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Por Giovanni Décola. Foto: NYTimes.- Este domingo los colombianos tenemos una cita con la historia.  Independientemente de nuestra inclinación política, nos asiste el derecho y el deber de acudir a las urnas. Nunca antes, había sido tan importante nuestro voto.

Quiso el Presidente Santos que esos acuerdos con las FARC, sean refrendados por el pueblo colombiano. No era obligatorio, pero su talante de hombre demócrata, lo indujo a que dichos acuerdos fueran blindados por el constituyente primario.

Los del NO están en todo su derecho de proclamar sus reparos y oponerse a lo acordado en La Habana con la guerrilla de las FARC. En Colombia llevamos 52 años en donde el espiral de la historia nos ha impuesto un NO tácito en nuestra vida cotidiana.

52 años de guerra sin cuartel, en donde el Estado, su presupuesto y maquinaria bélica, lo ha puesto  al servicio del pretendido aniquilamiento de las FARC. Doce Presidentes lo intentaron en vano.

El NO, los colombianos lo conocemos de sobra. Ha significado: Violencia, muerte, destrucción, desplazamiento forzado, heridos, lisiados, mutilados, viudos y viudas, niños huérfanos, pobreza, inequidad, injusticia, desangre de nuestro presupuesto, atraso, subdesarrollo, odio, resentimientos.

El SI, es un grito desesperado de esperanza, de soñar por un país en paz. De imaginarnos un país donde quepamos todos. Donde llegue a imperar la fraternidad, la justicia, la equidad, las buenas maneras, donde haya oportunidades para todos, en fin, una Colombia donde vivamos mejor.

El SI, nos trae inquietudes y hasta temores. Será que las FARC, cumplirán lo acordado? Si no lo hacen, les caerá todo el peso de la ley y se exponen a las penas propias de la justicia  ordinaria y perderán todos los beneficios de la justicia transicional.

¿Será que Timochenko llegará a Presidente? Nuestros políticos tradicionales son muy sagaces, y saben reinventarse. Ellos entenderán que la política tendrá que ponerse al servicio de los más altos intereses de la patria; que el enemigo a vencer no son nuestros propios compatriotas que piensan diferente, sino la corrupción, el desempleo, el desgreño administrativo, que nos  ha llevado a padecer una justicia lenta, unos regulares servicios públicos, una mala educación y un pésimo servicio de salud. Si no entienden, el pueblo tendrá todo su derecho de mirar otras opciones, aunque no creo que el 97 % que hoy no gusta de las FARC, mañana piense muy distinto.

No es la paz de Santos, es la paz de Colombia la que está en juego. Es el derecho que tienen los jóvenes y niños por recibir de parte de nosotros un país mejor.

Los que creen en Uribe, tienen la mejor oportunidad de homenajear al expresidente. Soy de los que creo, que sin la mano firme de Uribe contra las FARC, en sus dos gobiernos, y que contribuyeron a su debilitamiento, jamás este acuerdo hubiese sido posible. Algún día lo entenderá.

En todo caso, nuestra invitación, es ¡¡¡A votar!!!.