, los medios alrededor del mundo le dieron la victoria a la ex primera dama. Y una encuesta de la CNN, realizada entre espectadores del duelo televisado, dio 13 puntos de ventaja a la ex Secretaria de Estado sobre su contendor republicano: 52% a 39%.
Esta diferencia es la más ajustada de los tres debates. En el primero, Hillary salió triunfante con un 62% a 27%. Y en el "cabildo abierto" (segundo debate) la demócrata ganó con 57% frente a 34%.
Pero más allá del impacto de este evento, está lo que busca realmente un debate político que, de hecho, ha tornado en histórico muchos de ellos.
Como lo afirma el Profesor Frank Brettschneider éstos “fueron definitivamente los peores debates de televisión en la historia de Estados Unidos. Desde 1960 existen estas controversias en televisión y tenían cierto nivel, a veces más y a veces menos. Pero nunca fueron tan mediocres como los dos primeros de este año”.
Es preocupante, señala el experto en Comunicación Política, porque no es solo entretenimiento, sino que muestra un cambio radical en cuanto a comunicación y cultura políticas.
Definitivamente la búsqueda de impacto en el votante diluyó el sentido de presentar la real agenda y oferta política de los candidatos, a pesar que Clinton, en los tres debates, señaló la necesidad de contrastar las propuestas de país que ambos candidatos ofrecían al gigante del norte.
El convencer a la heterogeneidad de los votantes en EE.UU. implica un ejercicio de mercadeo político agresivo a apenas tres semanas de las votaciones estadounidenses.
Por ello, los debates estuvieron signados por los intereses de los candidatos. Trump ha intentado todo para ganarse a los estadounidenses indignados, sobre todo blancos y sin mucha formación sociopolítica. Por ello sus discursos recurrentes son las teorías conspirativas.
Y hay muchos en los Estados Unidos que las acompañan. Dicen que todo el sistema es corrupto y la prensa está metida también. Trump lo hace, por un lado, para movilizar y por otro, quiere prevenir en caso de derrota.
Hillary Clinton, aun cuando no es no es precisamente demasiado popular en su país y no es una candidata carismática, ha desarrollado un enfoque basado en sus conocimientos y experiencia, aspectos que develan una trayectoria profesional y política que no tiene el candidato republicano.
Los debates no han apuntado a movilizar a sus propios seguidores, sino a convencer a los indecisos. Y Clinton lo hizo mejor, porque, aun cuando Trump ha estado vinculado a los medios, su marcador político es limitado, su historial de escándalos y declaraciones contradictorias no le suma ante la actitud de una Hillary que no da patadas al rival.