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Foto: Ecos
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La polarización política, el avance del narcotráfico, la persistencia de la pobreza y el deterioro de la confianza ciudadana en las instituciones, han convertido el debate presidencial en un escenario de confrontación extrema. Colombia enfrenta una crisis democrática que exige algo más que discursos: reclama un nuevo acuerdo nacional capaz de reconstruir la relación entre Estado, mercado y sociedad.

Por Luis Fernando García Forero*. – La democracia colombiana atraviesa uno de sus momentos más complejos en las últimas décadas. Aunque el país mantiene elecciones periódicas y una estructura institucional vigente, el desgaste de la confianza ciudadana en el sistema político refleja una fractura profunda entre los ciudadanos y quienes ejercen el poder.

La corrupción continúa siendo uno de los factores más devastadores. Escándalos en los distintos niveles del Estado han debilitado la legitimidad de las instituciones y alimentado la percepción de que la política dejó de responder al interés general, para favorecer redes clientelistas y burocráticas. A ello se suma la influencia persistente y criminal del narcotráfico, que sigue infiltrando territorios, economías ilegales y escenarios políticos, alterando la gobernabilidad, profundizando la crisis y la violencia.

La desigualdad y la pobreza también erosionan la democracia. Millones de colombianos sobreviven en condiciones precarias mientras crece la sensación de exclusión, frente a las oportunidades económicas y sociales. Una realidad relevante que genera frustración, descontento y un ambiente propicio, sobre todo en estos días, para discursos radicales que encuentran eco en una sociedad cada vez más polarizada.

No hay duda, el proceso electoral hacía la presidencia de la república evidencia precisamente esa fractura nacional. El debate político ha pasado de la confrontación de ideas a la descalificación permanente, alimentando tensiones ideológicas y sociales que dificultan la construcción de consensos mínimos. Es perfectamente visible que la polarización se convirtió en combustible de campaña, mientras el país sigue esperando respuestas concretas frente a problemas estructurales.

Superar esta crisis exige más que reformas aisladas. Colombia necesita avanzar hacia un acuerdo nacional que permita construir un verdadero contrato social. Un pacto que debe restablecer la relación entre mercado, Estado y sociedad civil, fortaleciendo las instituciones públicas sin desconocer el papel del sector privado en la generación de desarrollo y bienestar colectivo.

El desafío para quien gane las elecciones presidenciales será precisamente liderar esa gran convergencia nacional. La tarea no será únicamente gobernar, sino reconstruir confianza, garantizar reglas claras, combatir la corrupción con resultados efectivos y promover una agenda social capaz de reducir brechas históricas.

Es imperativo destacar que la recuperación democrática también pasa por fortalecer la educación cívica, recuperar la independencia institucional, proteger la libertad de prensa y garantizar, verdaderamente, una justicia más rápida y eficaz. Sin instituciones fuertes y ciudadanos que vuelvan a creer en ellas, la democracia seguirá expuesta a la incertidumbre y al desencanto.

Hoy, más que una disputa electoral, Colombia enfrenta una discusión de fondo sobre el tipo de país que quiere construir: uno atrapado en la confrontación permanente, o uno capaz de reencontrarse alrededor de un proyecto común de nación.

Bogotá, D. C, 18 de mayo de 2026.

*Fundador y director www.ecospoliticos.com