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Por Felicia Saturno Hartt. Foto: IQ.- Según el Índice de Estado de Derecho 2015, un estratégico informe que provee datos originales e imparciales sobre cómo se experimenta el Estado de Derecho en 102 países alrededor del mundo, América Latina, a pesar de las múltiples reformas de sus sistemas de justicia e inversiones infraestructurales, producto de la cooperación regional e internacional, tiene sistemas de justicia muy deficientes.

Colombia, en este índice, pasó del puesto 31 en 2010 al 62 en 2015, lo que retrata la cruda situación que vive en términos de justicia penal, poderes limitados de gobierno, corrupción, transparencia gubernamental, derechos fundamentales, orden y seguridad, reglamentación de la ley y justicia civil. El Índice de Estado de Derecho refleja el estado de las instituciones democráticas, lo que tiene un efecto palpable en la vida cotidiana de los colombianos.

Desde el punto de vista de su sistema carcelario, la situación de los penales revela, lo que el Índice mencionado reporta, una problemática insostenible, planteada inclusive por el Comité Nacional de la Cruz Roja. 120.000 personas detenidas, presentan una grave situación humanitaria, por sufrir de un 54% de hacinamiento, según cifras oficiales del INPEC. Esto significa que hay más de 43000 reclusos de más en las cárceles colombianas.

Las salidas a esta crisis carcelaria, que es sólo una dimensión del problema de la criminalidad, que tiene ir más allá de la ampliación infraestructural o del tratamiento extramuros. Una política criminal coherente, hoy en día, tiene que buscar aliados poderosos y uno de ellos puede ser la tecnología.

Avances tecnológicos para intervenir el tejido penitenciario

Los avances tecnológicos, sobre todo de inteligencia artificial, podrían transformar los aspectos económicos y sociales de las cárceles y todo el sistema, de la misma manera que lo hace en la economía de consumo.

Lynn Overmann, asesora de la Casa Blanca en asuntos de Informática Judicial, ha insistido en que la ciencia y la tecnología se unieran para encontrar la manera de utilizar datos, para acabar con uno de los mayores problemas del país, el encarcelamiento generalizado.

Overmann ha pedido, de esta manera, que se utilicen las tecnologías que tiene al alcance el Gobierno Estadounidense para rebajar el gasto general y mejorar la convivencia de los reclusos, tomando en cuenta que los EEUU tienen más de 2 millones de reclusos y un gasto carcelario que asciende a más de 40 millones de dólares al año para asegurar su funcionamiento.

Esta abogada sugiere el uso de inteligencia artificial, de un software que realizaría interpretaciones propias, que permitiese mejorar los procesos de monitorización, la filmación de las cámaras de seguridad, para acotar la mala conducta policial o diversas estrategias para que la sentencia se convirtiera para los reclusos en una estancia más justa.

El uso  principal que se daría a esta IA es el de anular las idas y venidas de los reclusos a la cárcel. Este software tomaría datos dentro de la penitenciaria para luego constatarlos y predecir si un recluso, al salir en libertad, volvería a cometer delitos que lo devolvieran de nuevo.

Un sistema predictivo de conducta delictiva

Microsoft tomó el guante que lanzó Overmann y desde 2015 presentó un software que podría predecir futuros delitos. Pese a que su explicación era más genérica, actualmente se adaptaría a los reclusos que vuelven a la libertad tras cumplir condena, una manera de asegurarse que no vuelvan a la cárcel.

Una evaluación previa a su salida de la cárcel, como se hace hoy en día, se acompañaría de una serie de determinantes que asegurasen si ese preso volverá a delinquir. Estas suposiciones serían algo así: 1) ¿El individuo tiene una pandilla?; 2) ¿Es parte de un programa de rehabilitación? 3) ¿Cuántas faltas ha tenido mientras estaba en prisión?

Todas estas cuestiones, y muchas más, se tomarían en cuenta para estimar el porcentaje de probabilidad de futuras agresiones. Este programa adaptado al cien por cien al tejido carcelario mundial, pese a ser polémico en muchos sectores, cambiaría los número que se mueven, con más de un 76% de presos siendo detenidos de nuevo, por lo menos en Estados Unidos.

Microsoft y sus programas podrían predecir la reincidencia de un 91% de los internos y se podría adaptar a una mejor estabilidad del recluso en prisión, encajando los mejores talleres o actividades que necesita un interno para ayudarle y reducir esa probabilidad futura de reincidencia.

Jeff King, Director de Programas de Microsoft, asegura que la IA ayudaría en los programas de rehabilitación y, con ello, a las personas presas.

¿Qué necesita una IA para funcionar en cárceles?

Para que la inteligencia artificial y los algoritmos de predicción surjan efecto, primero se debe aprovechar mejor los datos con los que cuenta una penitenciaría.

Entre otras cosas, se utilizarían la totalidad de las grabaciones de las cámaras que los policías llevan en el cuerpo (y una medida para que los trabajadores no se las quiten). Las cámaras de zona, los datos de altercados y la gente que participe en ellos, directa o indirectamente, serían algunas de las bases de datos del software.

Sin duda un programa polémico por su naturaleza de controlar cada momento en el día de los internos pero que podría, de utilizarse correctamente, agilizar y mejorar la vida de muchas personas. Si esta iniciativa tiene éxito, tiene posibilidades, debido a su naturaleza global, de utilizarse en muchas otras prisiones del mundo.

Indudablemente que sería mucho más productiva para el sistema saber exactamente que sucede en los sitios de reclusión y así predecir que puede suceder, no sólo con los reclusos, sino con los funcionarios.