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Redacción Ecos.- Hoy la Carta Política de Colombia arriba a sus 25 años. Un cuarto de siglo donde sucedieron cambios significativos en la Historia política, social y económica de Colombia y donde su “carta de navegación para el siglo XXI”, como la denominó el Presidente, César Gaviria, vivió también desafíos y reformas, fue testigo de un país en conflicto y, hoy en día, ha sido la piedra angular para el logro de la Paz duradera, que ha comenzado a gestarse para bien del futuro de todos los Colombianos.

La Corte Constitucional conmemorará este lunes, 4 de julio de 2016, en el municipio de Rionegro, Antioquia, el aniversario número 25 años, surgida hace un cuarto de siglo luego de un movimiento de estudiantes universitarios que propusieron la llamada séptima papeleta durante las elecciones de 1990, lo cual llevó al Gobierno Nacional a convocar nuevas votaciones para crear la Asamblea Nacional Constituyente, que redactó la Carta Magna de 1991.

La Constitución de 1991 marcó el inicio de un nuevo país que aún aspira ser más incluyente, progresista y, sobre todo, con un fuerte sentimiento ciudadano para coexistir en paz. Diversos estudiosos, nacionales y extranjeros, estiman la Carta Magna Colombiana una expresión constitucional del Liberalismo,  por su propuesta de un Estado Social de Derecho.

De hecho su preámbulo es uno de los documentos históricos más interesantes como hoja de ruta, al plantear “el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana”.

Este desiderátum constitucional es la expresión futurista de un Legislador que prevé la llegada, en cortos años, del fin de siglo y con cambios aún más complejos, como lo fue la digitalización de las comunicaciones. Una democracia más profunda a la experiencia histórica, un país más incluyente, mayores garantías para los derechos fundamentales de todos los colombianos, la apertura a otras formas del pensamiento político para la representación política y la posibilidad de la participación política del ciudadano.

Indudablemente que la Constitución de 1991 tiene que mirar los nuevos tiempos. No es su responsabilidad que aún prevalezcan prácticas exclusivas, ni desequilibrios regionales, ni instituciones débiles, ni poderes que juegan al absoluto. Ella tiene un marco normativo, aún incluso avanzado, en muchos términos, que facultaba a generar nuevas experiencias.

Los cambios de la Colombia en Paz seguro plantean otro nuevo pacto constitucional entre sus ciudadanos para lograr cambios significativos en el manejo del estado y en el tejido de la sociedad colombiana. Ojalá que se comprenda que éstos no sólo deben ser de las normas, sino de la consciencia de equidad, justicia e inclusión necesarias que las élites políticas, económicas y sociales deben manejar, para que la deuda con el país se pague en pos del futuro.