La jornada electoral del domingo 25 de octubre de 2015, donde el Pueblo de Colombia eligió a sus autoridades locales y regionales, pasará a la historia como un acontecimiento signado por un acuerdo silencioso, definitivo y contundente, que busca la tan anhelada y ineludible Paz y la próxima y necesaria Reconciliación Nacional.
Más allá de los escrutinios electorales, de las distribuciones de las fuerzas partidarias y políticas, de los ganadores y perdedores, está la voluntad del Colectivo Colombiano, de sus hombres y mujeres, de conquistar la Paz.
Este es un mensaje claro: la condición de la Paz es el requisito fundamental para la construcción de la Nueva Colombia y el proceso de su búsqueda decisiva, con sus aciertos, problemas, éxitos y fracasos, ha sido comprendido por esa diversa y amplia geografía humana, que vive en sus pueblos y ciudades y ha vivido el conflicto armado.
Muchos indicadores gritan este entendimiento de la Paz como condición necesaria: 1) La derrota de la abstención histórica, por la consecuente asistencia a los centros de votación; 2) La escasa presencia de hechos de violencia y situaciones irregulares en el país; 3) La poca acogida de los mensajes de los detractores de la Paz; 4) La pérdida de presencia efectiva de los detractores de la Paz en el mapa político; 5) La variopinta elección de diversos grupos políticos como posibilidad de una Democracia más Pluralista a largo plazo.
El consenso es un acuerdo basado en principios y valores compartidos, que busca nutrirse cotidianamente y uno de los retos de los liderazgos y de las organizaciones políticas es sostenerlo y ampliarlo. Su función tiene caras bien definidas: por un lado convoca solidaridad en el tejido conectivo de las relaciones; y por otro, el consenso es un factor de cooperación, que refuerza el sistema político y puede ayudar a la sociedad a superar dificultades.
En este orden de ideas, el Pueblo de Colombia construyó a través del voto universal y directo, de forma solidaria y cooperativa, su aporte a la Paz.