Por Luis Fernando García Forero. Foto Ecos.- El profesor Moncayo es un símbolo de paz en Colombia. Desde que las Farc secuestró a su hijo Pablo Emilio, en la toma de Patascoy en el Putumayo, se dio a la noble y atrevida tarea de buscarlo por todos los rincones de Colombia.
Tuvo la suerte que su hijo se le escapara a la insurgencia, pero quedó convencido que ahí no terminaba su propósito: se convirtió en el caminante para buscar, a través de un acuerdo humanitario, la liberación de todos los secuestrados.
Marchó por los cuatro puntos cardinales del país y hasta traspasó las fronteras en búsqueda de un apoyo que lograra la liberación de los compatriotas secuestrados. Para el profesor Moncayo esa lucha y persistencia por lograr la paz, no ha terminado.
ECOS: Le dicen el caminante de la paz. Este lunes 26 de septiembre día histórico en Colombia, se protocoliza el fin del conflicto con las Farc, usted fue víctima, ¿qué piensa?
GM: Creo que es de esas utopías que se vuelven realidad. Un día salí con la ilusión de luchar por la liberación de nuestros policías, militares y personas que estaban secuestradas. Estaba enseñando algo importante: reconciliación. A través de esta iniciativa y con firmas buscaba un intercambio humanitario. Eso es símbolo de perdón. De ahí en adelante he seguido luchando por las víctimas, por aquellos que se han desplazado por la violencia, por todos los jóvenes que han sido mutilados por la guerra, por esos niños que son reclutados y que me duelen. Con orgullo lo digo: soy el caminante de la paz. Hoy en día la patria vive y siente el inicio de la reconciliación, esto es un gran avance.
ECOS: ¿Por fin se dio un gran paso para lograr la paz?
GM: Conozco mi Colombia, he visitado los sitios más neurálgicos de la patria, de las ciudades, donde la pobreza resbala, donde se puede notar esa ausencia de presente y futuro. Es allí donde me he dado cuenta que nosotros tenemos hoy cómo refundar la patria. Ese camino empieza sobre las bases de nuestros derechos que están en nuestra constitución. Es el clamor del pueblo porque no estamos dispuestos a morirnos en la quietud, estamos luchando por formar unos tejidos sociales en nuestras comunidades y seguir unos pasos más avanzados en la construcción de un país con una nueva estructura social, sin precedentes en la historia. Que seamos el orgullo de Colombia hacia el mundo. El silencio de los fusiles es un gran paso.
ECOS: ¿De alguna manera se le está cumpliendo el sueño?
GM: Hoy se está cumpliendo ese sueño, ese trabajo de labor de este maestro que incansablemente durante 19 años viene luchando desde el momento en que se dio la toma de Patascoy en 1997, y donde tomaron como rehén a mi hijo Pablo Emilio. Que después logró la libertad.
ECOS: Pero pese a eso siguió luchando por los demás secuestrados…
GM: Sin importar el cansancio ni que haya tenido que renunciar laboralmente, continué y lo sigo haciendo: luchar por la paz.
ECOS: Tocó puertas nacional e internacionalmente en su búsqueda por el intercambio humanitario, la reconciliación entre los colombianos.
GM: Busqué apoyo en Latinoamérica, Europa, Norte América, clamando para que los países se unieran en una sola voz, que hubiese un país neutral que dijera sí al diálogo del gobierno con la guerrilla. Gracias a Dios se dio el acompañamiento del reino de Noruega, Venezuela, Cuba. Me parece que son gestos muy interesantes. Sabía que mi lucha lograría resultados positivos, siento que mi voz también fue escuchada. Desde que se iniciaron los diálogos por iniciativa del Presidente Santos y la aceptación de las Farc, es un motivo de triunfo, porque lo primero que se pudo establecer fue que entre las partes hubiera voluntad y confianza, eso facilitó las condiciones para poder dialogar. Dentro de esos diálogos en La Habana se llegó a un acuerdo plasmado en las 297 páginas de las que reza la firma del fin del conflicto.
ECOS: Lo estamos celebrando con la presencia de muchas personalidades en Cartagena de Indias.
GM: Es algo histórico. El día que se comunicó desde La Habana que se había llegado a un acuerdo para el fin del conflicto, me comunique con mi hija y me dijo: “papito están firmando la paz, por fin vamos a tenerlo en nuestro hogar”. (Silencio, se le salen las lágrimas). Se imagina la alegría de mi hija de 10 años hablándome de la importancia de la paz. Decirle al mundo que la paz tiene millones y millones de defensores, donde el indígena, el campesino, el negro, el citadino, los mestizos y todos, nos podamos abrazar, como lo vamos a hacer en Cartagena con la firma del fin del conflicto.
ECOS: ¿Eso que escuchó de su hija, es una muestra de que están equivocados los opositores?
GM: Quienes hemos sentido en carne propia lo que es la guerra, la incertidumbre, dejar la familia, haberse mutilado, que se lleven a su hijo reclutado, que se lleven a su niña y que la conviertan en un elemento de guerra, es muy triste y doloroso. No queremos que se repita.
