Paul Allen, cofundador de Microsoft y uno de los grandes magos de los orígenes de la revolución tecnológica, falleció en su Seattle natal, a la edad de 65 años. El fallecimiento fue comunicado por Vulcan, la empresa donde canalizaba sus inversiones y filantropía, en nombre de la familia.
Foto: Elaine Thompson/AP

Por Felicia Saturno Hartt. Paul Allen, cofundador de Microsoft y uno de los grandes magos de los orígenes de la revolución tecnológica, falleció en su Seattle natal, a la edad de 65 años. El fallecimiento fue comunicado por Vulcan, la empresa donde canalizaba sus inversiones y filantropía, en nombre de la familia.

El nombre de Allen pertenece a la leyenda de los pioneros de Internet y la revolución digital y el impacto de su concepción de la contribución personal también pasará a la historia de la humanidad.

Fundó Microsoft en 1975 junto a Bill Gates. Se habían conocido en un colegio privado de Seattle unos años antes. Él tenía 22 años y Gates 19. Allen abandonó la compañía en 1983 debido a su enfermedad, antes de que se convirtiera en el gigante que dominó la informática en los noventa, pero mantuvo parte de la propiedad de la empresa, lo que acabó siendo el origen de su fortuna.

El año pasado, Forbes calculaba la fortuna de Allen en 20.000 millones de dólares y lo situaba el número 21 en la lista de los hombres más ricos de EE.UU.

Bill Gates reaccionó con un comunicado en el que decía: "Tengo el corazón roto por la muerte de Paul Allen, uno de mis amigos más antiguos y más queridos".

Allen dedicó gran parte de su fortuna a filantropía e investigación. A lo largo de su vida otorgó más de 2.000 millones de dólares a diversas causas, en el ámbito de la salud, la educación, las artes, la conservación ecológica y la investigación en el ámbito de la inteligencia, tanto natural como la artificial, incluidos 500 millones al Allen Institute for Brain Science, un centro de investigación de Biociencia con 15 años de actividad, por su fascinación por el estudio del cerebro.

Asimismo, Allen fue uno de los primeros firmantes de The Giving Pledge, una iniciativa de Bill y Melinda Gates junto a Warren Buffet, en la que personas extremadamente ricas se comprometen a donar en vida la mayoría de su fortuna a causas filantrópicas.

También, Allen fue un importante inversor en el deporte americano. Era dueño de un equipo de la NBA, los Portland Trail Blazers, otro de la NFL, los Seattle Seahawks, y otro de la MLS, los Seattle Sounders. A través de Vulcan también invirtió en el campo inmobiliario, documentales y películas independientes.

"Paul Allen fue la fuerza impulsora para mantener a la NFL en el pacífico noroeste", declaró el comisionado de la NFL, Roger Goodell, a través de un comunicado citado por Efe. "Su visión llevó a la construcción del CenturyLink Field y de un equipo que jugó 12 años los playoffs, tres Super Bowls", de las cuales ganaron una. "Izar la bandera del Hombre N 12 al inicio de todos los partidos en casa de los Seahawks fue un tributo de Paul a la extraordinaria afición en la comunidad de Seattle. Trabajó incansablemente junto a nuestros asesores médicos para identificar nuevas formas de hacer el juego más seguro y proteger a nuestros jugadores del riesgo innecesario", destacó Goodell en su comunicado.

Su interés trascendía la ciencia y empapaba el mundo de la cultura. Fundó el Museum of Pop Culture, el año pasado inauguró el Upstream Music Fest + Summit y era uno de los 200 mayores coleccionistas, con obras de Renoir, Gauguin, Alexander Calder o David Hockney entre otros.

También amasó en vida una colección incalculable de aviones restaurados de la Segunda Guerra Mundial, que se exponen en el Flying Heritage and Combat Armor Museum.

Paul Allen jugó siguiendo las reglas y en el ámbito de la filantropía se guió por el modelo que instauró hace más de un siglo Andrew Carnegie. Al firmar el Giving Pledge dijo por eso que los que tenían la suerte de amasar tanta fortuna, debían poner ese dinero a trabajar por el bien de la humanidad.

Seattle, 19 de octubre de 2018.-

 

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