Por Felicia Saturno Hartt.-Aun cuando América Latina ha dado en las últimas décadas pasos significativos para su integración y para la superación de sus problemas, una cuestión siempre reaparece: La Corrupción.
Superior a la recesión y a los fenómenos de intolerancia existentes en la región, la Corrupción está íntimamente la gobernabilidad de los estados, ha desestabilizado gobiernos e, incluso, tiene consecuencias macroeconómicas.
Pero la Corrupción en nuestros países no es un hecho nuevo. Es una situación vinculada con el poder y el paradigma de estado y nación, que tienen los grupos integradores de intereses e incluso las sociedades.
Es muy interesante ver cómo todos los países de América Latina están siendo afectados por escándalos de corrupción, que han hecho temblar a las hegemonías políticas.
Como lo expresa Moisés Naim “lo vemos en Brasil, a niveles enormes y lo estamos viendo en Venezuela, aunque en este caso el problema no es macroeconómico, sino que es un problema de la macrocleptocracia reinante”.
Pero no es sólo ahí, enfatiza Naim, “sino en México, con los escándalos del presidente y su esposa. En Argentina con ese agujero negro que tienen. Incluso la gran sorpresa ha sido Chile, un país que no cabía en las conversaciones sobre corrupción, ese mismo Chile ahora está siendo sacudido por estos hechos”.
Destaca que Transparencia Internacional, en su último Índice de Percepción de Corrupción 2015, había señalado que Chile y Uruguay eran los países más transparentes, antes del escándalo de las contrataciones de la nuera de Michele Bachelet, que no sólo mostró la cara oculta de las influencias políticas, sino bajó la popularidad de la mandataria, en su segundo debut, de forma drástica.
La corrupción en Colombia con una puntuación de 37 puntos sobre 100, se ha situado en el puesto 83 en cuanto a nivel de corrupción, de los 168 países evaluados, según el Índice de Percepción de Corrupción 2015 revelado por Transparencia Internacional.
Este nivel de corrupción "no alcanza para construir la paz" según la directora ejecutiva de Transparencia por Colombia, Elisabeth Ungar. "Necesitamos un sistema judicial transparente, órganos de control eficaces, gobernantes que rindan cuentas y mecanismos de entrega de beneficios a las poblaciones vulnerables sin la más mínima grieta para que se cuele la corrupción", expresó en un comunicado.
Prueba de esta situación es el nuevo escándalo que ha denunciado el Contralor General de Colombia, Edgardo Maya Villazón, por los enormes sobrecostos en el proceso de modernización de la Refinería de Cartagena (Reficar), al pasar de un presupuesto inicial de 3.993 millones de dólares, a 8.016 millones de dólares, es decir, un incremento superior al ciento por ciento. Asimismo, señala el funcionario que otro aspecto que generó la problemática fue la contratación de la empresa, que no tenía experiencia en este tipo de proyecto.
Un caso de esta envergadura, requiere una respuesta política contundente. Porque el problema más grave no es el sobrecosto, sino que la justicia no actúe.
Pero algo tiene en contra la Corrupción en la actualidad. Y es precisamente que ya es parte del debate político y de la agenda internacional del desarrollo, porque el empoderamiento de las sociedades de las redes sociales y el papel de los medios de comunicación ha hecho posible la denuncia, han determinado una tendencia cada vez mayor de no tolerar estos hechos y no ser víctimas pasivas de este grave problema institucional.
Porque la Corrupción tiene muchas caras. Y no es sólo el robo del capital público, sino el desarrollo de sus derivados: el nepotismo, el clientelismo político y el peculado. En palabras definitivas, el gobierno de los corruptos es la Cleptocracia.