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Redacción Ecos. Foto El País América.- El Senador y Ex Presidente Álvaro Uribe Vélez convocó una marcha con la excusa de protestar a la Administración Santos, pero con un tema en específico, el rechazo del proceso de paz, en momentos en los que un acuerdo para poner fin al conflicto armado, está a punto de materializarse, gracias a los esfuerzos del Gobierno colombiano y la FARC- EP.

Este evento contó con la asistencia disciplinada de toda la bancada parlamentaria y demás representantes del Centro Democrático y la participación de algunos miles de seguidores, en varias ciudades del país.

Los corresponsales extranjeros, como el País, reportan que la movilización, preparada desde febrero y que se esperaba masiva, muestra la polarización política que existe en el país. Un proceso político tremendamente costoso para Colombia, porque implica que la opinión pública, los grupos, las personas, pueden estar divididos en extremos opuestos.

La imposibilidad de un consenso o de un disenso racional es un peligroso componente para un escenario político que aún resiste el peso del más antiguo conflicto armado y ha vivido fallidos intentos de su superación. 

Indudablemente, el Centro Democrático, organización política signada por el polémico carisma de su líder fundador y principal figura, no posee ni los liderazgos ni la maquinaria para generar una movilización masiva. Prueba de esta afirmación es el balance de las elecciones territoriales, el Centro Democrático no logró concretar respaldo en todos los municipios, ni siquiera en los emblemáticos espacios donde Uribe tuvo importante participación política en el pasado.

Afortunadamente la democracia aúpa estos eventos. Porque ciertamente las cualidades que debe poseer una democracia real y verdadera, pluralismo y equidad, en Colombia aún son aspiraciones, pero, en su imperfección, hace posible que los grupos políticos se expresen, como hoy lo hizo el Centro Democrático.

Es innegable la magnitud del desafío del proceso de paz en Colombia, no sólo para la firma del acuerdo, que ya implicaba tener a los actores históricos antagónicos, frente a frente, en una mesa de negociación, con los observadores internacionales y los garantes del proceso, sino por su etapa posterior, el Postconflicto, que implica, en grandes rasgos, reeducar al país entero a vivir en paz, a reconciliarse, a integrar los actores del conflicto en la generosa diversidad humana que es Colombia.

Los procesos humanos como los políticos jamás serán perfectos. Pero la intención de crear la posibilidad de una Colombia con una paz perfectible, debería ser la misión actual de todos sus líderes y dirigentes.

Los escenarios de la democracia orientados a parlamentar las diferencias y defender las posiciones contrarias a sus tesis políticas o intereses partidistas, son los espacios que deben utilizar sus líderes para definir sus antagonismos.

Calentar la calle es una estrategia útil para hacerse visible, para alentar la polarización, pero que no afectará al acuerdo de paz, pero si puede suponer un alto riesgo para el postconflicto.