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Felicia Saturno Hartt. Foto: Ecos.- Como John F. Kennedy, Marilyn Monroe, Martin Luther King, Elvis Presley o Los Beatles, su personalidad estará por siempre asociada a los fabulosos sesenta y setenta. Decenios de explendor artístico, grandes cambios paradigmáticos y luchas civiles. Los invisibles se hicieron notar, más allá de sus limitaciones, estigmas y complejos.

Esta semana partió uno de los hombres que, desde la cima de la popularidad, se enfrentó al sistema y fue más grande que  su leyenda: Muhammad Ali.

Nacido como Cassius Clay en Louisville, Kentucky, Estados Unidos, el 17 de enero de 1942, según sus biógrafos, su llegada al boxeo se produjo a los 12 años, cuando entró de la mano de un policía y entrenador aficionado, Joe Martin, en un gimnasio poco después de que le robaran la bicicleta.

Clay Hasta 1959 había conseguido en el campo aficionado numerosas victorias; entre ellas, seis Guantes de Oro de Kentucky, dos guantes nacionales en Nueva York y dos campeonatos norteamericanos.

No tenía más que 18 años cuando en los Juegos Olímpicos de Roma ganó la medalla de oro de los semipesados y decidió su paso al profesionalismo. En aquellos tiempos, el boxeo estaba, en parte, tutelado por la mafia y liderado por los boxeadores Floyd Patterson y Sonny Liston.

En los inicios de su carrera, fue tres veces campeón del mundo de los pesos pesados y campeón olímpico de los semipesados en 1960. Disputó 61 combates como profesional, con 56 victorias y 5 derrotas.

El 25 de febrero de 1964 ganó el título mundial de los pesos pesados, después de un combate frente a Liston, en el que hizo alarde de sus dos mejores virtudes pugilísticas, un rítmico juego de piernas y un golpe demoledor.

Este año, 1964, Cassius Clay cobró aún mayor notoriedad al anunciar su conversión al Islam y el abandono de su nombre original por el de Muhammad Ali. El púgil militaba en el movimiento Nación del Islam de Malcolm X, que proponía la liberación de los guetos negros y el fin de la segregación. EEUU se sintió fascinado ante este campeón rebelde que acumulaba títulos sin cesar.

En 1967 hizo un nuevo gesto espectacular. Se negó a incorporarse al Ejército y marchar a la guerra de Vietnam. Le condenaron a cinco años por insumisión, fue suspendido tres años y le despojaron de su título, lo cual dividió a EEUU y el mundo.

Quienes lo apoyaban y seguían sus charlas en universidades de la nación (no podía salir del país, al serle retirado el pasaporte) con el discurso de la paz y quienes lo consideraban antipatriota por no defender la bandera estadounidense en el conflicto armado.

El hombre que aun así atraía a uno como a otro bando, porque regresó, al ganar la lucha judicial, y triunfó de nuevo sobre el cuadrilátero, aunque encajando golpes que antes no le daban, luego de inactividad de tres años, siete meses y cuatro días, en 1970.

Y obtuvo la oportunidad mundial el 8 de marzo de 1971, ante Joe Frazier, en el Madison Square Garden, de Nueva York, en "El combate del Siglo". Aunque perdió por puntos, luego de caer en el decimoquinto y último asalto al recibir el gancho de izquierda más famoso del universo, fue capaz de lograr por dos horas detener la guerra del Vietnam, cuando los soldados abandonaron las armas y se sentaron frente al televisor a ver a "El Bocazas", como lo llamaban de manera despectiva sus detractores, entre ellos familiares y amigos de esos soldados.

Se convirtió en musulmán, luchando más fuerte fuera del ring que dentro por la desigualdad social, aseguró que "... Tomé la decisión de ser un negro de los que no se dejan atrapar por los blancos".

Ali ganó más dinero que todos los pesos pesados anteriores juntos. En quince peleas que disputó entre 1971 y 1978 se embolsó, por ejemplo, más de 43 millones de dólares. Y como llegó, así se fue el dinero. Generosas contribuciones, fiestas legendarias, caprichos por doquier o negocios ruinosos fueron el final de parte de su fortuna.

Colgó los guantes definitivamente después de perder el 11 de diciembre de 1981. Poco después, el 9 de septiembre de 1984, se le diagnosticó que padecía Parkinson, como causa inmediata el boxeo.

Cuando abandonó el boxeo continuó con su labor en defensa de los valores del Islam y de los musulmanes. En noviembre de 2002 visitó Afganistán como "Mensajero de la paz" de la ONU. En noviembre de 1999 asistió en Viena a la entrega de uno de los premios que le reconocían como uno de los mejores deportistas del siglo XX, tras ser elegido por un jurado internacional. Pese su abnegada voluntad, era evidente su avanzado deterioro físico.

Al mes siguiente, la revista norteamericana especializada "Sports Illustrated" le entregó el galardón de "Campeón más grande del siglo". Su vida fue llevada al cine en 2001 por Will Smith en la película Ali, dirigida por Michael Mann. El 20 de diciembre de 2014 había sido hospitalizado por una leve neumonía.

Estuvo casado en cuatro ocasiones, la última con Lonnie Ali y tuvo 8 hijos, además de adoptar a otro. Laila Ali, la menor de sus hijos, se dedicó al boxeo como profesional y en 2002 se hizo con la triple corona mundial de los Supermedios (IBA, IWBF y WIBA).

Como bien lo expresó al saber de su deceso, Thomas Bach, Presidente del Cómite Olímpico Internacional, Mohammed Ali "fue un deportista que conmovió el corazón de la gente alrededor de todo el planeta. Un deportista que se comprometió más allá del deporte, un deportista que dio ánimo a mucha gente enferma al encender el fuego olímpico y al mismo tiempo no escondió su propio sufrimiento. Fue un deportista que se movilizó por la paz y la tolerancia. Un auténtico olímpico".

El “Campeón más grande del Siglo XX” falleció en Phoenix, a los 74 años y es una leyenda por su compromiso político y social. Ali luchaba por el fin de la segregación racial. Hay pocas dudas sobre quién fue el deportista más influyente del siglo XX. Ese que desafió como nadie el stablishment estadounidense.