ECOS: Pero la oposición insiste en que ese proceso no es el camino
GM: Un llamado a aquellas personas que no entienden cuál es la línea única de la guerra. Será que ellos quieren que les pongan una bomba, que secuestren un familiar para que entiendan qué es la guerra. No creo que quieran. Entonces nos deben dar la razón, porque hoy le apostamos a la paz para cambiar la historia de Colombia.
ECOS: ¿Usted se propuso recuperar a su hijo que ya está libre, pero siguió su lucha por la liberación de los demás secuestrados, qué le deja esa experiencia?
GM: Estamos abrazando la paz. Soy un caminante y hacemos la multiplicidad de acciones por la unidad, por lograr la paz, la defensa de los derechos de los colombianos. He levantado la bandera de la paz y me siento orgulloso porque soy un maestro que le está dando ejemplo al mundo entero de lo que es el amor de un padre por un hijo, el amor de un maestro por sus alumnos y por el pueblo que es Colombia. Un ciudadano colombiano que por encima de todo le estoy diciendo sí a la paz.
ECOS: El Presidente Santos convocó al pueblo para que en un plebiscito el dos de octubre refrende los acuerdos, es acertado?
GM: Debemos salir todos a votar “Sí” a ese acuerdo que permite seguir el camino de la paz. Cuando inicio la marcha por la paz es una manera de decirle al pueblo colombiano cómo sanar heridas, de quitar esas cadenas de odio y rabia a mi corazón. De decir que perdono a las personas que nos afectaron. Lo maravilloso en el ser humano no es que le quite las culpas a quien cometió la acción, pero si le quita esa angustia y ese sufrimiento de rabia, incertidumbre y venganza, se sana usted porque encuentra en su interior ese estado espiritual. Si estoy en paz, todo lo demás estará en paz.
ECOS: ¿No le preocupa el surgimiento de otros grupos al margen de la ley que se atraviesen en el camino de la paz?
GM: Hemos logrado una lección: no es con la fuerza y con las armas que se logra el camino de la paz. Eso no tiene sentido. A los que quieren el camino de la fuerza para alcanzarla le estamos enseñando que hay otros diferentes de salir adelante para alcanzar la paz. Aquellos que tienen odio, van a tener que cambiar, decir que queremos una Colombia diferente. Ahí está la prueba, no utilizamos una sola arma para decirle a los rebeldes con armas: cambien.
ECOS: ¿Muchas anécdotas en sus caminatas?
Recuerdo cuando mi hijo me escribió una carta y me dice Papá le cuento que nosotros leemos muchos libros que nos ayudan a mantenernos vivos y las cartas las leo una y otra vez. Pensando en eso me encuentro con un periodista, Francisco Terán Sánchez de Todelar y me dice: qué le parece si hacemos una campaña del libro y se los enviamos a los secuestrados para que se den cuenta que no los hemos abandonado. Recogimos ocho mil libros, fui hasta el Caguan y allí los fuimos etiquetando y me dice Terán Sánchez: esta biblia para que ese bandido de Tirofijo se arrepienta. Escribimos todos: “los aquí firmantes queremos hacerle este pequeño regalo, una biblia, para que Dios entre en su corazón y un día nos devuelva nuestros hijos con vida. Señor Manuel Marulanda Vélez atienda nuestros ruegos. Le solicitamos que nos entregue una prueba de supervivencia de nuestros hijos, un video cortico donde ellos puedan decir hola papá, mamá, yo soy Pablo Emilio, solamente eso”. Era, algo humano.
ECOS: ¿Qué pasó, hubo respuesta?
GM: Cuando se voló mi hijo Pablo Emilio lo nombramos padrino de mi hija y llegó el cura y dijo: quién puede leer la biblia, Pablo Emilio se ofreció y le dijo que leyera el génesis referente al bautizo. Al terminar, mi hijo continuó y buscó el tema también en San Marcos, recorrió toda la biblia con el bautismo. Al final le pregunté por qué sabía tanto el manejo de la biblia y me respondió: “la biblia que ustedes le enviaron a Tirofijo me la hicieron llegar a mí. Ese fue mi alimento espiritual durante 10 años y me la he leído cerca de 12 veces”.
ECOS: Muy interesante recuerdo. Volviendo al proceso, cree que el Presidente Santos lo ha hecho bien?
GM: La actitud del Presidente Santos ha sido sabia porque una de las formas de conjurar ese conato de guerra es a través del diálogo. Recuerdo palabras de Pablo Emilio: “no es con las armas y con la violencia como se puede doblegar al enemigo. Hay guerras que se ganan sin derramar una sola gota de sangre, es la guerra de las personas inteligentes, de los sabios. Y hay guerras que se ganan acabando con el enemigo, destruyéndolo, esa es la guerra de los bárbaros. Entonces con quién nos identificamos más?: con la guerra de los inteligentes o la de los bárbaros. Pienso que él tomó muy sabiamente cómo ganar una guerra a través de no derramar una sola gota de sangre.
ECOS: ¿Qué viene de aquí en adelante para el profesor Moncayo?
