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A pocos días de la realización de las elecciones territoriales, donde los colombianos elegiremos los mandatarios departamentales y locales, los gobiernos más cercanos a los vecinos y ciudadanos, se sienten con un clima de paz, lo que significa un hecho histórico favorable y uno de las positivas consecuencias de las negociaciones con la guerrilla y la ausencia del control de los paramilitares.

Los que apostamos a una normalidad cotidiana de la vida ciudadana, vemos con alegría este avance. Aun cuando se presenten algunos episodios de violencia y de amedrentamiento contra candidatos, como lo ha informado el gobierno, fundamentalmente por bandas criminales (BACRIM), ha habido una disminución considerable del riesgo electoral.

Según la Misión de Observación Electoral (MOE), hoy hay "53 aspirantes en riesgo, tras recibir amenazas. Esta cifra entre más de 113.000 aspirantes a cargos de elección popular da una dimensión de la disminución del riesgo”, en comparación con las de 2007, “donde se presentaron amenazas para 91 candidatos, 27 asesinatos y 23 atentados” y, en el 2011, "87 amenazas contra candidatos y la muerte de 41 aspirantes”.

Es importante señalar que, en la medida que los grupos insurgentes estén más politizados y más interesados en construir una vida normal juntos a sus grupos familiares disminuirá el uso intimidador de la violencia.

Desde otro punto de vista, el Clima de Paz propicia una mayor motivación al elector y un aumento del alcance del comicio en términos cuantitativos. Indudablemente, aumenta el compromiso y la lealtad a los procesos políticos, influyendo en la abstención y participación.