Por Redacción Ecos. Foto: La Razón.- El Neopopulismo es un término empleado para designar al resurgimiento de la corriente populista en América Latina, tras las dictaduras de la década de los 80 en la región.
La Ciencia Política lo define como "el conjunto de ideas que a veces pueden parecer doctrina, en el cual se afirma tener como objetivo primordial la defensa del pueblo, indicando como tal a la población menos favorecida, dentro del entramado socioeconómico y político."
Aunque el Modelo Populista como tal tiene sus orígenes en Rusia y EE.UU- en el Siglo XIX, es en América Latina donde el neopopulismo encuentra una permanencia más prolongada con el binomio “populismo de la calle” pero también “populismo en el poder”.
Los Neopopulistas no se definen, pero están ubicados en extremos ideológicos.
El neo-populismo o populismo de derecha de la década de los ochenta y noventa, con líderes como Carlos Menem en Argentina o Alberto Fujimori en Perú, es un tipo de populismo que aplicó políticas económicas neoliberales, que iban de acuerdo a las recomendaciones del Consenso de Washington y el Fondo Monetario Internacional.
Más recientemente el Populismo de Izquierda, representado por el Ex Presidente Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, ha sido definido como la «Tercera Ola».
Puede ser diferenciado del Populismo de Derecha, por el discurso político y por el rechazo a mantener un modelo económico, basado en la sustitución de importaciones; y por sus políticas públicas y su oposición al sistema neoliberal ortodoxo.
En este orden de ideas, se pueden identificar, de acuerdo a su inclinación política, dos tendencias en el Neopopulismo: 1) El Populismo autoritario que se presenta como un cese a la Democracia Representativa y una alternativa a esta. Es un tipo de «Socialismo para el Siglo XXI», que promueve independencia nacional de las esferas de influencia de países como EE.UU. y promueve la igualdad social, desde una perspectiva proteccionista. 2) El Populismo «Democrático»: que representa un giro más modernizador y pragmático en sus políticas de reforma estructural, pero sigue siendo eminentemente nacionalista y colectivista.
El Neopopulismo se separa del Populismo Latinoamericano anterior porque no parece buscar una conciliación de sectores sociales con vistas a la modernización, como ocurría en la época de las grandes industrializaciones de mitades de siglo, sino que ha heredado del marxismo tradicional un lenguaje de confrontación social.
Esta confrontación, por otra parte, no es en el sentido de clases, sino que se apega a un enfrentamiento entre los sectores modernos y no modernos de las sociedades latinoamericanas en donde este modelo ha triunfado en las urnas pero ha demostrado su inefectividad como modelo de gobierno.
Ni el Populismo, ni el Neopopulismo son una ideología. Es más bien un mecanismo de identificación. Crea identidades. Crea el pueblo como actor político en antagonismo al orden establecido, a la clase gobernante".
El neopopulismo latinoamericano, en particular, está condenado al fracaso. Su orfandad ideológica, sus prácticas clientelares, sus abusos confiscatorios a la diversidad, sus prácticas fascistas, y sus afanes militaristas y guerreristas los hacen inviables. Son los fabricantes de falsas esperanzas e ilusiones entre los humildes del Siglo XXI, a fin de afianzarse eternamente en el poder.
Ojalá que las sociedades de Europa y otras latitudes puedan detener el avance de una tendencia que asalta el poder con el objetivo de debilitar sus instituciones, practicar la corrupción y desconocer los DD.HH, constituyéndose en una Cleptocracia.
Trump se suma a esta tendencia, al invocar el nacionalismo férreo y el proteccionismo. Basta ver si la democracia más vieja del mundo admite ese modelo, porque el elector directo no hizo ganar a este polémico personaje.