GM: Ofrezco mis buenos servicios para contribuir con el proceso de paz. Hace falta que el ELN siga por el camino de las Farc. Tengo una propuesta muy interesante, ojalá que el ministro del interior, Juan Fernando Cristo se entere a través de este medio. Estoy planteando las ciudadelas de paz.
ECOS: ¿Se refiere a ciudadelas para quienes se reinserten a la vida civil?
GM: Es un trabajo de resocialización, reparación con aquellas personas que también han sido víctimas de la violencia. Porque un niño que es reclutado tiene derecho a una familia, educarse, estar con sus padres. Todos esos derechos se los allanaron cuando los reclutaron y convirtieron en elementos de guerra. No podemos juzgar ni señalar con dedo, porque también somos responsables, no fuimos solidarios en el momento que se los llevaron, no estuvo el alcalde, el médico ni el cura. No había nadie quien lo protegiera y que dijera: miren no se lleven ese niño o esa niña. Sin embargo hoy nos atrevemos a señalar y decir: acabemos con esos bandidos. Hay que pensar que también cerramos las puertas, nuestros oídos, ojos y nunca nos pronunciamos por alguien que fue secuestrado o un menor reclutado, nunca nos pronunciamos con un soldado que fue tomado como rehén, secuestrado, prisionero de guerra. Únicamente lo hacíamos los familiares de los secuestrados.
ECOS: ¿Cree que hubo ausencia total del estado, de la sociedad colombiana?
GM: Nunca nos pronunciamos por un soldado que fue tomado como rehén o prisionero de guerra. Solo la familiares de los dolientes que salíamos a la plaza de Bolívar a pedir que los liberaran y que nos lo devolverán vivos. Y qué decían en la ciudad?, es que estos ladrones de los desplazados son los que traen la violencia aquí en Bogotá, además que tuvimos que dejar nuestras tierras por el conflicto. El caso mío, tuve que renunciar a ser maestro y a mi familia, para vivir en una ciudad hostil y donde nos señalan que somos unos bandidos.
ECOS: ¿Siente que la ley de víctimas lo ha beneficiado?
GM: Estamos en espera. Es una reparación muy simbólica que realmente no da. Después de haber luchado tanto por la liberación de Pablo Emilio, Ingrid, Alan Jara y todos ellos, hemos sido estigmatizados. Donde a través de los medios me señalan como terroristas de las Farc.
ECOS: Cómo fue eso?
GM: Cuando llego a Estados Unidos me tuvieron una hora en New York, porque iba a dar una conferencia, me detienen y me dicen terrorista, terrorista. Cuando llegué a Madrid: terrorista, terrorista. En Italia cuando tuve la entrevista con el Papa Benedicto XVI, la guardia me replicaba: terrorista, terrorista. Entonces saqué mi charango y empecé a cantar en la plaza de San Pedro, pasó una familia de caleños y me abrazó y la guardia les dijo “ustedes porque abrazan a un terrorista”, “él no es un terrorista es el profesor Moncayo” le respondieron, “está encadenado porque el hijo está secuestrado” replicaron los colombianos. Finalmente aceptaron que no era ningún terrorista. Me insistieron que me quitara las cadenas y les dije que no me las quitaba hasta que no hablara con el Papa. Les dije quítenme las cadenas pero el charango no porque le quiero dar serenata al Papa. Entonces dese cuenta que nos hicieron mucho daño. Nosotros los desplazados hemos sido el blanco perfecto de todas las amenazas.
ECOS: Qué hace su hijo Pablo Emilio en este momento?
GM: Tratando insistentemente de manejar una fundación, pero ha sido blanco perfecto de las amenazas. Ya eso lo denunciamos. En el caso mío también han llegado muchas amenazas. En el celular mensajes como “Ya huelen a formol, los tenemos vigilados, sapos hijueputas, se va a morir junto a toda su familia”.
ECOS: ¿Qué va a hacer?
GM: Esto está ya en la Fiscalía. Les he dicho a esos enemigos de la paz, que nos dejen vivir tranquilos, no estamos haciéndole mal a nadie. Lo que queremos es la paz en Colombia. Por eso le comentaba de mi niña que me decía con lágrimas en los ojos, papito papito, por fin ya nos vamos a abrazar, vamos a estar en familia.
ECOS: ¿Siente mucho la ausencia de la familia?
GM: Si porque donde estoy siento que no es mi cuarto, no está mi televisor, no están mis seres queridos. Estoy lejos, eso me duele.
ECOS: ¿Con el fin del conflicto regresa a su tierra?
GM: Digamos que he hecho un compromiso personal, que lo que a mí me suceda, no le suceda a nadie. Sigo luchando por la paz. Tengo esa misión y todos los días le digo al señor: pon en mis labios palabras sabias que sean tu pensamiento, tus designios señor, los que fluyan a través de mi boca y que tengan ese poder de convencimiento de poder sanar el corazón de las personas para que dejen de hacer daño.
ECOS: ¿Qué les dice a los que quieren votar por el no en el plebiscito?
GM: Que están equivocados, que tengan unos minutos de reflexión y que piensen que la paz es fundamental en Colombia.