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El Papa Francisco, en su visita a México, celebró una misa ante 300.000 personas en Ecatepec, uno de los suburbios más violentos de la capital, donde pidió "abrir los ojos frente a las injusticias".

En su segunda jornada en México el Sumo Pontífice pidió que México sea una tierra de "donde no haya necesidad de emigrar para soñar, donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar, donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos, una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte".

El Papa habló así, claro y directo, en una misa multitudinaria que celebró en Ecatepec, el suburbio de la ciudad de México azotado por la más cruel violencia, el narcotráfico, los femicidios y una miseria escandalosa, ante una marea humana que, para estar allí, habían pasado la noche a la intemperie, con temperaturas bajísimas, porque el lugar es un altiplano a más de 2000 metros de altura.

Elizabetta Piqué explica que no fue casual que el clamor del Papa en contra de la inequidad y para que haya justicia social fuera en un lugar tan emblemático como Ecatepec. Ciudad satélite del DF, de cuatro millones de habitantes, parece una síntesis del desarrollo poco equitativo de México, un país de 125 millones de habitantes con un 46,2% de pobres y un 9,5% de personas que viven en la miseria extrema.

Ecatepec se remonta al imperio azteca y es el municipio más poblado del Estado de México y una virtual ciudad-dormitorio, a tan sólo 30 kilómetros de la capital. Según las estadísticas superó a Ciudad Juárez como la ciudad con más femicidios del país (600 en los últimos tres años), es un caldo de cultivo del narcotráfico, ideal para reclutar potenciales delincuentes.

Francisco se convirtió en el primer Papa que visita este lugar. Y también el que se acerca con un sentido de humildad a todos.